Forlán I, el Empecinado
Después de más de cuatro décadas sin levantar un título europeo, desde ya aquella mítica Recopa contra el Fiorentina en el 62, el Atlético de Madrid ha vuelto a colocar su nombre entre los más grandes del continente y lo que es más importante, ha constatado que lo que parecía un espejismo es una realidad, una dulce realidad. Nadie, absolutamente nadie, incluidos técnicos y directivos colchoneros, daba un duro por su equipo en esta temporada que comenzó en agosto y se dio por finalizada en octubre cuando la realidad de la plantilla demostró que el equipo no estaba capacitado para disputar ningún título a nadie. Con una deuda mastodóntica a sus espaldas y la eterna depresión del sufridor, el club se aferraba a la Champions para volver al lugar que nunca debió perder. Y éste es quizá el punto más interesante de la historia atlética, un relato deformado del pasado que obliga al presente a conseguir metas que jamás se lograron. Con nueve Ligas y nueve Copas del Rey, el Atlético es el tercer equipo de España con toda justicia. Si hablamos de Europa, la cosa es bien diferente, aunque hay que reconocer que solo el Atleti sería capaz de tener una Intercontinental sin haber sido nunca campeón de Europa. Inaudito.