Hamilton: El «depredador» de Silverstone
Acepto gustoso cualquier calificativo que podáis sugerirme para este GP de Gran Bretaña que ha tenido lugar en la piscina olímpica, pista de patinaje o circuito de velocidad (no lo tengo nada claro) de Silverstone. Si alguien antes de la carrera me hubiera pronosticado que el temerario ganador de la misma Lewis Hamilton, iba a sacarle más de un minuto al segundo y tercer clasificados (Heidfeld y Barrichello), doblando además con endemoniado ritmo de principio a fin de carrera al resto de la competencia, le hubiera tildado como mínimo de loco iluminario. Si además hubiera osado añadir que el hasta hoy líder en solitario Felipe Massa, acabaría en última posición a más de dos vueltas del ganador y con cinco trompos a sus espaldas, le hubiera recomendado dejar el alcohol y el pegamento por el bien de su salud mental.
Visionada la carrera, seré yo quien me dé una vuelta por los bares y droguerías para hacer acopio de brebajes y pegamentos que me ayuden a digerir esta locura. Ha sido uno de los grandes premios con más trompos de los últimos años y curiosamente sin que haya tenido que intervenir ni una sola vez el coche de seguridad; aunque sinceramente, creo que hubo más de un motivo para ello. ¿Sería porque Hamilton sacaba medio mundo de ventaja a la concurrencia? En cualquier caso, de haber tenido que salir veinte veces, otras veinte que hubiera puesto asfalto de por medio el hoy imparable «producto de marketing». Si la carrera hubiera durado diez vueltas más, se habría doblado a sí mismo.
Comenzaban ayer las clasificaciones como ya viene siendo habitual con grandes sorpresas. Kovalainen con la primera «pole position» de su carrera deportiva, Mark Webber segundo, en la mejor clasificación de la suya y el líder Felipe Massa en una decepcionante novena posición. No hubo «efecto Alonso» esta vez, clasificado en sexta posición, la misma en la que acabó la carrera. Supongo que quienes hayáis seguido la retransmisión por Telecinco (ya sabéis que a mí me lo ha prohibido el gastroenterólogo), constataríais una enorme euforia en los comentaristas, pues por fin se habrían hecho realidad sus ruegos y profecías meteorológicas: «Lloverá en cinco minutos» o aquéllo de «¡Atención Víctor Seara! ¿Caen ya gotas por donde tú estás?» La en tantas ocasiones deseada agua, para que Fernando Alonso pudiera compensar con su pericia sobre mojado las carencias mecánicas del R-28, creo que fue tormenta de verano donde ha visto aguarse una vez más, la esperanza de conseguir un podio. Lo que demuestra que con una buena barca, es más fácil hacerse pasar por buen marinero.
Está claro que la gloria, aunque tarde en llegar, está mucho más cerca del que la busca que del que espera que pase a su lado por casualidad. Lo que ha hecho hoy Lewis Hamilton ha sido un sangriento abordaje a la nave de la épica, pasando a cuchillo a toda su tripulación. Un baño de sangre enemiga, de multitudes enfervorizadas y de gloria imperial. Morenos papás, rubias mamás, risueños hermanitos, ternuras adoptivas, banderas al viento y patriotismo desbordante. Hoy se lo perdono todo. El variopinto séquito de hijos del sensacionalismo que le acompaña, hasta me parecían hoy simpáticos. Ha pasado por encima de la sensatez deportiva, despreciando el riesgo hasta límites que para su equipo han tenido que ser angustiosos. El premio, a la altura de lo arriesgado. La gloria. ¿Qué estaríamos diciendo si esto lo hubiera hecho nuestro Fernando Alonso?
En otro orden de cosas terrenales, destacar de esta carrera loca, el sensacional tercer puesto conseguido por Rubens Barrichello, que no pisaba el podio desde 2006 y la fulgurante recuperación de Nick Heidfeld que con su segundo puesto en carrera, le moja la oreja por primera vez en lo que va de temporada a su compañero de equipo Robert Kubica. Jarno Trulli mantiene su excelente nivel de competitividad y triple empate (Hamilton, Massa, Räikkönen) por el título de campeón. Este año, dos carreras en mojado y dos victorias de Hamilton ¿Quién será el especialista en lluvia? Por otro lado, en Renault se vive un auténtico babel de estrategias. Se pide cemento y te traen arena; sale el sol y sacan los paraguas; se pone a llover y se calzan las chanclas. Y a todo ésto, Fernando Alonso en su ya habitual línea de declaraciones surrealistas pos-carrera. Según él, se sigue divirtiendo de lo lindo; a este paso, conseguirá que también nosotros nos hartemos de reír.