Por Ernesto López, hace 4 años

Inglaterra gana a Francia en el Seis Naciones

Wilkinson El pasado sábado era un día tranquilo en París. Los turistas abarrotaban los accesos a la Torre Eiffel, las parejas paseaban agarradas de la mano por la Plaza de los Vosgos, hombres y mujeres solitarios leían sus libros sentados en los Jardines del Palacio Real y los jóvenes mostraban sus habilidades con el skate en el Centro Pompidou.

Pero no era un día más. Al igual que hace 64 años tropas británicas, encuadradas en el ejército aliado, entraban en París liberándola de la ocupación nazi, otro ejército británico volvía a París con la intención de conquistarlo.

A pocos kilómetros del corazón del París romántico, quince caballeros ingleses, con una rosa en el pecho, desafiaban a toda la nación que 64 años atrás habían ayudado a liberar. Esta vez el comandante en jefe de las huestes inglesas era Jonny Wilkinson, el fantástico apertura del Newcastle Falcons. El escenario de la batalla era el Stade de France, en el barrio de Saint-Denis, el mismo lugar dónde cuatro meses antes los ingleses habían vencido a los franceses en el último mundial, y el motivo de la batalla era la lucha por conquistar el torneo de las 6 naciones.

A las nueve de la noche, el comandante Wilkinson ponía el balón en juego y comenzaban las hostilidades. Tras unos minutos de tanteo, un placaje de Jamie Noon al zaguero galo Cedric Heymans puso en bandeja el primer ensayo a Paul Sackey, con la correspondiente conversión de Wilkinson. Empezaban a sonar en la grada los acordes del «Swing low, sweet chariot» mientras la delantera inglesa empezaba a dominar a sus oponentes.

El encuentro se igualó en el resto de la primera parte, con dos golpes de castigo transformados por el diez inglés y un ensayo del capitán del XV del gallo, Lionel Nallet. El marcador al descanso reflejaba una ventaja inglesa de 3 puntos.

La segunda parte se puede dividir en 2 fases. Una primera dónde los «bleus» salieron en tromba para intentar remontar el partido. Tenían sed de venganza. Sería muy duro para ellos perder otra vez contra su principal enemigo. Estaba en juego la supremacía del Hemisferio Norte. Con los tres cuartos desaparecidos por la gran defensa inglesa, el medio melé, el jovencísimo Morgan Parra, decidió jugar con su delantera. Así, el propio Parra consiguió transformar un golpe de castigo para acercar a su equipo. Sonaba «La Marsellesa» en la grada del Stade de France. Los vecinos soñaban con la remontada.

Pero cuando llegan los momentos difíciles es cuando aparecen los genios. Y en ese momento es cuando Wilkinson emerge entre sus tropas. Con su genial pierna izquierda, transformó un golpe de castigo, convirtió un drop y mandó cada balón que le llegaba lejos de su zona de marca.

El seleccionador francés, Marc Lievremont, quemó sus últimos cartuchos cambiando a sus medios. Dimitri Yachvili y David Skrela sustituyeron a Parra y a un desaparecido Trinh-Duc. Yachvili convirtió un golpe de castigo con lo que acercó a su equipo a 6 puntos del combinado inglés. Hasta aquí llegó la resistencia francesa. Los delanteros ingleses se apoderaron del oval y lo retuvieron, hasta que en el último minuto el medio melé Richard Wigglesworth posaba el balón en la zona de marca francesa.

La afición gala enmudecía mientras los ingleses volvían a entonar sus cánticos de victoria. Después de 64 años las tropas británicas volvían a tomar París. Esta vez sin aliados. Esta vez sin el júbilo del pueblo galo. Y una vez más, Wilkinson volvía a su país como un general victorioso, como el héroe de su pueblo.

Por Ernesto López, hace 4 años

La temporada «perfecta»

Tom BradyTras cinco meses de competición, ha concluido la temporada en la NFL. Dos cosas caracterizan sobre manera este curso, los récords conseguidos por los New England Patriots y la sorpresa que nos tenía preparada la Superbowl.

El inicio de la temporada, allá por el mes de Septiembre, estuvo marcado por las grabaciones de las que fueron acusados los Patriots y en especial su técnico, el inigualable Bill Belichick. El asunto se zanjó con unas cuantiosas sanciones económicas al equipo y a su entrenador.

Espoleados por este asunto, los Patriots afrontaron la temporada con el gran objetivo de demostrar al mundo entero que no necesitaban las grabaciones para ganar los partidos.
Para lograr este objetivo, los del estado de Massachussets contaban con una plantilla de auténtico lujo. Dirigidos por el fantástico quaterback Tom Brady, con Randy Moss de receptor estrella y el jugador de segundo año Lawrence Maroney como running-back, los Patriotas tenían la obligación de hacernos disfrutar con su juego de ataque.

Y así fue, todo un recital de pases por parte de Brady, con Moss, Welker y Stallworth como receptores favoritos. Los rivales iban cayendo derrotados uno detrás de otro. Qué digo derrotados, estaban siendo humillados por el equipo de un Belichick que parecía querer más y más.

A medida que avanzaba la temporada regular y visto el paseo militar que estaba resultando, se centraron en la consecución de records, tanto individuales como colectivos. Brady lanzó 50 pases de touchdown (superando la marca del otro quaterback estrella de la liga, Peyton Manning, establecida en 2004), Moss capturó 23 de esos pases y colectivamente batieron el record de puntos en una temporada. Como consecuencia de todo este dominio, el equipo consiguió acabar la temporada con un record de 16 victorias por ninguna derrota, algo no conseguido desde que lo lograron los Miami Dolphins en el 72 (la temporada entonces constaba de 14 partidos).

Con estos precedentes llegaron los playoffs. Brady y los suyos eran los grandísimos favoritos para el título. Cualquier cosa que no fuera una victoria de los Patriots sería una gran sorpresa.

Los dos primeros partidos, jugados en el Gillette Stadium de Foxboro (hogar de los Patriots), se saldaron con sendas victorias ante los Jacksonville Jaguars y unos mermados San Diego Chargers, que jugaron sin su corredor estrella LaDainian Tomlinson y con su quaterback titular, Phil Rivers, lesionado.

Con alguna duda sembrada en los partidos de playoffs se presentaron los Patriots en la Superbowl. La superioridad demostrada durante la temporada regular no se había hecho efectiva en estos playoffs.

El rival de la superbowl fueron los Giants de New York, encabezados por el quaterback Eli Manning (hermano de Peyton). Con las apuestas a su favor comenzó el partido, y en seguida se vislumbró como se iba a desarrollar la final. La línea defensiva de los Giants presionando constantemente a Brady con lo que conseguían que éste no estuviera tranquilo en todo el partido.

Lograron dejar a los Patriots en la puntuación más baja de toda la temporada, y con un touchdown de Plaxico Burress a falta de 35 segundos, dejaron a Belichick y sus chicos sin la soñada temporada perfecta. El MVP del partido recayó en Eli Manning aunque en mi opinión debió ser para toda la defensa de los Giants incluido su coordinador defensivo Steve Spagnuolo.

Habrá que esperar a la próxima campaña para intentar vivir una temporada perfecta.

Por Ignacio Ampudia, hace 4 años

Miedo y asco en el Bernabéu

Uche Celebra Un GolEl campeón in pectore se desangra sin previo aviso. Ya van tres derrotas consecutivas, dos a domicilio y la de esta noche en casa, en el bastión inexpugnable desde hacía dieciocho jornadas. Curiosamente fue el Getafe, entrenado por Schuster, el último equipo que logró sacar algún punto de Chamartín. El ciclo se ha cumplido, y se ha cerrado. Hace días se hablaba de la maldición del alemán, o lo que es lo mismo: los equipos de Schuster se desinflan en las segundas vueltas. Ya se vio en el Xerez, en el Getafe y puede que esté pasando este año también. Pero existe una gran diferencia y es que el banquillo del Madrid es similar a una cabina de suicidio. Sin resultados ni titulos lo más normal es que se acabe en la calle sin remisión.

La prensa madrileña había vendido la Liga cuando aún quedaba toda la segunda vuelta. Mal hecho. Supongo que hay necesidad de vender, pero demuestra poco conocimiento sobre fútbol. Así que los nueve puntos que se agitaron como totem se han visto reducidos a dos, es decir, nada. Practicamente se dijo que el Madrid ya debía dedicarse a Europa y sacar en Liga a los suplentes del Castilla. Pero este deporte sigue siendo impredecible y cuando parecía que el Barça se hundía y el Madrid se coronaba, todo ha dado la vuelta. La crisis parece haber cogido el puente aéreo.

Estaba el Madrid obligado a ganar para mantener la ventaja. El Barça le había endosado cinco goles al cadáver del Levante. Poco mérito, seamos francos, pero parece que los de Rijkaard han cogido buena velocidad y han recuperado a Eto'o, el mismo que podría vestir de blanco y que Pérez vendió en un acto de vanidad sin precedentes. El Getafe parecía poco rival para el Bernabéu, el contrincante idóneo para exorcizar los demonios de Roma. Y así fue. Los de Laudrup renunciaron al balón y se lo entregaron al Madrid, pero esto ya no es Hollywood y parece que no basta con tirar dos veces para meter un gol. El Madrid tira mucho y no mete nada. La ocasiones se sucedían sin recompena, algo que mata lentamente, como un veneno.

En la jugada más tonta que se han visto en los últimos años, el Madrid encajó el gol de la derrota. La secuencia: Raúl atrapa un rechace dentro del área en fuera de juego, pase atrás que Robben aprovecha. Gol. El holandés se va a la banda a celebrarlo y sus compañeros lo siguen. Cinco, seis, siete jugadores, pero faltaba un detalle. El árbitro no había validado el tanto. El Getafe saca rápidamente y monta una contra de cuatro a dos. Gol de Uché y cara de estúpidos. Gol de patio de colegio, error de principiantes. La ansiedad sobrevuela y Guti se lesiona. Más problemas. Schuster lo vio relmente crudo cuando dio entrada a Soldado, pero ya no había solución. El esperpento ha costado tres puntos, reforzar la moral de los culés y ha puesto la Liga en igualdad de condiciones. Para añadir dramatismo, el Recreativo espera en la siguiente jornada. Y además lo hace en Huelva. Urge transfusión. Y rápido.     

Por José Bidea, hace 4 años

Ave Cesar ¡Los que van a morir te saludan!

Raul Gonzalez BlancoEl que será llamado en breves «efecto segunda vuelta» está  creando estragos en la casa blanca. El Madrid se ha convertido en el corderito puro e inocente de los cuentos para niños. Es lo que un cazador llamaría «El Blanco Perfecto». A dos puntos se coloca el Barcelona del Real Madrid tras la derrota del líder, y actual campeón, en casa frente al Getafe de Michael Laudrup gracias a uno de los goles más ridículos encajados por un equipo en esta Liga de los estrellados.

Parece que la fórmula de jugar no bien, sino... mejor que antes, no le funciona al equipo de Schuster, es decir, sacaban mejores resultados cuando regalaban el balón al contrario y se dedicaban a meter tres goles disponiendo a lo largo de todo el partido de una ocasión y un córner. No obstante, las bajas son un factor importante. El Real Madrid ha demostrado, hasta cierto punto, que depende en gran medida de Robinho. Sin él Van Nistelrooy no marca tantos goles y Guti encuentra problemas en hallar un receptor a sus pases, dos cuestiones trascendentales en el juego de este equipo si consideramos que la banda derecha del Madrid es sólo para Sergio Ramos ante la falta de un extremo natural, como podría ser Higuain.

Robben es un gran jugador pero, y este es uno de los mayores problemas que tiene el Real Madrid, y el madridismo menos ilustrado, no por el partido que jugó en Italia hay que colocarlo en la categoría que se le ha colocado en los medios pro madridistas. Con demasiada facilidad se le da un bombo excesivo a algunos jugadores por, bueno, en realidad por no mucho. Habrá casos en los que el futuro termine dando la razón, ya que Robben, de seguir en el Madrid acabará siendo una pieza importante, como ocurrió en su día con Robinho, quien debutó «elocuentemente» frente al Cádiz y luego le costó su tiempo adaptarse. Sólo insinúo que respetar ese periodo de adaptación, antes de crear unas expectativas infundadas, ilógicas y sobrevaloradas, no es bueno para el equipo ni para los aficionados, ni siquiera para el fútbol.

Hoy el castigo ha sido excesivo para los blancos que ahora sienten el aliento de los de Rijkaard en la nuca cuando creían que ya no los volverían a ver hasta la temporada que viene. Pecar de inocencia es una de las pocas cosas que no se le ha visto a este equipo en los últimos años, es más, se ha caracterizado por ser el combinado que mejor termina aguantando la presión, ya este primero o segundo, arriba o abajo, el Madrid parecía conocer el hueco por el que salir airoso de casi cualquier envite. Hoy, mientras celebraban el gol de Robben en la banda, sin percatarse de la invalidez del mismo, el Getafe les ha marcado un gol, esta vez legal, y se ha llevado, con sonrisa de pícaro, tres puntos importantísimos del Santiago Bernabéu, el primero en hacerlo esta temporada.

El miércoles vendrá Totti a tratar de disputarse una plaza en los cuartos de final de la competición, por excelencia, blanca. Los nervios afloran y las supuestas previsiones de batir el récord de puntos en una Liga suenan ahora como ecos lejanos de una realidad distinta y olvidada ante la cercanía de una cita tan trascendente. Esperemos que sean en esta ocasión los romanos quienes estén dispuestos a sacrificarse por el César y le dejen al Madrid la Copa de Europa, porque en caso contrario no me quiero ni hacer a la idea de todo lo que voy a tener que leer.

Por Ignacio Ampudia, hace 4 años

El Tottenham se come al Chelsea

Tottenham Final Curling CupQué dará Juande a sus equipos. Existen diversas teorías, especulaciones, hipótesis, pero ninguna información concreta. Parece un hombre tocado por la suerte, aunque la suerte también se trabaja. Desertó el manchego del Sevilla (con buen criterio) a finales de octubre para recalar en el Tottenham Hotspur, un grande en horas bajas que penaba sus faltas en la zona baja de la Premier League y que mostraba una evidente inadaptación a las ténicas que imperan en el fútbol moderno. El Tottenham fue fundado en 1882 y es uno de los clubes más veteranos de Inglaterra, aunque sus 125 años de historia no están adornados con grandes gestas: una liga en la década de los 50, otra en los 60 junto a la Recopa de Europa de 1963; en 1972 una Copa de la UEFA y otra en 1984. Su última final data de 2002 y pareció más fruto de un accidente que de un despliegue de buen juego.

Los equipos de Juande no pasarán a la historia del fútbol por el juego de toque o la excelencia. Más bien el de Pedro Muñoz arma equipos aguerridos, trabajadores y comprometidos con una idea: el colectivo que aprieta los dientes y es capaz de tumbar a cualquiera en cualquier momento. Lo demostró cuando dirigía al Sevilla, derrotando a aquel bello Barça en la Supercopa de Europa en Mónaco y cuando destrozó al Madrid en la final de la Supercopa de España, entre algunos ejemplo. El esquema es simple: 4-4-2, juego por bandas, rapidez, verticalidad y solidaridad. Parece que los londinenses lo han entendido. Nada de cervezas tras los entrenamientos, nada de grasas saturadas y nada de salsas. Ha puesto al equipo a dieta, lo ha puesto a jugar y, fruto de sus planes, ha llegado el primer título cuatro meses después de hacerse cargo de los Spurs.

El claro favorito era el Chelsea, un equipo de trágico destino. Abramovich ha invertido cantidades obscenas de dinero sólo para ver cumplido uno de sus mayores deseos: ganar la Champions. Pero temporada tras temporada se estrellan en Europa. En Inglaterra reinaron con eficacia, aunque el Arsenal y el Manchester ya tienen el empaque suficiente para competir. Depuesto Mourinho, el sustituto parece más bien un títere del ruso que un técnico íntegro, lo cual desprende la misma conclusión: el Chelsea es un equipo miserable que no juega a nada más que a defender y a salir a la contra. Gastarse 150 millones de euros para defender es propio de ineptos. Por eso tratan de disimlar su miseria en los torneos locales y por eso el Tottenham parecía el convidado de piedra de la final de la Carling Cup.

Pero Juande no llega a las finales para perderlas, y mucho menos si se juega en Wembley. Con una propuesta mucho más atractiva durante la primera mitad, los Spurs encerraron a los de Grant acumulando un buen número de ocasiones. Sin embargo Drogba marcaba de falta directa adelantando a los suyos en el descanso. El Tottenham no renunció al ataque y empató de penalti. Según pasaban los minutos las tácticas se relajaron dando paso al fútbol más institivo y apasionado, momento en que aquello comenzó a parecer un partido entre equipos ingleses. Llegó la prórroga y Woodgate, a la salida de una falta, aprovechaba un fallo de Chech y adelantaba a los de Juande, que ya se dedicaron a defender el resultado como sólo los equipos del manchego saben hacer. Tras cuatro meses en la Premier el Tottenham ha remontado el vuelo y ya tiene un título, el primero de Ramos en Inglaterra. Qué tendrá este hombre...     

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