Lewis Hamilton: Estrella de un caótico comienzo
Ha merecido la pena darse el madrugón. El primer gran premio de la temporada en Melbourne ha sido una locura desde la salida. Múltiples contactos en la primera curva, dejaron ya fuera de combate a cinco de los monoplazas y muy dañado al Ferrari de Felipe Massa. Los restos de carrocería dispersos por el suelo y un aparatoso «vuelo» de Fisichella, propiciaron la primera salida a pista del safety car. Tras reiniciarse la carrera, nos encontramos con Fernado Alonso en la décima posición y a Webber, Fisichella, Davidson, Vettel y Button fuera de concurso. Impresionante remontada de Kimi Räikkönen, que a esa altura de carrera era ya octavo. Por delante, marcha triunfal para Lewis Hamilton, que tras aguantar los primeros envites un motivado Robert Kubica con menos carga de combustible, pone tierra de por medio de forma apabullante. Dos salidas más a pista del safety car, la primera de ellas de nefastas consecuencias para Alonso, colocan patas arriba la clasificación, relegando a Fernando de nuevo a la duodécima posición.
A partir de ahí, los numerosos accidentes y roturas, nos situaron a cuatro vueltas para el final con tan sólo ocho monoplazas en carrera. Un Lewis Hamilton en incontestable dominador, seguido de Nick Heidfeld y de un extraordinario Nico Rosberg en la tercera posición. Toro Rosso con Sebastien Bourdais, Fernando Alonso, Heikki Kovalainen, Rubens Barrichello y el segundo de los potentes Williams con Nakajima. Fiasco total para Ferrari, con los dos coches fuera de carrera. Fueron cuatro últimas vueltas de infarto, en las que Fernando Alonso intentaba con insuficiente velocidad punta, arrebatarle el cuarto puesto a la gran sorpresa de la jornada, el debutante Sebastien Bourdais, procurando al mismo tiempo, «cerrar la puerta» a los desesperados ataques del potentísimo McLaren de Heikki Kovalainen. El abandono por rotura de Bourdais y un tremendo error de Kovalainen que después de adelantar a Fernando Alonso, pulsa por error el botón del limitador de velocidad de entrada al pit lane (¿les recuerda a alguien esta maniobra?), le hacen perder a falta de una vuelta, el preciado cuarto puesto a manos del español.
Grandísima carrera de Lewis Hamilton, acompañado por un coche de extraordinarias prestaciones. Frustrante el rendimiento de Ferrari, poniendo al descubierto serios problemas de fiabilidad, al menos en este gran premio. BMW se ha situado por méritos propios en el trío de escuderías junto a McLaren y Ferrari que se repartirán el pastel de las victorias esta temporada. Detrás de ellos y a una distancia considerable, un reñidísimo grupo de gallitos, encabezado por los renacidos Williams y sobre todos, un magistral Alonso; muy por encima de su coche, haciéndose sitio a base de golpes de genio y talento. La actuación del asturiano hoy en el Albert Park, ha sido memorable. El coche no es malo. Es peor. El actual potencial del R-28 es el que refleja el desastroso rendimiento de Nelsinho Piquet. El cuarto puesto conseguido por Alonso, al margen de la caótica carrera, es la consecuencia de una magistral lección de pilotaje, increíbles recursos técnicos y de una audacia y talento extraordinarios. No faltarán quienes esgrimiendo el gran número de abandonos como argumento, seguirán ninguneando la indiscutible maestría del español. Para pilotos de la talla de Hamilton o Räikkönen, ganar con el mejor coche es tarea relativamente fácil. Colocar a un sapo con ruedas como el actual R-28 entre los cuatro mejores coches de la parrilla, sólo está en las manos de un genio.
Desde los entrenamientos libres del viernes, aunque de una manera un tanto difusa como consecuencia de las diferentes cargas de combustible, se fueron perfilando las tendencias. En las tandas de calificación del sábado, ya se sacaron los colmillos a pasear. Enormes y afilados por parte de McLaren, sorprendentes en BMW, un tanto mellados en Ferrari e implantes de muy buena calidad en Williams,Toyota y Red Bull. El resto, con prótesis de dudosa consistencia y escasa «mordedura». Primeras grandes sorpresas fueron las protagonizadas por Kimi Räikkönen, al tener que abandonar la Q1 con rotura de la bomba de gasolina y por Fernando Alonso, por su ausencia en la tercera y definitiva Q3. Una bandera roja inoportuna en la Q2 y algunos problemas de diferencial en menor medida, arruinaron su vuelta decisiva. De Nelsinho Piquet superado en todo momento por los acontecimientos, mejor ni hablar; ese honor les corresponde a los expertos iluminados que ya le comparaban con Lewis Hamilton. Felipe Massa en su línea; empeñado en demostrar que su talento, está muy por debajo del coche que pilota.
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En cuanto al desarrollo de la temporada, el inmediato devenir, transcurrirá por parecidos derroteros, con McLaren, BMW Sauber y Ferrari (si lo acontecido hoy no es más que un cúmulo de puntuales desgracias), en el papel estelar. La imposibilidad material de transportar a tan larga distancia la logística necesaria para aplicar grandes remedios, implica, que con excepción de puntuales modificaciones en la configuración aerodinámica, el material utilizado en este gran premio será el mismo que veremos en las dos próximas carreras. Y salvo averías mecánicas, accidentes o situaciones de meteorología extrema, los resultados también serán similares, con la incorporación a la lucha por las victorias de los hoy desgraciados Ferrari. Será con el retorno a Europa cuando veamos avances evolutivos de consideración en el coche de Fernando Alonso. El trabajo es la mejor de las esperanzas y me consta que en Renault se está trabajando duro. El crucial punto de inflexión para ellos, lo marcarán las nuevas suspensiones que incorporarán para el GP de España, en Barcelona.
Salir de un coma profundo, como ha sido el caso de la escudería del rombo y codearse con los mejores, es del todo imposible; aunque el equipo convaleciente haya sido bicampeón mundial y en sus filas cuente con el mejor de los pilotos. Pasar de vagar por el árido desierto de la equivocación, a volver a ser la reina de Egipto, no se consigue en un par de carreras. Pero nada está perdido. En este mundo faraónico de la Fórmula 1, a lo largo de su trayectoria, todos los equipos se han visto alguna vez asolados por las plagas. En el caso de Renault, lo que ahora parece una nube de devastadoras langostas, puede convertirse a la vuelta de la esquina, en dulce maná de tierra prometida. Fernando sabe muy bien lo que quiere, en Renault saben ya lo que les falta y ambos conocen el camino para llegar a lo más alto.
Resumiendo: Apasionante temporada la que se nos avecina, con un Lewis Hamilton en plan estrella, con los Ferrari heridos en su orgullo y un Fernando Alonso más magic que nunca. Muchos sapos y culebras nos quedan por tragar, a quienes reconociendo y admirando el innegable talento e indiscutible genialidad de Lewis Hamilton (sólo comparables a las extraordinarias dotes melodramáticas de su papá), se nos hacen una familia infumable, a causa de la machacona insistencia del realizador de turno, obsesionado por mostrarnos la cursilada de poses «a punto de lágrima» de papá Hamilton. Grande ha de ser el desarraigo familiar que campea por el hipócrita reino de la Gran Bretaña, cuando la natural emoción y orgullo paterno de ver triunfar a un hijo, constituye todo un acontecimiento televisivo de tan manida y empalagosa repetición. No puedo evitarlo; me repelen los papanatas. Y si esto es racismo, entonces soy el más racista de los mortales.