El Clásico
Si el sábado noche Ud. quería ganar mucho dinero, no tenía más que apostar por la victoria del Atlético ante el Real Madrid. Por cada euro apostado recibiría quince, un negocio seguro de no ser porque, de todos los equipos de España, el rojiblanco siempre ha destacado por su ya prosaica afición a dispararse en el pie cuando mejor le van las cosas. La realidad de las últimas temporadas contradice a la historia colchonera, habituada a vivir de unas rentas que se convirtieron en deudas hace mucho tiempo. El supuesto tercer equipo de la Liga ni siquiera se encuentra entre los cinco primeros, quizá el sexto con el desplome del Villarreal mediante. Desde el Calderón se han probado todas las combinaciones para voltear su absurda situación y ninguna ha resultado porque es probable que la única que no se ha experimentado sea la única que funcione. Después de un centenar de entrenadores y un millar de jugadores, algunos conocidos, otros algo menos y los más sencillamente cojos, al Atlético sólo le queda despedir a su directiva, a toda su directiva, al completo, sin concesiones. Los Gil saquearon el club, el padre y después los hijos, cosa de sagas y sí, el productor a veces puede resultar hasta simpático, es muy campechano, como el Rey, pero todo ese entramado no es suficiente para competir por lo poco que no monopolizan los dos mejores equipos del planeta. El drama del Atlético es que compite en España. En Italia jugaría Champions y en Grecia sería capitán general.