Sobreviviré
La naturaleza no se puede alterar, al menos en el fútbol, porque cuando todo el mundo (servidor incluido) suspira sin sonrojo por los recitales que ofrecen los de Guardiola, el Madrid se empeña en aferrarse a lo único que sabe hacer: pelear y ganar, sin condiciones, sin especulaciones, con el escudo y la historia en la mano. Y en el fondo es lógico y razonable no cambiar de caballo cuando las cosas no pasan por su mejor momento y ayer, con diez sobre el campo, el Madrid puso en juego sus valores innegociables y con ellos arrancó los tres puntos para poner algo de incertidumbre a la Liga o eso dicen los medios adictos. En mi humilde opinión no queda mucho más por hacer que no bajar los brazos. Si el Barça gana la Liga que sea extenuado por un perseguidor implacable.
La tempranísima expulsión de Casillas, muy discutible pero que Mateu ejecutó sin dudar, dio lugar a un nuevo partido, un nuevo planteamiento, una nueva oportunidad para que Mou demostrase que estos son los encuentros por los que realmente se hizo entrenador. Cuando el Madrid juega con diez todo es más fácil porque ya no está moralmente obligado a llevar la batuta y si los puntos se quedan en el camino siempre se le puede echar toda la culpa al árbitro. En el 2' Casillas enfilaba el camino de la grada con su habitual meneo de cabeza cuando algo le parece descabellado. Lo hace si es expulsado y lo hace si Ramos se marca una de sus habituales excursiones por los terrenos ignotos del área rival. Mou movió ficha y retiró a Di Maria para dar entrada a Adán que, para empezar, tuvo que enfrentarse a una falta peligrosa al borde del área que o bien resolvió con solvencia o bien se la quitó de encima, quién sabe, porque el chaval estaba nervioso pero con el paso de los minutos demostró que la cantera de porteros del Madrid es prodigiosa, por qué será...
El chico tuvo una primera parte plácida porque el Madrid se valió de su tradición para empotrar a un Espanyol intratable en Cornellá hasta la fecha. Mou dibujó dos líneas de cuatro y dejó a Adebayor en punta para explotar todas sus cualidades: bajar el balón y aguantar hasta que lleguen los refuerzos, un juego lleno de elaboración y estilo, para qué nos vamos a engañar. El Madrid llevó a los blanquiazules a su terreno, a sus intereses, a un partido desbocado, sin control, con transiciones vertiginosas que Kameni repelía cuando la defensa juvenil que puso Pochettino se estaba descargando las fotos que se habían hecho con CR7 en el calentamiento. Eso por dejar a Forlín en el banco. Y entre todo el marasmo de los blancos corriendo de un lado a otro y avasallando al rival, emergió la figura de Marcelo. El AS dice que está a un minuto de Roberto Carlos. Es más probable que le falten algunos años pero es cierto que en el desorden su aportación suele ser crucial porque lo desaliñado le favorece. Ayer ejerció de extremo e interior y a veces como lateral, las suficientes para esposar con seguridad a Luis García y amargarle la noche.
En una de sus incursiones que siempre gravitan entre la genialidad o el desastre, sin término medio, burló el cerrojo españolista tras asistencia de un mayúsculo CR7 y llegó hasta la línea de gol para poner el 0-1. Era el 24' y el Madrid sólo ejercía como un poderoso rodillo, que no es poco; tampoco suficiente. En el cambio de guión salió perdiendo Özil desenfocado cuando sus colegas empiezan a trotar y todas las costuras quedan bajo la jurisdicción de Pepe y Alonso que protagonizó otro recital de cómo jugar en un equipo que odia profundamente el balón. Alonso armoniza las fieras pero suelta la pierna cuando es necesario, sin contemplaciones, sin compasión. El gol era un premio más que justo, y alguno más pudo subir al marcador si Adebayor no se hubiera encontrado en el larguero de Kameni. Para la segunda mitad el Madrid aflojó el pistón y se dedicó a esperar al Espanyol en su campo, cazar la contra y ponerse a cinco del Barça. Y pudo conseguirlo si Adebayor, aquejado ayer de una extraña dolencia conocida como benzematitis, no hubiese marrado dos duelos al sol con el meta camerunés que habrían significado un perfecto reflejo de la superioridad de los blancos sobre los españolistas, y con uno menos, lo que certifica que la furia y la cólera madridista se sigue transmitiendo con éxito dentro del club, como un elemento identitario fundamental aunque por todos es sabido que no siempre la furia y la raza implican el éxito, y si no pregunten en la selección española.