GP de Hungría: Lecciones sobre la marcha
Nunca pensé que el tener que rectificar una opinión tragándome mis propias palabras, pudiera producirme tanta satisfacción. Reconozco que la fresca irrupción de Sebastian Vettel entre la exclusiva élite de pilotos de F1 me produjo una tremenda alegría. Parecía un chico simpático y humilde, talentoso, sin ningún tipo de complejos y con una rapidez y entusiasmo que hacían presagiar épicas batallas y gloriosas tardes de verdadero automovilismo.
Otra vez el agua, otra carrera loca, otra pifia de Fernando Alonso, otro fiasco de Red Bull, otro alarde de los propulsores Mercedes, otra demostración de Hamilton, otra lección de Button, otra «cacicada» de los comisarios, otro «papelón» de Schumacher, otro «carrerón» de Rosberg, otra rotura de Pedro, otra odisea de Jaime, otra epopeya de Kubica, otro desmadre de estrategias, otro ganador diferente en China,
No, no ha sido
Sal, pimienta y un poco de agua. ¡Quién iba a pensar que estos simples ingredientes habrían de obrar el milagro! Gracias a ellos, el insulso potaje de diseño que se nos había servido en la ceremonia inaugural de la temporada y que amenazaba por convertirse en el menú habitual de la casa, se transformó en
Antes de entrar en el análisis de