Por Ignacio Ampudia, hace 1 año y 3 meses

Sobreviviré

Marcelo Celebra Un GolLa naturaleza no se puede alterar, al menos en el fútbol, porque cuando todo el mundo (servidor incluido) suspira sin sonrojo por los recitales que ofrecen los de Guardiola, el Madrid se empeña en aferrarse a lo único que sabe hacer: pelear y ganar, sin condiciones, sin especulaciones, con el escudo y la historia en la mano. Y en el fondo es lógico y razonable no cambiar de caballo cuando las cosas no pasan por su mejor momento y ayer, con diez sobre el campo, el Madrid puso en juego sus valores innegociables y con ellos arrancó los tres puntos para poner algo de incertidumbre a la Liga o eso dicen los medios adictos. En mi humilde opinión no queda mucho más por hacer que no bajar los brazos. Si el Barça gana la Liga que sea extenuado por un perseguidor implacable.

La tempranísima expulsión de Casillas, muy discutible pero que Mateu ejecutó sin dudar, dio lugar a un nuevo partido, un nuevo planteamiento, una nueva oportunidad para que Mou demostrase que estos son los encuentros por los que realmente se hizo entrenador. Cuando el Madrid juega con diez todo es más fácil porque ya no está moralmente obligado a llevar la batuta y si los puntos se quedan en el camino siempre se le puede echar toda la culpa al árbitro. En el 2' Casillas enfilaba el camino de la grada con su habitual meneo de cabeza cuando algo le parece descabellado. Lo hace si es expulsado y lo hace si Ramos se marca una de sus habituales excursiones por los terrenos ignotos del área rival. Mou movió ficha y retiró a Di Maria para dar entrada a Adán que, para empezar, tuvo que enfrentarse a una falta peligrosa al borde del área que o bien resolvió con solvencia o bien se la quitó de encima, quién sabe, porque el chaval estaba nervioso pero con el paso de los minutos demostró que la cantera de porteros del Madrid es prodigiosa, por qué será...

El chico tuvo una primera parte plácida porque el Madrid se valió de su tradición para empotrar a un Espanyol intratable en Cornellá hasta la fecha. Mou dibujó dos líneas de cuatro y dejó a Adebayor en punta para explotar todas sus cualidades: bajar el balón y aguantar hasta que lleguen los refuerzos, un juego lleno de elaboración y estilo, para qué nos vamos a engañar. El Madrid llevó a los blanquiazules a su terreno, a sus intereses, a un partido desbocado, sin control, con transiciones vertiginosas que Kameni repelía cuando la defensa juvenil que puso Pochettino se estaba descargando las fotos que se habían hecho con CR7 en el calentamiento. Eso por dejar a Forlín en el banco. Y entre todo el marasmo de los blancos corriendo de un lado a otro y avasallando al rival, emergió la figura de Marcelo. El AS dice que está a un minuto de Roberto Carlos. Es más probable que le falten algunos años pero es cierto que en el desorden su aportación suele ser crucial porque lo desaliñado le favorece. Ayer ejerció de extremo e interior y a veces como lateral, las suficientes para esposar con seguridad a Luis García y amargarle la noche.

En una de sus incursiones que siempre gravitan entre la genialidad o el desastre, sin término medio, burló el cerrojo españolista tras asistencia de un mayúsculo CR7 y llegó hasta la línea de gol para poner el 0-1. Era el 24' y el Madrid sólo ejercía como un poderoso rodillo, que no es poco; tampoco suficiente. En el cambio de guión salió perdiendo Özil desenfocado cuando sus colegas empiezan a trotar y todas las costuras quedan bajo la jurisdicción de Pepe y Alonso que protagonizó otro recital de cómo jugar en un equipo que odia profundamente el balón. Alonso armoniza las fieras pero suelta la pierna cuando es necesario, sin contemplaciones, sin compasión. El gol era un premio más que justo, y alguno más pudo subir al marcador si Adebayor no se hubiera encontrado en el larguero de Kameni. Para la segunda mitad el Madrid aflojó el pistón y se dedicó a esperar al Espanyol en su campo, cazar la contra y ponerse a cinco del Barça. Y pudo conseguirlo si Adebayor, aquejado ayer de una extraña dolencia conocida como benzematitis, no hubiese marrado dos duelos al sol con el meta camerunés que habrían significado un perfecto reflejo de la superioridad de los blancos sobre los españolistas, y con uno menos, lo que certifica que la furia y la cólera madridista se sigue transmitiendo con éxito dentro del club, como un elemento identitario fundamental aunque por todos es sabido que no siempre la furia y la raza implican el éxito, y si no pregunten en la selección española.

Por Ignacio Ampudia, hace 1 año y 3 meses

Fundidos

Cr7Así está el Madrid, fundido, exhausto, desgastado, cansado y gripado, exactamente igual que Xabi Alonso que vio la primera mitad en el banco por una gripe que ha rebajado las prestaciones del único que da sentido al maltrecho juego blanco. Hay cosas que se ven venir de lejos, muy de lejos. El faraón Pérez, al que seguramente no le importaría ser sepultado junto a CR7, Kaká y Benzema, prometió dar caza al mejor Barça de la historia que bien podría ser el mejor equipo de la historia, y para ello sacó a pasear la chequera y trajo todo lo que parecía que relucía. Y cuando tenía todo lo bueno que no está en Barcelona, desembolsó una verdadera fortuna para traer al mejor entrenador del mundo según la opinión de todos los ingenieros que votan lo de los balones de oro. «Ya lo tenemos todo presidente, ¿ahora qué hay que hacer?.» «Ahora hay que amortizar esta inversión.» «Está bien, ¿y cómo deberíamos jugar?.» «Ni idea, yo sólo soy el presidente. Preguntad a Mourinho. A Valdano no, que es muy pesado y no le entiende nadie.» Y entre los mejores técnicos y los mejores jugadores e incluso el mejor jardinero de la galaxia, el Madrid no juega absolutamente a nada. Cuando está Alonso, la cosa se aproxima a la corrección; sin él, el Madrid es sonrojante. La idea es anular al Barça pero el método no existe y entre unos y otros, los de Mou tienen la Liga muy cruda. Es cierto, quedan más de cincuenta puntos en juego y la diferencia es de siete. ¿Dónde podría el Barça perder dos partidos y empatar uno?. Pues eso.

El Madrid de principio de temporada era un equipo tenso, hercúleo, sostenido en la fortaleza y velocidad de Di Maria y CR7, un equipo eléctrico que tumbaba las defensas desplegando una pegada impresionante. Pero si toda la idea del juego descansa en una forma física óptima, cuando la forma baja, el juego no existe, y el Madrid sufre calambres en todas sus líneas. Ni CR7 ni Di Maria son los de hace un mes, y es más que probable que el debate del 9 haya desgastado en exceso a la institución y a un vestuario en el que parece que Casillas no ejerce toda la autoridad que debería. Si Kaká se descuelga diciendo que Benzema podría hacer más es que las aguas bajan turbias. ¿Benzema no hace nada?, ¿y qué has hecho tú en dos temporadas aparte de reírte de todo el mundo?. Por otra vía discurre la pelea en el barro de Mou y Valdano y mientras tanto llega a Madrid un tal Adebayor que lleva dos meses sin jugar porque sacó la mano a pasear en un entrenamiento con el City. Sí señores, saluden al Madrid, al aspirante.

Es cierto que Navarra es tierra hostil para el Madrid. El Sadar aprieta y llega a ahogar y muy poco hace falta para motivar a todo Pamplona cuando los del capital les hacen la visita de todos los años. El termómetro de Alonso devolvió la titularidad a Lass que junto a Khedira forman una sólida pareja candidata al Nobel de arquitectura. Viendo el panorama, Mou dijo a los suyos que evitasen en la medida de lo posible echársela a la pareja de armadores para llevar todo el juego por los costados pero en el momento que el Fideo y Cristiano evidenciaron síntomas de hipoactividad, el juego blanco se limitó a balones largos y frontales, justo los que las defensas resuelven sin despeinarse. Mientras, Benzema buscaba el sentido de todas aquellas que le rodean y que él escruta con mirada confusa. Recuerdo que hizo un caño a un defensa dentro del área. Fuimos enormemente felices. El Madrid daba patadas sin sentido pero Osasuna tampoco apretaba; sencillamente aguantaba a la espera de agarrar una buena oportunidad para apuntillar a los blancos. Y esa llegó en el 62' con lío de los centrales incluido, para que Camuñas, dentro del área y a placer, adelantase a los rojillos.

El 1-0 hizo a entender a Mou que su equipo llevaba tonteando una hora, y él también (¿es que Granero no existe?) y procedió a un triple cambio, ambicioso y arriesgado. Así es el portugués, un hombre de acción. Retiró a Lass, Albiol y Di Maria y metió a Alonso, Kaká y Adebayor, o lo que es lo mismo, dos por uno. En el nuevo dibujo Khedira pasó a ser central, mostrando sus brillantes recursos defensivos perdiendo una carrera con Aranda, un conocido y reputado portento de la velocidad. Para el Madrid sólo quedaba apretar y buscar por empuje algún gol que significase un punto para que no todo el mundo diese la Liga por perdida en la jornada 21. Pero los ataques de la ortopédica vanguardia blanca chocaban una y otra vez contra la muralla osasunista y lo que es peor, contra la evidente y sangrante falta de imaginación y picardía que ha llevado a este Madrid a la vulgaridad y la aridez. Los de Mou están en reserva y el debate sobre si se ha perdido la Liga o no es lo mejor que les puede pasar, todo para no hablar de algo mucho peor: para hacer algo, lo que sea, siempre hay que tener un plan.

Por Ignacio Ampudia, hace 1 año y 4 meses

You can't always get what you want

Benzema Y OzilTarde o temprano tenía que pasar después de ver cuál ha sido la propuesta futbolística del Madrid durante esta primera vuelta que ha proclamado a un estratosférico Barça como campeón de invierno. Y para colmo del esperpento, el Marca se descuelga hace un par de día con el supuesto interés del Madrid en van Nistelrooy. Al leerlo sólo se podía pensar que aquello era una broma curiosa, graciosa incluso, pero la realidad siempre supera todo lo que un periodista deportivo pueda inventar. Era y es cierto: alguien en Chamartín se había preocupado por filtrar a la prensa que se quería repescar al holandés. Por supuesto, no hay nada en contra de él. Fue un grandísimo delantero, de los mejores de los últimos tiempos, tuvo su etapa en el Madrid en la que ganó dos Ligas y una Supercopa aunque se quedó sin Champions y se fue porque se quería rejuvenecer la plantilla y porque Benzema necesitaba vía libre para demostrar su mediocridad. El hombre, con 34 años, se exilia en Alemania, en el Hamburgo, y le dice a Raúl que si la cosa se pone fea, allí hay trabajo para todos. Y cuando disfruta de su última experiencia como profesional, se le presenta una oportunidad aparentemente dorada, se le altera la sangre como a un colegial e intenta forzar su salida sin que desde la planta noble del Bernabéu se haya cursado oferta formal. Sólo hay dos opciones: o la política deportiva del Madrid está dirigida por el primate Aurelio o los directivos se ríen abiertamente de Mourinho, aunque siempre puede que las dos sean correctas.

Por si era la segunda opción, Mou llega a Almeria a cerrar la primera vuelta y deja en el banquillo al único 9 de la plantilla para dar entrada a un insustancial Kaká todavía escudado en que no ha alcanzado la forma idónea. Parece que en forma o sin forma o con algo de forma, lo de Kaká va camino de caso Kaká, que ha jugado en temporada y media los mismos minutos que millones costó. La guerra soterrada entre Mou y la directiva tuvo como consecuencia un esquema inédito, 4-2-4, sin una referencia fija que anclase a los centrales andaluces y con una tendencia inevitable a la fractura por el eje. Para Xabi y Khedira el trabajo se acumulaba en la media donde fueron normalmente superados por un colista muy bien colocado sobre el césped, un colista que aún no ha ganado en su casa y a punto estuvo de conseguirlo ante el segundo clasificado. El Madrid no genera juego estático, no sabe qué hacer con el balón, no existe guión ni arquitecto que ejecute el plan simplemente porque lo más probable es que el plan se lo haya comido el perro de Lass, o el de Benzema, quién sabe. Y menos mal que está Alonso. El Almeria, que esperaba un asedio, se encontró con un solar en la media y desde allí dinamitó todas las vías de comunicación.

Además de la carencia evidente de producción de juego, el Madrid está fundido físicamente. Puede que Mou gane todo en una temporada como hizo con el Inter, pero parece que el peaje a pagar es muy alto. Di Maria, habituado a ser el chico para todo, a jugar de extremo, de interior y ocasionalmente de lateral, está al límite, del mismo modo que Özil tiene peor cara, si es que eso es posible, y Kaká lleva sin jugar a esto más de dos años. El único que mantiene la fogosidad intacta es CR7 pero no siempre tiene el viento de cara. Tras diecinueve partidos, el Madrid de Mou ha demostrado eficacia, una pegada descomunal, un juego vertiginoso cuando disfruta de espacios y una dependencia casi patológica de las genialidades de Cristiano. Por lo demás, sigue siendo un plantel descompensado y carente de imaginación comandado por un entrenador fichado para ganar y llenar portadas. Lo que nunca pensó Pérez es que el portugués saliese respondón.

Las ocasiones que generaba el Madrid contra la meta de Diego Alves se reducían a disparos lejanos de Cristiano. Nada más, ni por un lado ni por otro, mientras los minutos se consumían entre la desidia madridista y la inoperancia local. En la reanudación el enfermo seguía pálido y Mou retiró a Kaká para que Benzema se echase unas carreras, es decir, nada a cambio de nada. La entrada del francés reorganizó el dibujo blanco, retrasando la posición de Cristiano y de Di Maria. Pero el problema es que tanta pereza desembocó en el gol del Almería en el 56' después de que Ramos cometiese penalti sobre Piatti y Ulloa, con un disparo seco, encontrase la base del poste y la red visitante. El Almería nadaba en la abundancia ante un Madrid herido y sin respuestas. La reacción desde el banco no se hizo esperar y Mou retiró a Marcelo y Albiol para dar entrada a Carvalho y Granero. El Madrid pasó a defender con tres, con Alonso y Khedira por delante, Granero y Di Maria en bandas, Özil por el centro y CR7 y Benzema en punta. El Madrid, consciente de que la Liga se ponía complicada, se lanzó sin reservas en busca de la victoria. El empate llegó en el 78' con un disparo impecable de Granero. A falta de diez minutos el Madrid lo siguió buscando incluso mandando un balón al larguero a veinte segundos del final. El Madrid salvó un punto cuando bien podría haber perdido tres  después de mostrar, diecinueve partidos después, que no siempre con tan poco se puede conseguir todo.   

Por Ignacio Ampudia, hace 1 año y 4 meses

Ardor blanco

Cr7 Y KakaAhora que el Madrid ha inaugurado de forma oficial el proceso de selección del 9 del que todo el mundo habla, la parroquia no dudó en despedir a Benzema con una buena bronca, severa y dura, para que aprenda que para ser el 9 del Madrid hay que comerse el césped, o algo parecido. Más de uno invocó ayer la figura del Gran Capitán cuando Cristiano disparó y De Gea no atrapó. Ahí habría estado Raúl, pero no, no estaba porque está en Alemania. En fin... cosas del fútbol moderno. El caso es que el Atlético llegaba al Bernabéu en una cita atractiva y ya casi mítica: los cuartos de Copa del Rey que desde hace algunos años enfrentan a los equipos punteros de la Liga y alguna sorpresa de Segunda. La Federación comprendió que el antiguo modelo de partido único favorecía a los pobres y claro, ¿cómo van a jugarse los pobres el pan de los ricos?. Este año, el Madrid se ha tomado muy en serio esta competición, quizá consciente de que ganar las otras dos va a ser realmente difícil y en esta no se vería las caras con el Barça hasta la final. No se vería porque aún queda eliminar al Atleti y superar a Sevilla o Villarreal; el Barça podría no presentarse en el campo del Betis y pasar a unas semifinales contra Deportivo o Almería. La Federación dispone. Amén.

Los duelos del Atleti contra el Madrid ha dejado de ser contra el Madrid. El Atleti ha pasado a luchar contra sí mismo, envuelto en una niebla turbia cuando tiene que jugarse las lentejas contra su vecino. Quique habló del miedo en el rostro de algunos de sus jugadores antes, durante y después del partido, como intentando no molestar en Chamartín, esperando que los noventa minutos se ahoguen entre idas y venidas para volver a casa y pensar en otra cosa. Ser del Atleti es algo muy serio pero incomprensible para los que no lo somos. No es cuestión de hacer la disección del sentimiento, allá ellos, pero lo que es innegable es que el Atleti es un equipo pobre. Es pobre en lo económico, mucho más pobre que el Madrid por culpa de aquellos dirigentes que hicieron de su sentir atlético una religión y de paso una tapadera para limpiar lo que robaban en otras instituciones. Una década después, el Atleti todavía paga las consecuencias. Es un equipo pobre en la planificación, con fichajes medianos y poco atractivos que en nada mejoran un juego desmejorado por la salida de los pocos que ofrecían algo de calidad (véase Simao y Jurado). Es un equipo pobre de espíritu, desenchufado, poco aguerrido, muy justo para las grandes citas y, por encima de todo, es un equipo sin juego, sin nadie que sepa dar un balón en condiciones. De poco sirve tener a dos delanteros enormes si por detrás no hay nadie intelectualmente capacitado para repartir caramelos. La ausencia de Tiago ha dinamitado lo poco que podía ofrecer el Atleti.

Después del llanto semanal de Mou por su delantero que no llega, el portugués dispuso sobre el césped a toda la artillería. En este Madrid sin recreos (excepto el del Camp Nou, por supuesto), todos los minutos han de jugarse como una final. Por eso la primera media hora blanca fue arrolladora, con las líneas compactas, Alonso al mando y Özil inventando para Cristiano y Di Maria. Benzema simplemente pasaba por allí. Antes del tercer minuto el Madrid ya había testado los guantes de De Gea que se convertiría en el pilar atlético. Hoy por hoy, el chaval es el único activo rojiblanco. Sin embargo, en una pérdida blanca, Reyes encontró a Agüero entre Carvalho y Marcelo y el argentino enfiló, sufrió penalti pero el rechace lo agarró Forlán, liberado de la marca de Arbeloa, un desastre táctico durante toda la velada, para poner el 0-1. La alegría duró un minuto. Era el 6' y quedaba una eternidad. El Madrid no se arrumbó y prosiguió con el guión establecido: asedio y alguna entrará. Y el empate llegó en el 13' en un remate de Ramos a la salida de un corner. 1-1 y vuelta a empezar, aunque el marcador era propicio para el Atleti que desapareció del mapa, desvanecido y avasallado por el ardor del Madrid.

La segunda parte se convirtió en un monólogo madridista. Quique, cansado de tanta mediocridad y consciente de que pocos pueden sobrevivir ilesos al bombardeo blanco, retiró a Raúl García, sobrepasado toda la noche en cada arreón de los medios madridistas e incapaz de sacar un balón con claridad, por Mario Suárez. Cromo por cromo a la espera de que el chico aportase pulmón y desparpajo, pero ni con esas. Las incursiones atléticas en campo rival adquirieron categoría de escaramuza, aunque en una de ellas, entre el Kun y Forlán, casi ponen el 1-2. El susto no ocultó que el Atleti había entregado la cuchara dando por bueno el empate, arrinconado contra las cuerdas, cubriéndose el rostro, repeliendo ganchos, esperando el final del round. De Gea, un coloso toda la noche, sacó hasta seis balones claros de gol, pero se quedó tiritando bajo el larguero cuando Özil atrajo a todos los defensores para poner un balón medido a la botas de CR7 o del que entrase por allí. Era el 2-1, marcador más ajustado a los méritos de unos y otros. Quedaba media hora y el Madrid lo siguió intentando más por defecto atlético que por ímpetu porque el equipo blanco estaba en reserva. Y cuando todo apuntaba a un injusto 2-1 y la eliminatoria abierta para la vuelta, los defensores atléticos acudieron una vez más a su cita con la mediocridad dejando un balón franco a Özil dentro del área para poner el 3-1 definitivo y la sensación de que el Atleti tardará algunos años más en conseguir un buen botín contra el Madrid. 

Por Ignacio Ampudia, hace 1 año y 4 meses

CR22

Cr71Inmersos en ese extraño y bizantino debate sobre si el Madrid necesita o no necesita fichar algún delantero centro cuando la pregunta en realidad es si el Madrid debió alguna vez fichar a Benzema, Mou asumió que ni los Reyes Magos, ni Pérez, ni el AS, ni Valdano, el perfecto comercial capaz de vender agua hirviendo en el desierto, van a traerle a alguien que sepa qué es meter un gol. La crueldad del Madrid es infinita debe pensar Mou, obligado por contrato y por imperativo moral a ganar algo esta temporada, y ya puede ser algo decente, y ya lo puede ir ganando con un 9, con uno solo, porque lo más probable es que Higuaín no esté para jugar antes de abril; o bien mirado ya puede ir ganando algo con ningún 9 porque no siempre se es lo que pone en la camiseta. Igual que se agotaron los superlativos para Messi o para Xavi, se agotaron los calificativos para Benzema. Su caso no tiene arreglo. Sufre en el Madrid, no se lo pasa bien siendo futbolista blanco y lo más probable es que en cualquier equipito le fuese bien. No todo el mundo puede ser una estrella. Si no algunas cosas nunca tendrían mérito. Ni siquiera se puede decir de él que se entregue como nadie, que luche, que pelee cada balón, que busque el desmarque, que estorbe a los centrales, que sea voluntarioso. Benzema es un perfecto aficionado y sólo se puede desear que disfrute de un dorado retiro en el PSG.

Con semejante panorama, no es casualidad que Mou quiera que venga alguien, pero se le pone feo, muy feo, máxime cuando CR7 sale a dos o tres goles por partido. ¿Para qué quiere otro?, debe pensar Pérez y Mou responde en su diálogo mudo para cuando el bueno no esté. No le falta razón al Profesional: con lo puesto no llegamos a la Décima aunque a lo mejor sí nos alcanza para la Liga. Todo depende de lo que pase en abril contra el Barça en Madrid. Sí, en abril, porque esta Liga española no da para mucho más. Hay dos y el Villarreal, que ganará la otra Liga porque son muy buenos, juegan muy bien y saben lo que tienen que hacer. Los amarillos son una suerte de Barça en miniatura, como si cortas a los de Guardiola por la mitad y sólo por eso no se han llevado la victoria de Chamartín.

Las bajas de Senna y Nilmar condicionan en cierta manera el juego del Villarreal. Uno pone sentido y oficio, mucho oficio, y el otro aporta la típica picardía del jugador brasileño que aún no ha empezado a salir por las noches. Aún con todo, Garrido ha conformado un grupo que practica un fútbol de toque extremadamente elegante, armónico, estético y punzante, y con esa propuesta saltó al Bernabéu con la intención de acercarse al Madrid en la clasificación y, por qué no, demostrarse que puede codearse con los colosos. El Madrid, por su parte, aquejado de una cierta falta de ritmo e indolencia en algunas de sus piezas, se limitó a dejarse llevar por el césped, encomendado a los arreones de sus centellas y al martillo de CR7. Recordó a aquel guiñapo que fue de turismo al Camp Nou. El Villarreal, sorprendido ante tanta hospitalidad, aprovechó la vía de agua del Madrid, la banda de Marcelo, para construir incesantemente la misma jugada ofensiva. Avisó Cazorla en el 3' y Cani resolvió magistralmente en el 6' ganando la espalda a los centrales. El 0-1 espoleó a los blancos, que lograron el empate a los pocos minutos en otra bonita jugada que cobró un mayor tinte épico cuando Benzema colocó un bonito pase para Özil a la espalda del lateral. Brillante Karim.

El Madrid pensó que aquello bajaría los humos de los de Garrido, pero tan solo era un pensamiento que pasó por la cabeza de un Lass que vio en primera fila la brutal asistencia de Bruno para Rubén que ponía el 1-2 después de picarla ante Casillas. Parecía que lo del Villarreal iba en serio. El Madrid se partía por el eje, justo donde los amarillos se encontraban más cómodos, justo donde este tipo de equipos no pueden sentirse cómodos. Con más fe que otra cosa, el Madrid se lanzaba contra la meta castellonense y en una de esas, a escasos segundos del final, Alonso botaba una falta desde el lateral del área para que Cristiano pusiera el empate en el marcador, su segundo gol, el segundo del Madrid. ¿Quién decía que hacía falta un 9?. Los chicos se fueron contentos a la caseta pero Mou, como buen Profesional que es, decidió que allí había algunas cosas que no funcionaban correctamente. La evidente la dejó; la otra evidente también y sentó a Lass por Khedira, ese portento del fútbol y de la ciencia. Aparentemente parecía cromo por cromo, pero lo que realmente implicó era la liberación de Marcelo de labores defensivas y la incursión del Fideo en el lateral derecho a modo de carrilero.

Con tres defensas y Alonso arropado por Marcelo, Özil y Khedira, el Madrid exhibió su cara más habitual: contundencia y tenacidad. El Villarreal desapareció del mapa y se pudieron contar con los dedos de una mano sus estancias en campo rival. El Madrid, montado en las botas de Cristiano, se desplegó por las bandas con profundidad en busca de los tres puntos. El protagonismo se trasladó desde Cazorla hasta Diego López, mal asunto, que salvó hasta tres ocasiones claras de los blancos. Garrido sospechó que aquello no sería algo circunstancial y comenzó a dar por bueno un empate. Retiró a Rubén y Cani para dar entrada a Oriol y Musacchio, y en ese momento Rossi se quedó solo en la brega. El gol del Madrid era más que evidente aunque llegó en una jugada polémica. Kaká, el resucitado, había entrado en el 70' por Albiol. Con el Madrid desparramado en ataque, colgó un balón al área que Di Maria, en fuera de juego, intentó jugar, balón que fue rechazado por Diego López, rechace que agarró Cristiano en el suelo y que volvió a ser repelido por el meta y que fue agarrado ahora por Benzema que, evidentemente, falló y que salió despedido a los pies de CR7 que en un movimiento logró el espacio necesario para chutar y en otro chutó para poner el 3-2, su tercer gol, el tercero del Madrid y dejar los tres puntos en casa. Era el 79' y el Villarreal no tenía nada para contraargumentar y el Madrid sí: otra cabalgada de Cristiano que dio la asistencia del 4-2 a Kaká. Era el 82' y para entonces Mou ya estaba provocando al banquillo del Villarreal dando comienzo a su propio partido, el partido semanal del Profesional. 

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