Por José Ramón López, hace 4 años

Montmeló: Sembrando vientos

Lewis«Un circuito de Fórmula 1 no huele a gasolina ni a gomas quemadas. La velocidad de los monoplazas se siente con el oído. Un silbido penetrante, un aullido estruendoso y, finalmente, una explosión ensordecedora al paso de la veintena de bólidos que disputan un gran premio de la máxima categoría mundial del automovilismo. Un estallido mecánico sobre el asfalto que logra apagar los gritos de las decenas de miles de gargantas agolpadas en los graderíos».

El pasado fin de semana en el circuito de Montmeló, ni el ruido ensordecedor de motores ni el estallido mecánico al paso de los bólidos lograron acallar el vergonzoso aullido xenófobo de un buen número de energúmenos; patrioteros de la necedad en su mayoría, envueltos en pendones de santa cruzada contra el infiel «negraco». Gritos de «Hijo de puta» y «negro de mierda» entre otros muchos improperios, además de numerosas pancartas alusivas (de todo ello doy fe como testigo), fueron la tarjeta de presentación con la que esta nutrida representación de la cultura y hospitalidad patria, recibieron a Lewis Hamilton y a todos los integrantes del equipo McLaren Mercedes.

Es evidente que este tipo de actitudes insultantes y racistas no son representativas del sentir y proceder deportivo de la mayoría de aficionados; pero sí una lamentable imagen contra la competición deportiva, proyectada a todo el mundo desde el Circuit de Catalunya, en lo que debería haber sido un festivo punto de encuentro de ánimo y agasajo a todos los equipos y pilotos. Bien haría el propio Fernando Alonso en desmarcarse radicalmente de este tipo de actitudes. No solamente con su escueta condena, sino con extensa y clara comparecencia ante los medios, para fulminar con su desprecio a quienes en su nombre se han erigido en vengadores de conflictos pasados, de dudosa culpabilidad y peor digestión.

Y bien harían también algunos medios de comunicación, dejando de avivar las lógicas llamas producto del roce competitivo, para convertirlas en hogueras de odios y venganzas, mucho más rentables a efectos mercantiles. Lewis Hamilton no es pájaro cantor que en mi jaula quisiera ni tampoco Fernando Alonso es un dechado de simpatía y cordialidad; pero no por ello se les ha de negar el respeto y consideración a los que su condición de grandes competidores les hace acreedores. Un máximo de respeto y consideración, que acompañan como derecho inalienable a todo aquel que se juega la vida en el ejercicio de su profesión.

Por Ignacio Ampudia, hace 4 años

Es el medio campo, estúpido

RaulToda la semana hablando de euforia, de triunfalismo injustificado, de llegar a los cien puntos, de sentirse campeón manifestando lo contrario ha certificado que los nueve puntos sobre el Barça no son suficientes cuando aún queda toda la segunda vuelta por disputar. Y ha tenido que ser un recién ascendido, el Almería, el que devuelva la cordura a los de Schuster. Cierto es que la Liga la han ganado los medios antes que los jugadores, pero la indolencia que el equipo ha demostrado esta noche debería servir de aviso: es posible perder. Este Madrid estaba abonado a la victoria. Incluso cuando no lo merecía, se alzaba con la victoria. Sin embargo los de Emery han jugado como si fuese una final, nada nuevo cuando los pequeños se enfrentan al Madrid. Y la jugada ha salido redonda.

Cayó el lider con estrépito. Sin excusas, sin polémicas, sin tapujos, lo cual no es del todo malo porque, cuando el árbitro es protagonista, Schuster no duda en cargar contra él para desviar la atención. Hoy no ha habido nada que impida ver que el Madrid es un equipo con una buena velocidad de crucero pero sin constructores del juego. Decía Mijatovic que la planificación había sido buena, incluso en la medular, donde el Madrid cuenta con alternativas. Esta noche se ha visto que no hay luz en el juego cuando el rival coloca cinco perros de presa sobre Guti. Sin el de Torrejón, el Madrid es un equipo de lo más vulgar que tiende a echar el balón hacia Casillas hasta que uno de los centrales envía un pase largo que normalmente no tiene ningún peligro. La excepción a esta regla la confirmó Raúl al pinchar un excelente pase del central napolitano. Pero la vaselina se fue alta. Esa fue la única noticia de los blancos en ataque. El resto, monólogo del Almería, que tuvo su recompensa al sacar una falta de improviso y pillar a la zaga colocándose. Casillas la sacó, pero el balón ya había rebasado la línea.

Con el marcador en contra, el Madrid debía sacar lo mejor de sí mismo para levantar el resultado. De eso nada. Un tímido remate de Robinho cuando Raúl esperaba solo en boca de gol y un par de disparos de Guti desde fuera del área. El descanso era la mejor noticia para un Madrid sin cerebro. Mirando al banquillo las opciones eran reducidas. ¿Qué faltaba?. Control y criterio en la distribución y a día de hoy no hay nadie capacitado para semejante labor. Baptista no es el hombre adecuado para esos menesteres. Diarra parecía tener la cabeza en África (y aunque no la tenga) y Sneijder...

Ni siquiera se había cumplido un minuto de la segunda mitad cuando Cannavaro cometía penalti sobre Negredo, criado en la cantera del Madrid. Él mismo se encargó de ejecutar a Casillas. 2-0 y cuarenta y cinco minutos por delante. Entró Higuaín por van Nistelrooy, lesionado en uno de los múltiples resbalones de los blancos en el césped almeriense. El Madrid se volcó. Salgado por Baptista, defensa de tres y a rezar. Pero no hubo milagro. El marcador no se volvió a mover y el Madrid cedió los tres primeros puntos de los nueve de renta. Para reflexionar: el Madrid necesita medios de empaque, jugadores con pausa y criterio. Ése debería ser el objetivo para la temporada que viene. El Madrid necesita que Heinze se recupere para sentar a Salgado. Los rivales saben que sufre y, evidentemente, buscan su espalda. Y el Madrid necesita tranquilidad y realismo. Ni la Liga está ganada ni el juego es excelente. Por lo demás, tropiezo, sin más. Un mal día lo tiene cualquiera.   

Por José Ramón López, hace 4 años

Pilotar un Fórmula 1

Arrows1Pilotar un monoplaza de Fórmula 1, además de un sueño extraordinario, era hasta hace poco una experiencia irrealizable; reservada exclusivamente a unos pocos privilegiados, en su mayoría pilotos profesionales que integran el elitista mundo de la F1.
Bajo el lema «Un día al límite», la escudería «Motorsport-Leitgeb», dirigida por el bicampeón europeo de F3000 montaña, el austriaco Walter Leitgeb, brinda la oportunidad de hacer el sueño realidad. Valentía, gran afición y repleta cartera, son los principales requisitos.

Un experto grupo de instructores son los encargados de adiestrar en las técnicas de conducción y funciones de comando. Para ello se realizan varias sesiones de entrenamiento en monoplazas de F3000 y Renault Fórmula 2002, antes de tomar las riendas de un auténtico pura sangre.
Llegado el momento, el afortunado piloto tendrá ocasión de comprobar donde se encuentran sus fronteras físicas, psíquicas y personales. Revoluciones ilimitadas, velocidades entorno a los 300Km/h, frenadas brutales y fuerzas G que le impedirán anudarse una corbata en mucho tiempo.

Prestaciones:

La singular aventura incluye en su «paquete integral», las siguientes prestaciones:

  • Transporte del monoplaza hasta el circuito.
  • Instructores, mecánicos, combustible y todas las labores propias de «Boxes».
  • Instrucción previa, reconocimiento del circuito (trazada ideal, puntos de frenada, etc.) y vueltas de calentamiento.
  • VIP-Box con café y bebidas (para invitados, amigos, familia, etc.).
  • Diploma acreditativo del pilotaje de un monoplaza de Fórmula 1, para todos los participantes.
  • Alojamiento y media pensión durante 3 días.

El circuito:

Pannoniaring en Sárvár, Hungría, a 50 Km de la frontera austríaca.

Los monoplazas:

4 unidades BAR-Reynard 98/A (posterior Test- chasis BAR-Honda) 710CV, 3.000cc, velocidad máxima alcanzada en el circuito Pannoniaring: 280Km/h. Motor Ford-Cosworth V8 (motor que montaba Michael Schumacher en 1994).
4 unidades Arrows A/20 GP Chasis del 2000. 770CV, 3.500cc, velocidad máxima alcanzada en Pannoniaring: 305 Km/h. Motor Ford-Cosworth V8.

Los precios:

Paquete Bronce:

  • 30 km. monoplaza F 3000/Renault F 2002 (obligatorio en todas las categorías).
  • 20 km. - Monoplaza BAR-Reynard 98/A.
  • 15 km. - Monoplaza Arrows A/20.

Precio: 4.450€

Paquete Plata:

  • 30 km. -Monoplaza «F 3000/Renault F 2002
  • 30 km. -Monoplaza BAR-Reynard 98/A
  • 20 km. -Monoplaza Arrows A/20

Precio: 5.950€

Paquete Oro:

  • 30 km. -Monoplaza F 3000/Renault F 2002.
  • 30 km. -Monoplaza BAR-Reynard 98/A.
  • 30 km. -Monoplaza Arrows A/20.

 Precio: 7.450€

Cada vuelta a Pannoniaring son 5 km.

Riesgos y limitaciones:

Dadas las reducidas dimensiones del cockpit (habitáculo del piloto) de un Fórmula 1, los participantes no debieran exceder de una altura superior a 190cm y un peso de 90Kg.
La extrema velocidad alcanzable, así como la fuerza gravitacional que genera (fuerza G) y las diferentes direcciones en las que actúa sobre el cuerpo, producen factores fisiológicos importantes que afectan al piloto. Es por ello requerimiento imprescindible, una previa toma de contacto y entrenamiento en monoplazas de la categoría F 3000 y/o Fórmula Renault F 2002. Un completo seguro a todo riesgo vela sobre posibles situaciones comprometidas para bólidos y pilotos.

Por Ignacio Ampudia, hace 4 años

El Madrid no espera a nadie

Robinho GutiEl Madrid pone tierra de por medio con la misma facilidad con la que los rivales le amargan la vida al Barça. Los culés, colgados de Bojan, empataron en la Catedral ante un gran Athletic. Ni siquiera el regreso de Messi espoleó el ánimo de un equipo que parece diluirse en la miseria que imponen sus circunstancias. Por contra, el Madrid ha encontrado la inercia del éxito y parece funcionar como un reloj implacable. Pero como la victoria, cuando es recurrente, llega a aburrir, el debate ahora está centrado en la manera de jugar de los de Schuster. Contra el Atlético tocó modo Capello, así que el Bernabéu merecía hoy una dosis de diversión, riesgo, tensión y fútbol de calidad, menú del gusto del invitado, el Villarreal, tercer clasificado, vapuleado por los blancos en El Madrigal (0-5) en la primera vuelta y que, sin duda, tenían una cuenta pendiente.

El Barça se dejó en Bilbao dos puntos que, a la larga, pueden ser determinantes. Es evidente que el Madrid no ha ganado la Liga, menos cuando aún queda toda la segunda vuelta, pero el colchón de nueve puntos que ha conseguido esta noche invita al optimismo del mismo modo que provoca cierta inquietud porque no sería la primera vez que un equipo desperdicia una cómoda ventaja. El pinchazo del Barça supuso un extra en la motivación de los madridistas que facturaron una primera media hora de muy buen fútbol con Guti al timón y Robinho a los remos. Ambos protagonizaron la jugada del primer gol: excelente pase al espacio que generan Raúl y van Nistelrooy arrastrando a sus marcadores y remate al primer toque del brasileño, que cumplía esta semana veinticuatro años. 1-0 en el minuto 8. El Villarreal no se empequeñeció y en el 15' el italoamericano Rossi batía a Casillas estableciendo el empate y rompiendo la imbatibilidad mantenida durante 560 minutos.

La segunda parte comenzó con el Madrid despistado y roto en el medio campo. El Villarreal se acercaba con más peligro y la posibilidad de recibir un gol era más que evidente. Pero a la salida de un corner contra los blancos, el rechace fue sacado magistralmente por Guti que, con un único toque, evitaba a dos jugadores amarillos y lanzaba a Ramos a la contra acompañado de Robinho y Raúl por las alas. El de Camas cedió a Raúl que falló el remate; Guti falló su oportunidad y finalmente Robinho, buscando y encontrando el hueco que los demás no vieron, marcó el 2-1 en el 52'. Comenzó a dormitar el Madrid y tanta displicencia le llevó a encajar el empate en un absurdo error de concentración en el 75', cuando Capdevila remachaba solo en el área pequeña.

La alegría de los levantinos duró poco porque en el 76' Sneijder, que había entrado en sustitución de Baptista, remataba un gran pase de Gago poniendo de nuevo al Madrid por delante. El golpe fue casi defintivo aunque los de Pellegrini tuvieron algunas oportunidades desaprovechadas por Capdevila, obcecado con marcar un nuevo tanto. Al final, 3-2, una nueva victoria (ya son ocho de forma consecutiva) y nueve puntos de ventaja sobre el segundo que no son defitinivos pero que en Can Barça se empiezan a ver como una losa que nadie puede levantar.  

Por José Bidea, hace 4 años

Julen Guerrero vuelve a ser noticia

Julen GuerreroEl día de su retirada como futbolista del Athletic de Bilbao, Julen Guerrero fue catalogado por muchos, sino todos, el mejor jugador del equipo vasco en los años 90. Técnicamente sobresaliente, sacrificado, peleón y sus melenas ondeando al son de los gritos que celebraban sus goles ejercían de poderosa metáfora al ser comparados con las de un león en plena carrera.

Julen ha sido amado, y sigue siéndolo de forma incondicional, por toda la afición de San Mames. Algunos le querrán más, otros menos, pero todos le respetan por su decisión, en el pasado ya lejano, de no abandonar su club por otros más importantes, renunciando así a contratos suculentos, a títulos y, quizás, a ser más reconocido en el mundo del fútbol.

Representó a una casta de futbolista que se creía extinguido y cuya escala superlativa parece representarla Raúl González Blanco. Su momento de auge coincidía con la venida masiva de extranjeros, con la ley Bosman, con esa etapa de expansión futbolística que ha provocado que los jóvenes amamantados en las canteras de los clubes tengan que huir de la manada para llegar a jugar en Primera algún día. De ahí surge también parte del simbolismo atribuido inconscientemente por la afición bilbaína durante todos estos años: Guerrero es un romántico.

La historia que prometía ser épica, acabo, no obstante, en tragedia. Luís Fernández, con aquel equipo que llegó a jugar la Champions League en el año de su centenario, fue el último entrenador en contar con el portugalujo. A partir de entonces, Guerrero se acomodó al asiento del banquillo de San Mames sin causas aparentes y aun desconocidas por la mayoría. Su meteórica carrera había acabado.

Hubo aun un momento de apogeo. Una noche apoteósica. Fue con el actual entrenador del Espanyol en el banquillo de La Catedral. El Athletic se iba al descanso perdiendo por tres goles a cero contra el Osasuna de Pablo García y Javier Aguirre. En el minuto 88, habiendo empatado el partido a tres, saltaba al campo el de Portu arropado por un estruendo de aplausos como pocos se recuerdan haber oído en Bilbao. Pero pronto esos vítores serían eclipsados por la locura que se apoderaría de la grada cuando, su carismático jugador, lograba, a falta de segundos para el final del partido, el gol definitivo que supuso la remontada. Parecía el broche de oro a una noche mágica en San Mames.

Los tiempos han cambiado. Hoy el Athletic de Bilbao no parece capaz de remontar un tres a cero ni jugando contra el arco iris. La estrella que renunció a la gloria, la fama y el dinero por la romántica idea de amor hacia una entidad y una idea se ha cansado, y no parece dispuesto a renunciar a lo que es suyo, ni a lo que lo fue, por el club por el que una vez se sacrificó.

¿Desamor? ¿Madurez? Viendo su diario, yo lo achacaría a desamor, y no a una madurez que brilla por su anodina ausencia. El caso Guerrero siempre ha dado de que hablar en Bilbao, los motivos, a estas alturas, son lo de menos. Ex-jugador y Presidente enfrentados por el contrato de por vida que firmó la anterior directiva.

Hoy, Julen Guerrero solicita el reconocimiento a su carrera, a su sacrificio, a su tesón y al amor que siempre ha profesado a su club. Pide que no lo quiten lo que él considera suyo. Vamos que le dejen chupar del bote con una garantía de por vida. El problema no son las pretensiones del león, sino que alguien las aceptase y ahora, con personas ligeramente más sensatas en la dirección, se lo quieran arrebatar.

Y yo te digo Julen: «Nadie regala nada. Las decisiones que adoptaste en el pasado fueron exclusivamente tuyas, y así ganaste parte del cariño que te arropa haya donde vas, pero atrevete a encarar las consecuencias de tus ideales. Firma con el equipo de tus amores, y demuestra que puedes hacer bien tu trabajo. Luego, todo se hablará, ¿No te parece?»

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