Poker al 10
Una de las grandes tragedias del fútbol es la individualización del mérito. Todos los equipos que han marcado una época siempre han tenido en sus filas a uno o dos jugadores que marcaron la diferencia hasta el punto de llegar a resolver partidos por sí mismos, sin la ayuda de los demás, cogiendo el balón, destrozando la cintura de cinco o seis rivales y marcando el gol de la victoria. En realidad ése es el papel que cualquier niño quiere representar en el patio del colegio: el de estrella, el papel excepcional. Decía David Trueba la semana pasada que los adjetivos nunca se acaban; si acaso los sustantivos. Para Messi poco queda por decir. Últimamente basta con ver los partidos del Barça para asistir a las exhibiciones del portento. Por eso, como el asunto de Messi es más que evidente y manido, lo justo sería loar al conjunto en el partido de ayer contra el Arsenal. Messi no sería nada de lo que es sin no tuviera a su alrededor los jugadores de fútbol que tiene. Si no me creen, sólo hay que mirar cuál es el rendimiento del argentino con su selección (aunque me da la impresión de que ése es un problema de Maradona).