Año I, segunda era
El relojero trata de poner en marcha uno de los relojes más caros, finos y precisos del mundo. El Real Madrid de Pérez parece uno de esos experimentos de principios de siglo XX que conjugaban arte con ciencia, aunque no todos resultaron exitosos y, por el momento, este Madrid no juega como se espera que lo haga. Lo contrario sería monstruoso porque ningún equipo que cuente con siete jugadores nuevos, todos ellos titulares, puede jugar como un conjunto equilibrado. Los madridistas se están conociendo. Algunos empiezan a intuirse, a comprender los movimientos que harán Benzema o Cristiano, a interpretar los huecos que abrirá Raúl arrastrando centrales a su paso para que Xabi o Lass entren desde la segunda línea. No hay precisión, por eso el reloj se desfasa, pero la pegada es sublime, comparable a la de otras épocas, cuando Florentino compraba de uno en uno.