¡Campeones!
Se terminó la Liga 2007/2008 con un buen espectáculo en el Reyno de Navarra, uno de esos partidos que esta competición nos debía. Sólo el auge del Villarreal posponía el alirón de los blancos en una Liga que llevaba ganada ya algunas jornadas, una Liga en la que no ha habido, en términos generales, buenas tardes ni buenos partidos. Sin embargo, en el primer match ball que los de Schuster tenían a su disposición, el campeonato ha quedado visto para sentencia. Pamplona no era el lugar idóneo para buscar los tres puntos, uno de esos campos en los que la visita del Madrid es el acontecimiento del año, un sarao cargado de violencia verbal, hostilidad y antimadridismo. Durante la semana todos aventuraban cuál sería el mejor escenario para levantar el título y, entre todas las variables posibles, la que finalmente ha sido se antojaba la más deslucida.
La proverbial incomodidad del Madrid en el feudo rojillo se hizo patente durante toda la primera parte. Con Guti en la grada por lesión, Schuster alineaba lo poco que le quedaba hábil en el banco. Diarra, Gago y Sneijder en la media junto a Robben, Raúl y Saviola en punta. Ni una sola jugada digna de mención en el bando del aspirante al cetro que demostraba muy poco para poder llevarse los tres puntos frente a un equipo que se jugaba la permanencia. En el lado del haber, una brillante y soberbia actuación de Gago, impecable en el corte y eficiente en la salida, multiplicándose en cada rincón del campo, apagando todos los fuegos que se iban anunciando en el césped y seguramente evitando un par de tantos de Osasuna. Sobresaliente el argentino como inficientes todos sus compañeros, en especial los que debían marcar la diferencia en el área rival.
Entre tanto ambiente de euforia contenida, Medina Cantalejo decidió consumir su cuota de protagonismo cuando colocó el listón de las cartulinas amarillas a la altura del verde. A los treinta segundos de la segunda parte expulsaba a Cannavaro y ponía el título aún más lejos de lo que ya estaba. Pero alguien dijo hace algún tiempo que al fútbol a veces se juega mejor con diez que con once. Y así fue. Con la salida del italiano el Madrid se adueñó del balón y comenzó a jugar en campo de los de Ziganda, a tocar y a buscar una victoria que no llegaba porque el aplastante dominio no se materializaba en oportunidades claras.
Los minutos se consumían al igual que las opciones de alzar el título, mucho más cuando en el 83' Heinze cometía un penalti de guardería que tiró y marcó Puñal para delirio de los pamplonicas y dolor de los madridistas. El alirón se posponía hasta el miércoles ante el Barça, que tampoco era mala opción. Pero el Madrid hizo gala del estoicismo más capellista y no cejó en el intento. En una falta lateral botada por Higuaín, Robben marcaba el empate en el 87' confirmando que los blancos morirían por una victoria épica. El gran criticado, Higuaín, se convertiría en el hombre Liga una vez más cuando en el 89' empalmaba un remate lleno de fe, de rabia, de fuerza, de reivindicación, un remate que suponía el segundo gol y significaba una Liga, una nueva Liga. En un final de infarto los de Schuster se sabían campeones después de jugar con diez la mitad del encuentro, con sangre en las manos de Heinze, dolores, golpes y lluvia, una victoria que recupera los valores míticos de Chamartín, aunque del prometido buen juego todavía no haya habido noticia alguna.
Mediante comunicado oficial de la Federación Internacional de Automovilismo (FIA), dirigido a todos los equipos que conforman la actual parrilla de la Fórmula 1 y firmado por su cuestionado presidente