Como siempre, Alemania
El primer aspirante ha caído. Portugal se presentaba como una de los más serias candidatos a levantar el título mostrando un fútbol atractivo y contando con el supuesto mejor jugador del mundo. Pero con lo que nadie contaba era con Alemania, ese equipo que parece un jugador de poker: uno nunca sabe qué cartas lleva. Aquel dicho que se popularizó en los setenta (el fútbol es un deporte en el que juegan once contra once y siempre ganan los alemanes) ha perdido cierta vigencia. Los alemanes ya no cuentan con Müller ni con el mítico Beckenbauer, ni siquera parecen un equipo de fútbol. La liga alemana no es atractiva ni divertida, si acaso anodina, pero debido a las leyes internas y secretas de este deporte, los alemanes siempre se llevan por delante al más pintado del mismo modo que está perfectamente capacitada para caer contra cualquiera.