Sahin en Tian'anmen
Por lo visto a los chinos les interesa el fútbol español tanto como a nosotros el siempre apasionante duelo entre Zhang Jike y Wang Hao, ilustres campeones del mundo de ping-pong que no han podido disfrutar del paseo del Madrid ante Osasuna porque su tele pública pasaba el China vs Japón de voleibol femenino. Quizá repongan los goles de Cristiana y Benzema cuando los armenios estén merendando o cuando un muecín keniata llame a la cuarta oración. El mundo es global o al menos eso piensa la LFP, y como lo cree, desde esta temporada programa un partido a mediodía para que los parroquianos comiencen con los churros, sigan con el café, pacharán a media tarde cuando los armenios que antes merendaban anden por el tercer sueño y cubatas desde las ocho hasta medianoche para regocijo de hosteleros, políticos y banqueros y confusión para todos los demás, etérea confusión al menos. El mundo globalizado no es un invento de Bill Gates ni de los tíos de Apple. El mundo es global desde mucho antes, desde que Colón volvió de Cuba con tabaco y un par de esclavos, y ya en el XVI comprendieron algo fundamental: nos conocemos pero no nos interesamos. Que sesenta millones de chinos vean corretear al Madrid un domingo por la mañana no representa nada sobre una población de mil trescientos millones de individuos pero ya se sabe que donde algunos vemos chinos otros ven dinero. No importa, digan la verdad, ya nadie se va a sorprender. Digan que ponen el fútbol a las doce porque genera más ingresos en España, o porque los ingleses también lo hacen y todos sabemos que los ingleses molan mucho o porque así Mou puede echarse la siesta y después sacar a pasear al perro, pero no hablen de chinos ni de audiencias milbillonarias porque el fútbol realmente interesa en Europa y en Sudamérica y es una verdadera lástima que la realidad a veces chafe nuestras percepciones pero lo cierto es que el mundo es mucho más grande que todo eso.