Por José Bidea, hace 4 años

Eduardo Da Silva: Primera baja para la Eurocopa

Eduardo Da SilvaAdoptaba ayer Arsene Wegner la postura más radical que podía para opinar acerca de la entrada de Martin Taylor sobre el joven jugador croata Eduardo Da Silva y que le mantendrá alejado de los terrenos de fútbol durante lo que resta de competición y supondrá la ausencia en la Eurocopa de uno de los verdugos de la selección inglesa: «Taylor no debería jugar nunca más a fútbol». Así de contundente se mostró el francés cuando le preguntaron. Tal vez la mala suerte de su equipo ayer, perdonando lo imperdonable frente al Birmingham, y dejando escapar dos puntos al final del partido por un despiste de Clichy, tuviera algo que ver en la postura de uno de los mejores caza talentos de Europa. Todos somos sujetos, de ahí que la subjetividad nos acompañe hasta cuando dormimos.

Mucho se ha hablado sobre este tipo de entradas en el fútbol, especialmente porque siempre han acompañado a este deporte como si de su lado oscuro se tratara. Ayer, el perjudicado fue Da Silva, pero si hacemos memoria, todos recordamos aquella entrada de Giovanella a Manuel Pablo en el 2001. El golpe mantuvo apartado al futbolista canario durante un año de los terrenos de fútbol e hizo retorcer el gesto a todos los que vimos en la repetición la pierna del lateral derecho doblándose como parece imposible que lo haga una extremidad.

También fue sonado el caso de César Jiménez, quien jamás logró recuperarse de la entrada de Luis Figo, cuando aun militaba en el Real Madrid, y provocó que, tras dos años de ejercicios, operaciones, pruebas, hinchazones y dolores, obligaran al zaragozista a claudicar y colgar las botas para siempre.

Si nos remontamos unos añitos más atrás (1983), también resultó sonado el caso del Pelusa y Andoni Goikoetxea, quien justificadamente se ganó el apodo de «El Carnicero», al fracturar el maléolo externo del ligamento del astro argentino apartándolo durante una buena temporada de los terrenos de fútbol.

Suele ser difícil en estos casos dilucidar si el agresor tenía intención de provocar tanto daño, y fútil es la batalla en la que esta cuestión se discute. El hecho es que se ha perjudicado y la justicia, tal y como la planteó el ser humano hace ya muchos lustros, implica que la culpa genera una deuda, y el castigo persigue hacer las veces de cobrador.

¿Cuál es el castigo por hacer perder a un jugador la posibilidad de jugar la Eurocopa? Arsene Wegner lo tiene claro: No volver a disfrutar del placer de pisar la tierna y blanda alfombra de los campos de fútbol, no respirar más el aroma húmedo de la hierba recién regada, no celebrar nunca más, junto a tus compañeros, una victoria en el último minuto o disfrutar del colorido de una final.

Es una desgracia que el balance tras noventa minutos de juego haya sido negativo, pero, ¿qué nos queda si nuestra reacción sólo resulta una continuación de esa espiral que tan sólo nos lleva a que sufra más gente? ¿Tan poderosa es la venganza? ¿Tanto nos atrae la ley de Talión? Parece que la respuesta es si.

Por José Bidea, hace 4 años

El Ajax llama a sus viejas glorias

Johan CruyffEste miércoles anunciaban con bombo los medios de nuestro país la vuelta de un grande del fútbol, además de íntimo conocido en nuestro país, al equipo que le vio crecer como futbolista, el Ajax, ejerciendo el puesto de Director deportivo: Johan Cruyff. De la misma forma, ayer a la tarde nos llegaba la noticia de que el tres veces proclamado Balón de Oro, Marco Van Basten, dejaría la selección holandesa tras la Eurocopa para recalar como entrenador del mítico equipo que deslumbró a Europa al principio de la década de los setenta con un jovencísimo Cruyff jugando al lado de otros, como Johan Neeskens.

El caso de Van Basten fue diferente al del ex entrenador del Barcelona. Marcó su primer gol el día de su debut saliendo al terreno de juego en sustitución de Cruyff, quien ya por aquel entonces estaba a un paso de retirarse, aunque aun tuvo tiempo de contestar a las acusaciones de su presidente, quien no lo veía para seguir en primera división, fichando por el Feyernood y ganando Liga y Copa en Holanda y siendo el mejor jugador del torneo.

Sin embargo Marco Van Basten, pese a coincidir más adelante con el astro holandés dirigiéndole desde el banquillo, optó, a la tierna edad de 23 años, por dejarse engatusar por un pícaro y prometedor Silvio Berlusconi. Abandonó la disciplina de «los judíos» y recaló en el Milán, lo cual resultó ser el mayor acierto en la vida de aquel joven y prometedor 9 que se convertiría en uno de los delanteros más reconocidos y recordados de la historia, en parte gracias a sus compañeros de equipo.

Aquel Milan fue uno de los mejores equipos que se recuerdan en Europa. Ancelotti, Rijkaard, Gullit o Donadoni. Ganando por 5-0 al Madrid en semifinales de la Copa de Europa, conquistando la final por 4-0 al entonces temido Steaua de Bucarest. El Milán de Van Basten recogió la batuta que Cruyff había plantado en Europa al servicio de quien más la deseara. Tan sólo el Napoli de Maradona fue capaz de plantarle cara robándole el Scudetto en la temporada 88-89.

Hoy, el Ajax de Ámsterdam recuerda a los protagonistas de su época más dorada que, si bien no fue la única, fue probablemente la más brillante y reconocida a nivel internacional. Recurrir a esas viejas glorias en busca de la fama que antaño las acompañó podría terminar resultando uno de los mayores aciertos de los directivos tulipanes.

Cruyff y Van Basten volverán a coincidir al frente del mítico equipo de «Los hijos de Dios» reclamando la gloria que, años atrás, nadie fue capaz de disputarles. Tan sólo la competición decidirá si aun están en condiciones de portarla con orgullo o si es hora de colgar las botas. No obstante, sólo por la ilusión óptica de un pasado glorioso, y casi en blanco y negro, que trata de encajar en el colorido y espectacular presente, vale la pena seguir de cerca de los portadores de la estrella de David.

Por José Bidea, hace 4 años

Raul y Luis montan su numerito

Luis Aragones Y RaulAl margen de las decisiones del seleccionador español a la hora de formar conjunto nacional para enfrentarse a otros combinados, en donde el siete blanco no ha salido bien parado desde la derrota en Belfast, Luis Aragones es quien más ha apoyado a Raúl González Blanco en la guerra mediática que enciende las iras de los incondicionales del jugador madridista. Sus declaraciones nunca, o casi nunca, han estado a la altura de su cargo, se puede saber mucho de fútbol, aunque algunos no concedan esta cualidad al seleccionador, pero poco sobre cuestiones humanas, mediáticas o de persuasión de masas. Es el caso de Aragones insinuando a Reyes su superioridad sobre «el  negro ese», o su repentino acceso de ira al interpelar a un aficionado delante de las cámaras: «¿Qué ha ganado Raúl?»

Ayer seleccionador y jugador ofrecieron una rueda de prensa, pero más bien pareció otra batalla mal aprovechada por el sabio de hortaliza para quedar por debajo del fantasma que lo persigue al coincidir en la misma mesa y reaccionar suspicazmente cuando la otra parte sólo quería «ayudar». Ya no sé qué creer, ¿será otra estrategia o realmente a toda esa gente que cobra millones de euros por temporada, tiene la vida resuelta, es famosa y popular, le importa tanto la selección española como a la afición? No insinuó que por el hecho de ser rico las cosas resbalen más fácilmente, pero creo que guarda cierta relación en el mundo del fútbol por las circunstancias de los futbolistas, que reniegan de todo (excepto de las fiestas por la noche) para llegar a ser alguien en este mundillo, salvando las excepciones.

Parece que Luis y Raúl han olvidado lo que es la selección, al circo que montaron ayer me remito. Negando, que no desmontando, todas las hipótesis montadas por la prensa desde el último mundial, sacrificándose por un bien mayor, que es la selección y su posible gloria de ganar la Eurocopa este verano, ambos han firmado las paces con un apretón de manos ante la prensa.

«Aquí no pasa nada» parecen decirnos con sus sonrisas y sus actitudes, dejando la puerta abierta para los más espabilados a la insinuación de que la culpa es de la prensa, y, ciertamente, mucho han contribuido los sensacionalistas medios deportivos en esta guerra. Sin embargo, nada quedó aclarado ayer, salvo que hay un problema, y ninguno quiere hablar de él.

Otro numerito para la opinión pública, que en realidad sólo es un juego de palabras para dar nombre a algo tan absurdo como los descontentos de la gente que los protagonistas creen tener la obligación de aplacar por el bien de todos, no en vano ellos son los que mandan en este mundillo, ya era hora de que hicieran algo ¿O no?

Por Ignacio Ampudia, hace 4 años

El Madrid cae en el Olímpico de Roma

Mancini Marca El SegundoY al fin volvió la Champions. Después de más de dos meses de intensas y, por qué no decirlo, descafeinadas competiciones locales, arrancaban los octavos de final de la Copa de Europa. Este Madrid de Schuster sigue arrojando pérdidas que no se consiguen explicar. Después de una primera vuelta en la que no se dejó puntos en casi ningún campo de la geografía española toca confirmar lo que se sospecha: que es un equipo solvente. Lo demostró en el Camp Nou con creces. Sin embargo su andadura por Europa no fue tan excelente en la fase de grupos, lo cual ha generado algunas dudas. Por un lado, que es capaz de plantar cara a cualquier equipo pero que se desenchufa en las fases en las que los partidos se ganan o se pierden. Ceder tres puntos cuando la ventaja es amplia puede interpretarse como un resbalón, una mancha. Pero en Europa los errores no valen tres puntos. Normalmente significan volverse a casa con cara de tonto.

Seguramente ésa sea la cara de los madridistas hoy. Han caído en Roma sin explicación, en un partido tenso y disputado. Las dudas se sembraron días atrás con la derrota en Sevilla. El gol inicial de Drenthe no ayudó a la concentración y el equipo perdió tensión, tanta, que encajó dos goles en apenas cinco minutos. Aunque el señalado sea Marcelo un partido no lo pierde un solo jugador, pero como el colchón es amplio, no se dio importancia y mucho menos con la Roma a la vuelta de la esquina.

La formación inicial del Madrid parecía más fruto de las circunstancias que de la planificación. Robinho sigue en la enfermería junto a Pepe, dos piezas claves para Schuster. Robben partía como titular junto a Raúl y van Nistelrooy en punta. En la media, Gago, Guti y Diarra. Ramos en el lateral derecho para contener las arremetidas de Mancini y Torres en el izquierdo porque hay que poner once jugadores. Cannavaro y Heinze aportaban oficio en el centro de la zaga. El Madrid golpeó pronto, en el 7'. En la primera llegada que tuvo, Raúl desviaba un disparo de Guti. La noche pintaba plácida. Pero, una vez más, el Madrid perdió el sitio y el balón y la Roma, presentando una rácana y miserable propuesta fubolística, consiguió el empate en el 24' tras una jugada pésimamente defendida. Los romanos viven encomendados a Totti, un 10 reciclado en 9 para la causa, una suerte de boya de waterpolo. El hombre fija a los centrales, descarga para la incorporación de la segunda línea y lleva el brazalete, pero si se gira, te mata.

Y mató. Vaya si lo hizo. Heinze tomó una mala decisión tratando de anticiparse al capitán romano, que se la llevó y sirvió un estupendo pase a Mancini que aguantó la salida de Casillas y puso el 2-1 en el 57', justo cuando el Madrid había comenzado a imponerse en el medio campo y a generar algún destello de peligro. Aquél era el guión perfecto para un equipo italiano: por delante en el marcador sin quererlo. El destino del Madrid estaba escrito: golpearse contra un muro. Hasta Totti estuvo la última media hora por detrás de la línea del balón.

Una vez más Schuster se eternizo con los cambios, aunque a decir verdad no tenía mucho donde rascar en el banquillo. En el 80' Drenthe entró por un inoperante Diarra y Baptista por Robben, que crece cada partido aunque el ritmo no sea el esperado. Un balón de van Nistelrooy al palo fue lo más destacado de un equipo blanco que, una vez más (y ya van unas cuantas) volvió a mostrarse romo en ataque, con una exasperante querencia a tejer por el centro y una preocupante falta de imaginación por los costados. Hubo dominio del balón, capítulo en el que destaca Gago que ha sido de largo el mejor de los blancos, pero sin definición.

De nuevo, la remontada. El Bernabéu debe ser el talismán madridista el próximo 5 de marzo para levantar una eliminatoria que, en los primeros 90 minutos, ha tenido un claro color italiano, no por el juego sino por el estado de ánimo que inyectan los romanos en los partidos. El guión es predecible. Ellos colgarán nueve tíos del larguero y el resto a buscarse la vida. Una de italianos, la película de todos los años.  

Por José Bidea, hace 4 años

El Atlético se atasca y el Athletic respira

Javier AguirreEl de ayer fue un partido atípico. Un equipo en la zona Champions recibe a otro que se juega el descenso. Pero insinuó que fue extraño por muchos motivos. No sólo por el «zarpazo» que los leones propinaron a los colchoneros en el resultado final, ni tampoco por el nefasto arbitraje de Medina Cantalejo (es malo a rabiar), sino por la pobre imagen del Atlético de Madrid, Aguirre perdiendo tiempo discutiendo con el árbitro en el descuento era la viva imagen de su equipo, o el orden de los pupilos de Caparrós que ganaron con justicia en un campo difícil.

Empezaban bien las cosas para los locales. Un centro al área que nadie acertaba a rematar o despejar se colaba en la portería de Armando a los seis minutos de juego y hacía pensar que el guión iba a desarrollarse según los cauces habituales: «la suerte sonríe a los grandes». Sin embargo, un balón al larguero de Luis García fue lo único que logró ofrecer el equipo de casa tras el gol. Enfrente un Athletic ordenado, peleón y sin imaginación en los metros finales. Como decía Robinson: «El Athletic está a un buen pase de marcar gol». Y era cierto, los leones robaban en el medio campo o en la defensa continuamente pero la falta de velocidad o de solvencia de sus hombres de ataque les impedía inquietar a Abbiati.

El centro del campo y la defensa de los vizcaínos superaba una y otra vez a los madrileños. Agüero y Forlán tenían que bajar demasiado a recibir y casi siempre se quedaban con la pelota demasiado tiempo antes de pasarla o perderla. Así transcurrían las cosas hasta que un corner botado en el área bilbaína lo recuperaba Javi Martínez en el punto de penalti, salía en carrera e, incomprensible en los manuales de fútbol básico, pero muy vistosamente, llegaba a las inmediaciones del área colchonera sin que nadie le parase. Una vez allí, el joven Susaeta recibía en el costado y batía al portero colchonero.

Nervios en las gradas con el 1-1. La defensa había asistido, una vez más esta temporada, al rival a marcar gol, el centro del campo parecía incapaz de crear fútbol si el equipo rival esperaba abajo. Necesitaba la carrera con el esférico pero los metros del campo, al no aprovecharse bien las bandas, parecían disminuir. El Atlético se empeña en entrar por el centro y ayer no fue posible ante el conglomerado de espartanos entrenados y colocados allí por Caparrós.

Faltaba aun el broche final. Una falta cercana al área de Abbiati la botaba Yeste para que Llorente, en movimiento acrobático, la rematara al fondo de la red. 1-2, y al descanso a pensar como solucionar el descalabro.

En la reanudación pronto se quedaron los locales sin opciones. Fue la expulsión de Raúl García a los once minutos lo que terminó de hundir al Atlético. El Athletic se limitó a aprovechar su superioridad para frenar a los rojiblancos y alternar esto con posesiones de balón que a punto estuvieron de causar algún susto. Destacar la pobre actuación del árbitro de la contienda: Medina Cantalejo, y sus asistentes. No vieron que el gol de Llorente era fuera de juego, muy justo, pero era. También pasaron por alto una agresión de Pablo sobre Aduriz que hubiese supuesto penalti y expulsión del defensa, pero, además de errores puntuales, el árbitro se dedicó a pitar faltas por todas las zonas del campo, perdiendo, el poco fútbol que se vio, la ansiada fluidez que todos aspiramos a ver en este deporte.

Gran victoria para los Bilbaínos que se marchan de Madrid dejando la sensación de que quizás la Champions sea demasiado premio para un equipo que a veces ofrece tantas carencias tácticas como el Atlético de Madrid. Aunque viendo al Barcelona y al Real Madrid, y el pobre nivel de fútbol que están ofreciendo últimamente, puede ser injusto juzgar tan severamente al equipo de Javier Aguirre.

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