Por Ignacio Ampudia, hace 3 meses y 24 días

¡Campeones!

RaulSe terminó la Liga 2007/2008 con un buen espectáculo en el Reyno de Navarra, uno de esos partidos que esta competición nos debía. Sólo el auge del Villarreal posponía el alirón de los blancos en una Liga que llevaba ganada ya algunas jornadas, una Liga en la que no ha habido, en términos generales, buenas tardes ni buenos partidos. Sin embargo, en el primer match ball que los de Schuster tenían a su disposición, el campeonato ha quedado visto para sentencia. Pamplona no era el lugar idóneo para buscar los tres puntos, uno de esos campos en los que la visita del Madrid es el acontecimiento del año, un sarao cargado de violencia verbal, hostilidad y antimadridismo. Durante la semana todos aventuraban cuál sería el mejor escenario para levantar el título y, entre todas las variables posibles, la que finalmente ha sido se antojaba la más deslucida.

La proverbial incomodidad del Madrid en el feudo rojillo se hizo patente durante toda la primera parte. Con Guti en la grada por lesión, Schuster alineaba lo poco que le quedaba hábil en el banco. Diarra, Gago y Sneijder en la media junto a Robben, Raúl y Saviola en punta. Ni una sola jugada digna de mención en el bando del aspirante al cetro que demostraba muy poco para poder llevarse los tres puntos frente a un equipo que se jugaba la permanencia. En el lado del haber, una brillante y soberbia actuación de Gago, impecable en el corte y eficiente en la salida, multiplicándose en cada rincón del campo, apagando todos los fuegos que se iban anunciando en el césped y seguramente evitando un par de tantos de Osasuna. Sobresaliente el argentino como inficientes todos sus compañeros, en especial los que debían marcar la diferencia en el área rival.   

Entre tanto ambiente de euforia contenida, Medina Cantalejo decidió consumir su cuota de protagonismo cuando colocó el listón de las cartulinas amarillas a la altura del verde. A los treinta segundos de la segunda parte expulsaba a Cannavaro y ponía el título aún más lejos de lo que ya estaba. Pero alguien dijo hace algún tiempo que al fútbol a veces se juega mejor con diez que con once. Y así fue. Con la salida del italiano el Madrid se adueñó del balón y comenzó a jugar en campo de los de Ziganda, a tocar y a buscar una victoria que no llegaba porque el aplastante dominio no se materializaba en oportunidades claras. 

Los minutos se consumían al igual que las opciones de alzar el título, mucho más cuando en el 83' Heinze cometía un penalti de guardería que tiró y marcó Puñal para delirio de los pamplonicas y dolor de los madridistas. El alirón se posponía hasta el miércoles ante el Barça, que tampoco era mala opción. Pero el Madrid hizo gala del estoicismo más capellista y no cejó en el intento. En una falta lateral botada por Higuaín, Robben marcaba el empate en el 87' confirmando que los blancos morirían por una victoria épica. El gran criticado, Higuaín, se convertiría en el hombre Liga una vez más cuando en el 89' empalmaba un remate lleno de fe, de rabia, de fuerza, de reivindicación, un remate que suponía  el segundo gol y significaba una Liga, una nueva Liga. En un final de infarto los de Schuster se sabían campeones después de jugar con diez la mitad del encuentro, con sangre en las manos de Heinze, dolores, golpes y lluvia, una victoria que recupera los valores míticos de Chamartín, aunque del prometido buen juego todavía no haya habido noticia alguna.       

Por José Bidea, hace 3 meses y 25 días

«Marcaje» a Ronaldinho

RonaldinhoAl más puro estilo de la novela negra, el día previo al importante partido del Barcelona en Old Trafford, un periodista de la agencia DPA, seguía a Ronaldinho en una de sus salidas nocturnas con el fin de descubrir qué hace el astro brasileño cuando responde a la «llamada de la noche». Por supuesto, los medios de comunicación de Barcelona se han hecho eco de la noticia, lógico, tanto se ha hablado de las fiestas del jugador que, algo tan banal como una noche de juerga, se ha convertido en todo un misterio en la ciudad Condal.

El relato noticioso detalla cada acción y su correspondiente hora. Desde la salida de Ronaldinho de casa, hasta el cierre de la discoteca en la que terminó la noche. Fuentes cercanas a mi persona, y cuya identidad no revelaría por menos de una cerveza, aseguran que Eduardo Mendoza esta pensando en utilizar el documento en cuestión para escribir la segunda parte de «Sin Noticias de Gurb», aprovechando el boom mediático para convertir un libro original en un best seller.

Tanto hablar del tema, las noticias o conversaciones sobre salidas nocturnas de los futbolistas, terminan dejándome siempre un sabor amargo a tópico que no puedo remediar y, viendo que nadie esta dispuesto a sobornarme para sonsacar el nombre de mis fuentes de información, me veo en la obligación de tener que esperar a que se me pase mientras leo con envidia como el astro carioca invita a »birras» a desconocidos al ritmo del armónico reggaeton.

Parece ser que los únicos amigos que le quedan a Ronaldinho en Barcelona no tienen potestad sobre el futuro o imagen del jugador, incluso sospecho que la bebida les ayuda a contener las opiniones que las normas del buen comportamiento les impide expresar. La prensa, juez cruel y arbitrario, ya le había declarado la guerra hacía tiempo. Esta última noticia (con fotografía incluida) es tan sólo otra morbosa batalla insípida dentro del culebrón.

El club que le paga hace tiempo que desistió del intento de recuperarlo y sólo piensa en ponerle un lacito rojo y dejarlo ir. Y sus compañeros, bueno, nadie se pronuncia sobre él, y parece que todos han decidido olvidarlo y centrarse en la competición, deberíamos añadir que sin mucho éxito, luego todo hace pensar que no deben guardar muy buen recuerdo de los últimos días de Ronaldinho junto a ellos.

Mientras se especula. Se teoriza sobre cualquier asunto susceptible de...bueno, en realidad sobre cualquier cosa, la única norma ineludible es «exprimir hasta aburrir». Rijkaard, Txiki, Laporta, Etoo, Deco...Nadie se salva de las brasas que ascienden desde el lugar en donde la autocomplacencia plantó un día su estandarte. Ya no importa echar más leña sobre la hoguera, a fin de cuentas, no queda mucho campeonato, y todos creen que la competición que viene supondrá, tras un verano movidito, un nuevo comienzo, dejando atrás el humo generado y las hectáreas arrasadas por un fuego fatuo que nadie se molesta a estas alturas en intentar apagar. Esperemos no se equivoquen...

Por José Ramón López, hace 3 meses y 29 días

KERS: El futuro híbrido

Kers SystemMediante comunicado oficial de la Federación Internacional de Automovilismo (FIA), dirigido a todos los equipos que conforman la actual parrilla de la Fórmula 1 y firmado por su cuestionado presidente Max Mosley, se establece un período de cuatro años a partir del próximo 2009, para la total implantación del sistema de recuperación de energía cinética, KERS (Kinetic Energy Recovery System), en el gran circo de la Fórmula 1. Un sistema, que de resultar efectivo, podría encontrar aplicación a medio plazo, en los coches de calle.

Como ya es conocido, a partir del próximo año en la F1, estarán permitidos los sistemas de recuperación energética, que acumulan la energía liberada durante las frenadas. Está previsto que su implementación se realice en tres fases: en 2009, se introducirá el sistema propiamente dicho; en 2011 se aumentará la cantidad de energía susceptible de ser almacenada y empleada; y finalmente en el 2013, se espera la recuperación energética a partir de múltiples fuentes. Tecnología de propulsión híbrida, de gran interés, pero no exenta de polémica, debida a los elevados costes que genera su introducción a corto plazo.

Básica y profanamente explicado, el sistema KERS consiste en un volante de inercia acoplado en la caja de cambios que va almacenando parte de la energía que se libera durante las frenadas en forma de calor. Esa energía almacenada, se puede «inyectar» directamente a la transmisión del vehículo y a voluntad del piloto, durante la aceleración. El piloto es quien decide, mediante un dispositivo en el volante, cuando quiere hacer uso de este excedente de potencia, que durante las dos primeras fases de implementación, sólo podrá transmitirse a uno de los ejes.

En la primera fase, la cantidad máxima de energía almacenada por vuelta que se permitirá, ha quedado establecida en 400 kilojulios; su empleo aumentaría la potencia disponible en 81,6 C.V. (60 kW) durante un tiempo máximo de 6,7 segundos. En la segunda fase, a partir de 2011, la energía almacenada podrá alcanzar los 800 kilojulios, y el piloto podrá emplear 136 C.V. (100 kW) adicionales por vuelta. Se permitirá también el uso de la energía calorífica procedente del circuito de refrigeración, hasta un máximo de 20kW (27,2 C.V.).

La fase decisiva tendrá lugar en 2013. Vendrá precedida por la entrada en vigor de un nuevo reglamento de motores, consensuado con los constructores antes de 2010. Todo parece indicar el retorno a motores turboalimentados más pequeños, de rendimientos en torno a los 600 C.V. Además, cualquier tecnología híbrida tendrá las puertas del reglamento abiertas. Se podrán almacenar hasta 1.600 kilojulios desde cualquier fuente. El piloto dispondrá de una potencia añadida de 272 C.V. (200 kW), que podrá ser enviada a ambos ejes. O lo que es lo mismo: La tracción total.

Aunque su introducción está prácticamente asegurada, algunos constructores quieren retrasar las fechas lo más posible, al menos, hasta 2010. La polémica está servida. De un lado están Renault, Ferrari y en menor medida McLaren Mercedes, que consideran los 20 millones de dólares de inversión necesaria, un auténtico despilfarro. Por otro lado, un «avispado» Williams, BMW, Honda y cómo no, Toyota, deseosos de que todo transcurra en los plazos previstos. Muy natural y lógico en el caso de Toyota, dada su experiencia y gran potencial tecnológico, en el campo de la propulsión híbrida. Parafraseando una expresión bélica, los volantes están en todo lo alto.

Por Ignacio Ampudia, hace 3 meses y 30 días

¿Y ahora qué?.

Rijkaard Con Su AbrigoDespués de 180' el Barça se ha quedado a un solo paso de la ansiada final de Moscú, la última oportunidad para salvar otra nefasta temporada. El 0-0 que consiguió en Barcelona era, en palabras de Xavi, «el mejor de los peores resultados». Cualquier empate a goles clasificaba a los culés. Como era de prever el Manchester no salió de la misma manera que lo hizo hace una semana. Parecía otro equipo y, durante los primeros treinta minutos, además de parecerlo, lo fue, desplegando un buen toque, haciendo muy buenas combinaciones e imponiendo un ritmo frenético apoyados por la típica hinchada inglesa inasequible al desánimo. En uno de esos arreones llegó el golazo de Scholes, un futbolista que, desde que tengo uso de razón, recuerdo con la camiseta de los Reds. Zambrotta despejaba absurdamente hacia el centro, a escasos diez metros del área para que el pelirrojo enganchanse un gran disparo que Valdés sólo pudo contemplar.

A partir del gol la cara del encuentro cambió. El Barça se adueñaba definitivamente del balón y metía a los de Ferguson en su campo que simplemente se dedicaron a esperar una conra para matar la eliminatoria. En el peor de los casos los blaugranas tenían que hacer lo mismo que al principio: marcar un gol, pero desde hace algunas semanas ésta es una tarea titánica. El Barça está claramente negado ante la portería contraria. Elabora, toca, combina, abre el campo pero tiene la punta cuadrada. Eto'o no ha vuelto a ser el mismo desde las repetidas lesiones; Messi aún está en proceso de recuperación; Henry ha demostrado ser uno de los fichajes más surrealistas de las últimas temporadas; Bojan no puede cargar con la responsabilidad de un equipo y de Ronaldinho ni hablaremos.

El guión de Barcelona volvió a repetirse: control, control y más control y negación y más negación ante la meta rival. Aun con todo no se puede decir que el Manchester haya arrollado al Barça tal y como apuntaban todos los pronósticos. Incluso se podría afirmar que han sido mejores que el que se supone es actualmente el mejor equipo de Europa. Los de Ferguson han jugado como una escuadra menor, a la espera de los mortíferos contraataques conducidos por los dos portugueses, agazapados cerca de su portero y sin demostrar las virtudes que se supone atesoran. Dentro de este panorama de mediocridad destaca por encima de todos el sobrevalorado Cristiano Ronaldo que, tras fallar el penalti clave en Barcelona, desapareció en la eliminatoria. Esta noche se ha enzarzado en una lucha absurda contra Zambrotta que, además de italiano, es perro viejo en la banda, y ha tirado a puerta por primera vez en el 80'.

Pero este deporte se reduce a marcar goles. Todo lo demás es pasto de cronistas. Un tanto más que el rival significa la victoria y en este caso así ha sido. Un gol ha dejado al Barça fuera de Europa para sumar su segunda temporada sin levantar ningún título. Los ecos galácticos sonaron en agosto pasado y los cuatro fantásticos no han sido más que tres amiguetes que ya no llevan la corona. No creo que se pueda hablar de fin de ciclo. El fin de este equipo era evidente el año pasado. El Barça debe empezar la reconstrucción después de demostrarse a sí mismo que los caminos de la excelencia impostada producen billetes pero, tal y como le pasó al Madrid de Florentino, parece que no se entiende que los títulos son los que hacen grandes a los clubes, no los supuestos grandes jugadores. Se avecina tormenta en Can Barça. Veremos a cuántos se lleva por delante.        

Por José Bidea, hace 4 meses y 1 día

El Madrid hace los deberes

SaviolaHicieron los deberes los pupilos de Schuster en una noche entretenida en el Bernabéu. Pese a que el gol de Senna restaba trascendencia al partido que estaba por comenzar, esté no defraudo y regaló 90 minutos de emoción y fútbol divertido a los que se animaron a seguirlo. Con la vuelta de Gurpegi, jugando de central, y la de Saviola, quien parecía desterrado de los terrenos de juego, comenzaba a rodar una pelota que parecía querer el Madrid de tal forma que a los trece minutos se ponía por delante con gol del «pibito» a regalo de Armando que no acertaba a blocar de primeras.

Le costó reaccionar a los vascos y quitarse el pesado dominio local pero cuando lo hicieron se toparon con Iker Casillas. El Athletic tocaba despacio, con cabeza, pero sin demasiado acierto arriba. Con esas pesquisas las jugadas a balón parado fueron el mejor aliado de los de Caparrós que vieron como el guardameta blanco aprovechaba la circunstancia para dejar buena cuenta de su buen saber hacer. El Madrid respondía con su juego. No es brillante, no deslumbra, pero funciona como un reloj suizo: Siempre a la hora. La falta de puntería de Robinho, Raúl, Guti y Saviola parecía compensarse con el acierto de Casillas, manteniendo la balanza como estaba hasta el descanso tras un penalti fallado por el joven Garmendia que Iker detuvo para alegría de los suyos.

La segunda parte empezó como había terminado la primera: El Madrid no andaba acertado arriba y el Athletic seguía bregando con la defensa merengue sin demasiada contundencia pero con la sensación de que cabía la posibilidad de hacer un gol. No obstante Schuster, en lo más parecido a un golpe de inspiración divina que yo haya visto en un campo de fútbol, hacía dos cambios. Quitaba a los desaparecidos Raúl y Robinho y daba salida a Higuain y Robben quienes, a la postre, iban a sentenciar el partido negando a los del norte su derecho a aspirar a algo más.

Un pase de Guti habilitaba al «Pipa» a centrar de primeras para que el holandés se adelantara a Gurpegi y la pegase también según venía. Un bonito gol cuya celebración dejaría de oírse poco después gracias al tercero, obra del también recién salido al campo, Higuain.

Pudo acortar distancias un Athletic ya pendiente de no recibir más goles que de atacar, gracias a la relajación del Madrid, pero Casillas esta noche había colgado el cartel de «prohibida la entrada». También pudo caer el cuarto gol que hubiese sido excesivo castigo para unos bilbaínos que abandonaban el campo castigados y cabizbajos mirando de reojo al Madrid ensayar con su público lo que pronto se convertirá en una celebración.

Ambos equipos regalaron un partido digno. El Athletic mostró las armas que lo han salvado este año del descenso mientras que los de Schuster lucharon con las que sirven para ganar esta Liga y que tiene forma de reloj. Un reloj suizo, no muy espectacular, no muy brillante, no llama mucho la atención, pero funciona con precisión, y cuando una pieza falla, otra cubre sus espaldas. Lo cual respondería a la definición, un tanto abstracta, de lo que viene a ser «un equipo de fútbol».

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