La excelencia
Para un madridista confeso es tremendamente complicado alegrarse con la victoria de cualquier equipo que no sea el blanco, mucho más si el que el levanta las copas es el Barça pero hay que rendirse ante la evidencia y además es un síntoma de buen gusto. Durante la semana veía entrevistas a pie de calle en Madrid a los aficionados de Chamartín. Todos concluían lo mismo: el Manchester debía ganar en Roma. Es comprensible pero no justificable. El Barça que ha armado Guardiola no pasa inadvertido a nadie. Es imposible y creer que los de Cristiano merecían la victoria no era más que la síntesis de una pataleta absurda y en cierto modo muy hooligan. El Barça llegaba con la defensa en cuadro al tener dos de los tres titulares sancionados y uno lesionado. El defenestrado Sylvinho entraba en el once inicial por necesidades del guión y Touré como pareja de un inmenso Piqué, uno de los descubrimientos de la temporada, en el centro de la zaga.