Por Ignacio Ampudia, hace 4 años y 6 meses

Robinho pone en pie al Bernabéu

Robinho Celebra Tercer GolDe villano a héroe. Así ha sido la historia de Robinho esta noche en el Bernabéu. Desde que llegó al Real Madrid en agosto de 2005, el brasileño ha intercalado algunas actuaciones de mérito con una constante displicencia que le ha proporcionado una relación compleja con el público madridista. Todavía se sostiene que está aprendiendo, que le queda tiempo para mejorar, que ya explotará... Florentino Pérez lo vendió como el jugador que haría que olvidásemos a Zidane en la próxima década. Seguramente exageró. Por razones evidentes.

El partido empezó revolucionado con el gol de Raúl (y ya van 59 en la Copa de Europa) en el segundo minuto de juego tras un error en el medio campo griego que aprovechó Robinho para dar un pase adelantado a van Nistelrooy. El rebote lo atrapó el gran capitán para, al primer toque, marcar a puerta vacía. Se vaticinaba un partido cómodo, una de esas noches europeas en las que el Madrid demuestra de qué es capaz. Y, efectivamente, lo demostró, pero no como todo el mundo esperaba. Cinco minutos después del primer gol una internada de Djordjevic por la banda de Salgado significaba el empate de Galletti. No se habían cumplido diez minutos y todo estaba como al principio. En el minuto 13 Torosidis agarró a van Nistelrooy cuando éste encaraba puerta y fue expulsado. Con uno menos, el Madrid respiró. A partir de la expulsión, el partido fue un monólogo madridista que mostró de nuevo que la imaginación no siempre se encuentra entre sus registros.

Se esperaba una segunda parte calcada a la primera: asedio del Madrid. Sin embargo, en un nuevo desajuste defensivo en un saque de falta lateral, Julio César adelantaba al Olympiacos. ¿Quién había fallado en la marca?. No se sabe o al menos cuando los equipos encajan goles de este tipo todos los jugadores se miran en busca de un culpable, pero nunca aparece. «Toda la semana entranando lo mismo y nos la hacen». Al menos yo lo pensaría. En este caso parece que Guti fue el despistado. Con el marcador en contra el Madrid debía gestionar un partido incómodo. En primer lugar porque hubiese resultado bastante insultante perder contra el Olympiacos jugando con uno más; en segundo lugar, porque la clasificación para octavos se hubiese complicado más de lo debido y en tercer lugar porque el aluvión de críticas habría sido formidable.

El Bernabéu es un campo peculiar. Cuando se juega no se escucha nada, como si de un teatro se tratase. Pero si no se juega, el juicio es implacable. El Madrid perdía y no parecía conocer el método para remontar. En esa situación la bola pesa y Robinho parecía el menos idóneo para asumir la responsabilidad. Le llovían los pitos y su sustitución se antojaba imprescindible. Pero Schuster fue valiente retirando a Salgado, que había tenido una participación bastante mediocre, y metiendo a Higuaín. En ese momento Robinho entendió que la suerte estaba echada y que era el mejor momento para reivindicarse después de una semana turbulenta por los retrasos de aviones, las fiestas y las multas.

Comenzó a pedirla, a intentar el desborde y a asociarse con los demás. Se intuía el peligro y el público lo reconocía. En un exquisito pase de Guti a Ramos, llegó el empate de cabeza. ¿De quién?. De Robinho. El Bernabéu estalló. Y como el empate no servía absolutamente para nada, el Madrid siguió empotrando al Olympiacos en su área. Robinho lo seguía intentando y tras una serie de bicicletas que normalmente le hubieran conducido a quedarse sin ángulo, arrancó un penalti que van Nistelrooy falló incomprensiblemente. El empate se mantuvo hasta el minuto 82. De nuevo Robinho, tras asistencia del holandés, marcaba el tercero. Definitivamente ya todo el mundo adoraba al brasileño. Pero no hubiese sido un partido completo del Madrid sin la intervención clásica de Casillas a remate de Kovacevic que salvó dos puntos en el descuento. En la contra Balboa remataba el 4-2.

El Madrid se complicó la vida de una manera absurda, principalmente por los errores defensivos. Sin embargo este Madrid, aunque aun no funcione como Schuster y la afición (y seguramente los jugadores) quieren, tiene una propuesta futbolística evidente y, por qué no decirlo, mucho más atractiva que la del año pasado. Hay quien sostiene que el Madrid de Capello no jugaba a nada. No es cierto. Jugaba a Capello, que aunque no se crea, tiene una idea muy clara del fútbol. Pero la oscuridad ya pasó. Ahora toca alegría y brillantez, y esa idea tiene que incorporar necesariamente a Robinho, que empezó como el malo y acabó como el guapo. Cosas del fútbol.

Por José Bidea, hace 4 años y 7 meses

La Premier League cobra atractivo

GerrardNo es que no lo tuviese, es sólo que tras esta última jornada en la cual los siete primeros clasificados han logrado la victoria, dejando las cosas como estaban, los partidos que depara la undécima jornada se presentan verdaderamente aun más atractivos de lo que son en realidad.

El líder, el Arsenal de Cesc Fábregas, visita el teatro de los sueños en el que Fernando Torres interpreta a un joven con estilo a la picaresca española una vez cada dos semanas. Sigue invicto el equipo de Wegner en Liga, Copa o Champions, queda por ver si el temible «You will never walk alone» logrará poner nervioso al joven equipo de los cañoneros. Por si fuera poco todo esto, tenemos en la reserva el pequeño escándalo del arbitraje que favoreció al Liverpool la pasada jornada y el castigo impuesto al árbitro por sus errores. Además, no debemos olvidar la goleada encajada por los diablos rojos el año pasado en Copa (3-6) por el equipo en que militaba entonces Baptista. No llega a ser tan morboso como la carrera de fórmula 1 del otro día, pero se presenta intrigante conocer como será el acontecer de los hechos.

También podremos disfrutar de otro gran partido en Stamford Bridge, en donde el Chelsea, zanjadas las polémicas surgidas tras el cambio de entrenador, recibe al equipo revelación de la Premier, el Manchester City. Viejos conocidos de nuestra Liga, como Petrov o Jabi Garrido, tratarán de demostrar por qué siguen terceros en la tabla frente a un Chelsea demasiado acostumbrado en las últimas temporadas a estar arriba como para dejar de hacerlo ahora. Queda por saber si el orden defensivo y la sobriedad al toque corto y rápido del equipo de Eriksson serán suficientes para doblegar al equipo de Drogba o Lampard.

Los grandes beneficiados de estos encuentros pueden ser el Manchester United, que se enfrenta al Middlesbrough, décimo séptimo clasificado. Una victoria dejaría a los de Ferguson primeros de nuevo en la tabla, si el Liverpool lograse doblegar al Arsenal, si fuese al revés, dejarían al conjunto que dirige Rafa Benítez a siete puntos, complicándole sus aspiraciones al título de Liga. También el Portsmouth y el Blackburn, de lograr una victoria frente a equipos peor posicionados que ellos en la tabla, podrían aprovechar estos enfrentamientos para estrechar la distancia con los equipos de arriba. Aunque, en el fútbol, ya saben que cualquier cosa puede pasar.

Por José Bidea, hace 4 años y 7 meses

San Mames no debería pitar a Llorente

Fernando LlorenteAsí como han existido, no hace muchos años, periódicos que se jactaban de no publicar ni una sola fotografía entre sus páginas, o empresas de no contratar a una sola mujer, encontrando en el tiempo y en los estragos de este a un enemigo incansable e imparable, han tenido que tragarse sus propias palabras. Es indiscutible, viendo la velocidad a la que avanzan hoy día las cosas gracias a las nuevas tecnologías, que es imprescindible desde hace varios años, para particulares o multinacionales, desarrollar una nueva capacidad para adaptarse a las nuevas circunstancias continuamente cambiantes e, incluso, adelantarse a las mismas.

En este marco de constante cambio y evolución resulta difícil encajar la filosofía del Athletic de Bilbao. Esa política que tenemos de fichar «sólo vascos», aunque luego hagamos la vista gorda con riojanos, burgaleses, o incluso en una ocasión vascofranceses, supone una clara desventaja con respecto al modelo que impera en el mundo del fútbol.

Ahora bien. En un mundo que mueve tanto dinero, capaz de hacer que la gente se desplace, en el cual las leyes cada vez establecen menos fronteras para ayudar a su expansión, el caso rojiblanco, en el cual él mismo establece sus barreras, es una particularidad dentro de la vorágine en la cual nos encontramos. Y las particularidades tienden a desaparecer, en la teoría y, por desgracia, en la práctica.

Así el modelo establecido hace más de cien años en el equipo de fútbol de Bilbao corre peligro, a las dos últimas temporadas nos remitimos, o al juego desplegado en esta hasta el momento. La falta de perspectiva de algunos directivos rojiblancos han provocado, en parte, la grave situación del equipo. La venta de Del Horno, la marcha de un gran entrenador como lo fue, y lo esta siendo, Valverde, la salida de Ezquerro, todo ello para sanear cuentas, puede entenderse desde el punto de vista de un empresario, pero nunca desde el del aficionado.

Por si fueran poco los errores cometidos en el pasado por la gente que manda, la afición de San Mames, en ocasiones no actúa con cabeza. En concreto en el caso de Fernando Llorente a quien, el pasado partido amistoso con el Milán fue objeto de pitidos por parte de la grada. Ya lleva unas temporadas en el primer equipo y el joven jugador no termina de despuntar. «Es bueno» se oye entre las gradas de la Catedral, «pero le faltan ganas».

Y ciertamente Fernando Llorente pasea por el campo con la cabeza gacha, dando la impresión de tratarse de un joven preocupado y atormentado por males de amores en vez de un delantero. Falla frente al portero, pierde balones por falta de concentración y no aprovecha su altura por su ausencia de agresividad. Todos, o casi todos coincidimos en que se trata de un problema de actitud, de ambición cada vez que salta al terreno de juego, y por eso algunos le pitan.

Pero el Athletic, en estos momentos tan difíciles de su historia necesita, más que nunca, el apoyo indiscutible e incondicional de su afición. No critico al respetable que visita con miedo y esperanza la Catedral cada domingo, ya ha demostrado estar a la altura de las circunstancias, o por encima de las mismas, en muchas ocasiones. Sin embargo antes de tomar una decisión como la de pitar a Fernando Llorente piensen en el futuro y en la escasez de recursos a la que nos hemos sometido nosotros mismos.

Por Javier García, hace 4 años y 7 meses

Räikkönen gana el mundial de pilotos de Fórmula 1

Kimi RaikkonenContra casi todo pronóstico el piloto finlandés Kimi Räikkönen se ha proclamado campeón del mundial de pilotos en el Gran Premio de Brasil, último de la temporada. La «carrera del siglo», como se había bautizado aquí en España, se presentaba a priori como un duelo entre Hamilton y Alonso, pero ha terminado decidiendo el título a favor del que hasta hoy era el tercer piloto en la clasificación. Tal como se había desarrollado el mundial, especialmente en las últimas carreras, uno podía esperar cualquier cosa de este Gran Premio. Y cualquier cosa sucedió.

He de decir que para mí el mundial se iba a decidir en Brasil entre Räikkönen y Hamilton. En condiciones de seco el doblete de Ferrari parecía casi asegurado, lo que dejaba sin opciones a Alonso; así que sólo quedaba por ver si Hamilton quedaría por encima del sexto puesto, lo que le valdría para convertirse en el único piloto en proclamarse campeón en su primer año en la Fórmula 1, además del más joven. Y teniendo en cuenta la regularidad del corredor británico el quinto puesto se antojaba más que accesible. El 1-2 de Ferrari se hizo realidad, con una carrera dominada de principio a fin por los bólidos rojos; sin embargo Hamilton sólo pudo terminar séptimo, diciendo adiós a un título que parecía tener en la mano apenas unas semanas atrás.

A pesar del protagonismo de Alonso y Hamilton este año, tanto dentro como fuera de los circuitos, Kimi Räikkönen se merece sin duda el mundial. Que nadie olvide que el finlandés ha conseguido el mayor número de victorias de la temporada, seis, mientras que el español y el inglés se han subido a lo más alto del podio sólo en cuatro ocasiones. Räikkönen es un piloto frío, calculador, implacable ante el crono y, por qué no decirlo, tremendamente aburrido para el espectador: arriesga lo necesario, a lo largo del año nos deja en la retina pocos adelantamientos de mérito y para colmo apenas transmite nada en sus declaraciones y celebraciones. Pero es un gran piloto al que sus interminables problemas mecánicos le han privado del título en años anteriores. Nada que objetar.

Lewis Hamilton se presentaba en Interlagos como líder del mundial, con puntos de ventaja suficientes como para sólo preocuparse de no tener salidas de pista o problemas mecánicos. Y tuvo ambos. Aún a riesgo de simplificar, Hamilton ha dicho adiós al mundial en las dos últimas carreras, China y Brasil, exactamente por el mismo problema: el exceso de ambición. En China acabó destrozando los neumáticos en una lucha sin sentido con Räikkönen, que en aquel momento no era rival para el título. En Brasil sus intentos de evitar un adelantamiento de Alonso, que aún colocándose tercero carecía de opciones, le hicieron perder el control del coche y salirse del trazado del circuito. Muy probablemente esa salida de pista provocó los problemas hidráulicos que más tarde le harían casi detener el coche y colocarse temporalmente en la posición 18. Posteriormente, en una meritoria remontada, acabaría en la séptima posición, muy buena dadas las circunstancias pero insuficiente para sus aspiraciones.

Por mucho que nos pese a los españoles Fernando Alonso ha sido poco más que un convidado de piedra en esta última carrera del año. Una vez que los dos Ferrari se colocaron en las primeras posiciones, sus posibilidades de alcanzar el título prácticamente desaparecieron. Con Massa primero y Räikkönen segundo su tercer puesto era aún suficiente para hacerle campéon, lo que le valió para liderar la clasificación final virtual durante gran parte de la carrera. Pero era evidente que el intercambio de posiciones entre los pilotos del equipo de Il Cavallino Rampante se iba producir tarde o temprano.

La estrategia de Ferrari solventó la papeleta como sólo ellos saben hacerlo. Prohibidas desde hace años las órdenes de equipo, el adelantamiento debía producirse en boxes para no levantar sospechas. En la primera parada en el pit stop una diferencia en el tiempo de repostaje de los pilotos rojos hubiera sido demasiado evidente. En la segunda esa diferencia hubiera sido imposible, ya que los dos coches necesitarían el mismo carburante para acabar la carrera. Así que la segunda parada de Massa se produjo unas pocas vueltas antes que las de Räikkönen, haciendo que el brasileño se encontrara tráfico en su reentrada a carrera. Con Massa frenado, unas rapidas vueltas de Kimi le permitieron salir de su segundo repostaje como lider de la carrera. Por supuesto esto significa que Massa repostó al menos en una de las dos ocasiones con combustible de sobra; que alguien lo demuestre. Y es que Ferrari tiene algo de experiencia en estas situaciones, que se lo pregunten a Barrichello y Schumacher.

Mucho se hablará sobre esta temporada, la más disputada, la más abierta y la más polémica de las últimas décadas. Por supuesto la prensa española y la inglesa seguirán con su cruzada de demonizar pilotos, dirigentes, escuderías y hasta países si es necesario. Los medios patrios acusan a Ron Dennis de no apostar por Alonso como número uno de McLaren, cuando esos mismos medios abogarían por la igualdad de trato si el español fuera el piloto inexperto, escudándose sin duda en la deportividad. Que dentro de la escudería británica se haya producido en realidad esa igualdad entre pilotos es otro tema, y desde fuera es casi imposible juzgarlo. Lo único evidente es que Alonso se ha visto perjudicado en ocasiones por el entorno dentro del equipo, el mismo entorno que la prensa se ha encargado de enturbiar.

Los medios españoles también se han encargado de declarar a Hamilton persona non grata, generando un clima de odio hacia un deportista como pocas veces se había visto antes. Un deportista cuyos únicos pecados son la inexperiencia y el exceso de ambición, dos errores que sin duda el tiempo se encargará de corregir. Y cuando eso ocurra veremos al verdadero Hamilton: un gran piloto que junto al polaco Robert Kubika está llamado a ser el gran rival a batir por el que aún hoy es el corredor con más talento de la Fórmula 1: Fernando Alonso.

Por Ignacio Ampudia, hace 4 años y 7 meses

Los Springboks tumban a Inglaterra en la final del mundial de rugby

Percy Montgomery SudafricaHay deportes y deportes. En España todo lo que trascienda el fútbol, la fórmula 1, el tenis y últimamente el baloncesto no atrae la atención de las masas, aunque quizá el error sea medir la supuesta popularidad de un deporte por las audiencias televisivas que pueda registrar. En todo caso el rugby es uno de esos deportes que no cuaja en España, a pesar del florecimiento de equipos universitarios y de la afluencia de público a los pubs irlandeses de Madrid. Sin embargo la selección española no parece estar a la altura de los grandes del mundo. Para esta edición de la Copa del Mundo (también conocida como la Copa Webb Ellis, homenaje a William Webb Ellis, considerado el inventor del rugby en su versión contemporánea) España ni siquera se clasificó. Fue eliminada por Macedonia, una reconocidísima potencia mundial. Así que sólo nos quedaba asistir ayer a la final entre Inglaterra y Sudáfrica, reconociendo que en este deporte no hay nada que hacer. Por ahora.

En la ignorancia, lo mejor es apostar sobre seguro. Por eso todos los que apenas hemos tenido contacto con el rugby decidimos apostar por la victoria de Inglaterra. Quizá por aquello de que ellos fueron los inventores, probablemente por la fascinación de la metrópoli sobre la colonia y porque nadie podía pensar que Sudáfrica pudiese ganar. Sin embargo la ignorancia es muy atrevida. Suráfrica ha ganado dos copas de mundo. Ha participado tan solo en cuatro. Definitivamente dejé de pensar en todo lo que creía acerca del rugby. Mientras las pintas de negra sobrevolaban mi cabeza, escuchaba que Inglaterra es al rugby lo que Italia al fútbol. Creo que no hay mejor simil para definir lo que se vio, aunque la diferencia es que los ingleses no ganan de forma increíble en los últimos minutos.

Inglaterra no ofrecía nada. Absolutamente nada. Simplemente pateos en busca de alguna oportunidad para Wilkinson. Suráfrica trataba de avanzar con las manos y fue un detalle que se agradeció. El público entendido se emocionaba cuando algún jugador era placado por tres adversarios, caían al suelo, cuatro más se abalanzaban y no se veía la pelota. Constante imprecisiones (al menos lo parecían), aunque poco más tarde descubrí que las fueras de banda formaban parte de la táctica. Al final de la primera parte, la ventaja de los sudafricanos era ajustada: 3-9. Todos los puntos se habían convertido a balón parado. Ni un mísero ensayo, lo que muestra la intensidad y competencia del duelo entre los dos finalistas y la racanería de Inglaterra. 

La segunda parte comenzó con un monólogo de Inglaterra. Ataque y más ataque muy bien reprimido por Sudáfrica, que sólo cometió un fallo cuando Tait rompió la defensa y cedió a Cueto que llegó hasta la línea de ensayo y apoyó. Sin embargo, y a diferencia del fútbol, el partido se detuvo porque el punto no había parecido legal. El árbitro, por medio de su micrófono, consultaba al árbitro principal, un tipo encerrado solo en una urna de cristal con una tele, un ordenador y unos cascos. Todos en el pub pensaban que siendo Inglaterra y la final de un mundial lo más normal es que lo diesen por válido. Pero no fue así. La mitad del pie izquierdo de Cueto estaba fuera del campo antes de apoyar la pelota. Sin duda, ese fue el punto de inflexión del partido. A partir de ese momento Sudáfrica demostró que también sabe defender al no conceder apenas pateos a Inglaterra, o lo que es lo mismo, a Wilkinson, que perdió su duelo particular con Montgomery y falló dos intentos de drops. El empuje de Inglaterra fue estéril y perdió la final. Con los rostros amoratados y el de alguno ensangrentado, los sudafricanos celebraban la victoria y es posible que ni sintieran el efecto de los golpes. Los ingleses, además de sentirlo, habían perdido el mundial, aunque pueden seguir presumiendo de haber sido hasta ahora la única selección europea en ganarlo. Mientras el grabador esculpía el nombre de Sudáfrica en la copa se percibía que, una vez más, había ganado el rugby.        

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