Tanto nadar para ahogarse tan cerca de la orilla. No sé si en Brasil se utilizará esta dramática metáfora, pero estoy seguro que en la cabeza de Felipe Massa habrá tenido lugar alguna reflexión de parecido significado. ¡Que injusto y caprichoso es a veces el dios de la propulsión! Faltando tan sólo tres vueltas para el final, el brasileño vio como se esfumaban todas sus opciones de victoria y liderato, cuando una cruel rotura de motor le impedía poner el broche de oro a una de sus mejores actuaciones como piloto. Ocurría durante el transcurso de un GP de Hungría que comenzaba con los dos McLaren copando la primera línea de parrilla (pole para Hamilton), seguidos por el Ferrari de Massa y del BMW de Robert Kubica. A tenor de las impresiones causadas en los entrenamientos libres y de los resultados de la jornada clasificatoria, se preveía otra carrera de absoluto dominio de las flechas de plata. Sobre todo por parte del piloto con el bólido Nº22, ansioso por cambiar «los dos patitos» de castigo, por la unidad distintiva del campeón. Carrera aburrida y de pizarra, profetizábamos algunos juntaletras sabelotodo, sin más aliciente que el de saber si los innumerables «compromisos sociales» del señor Räikkönen, le permitirían asistir a ésta fiesta. Llegó algo tarde, pero sí que asistió. Muy al final, en las «happy laps» que diría nuestra Cristina, fue el gran animador del cotarro.
Seguir leyendo →