No hubo «milagro turco»
Controlar los impulsos es un imperativo en todas las facetas de la vida, una obligación que tenemos que cumplir cada uno de nosotros para que la convivencia no sea un infierno. Por supuesto, esta norma también es extensible al fútbol y, cómo no, también lo es para Rustu que ha protagonizado la cantada de las semifinales. En cierto modo sería razonable que esta noche Cech se sintiese algo más reconfortado tras su error en el blocaje que aprovechó Nihat y que supuso la perdición de la República Checa. También sería razonable pensar que un único error pueda determinar el destino de una selección, pero así es. Turquía ha jugado sin presión, sin achicarse por la dimensión alemana y de no ser por ese detalle quizá estaríamos hablando de un desenlace bien diferente.