Por Ignacio Ampudia, hace 1 año y 7 meses

Patriotismo de todo a 100

Aficion EspanolaEspaña nunca llegó tan lejos en un Mundial y por eso la victoria ante Paraguay se celebró como si Casillas ya hubiese levantado la copa llevando a este país fatalista y eternamente sufridor a una suerte de éxtasis patriota expresado en cánticos, banderas, caras pintadas y comas etílicos. El poder redentor del fútbol es balsámico para todos aquellos que tienen la imperiosa necesidad de expresar su españolidad con una coartada universalmente aceptada. No hay que engañarse: sin fútbol, la bandera sigue levantando sospechas. Pero si resulta que Villa la encaja entre palos en el 82' y da el pase a España, entonces hay carta blanca para la imposición de la felicidad emplasticada que proporciona el terruño. Es en ese preciso instante cuando comienzan a ondear las banderas compradas en los chinos, las camisetas rojas patrocinadas por marcas de cerveza, marcas de coche y marcas de móviles y se ve normal e incluso razonable que el personal se infle a copas con la bandera anudada al cuello mientras corean ese gran lema sencillo, directo y necesariamente sintético que dice yo soy español, español, español (atiéndase a la supresión de la S como variedad dialectal) al son de una remezcla poligonera de Shakira cantando en inglés. La comunión entre nativos que sienten unas raíces comunes es perfecta, estimulante e incluso romántica aunque es de temer que todo esto sólo responda al nacionalismo lúdico que conduce irremediablemente a un patriotismo de todo a 100.

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