Por José Ramón López, hace 3 años y 10 meses

Lewis Hamilton: Estrella de un caótico comienzo

Lewis Hamilton Australia 2008Ha merecido la pena darse el madrugón. El primer gran premio de la temporada en Melbourne ha sido una locura desde la salida. Múltiples contactos en la primera curva, dejaron ya fuera de combate a cinco de los monoplazas y muy dañado al Ferrari de Felipe Massa. Los restos de carrocería dispersos por el suelo y un aparatoso «vuelo» de Fisichella, propiciaron la primera salida a pista del safety car. Tras reiniciarse la carrera, nos encontramos con Fernado Alonso en la décima posición y a Webber, Fisichella, Davidson, Vettel y Button fuera de concurso. Impresionante remontada de Kimi Räikkönen, que a esa altura de carrera era ya octavo. Por delante, marcha triunfal para Lewis Hamilton, que tras aguantar los primeros envites un motivado Robert Kubica con menos carga de combustible, pone tierra de por medio de forma apabullante. Dos salidas más a pista del safety car, la primera de ellas de nefastas consecuencias para Alonso, colocan patas arriba la clasificación, relegando a Fernando de nuevo a la duodécima posición.

A partir de ahí, los numerosos accidentes y roturas, nos situaron a cuatro vueltas para el final con tan sólo ocho monoplazas en carrera. Un Lewis Hamilton en incontestable dominador, seguido de Nick Heidfeld y de un extraordinario Nico Rosberg en la tercera posición. Toro Rosso con Sebastien Bourdais, Fernando Alonso, Heikki Kovalainen, Rubens Barrichello y el segundo de los potentes Williams con Nakajima. Fiasco total para Ferrari, con los dos coches fuera de carrera. Fueron cuatro últimas vueltas de infarto, en las que Fernando Alonso intentaba con insuficiente velocidad punta, arrebatarle el cuarto puesto a la gran sorpresa de la jornada, el debutante Sebastien Bourdais, procurando al mismo tiempo, «cerrar la puerta» a los desesperados ataques del potentísimo McLaren de Heikki Kovalainen. El abandono por rotura de Bourdais y un tremendo error de Kovalainen que después de adelantar a Fernando Alonso, pulsa por error el botón del limitador de velocidad de entrada al pit lane (¿les recuerda a alguien esta maniobra?), le hacen perder a falta de una vuelta, el preciado cuarto puesto a manos del español.

Grandísima carrera de Lewis Hamilton, acompañado por un coche de extraordinarias prestaciones. Frustrante el rendimiento de Ferrari, poniendo al descubierto serios problemas de fiabilidad, al menos en este gran premio. BMW se ha situado por méritos propios en el trío de escuderías junto a McLaren y Ferrari que se repartirán el pastel de las victorias esta temporada. Detrás de ellos y a una distancia considerable, un reñidísimo grupo de gallitos, encabezado por los renacidos Williams y sobre todos, un magistral Alonso; muy por encima de su coche, haciéndose sitio a base de golpes de genio y talento. La actuación del asturiano hoy en el Albert Park, ha sido memorable. El coche no es malo. Es peor. El actual potencial del R-28 es el que refleja el desastroso rendimiento de Nelsinho Piquet. El cuarto puesto conseguido por Alonso, al margen de la caótica carrera, es la consecuencia de una magistral lección de pilotaje, increíbles recursos técnicos y de una audacia y talento extraordinarios. No faltarán quienes esgrimiendo el gran número de abandonos como argumento, seguirán ninguneando la indiscutible maestría del español. Para pilotos de la talla de Hamilton o Räikkönen, ganar con el mejor coche es tarea relativamente fácil. Colocar a un sapo con ruedas como el actual R-28 entre los cuatro mejores coches de la parrilla, sólo está en las manos de un genio.

Desde los entrenamientos libres del viernes, aunque de una manera un tanto difusa como consecuencia de las diferentes cargas de combustible, se fueron perfilando las tendencias. En las tandas de calificación del sábado, ya se sacaron los colmillos a pasear. Enormes y afilados por parte de McLaren, sorprendentes en BMW, un tanto mellados en Ferrari e implantes de muy buena calidad en Williams,Toyota y Red Bull. El resto, con prótesis de dudosa consistencia y escasa «mordedura». Primeras grandes sorpresas fueron las protagonizadas por Kimi Räikkönen, al tener que abandonar la Q1 con rotura de la bomba de gasolina y por Fernando Alonso, por su ausencia en la tercera y definitiva Q3. Una bandera roja inoportuna en la Q2 y algunos problemas de diferencial en menor medida, arruinaron su vuelta decisiva. De Nelsinho Piquet superado en todo momento por los acontecimientos, mejor ni hablar; ese honor les corresponde a los expertos iluminados que ya le comparaban con Lewis Hamilton. Felipe Massa en su línea; empeñado en demostrar que su talento, está muy por debajo del coche que pilota.

Mclaren Mercedes Mp4 23

En cuanto al desarrollo de la temporada, el inmediato devenir, transcurrirá por parecidos derroteros, con McLaren, BMW Sauber y Ferrari (si lo acontecido hoy no es más que un cúmulo de puntuales desgracias), en el papel estelar. La imposibilidad material de transportar a tan larga distancia la logística necesaria para aplicar grandes remedios, implica, que con excepción de puntuales modificaciones en la configuración aerodinámica, el material utilizado en este gran premio será el mismo que veremos en las dos próximas carreras. Y salvo averías mecánicas, accidentes o situaciones de meteorología extrema, los resultados también serán similares, con la incorporación a la lucha por las victorias de los hoy desgraciados Ferrari. Será con el retorno a Europa cuando veamos avances evolutivos de consideración en el coche de Fernando Alonso. El trabajo es la mejor de las esperanzas y me consta que en Renault se está trabajando duro. El crucial punto de inflexión para ellos, lo marcarán las nuevas suspensiones que incorporarán para el GP de España, en Barcelona.

Salir de un coma profundo, como ha sido el caso de la escudería del rombo y codearse con los mejores, es del todo imposible; aunque el equipo convaleciente haya sido bicampeón mundial y en sus filas cuente con el mejor de los pilotos. Pasar de vagar por el árido desierto de la equivocación, a volver a ser la reina de Egipto, no se consigue en un par de carreras. Pero nada está perdido. En este mundo faraónico de la Fórmula 1, a lo largo de su trayectoria, todos los equipos se han visto alguna vez asolados por las plagas. En el caso de Renault, lo que ahora parece una nube de devastadoras langostas, puede convertirse a la vuelta de la esquina, en dulce maná de tierra prometida. Fernando sabe muy bien lo que quiere, en Renault saben ya lo que les falta y ambos conocen el camino para llegar a lo más alto.

Resumiendo: Apasionante temporada la que se nos avecina, con un Lewis Hamilton en plan estrella, con los Ferrari heridos en su orgullo y un Fernando Alonso más magic que nunca. Muchos sapos y culebras nos quedan por tragar, a quienes reconociendo y admirando el innegable talento e indiscutible genialidad de Lewis Hamilton (sólo comparables a las extraordinarias dotes melodramáticas de su papá), se nos hacen una familia infumable, a causa de la machacona insistencia del realizador de turno, obsesionado por mostrarnos la cursilada de poses «a punto de lágrima» de papá Hamilton. Grande ha de ser el desarraigo familiar que campea por el hipócrita reino de la Gran Bretaña, cuando la natural emoción y orgullo paterno de ver triunfar a un hijo, constituye todo un acontecimiento televisivo de tan manida y empalagosa repetición. No puedo evitarlo; me repelen los papanatas. Y si esto es racismo, entonces soy el más racista de los mortales.

Por Ernesto López, hace 3 años y 10 meses

Regular actuación española en los mundiales de atletismo

Yelena-SobolevaEl pasado fin de semana se disputaron en Valencia los duodécimos campeonatos del mundo de atletismo en pista cubierta. Como sucede casi siempre en este país, las expectativas generadas por la afición y sobre todo por los medios de comunicación y federación eran muy altas. Y como sucede casi siempre, esas expectativas no fueron cubiertas por nuestros atletas. Una única medalla de bronce fue retenida por el batallón español en el velódromo Luis Puig. Esta medalla fue conseguida por Juan Carlos Higuero en la disciplina preferida de los españoles, los 1500 metros.

Al margen de la medalla vamos a intentar desmenuzar el papel de España en el mundial. La primera reflexión es la anteriormente citada cosecha de medallas. Desde este punto de vista la actuación ha sido bastante discreta, puesto que España ocupa el lugar 25 en esta clasificación.

Si nos sumergimos en las estadísticas, encontramos otra clasificación que puntúa las 8 primeras posiciones de cada prueba. Según este dato, nuestra selección ocupa el séptimo puesto de la lista. Hay que tener muy en cuenta las 3 cuartas posiciones que ha conseguido España; Ruth Beitia en salto de altura, Mayte Martínez en 800 metros y Arturo Casado en el 1500. Otro dato a valorar es la caída que tuvo Josephine Onyia en la última valla de los 60 metros vallas cuando iba en tercera posición. Con este estudio pasamos a valorar la actuación española, por lo menos, como regular.

También ha habido malas actuaciones patrias. El gran «supermán» Martínez no logró pasar a la final de peso, y es que los años no pasan en balde. Concha Montaner se está convirtiendo en la eterna promesa del atletismo español. Quedó quinta en la final de longitud y sigue sin explotar en las grandes citas.

El último punto a tener en cuenta es la falta de las pruebas que sólo se producen en las competiciones al aire libre. Estas pruebas son las que generalmente llenan de medallas el casillero nacional. Desde hace muchos años pruebas como la marcha y el maratón son muy favorables a nuestros atletas, por consiguiente las medallas llegan en mayor número en los campeonatos al aire libre.

En cuánto a la representación internacional cabe destacar los siguientes aspectos. Se ha conseguido un fantástico récord del mundo en la prueba de 1500 por la rusa Yelena Soboleva. A destacar las medallas conseguidas por los veteranísimos Maria de Lurdes Mutola, bronce en 800, y Allen Johnson, plata en 60 vallas. Fantásticos, el salto en el triple del díscolo británico Phillips Idowu, los 15'05 de la cubana Yargelis Savigne en la final de triple femenino, las esperadas victorias de la zarina Yelena Isinbaeva en pértiga y la croata Blanka Vlasic en altura y el vuelo de 7 metros de la portuguesa Naide Gomes en la final de longitud.

Para concluir, quisiera dedicarle una mención especial al ganador del salto de altura, el pequeño sueco Stefan Holm, un competidor increíble con unas características poco propicias para un saltador de altura, 1'81 metros de altura y 69 kilos de peso. Es espectacular observar su concentración antes del salto, su aproximación y su mayúsculo bote para superar el listón.

En los juegos olímpicos de 1952, el pastor norteamericano Bob Richards, ganador del salto de pértiga,  espetó la siguiente frase: «Soy el único sacerdote que intenta llegar al cielo por sus propios medios». A Stefan Holm no le hace falta la pértiga.

Por Ernesto López, hace 3 años y 10 meses

Escocia gana la Copa Calcuta

Calcuta CupUn año más tropas inglesas se adentraron en territorio hostil para intentar arrebatar a los patriotas escoceses la Copa Calcuta.

Murrayfield se llenó de hinchas llegados desde todos los rincones de Escocia para vengar, deportivamente, las invasiones sufridas antaño. Así, desde la Isla de Skye hasta las montañas nevadas de las Cairngorms, desde los inhóspitos paisajes de John O'Groats hasta los verdes links de Saint Andrews, cientos de caballeros escoceses desembarcaron en la bella ciudad de Edimburgo.

Antes del comienzo de la batalla, las aficiones hermanadas, degustaban unas deliciosas pintas en los pubs de Rose Street para, a continuación, dirigirse al estadio caminando por Haymarket Terrace y West Coates.

En Murrayfield el tiempo se había puesto del lado local. Intensa lluvia para poner el partido en manos de los pateadores y de la delantera. En seguida se vislumbró que el partido se decidiría por la fuerza y el corazón que pusiesen las primeras líneas. Los tres primeros pases que recibió el velocísimo ala inglés Lesley Vainikolo acabaron en sendos avants debido a lo resbaladizo del oval.

Con el partido ahogado en la lucha de los «gordos» llegaron los primeros puntos del XV del cardo con un golpe de castigo transformado por el apertura Chris Paterson. Poco después, un brutal choque entre el zaguero inglés Iain Balshaw y el ala escocés Rory Lamont, acabo con éste último postrado en una camilla. Su sustituto fue Dan Parks que pasó a ocupar el puesto de apertura, desplazando a Paterson al ala derecha. Gran cambio para Escocia puesto que Parks tiene un muy buen juego al pie.

Los seis últimos minutos de la primera parte supusieron dos golpes más transformados por Paterson y uno por Wilkinson, el primero para Inglaterra, que supuso el punto 1093 en la historia del apertura de los Newcastle Falcons con el uniforme de la rosa, y supuso batir el récord que hasta entonces estaba en posesión del mítico jugador galés Neil Jenkins.

La segunda parte empezó como acabó la primera, un golpe de Paterson y otro de Parks disparaban a Escocia en el marcador hasta el 15-3. A continuación, otros dos golpes del recordman Wilkinson apretaban el marcador y llevaban algo de emoción al partido.

Pero era un día lluvioso en Edimburgo, y en estas condiciones la Copa Calcuta no se podía escapar. Con las camisetas teñidas por el barro, los guerreros escoceses lucharon, hasta que no les quedó más aliento, para parar las acometidas de la delantera inglesa. El medio melé Mike Blair mandaba constantemente a sus delanteros proteger el balón ante la desesperación del XV de la rosa. Los últimos minutos de partido se jugaron con el oval debajo del paquete de delanteros sin que ningún inglés pudiese acceder a él.

En el momento en el que el señor Kaplan pitó el final del partido, el júbilo estalló en las gradas de Murrayfield. Los patriotas escoceses regresaron a sus casas, no sin antes saborear la victoria en los hoteles y pubs próximos al estadio, citándose para dentro de 2 años, dónde intentarán defender su Copa del enemigo inglés.

Por Ignacio Ampudia, hace 3 años y 11 meses

Tres puntos accidentales

Raul Celebra Su Gol 200Tras la eliminación europea tocaba la Liga. El rival, el Espanyol de Valverde, se presentaba en el Bernabéu dispuesto a sacar algún rédito de la confusión y consolidar su candidatura a los puestos de Champions. Las dudas son más que evidentes en el Madrid. 400 millones de euros gastados en cuatro años para conseguir una Liga bajo la tiranía de Capello se antojan innecesarios, un gasto desproporcionado para tan poco premio, dinero derrochado en supuestas promesas con proyección de futuro que ni cuajan en Chamartín ni complacen a la exigente parroquia madridista. La política de los blancos es confusa. Con el «florentinato», Zidanes y Pavones fue la premisa y demostró ser un rotundo fracaso. Con Mijatovic y compañía parece que la apuesta es fichar jugadores jóvenes, estrellas en ciernes antes de que su precio se triplique en un mercado que el Madrid infla cada temporada. Al final, más de lo mismo. El equipo sigue sujeto a las aportaciones de Raúl, Casillas y Guti. Poco más.

Resulta hiriente e incluso vergonzoso que los de Schuster no tengan recambios de garantías para cada puesto. Si no está van Nistelrooy, no hay delanteros que alinear. Raúl en punta es un brindis al sol, un naúfrago, un jugador perdido en la niebla. Una vez más ésa fue la apuesta de Schuster, aunque trató de maquillarlo sacando a Higuaín. Baptista en el doble pivote junto a Diarra y Guti de enganche. Una vez más, se demostró que a este equipo se le apagó la luz hace algunas jornadas. Los de Montjuic empezaron apretando, más de lo esperado a un equipo que parecía lamerse las heridas del miércoles, un Madrid sin brújula, tan impetuoso como poco preciso, tan jovial como inoperante. Las oportunidades de los catalanes se contaban por pares mientras que los blancos arrancaban algún corner muy de vez en cuando. Hasta Robinho se ha convertido en un jugador vulgar entre tanta indecisión.

El Espanyol llegaba al área de Casillas más por dejadez de los blancos que por brillantez. Y tanto fue así que a la salida de un saque de esquina pésimamente defendido por la zaga madridista llegaba el gol de Valdo tras un movimiento exquisito, sencillo y demoledor, un desmarque de manual que ponía el 0-1 en el marcador a los treinta minutos de la primera parte. El público del Bernabéu comenzó a impacientarse con los suyos.Pitos y reproches que hacía ya algún tiempo que no se escuchaban en Madrid. La propuesta madridista seguía siendo la misma: balones en horizontal, tedio e impotencia. La banda derecha era un agujero negro desaprovechado por Torres, tan voluntarioso como ineficiente. Por eso el empate llegó desde la banda izquierda, la de Marcelo, que tras una decena de intentos lograba poner un centro al área pequeña para que Higuaín, con la rodilla, marcase el empate después de que Kameni se liase con sus manos. Un gol sucio, pero gol al fin y al cabo a un minuto de concluir la primera parte.

La segunda mitad fue aburrida, demasiado aburrida para una Liga que pierde enteros. El Espanyol no mató porque nunca se llegó a creer que pudiese ganar. Schuster retiró a Robinho por Drenthe. Es duro decirlo pero, hoy por hoy, el holandés es el único que puede aportar algo de velocidad a un equipo con ritmo de paquidermo. El Madrid empujó por la desidia de los barceloneses y en un pase interior de Guti llegó el penalti. Raúl ganó la posición limpiamente al perico que cometió pena máxima, convertida por el capitán que sumaba su gol 200 en el campeonato. Sigue rompiendo marcas y se perfila como un leyenda, la reserva espiritual, el último guerrero. 2-1 a cuarto de hora del final. El Madrid se limitó a conservar el resultado y a sumar tres puntos más en la única competición en la que se mantiene vivo, la única que puede ganar, pero el diagnóstico es preocupante: a este Madrid se le ha acabado el fútbol.   

Por José Bidea, hace 3 años y 11 meses

Se perdió en la carrera

Marion JonesA los quince años ya estaba entre las veinte mejores atletas de la época, sin embargo, tuvo tiempo para dejar a un lado el atletismo y jugar al baloncesto en la Universidad de Carolina del Norte logrando conquistar el Campeonato Nacional de Universidades. Una joven aplicada, prometedora deportista, sacrificada, el viento huracanado parecía lo único capaz de hacerle perder velocidad en su meteórica carrera.

Antes del momento cumbre de su carrera en el año 2000, Marion ya había vivido grandes instantes de gloria con anterioridad. Los Campeonatos del Mundo de Atenas en 1997 la recompensaron con una medalla de Oro en los 100 metros y otra del mismo color en relevos. En 1998, durante la Copa del Mundo de Johannesburgo, aquella jovencita de 23 años hizo las mejores marcas de su vida en 100 y 200 metros.

Pero si por algo la recordamos todos fue por los Juegos Olímpicos de Sydney en el año 2000, en donde parecía que todo su potencial explotaba y salía a la superficie en forma de gallardía mezclada con su sonrisa. Allí logró ganar tres medallas de Oro (100 m, 200 m y relevos 4x400 m) y dos de Bronce (salto de longitud y relevos 4x100 m). Todos nos deleitamos con aquella potencia con la que la velocista estadounidense dejaba atrás a sus perseguidoras y llegaba exultante a la cinta que separa la gloria del olvido, la que recompensa el sacrifico del entrenamiento a los más abnegados. Aquellas carreras se antojaban como un insulto y un menosprecio a las demás competidoras gracias a la potencia desplegada por la que era reconocida entonces como la mejor atleta del momento. No tenía rival. El pistoletazo de salida parecía una llamada a la naturaleza superior y de un portento físico que no encontraba quien la retase.

Hoy la vemos llorar en los periódicos. Su cara no trasmite ya esa seguridad y esa solvencia de antaño y ello es debido a que su última carrera, la más importante de todas y por la que será recordada siempre, la ha perdido estrepitosamente. Las continuas sospechas que la persiguieron durante su carrera deportiva acerca de su posible dopaje desembocaron en una confesión bañada en las mismas lágrimas que acompañaron la condena: Seis meses de cárcel. Por doparse, por mentir sobre ello y por fraude fiscal. Además, una vez cumplida la condena, Marion Jones deberá pasar dos años de libertad condicional, es decir, vigilada. La Federación Oficial de Atletismo anuló todos sus resultados en las pistas desde septiembre de 2000. Un golpe duro y humillante para quién ha tocado la gloria deportiva.

Esta es la historia de una joven prometedora, cuyas aspiraciones vencieron a su naturaleza competitiva y sus sueños llegaron a apoderarse de ella misma llevándole a infringir las normas que tratan de establecer justicia en una competición. Sus declaraciones hablan mejor que sus carreras sobre ella misma: «Es con gran vergüenza que estoy delante de ustedes para decirles que he traicionado su confianza. Dejé caer a mi familia, dejé caer a mi país y caí yo misma. Les pido perdón por mis acciones y espero que en sus corazones lo puedan hacer». Una vez más lo mundano ha vencido al ideal de gloria que todos creímos y quisimos ver, y ya van unas cuantas...

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