Por Ernesto López, hace 1 mes y 8 días

Comienza la temporada en la MLB

BeckettUn año más, la temporada en la Major League Baseball ha comenzado. Con la llegada de la primavera, los bateadores y los pitchers, del deporte estadounidense por excelencia, retornan a los estadios con el fin de luchar por llegar a las Series Mundiales.

Los Boston Red Sox son los defensores del título. En las Series Mundiales de 2007 se impusieron a los Colorados Rockies con gran facilidad. Por ello, los del estado de Massachussetts parten como grandes favoritos.

Refugiados en su vetusto estadio, Fenway Park, los medias rojas cuentan prácticamente con la misma plantilla que les llevó a su segundo título en cuatro años. Como lanzadores cuentan con la superestrella Josh Beckett, gran triunfador del Octubre pasado desde el montículo, el nipón Daisuke Matsuzaka, Dice-K, el pitcher por el que la franquicia dirigida por Theo Epstein tuvo que desembolsar aproximadamente unos 60 millones de dólares, el veteranísimo Curt Schilling y el mejor closer de la liga, Jonathan Papelbon.

Los lanzadores titulares, junto con los miembros del bullpen encabezados por Hideki Okajima y la magnífica defensa, consiguieron en 2007 ser uno de los equipos más seguros y aportar, en gran medida, los recursos suficientes para ganar el campeonato.

No menos importante fue la línea de ataque encabezada por los dominicanos David Ortiz, Big Pappy, y Manny Ramírez. Situados en el segundo y tercer lugar del turno de bateo de los Red Sox, fueron una pareja temible para los pitchers rivales. Continuamente golpeaban la bola con la violencia necesaria para impulsar las carreras de sus compañeros. Los dos dominicanos estuvieron perfectamente acompañados en el turno de bateo por el tercera base Mike Lowell. El puertorriqueño fue designado el MVP de las Series Mundiales. Menos mediáticos, pero igual de importantes a la hora de apuntar carreras fueron el primera base Kevin Youkilis, Dustin Pedroia y el veterano catcher, Jason Varitek.

Con este equipo, y una vez olvidada la «maldición del bambino», los Red Sox volverán a luchar por el campeonato de la mano de su entrenador, Terry Francona.

Otros aspirantes al título serán los dos equipos de la ciudad de los rascacielos: Los Yankees y los Mets.

Los propietarios del Yankee Stadium se aferrarán a su megaestrella, Alex Rodríguez. A-Rod ha conseguido firmar un contrato multimillonario que le unirá a la franquicia más conocida de la MLB durante los próximos 10 años. Otro reto que tendrá el tercera base newyorkino, será el de acercarse al mítico Barry Bonds en número de homeruns.

Los vecinos de los Yankees, los Mets, se han reforzado con la llegada del pitcher Johan Santana, proveniente de los Minnesota Twins. Mister Strikeout militará en un equipo que ya el año pasado consiguió meterse en playoff y que esta temporada ha dado un salto de calidad con la llegada del pitcher venezolano.

A lo largo de la temporada, se podrá comprobar, qué equipos se suben al carro de favoritos, en lo que se prevé como un curso apasionante en el Baseball americano.

Por Ignacio Ampudia, hace 1 mes y 9 días

Creer en el fútbol: Inteligencia vs. Corazón

Crouch Y Flamini Luchan Un BalonCuando los antecedentes de un partido presentan características muy excitantes, lo normal es que éste no esté a la altura del ruido que ha provocado. Suele pasar con los enfrentamientos entre el Madrid y el Barça, el Milán y el Inter, el Benfica y el Oporto... El que esta noche enfrentaba a Liverpool y Arsenal a orillas del Mersey tenía un cartel casi insuperable. Cuartos de final de la Champions League en Anfield Road, uno de los símbolos del fútbol mundial, empate en el marcador global, un buen número de españoles repartidos entre los dos conjuntos, el Arsenal obligado a salir a ganar para clasificarse, Fábregas, fútbol inglés con la intensidad añadida de la Copa de Europa, en definitiva, síntomas que me hacían pensar que el asunto no estaría al nivel que todos habíamos imaginado. Sin embargo, para pasmo de mi ignorancia, ha sido el mejor partido de fútbol que se ha visto esta temporada, un encuentro memorable, trepidante, rocambolesco, taquicárdico, impredecible, directo, un perfecto homenaje a este deporte que creíamos desnaturalizado interpretado por dos equipos ingleses. Una delicia.

Cómo no, arrancó el Arsenal encajonando a los de Benítez en su campo y desplegando el exquisito juego que le ha hecho acreedor de una gran reputación en el mundo entero. Los chicos listos de Wenger, los que juegan a dibujar triángulos imposibles con un solo toque para desarmar las defensas rivales, se adelantaban en el marcador al cuarto de hora tras una jugada monumental de paredes y fuerza que culminó Diaby. Con el 0-1 el Liverpool no renunció al guión establecido, cosa que sí hizo el Arsenal. Los reds llegan a desesperar por las imprecisiones de su juego, por su errático correr hacia ningún lugar, porque parece que pueden dar más pero no lo logran. El bajón del Arsenal se tradujo en algunas tímidas ocasiones para los locales que despegaron definitivamente cuando a la media hora Hyypia conectaba un formidable remate de cabeza a la salida de un corner de Gerard. 1-1 y un cambio definitivo de las tornas. Los de Benítez, empujados por una grada incansable, fueron acumulando más peligro. El partido entró en una fase de imprecisiones que se subsanaron para el espectador con la pasión que mostraban los futbolistas en los contantes robos de balón, cambios de posesión inesperados, ataques directos y ausencia del medio campo. Una maravilla interrumpida por el descanso.

La segunda mitad, con los locales atacando en The Kop, comenzó igual que terminó la primera: con los reds volcados sobre la meta de Almunia. El Arsenal comenzó a desmoronarse poco a poco, principalmente porque Cesc no tenía un socio de garantías en el medio campo y porque seguramente el ambiente intimide por muy jugador de la Premier que uno sea. Torres había intervenido en pocas ocasiones y se había dedicado en exclusividad a abrir espacios en la frontal para la llegada de la segunda línea. Sin embargo en el 70' agarró un balón perdido en el pico del área, se giró y en décimas de segundo enchufó un disparo cruel y seco que Almunia sólo pudo contemplar. Anfield se caía, una vez más por obra y arte del de Fuenlabrada. Con el 2-1 el Liverpool no se encerró como era previsible. Siguió atacando a pesar de que un tanto del Arsenal los apeaba de la competición. Los de Wenger se encomendaron a la velocidad por bandas de van Persie y Walcott,el único inglés de la plantilla londinense, y a un improbable error de los reds. Tanto fue así que, a la salida de un corner botado por Gerard, Walcott cogió el rechace, corrió en vertical sorteando a todos los que trataban de derribarlo y se plantó en el área para dar el pase de la muerte a Adebayor que no perdonó. Era el 83' y Anfield seguía cantando.

El resultado y la clasificación del Arsenal eran a todas luces injustos y por eso, quizá por justicia romántica o futbolística, cuando no habían pasado ni dos minutos del gol de los gunnersTouré cometía un penalti estúpido sobre Babel que Gerard se encargó de anotar. 3-2, minuto 85, la grada entregada, la locura instalada y el placer del espectador colmado. Benítez pidió a los suyos contundencia en los minutos finales, apretar los dientes y ganar. El Arsenal siguió atacando, al fin y al cabo con un nuevo gol estaban clasificados. En pleno ataque a la desesperada Babel interceptó un despeje de su defensa, evitó que Fábregas lo derribase y dio la puntilla a los listos: 4-2, marcador definitivo que lleva al Liverpool a las semifinales de la Champions por tercera vez en cuatro años y deja a los de Wenger en la cuneta de la competición que se le resiste al francés desde hace una década. Los de Benítez no practican un fútbol bonito que enamore a los aficionados, ni siquiera son brillantes futbolistas, pero poseen un espíritu inquebrantable, un gen ganador compartido con una afición que no cesa de animar, de cantar, de empujar a los suyos, de soplar para que el balón entre. Ahora espera el Chelsea en las semifinales, es decir, Inglaterra ha colocado por el momento a dos de tres. Viendo lo de esta noche es normal: ellos aún creen en el fútbol.       

Por Ernesto López, hace 1 mes y 9 días

Tiger reta al mundo en Augusta

Tiger WoodsEl jueves día 10 comienza, en el Augusta National Golf Club, una nueva edición del torneo más prestigioso del mundo, con permiso del British Open. Los 18 hoyos de este campo, sito en el estado de Georgia, están marcados por momentos irrepetibles en la historia del golf. The Masters es, junto al British, un torneo diferente, dónde la tradición es tan importante como el propio juego.

Dentro del campo,  el rincón más conocido es el famosísimo Amen Corner. Esta zona del campo está formada por el green del 11, el espectacular par 3 que supone el hoyo 12 y la salida del 13. Quizás sea el paraje más hermoso que exista en cualquier campo de golf del mundo. Ornado por innumerables azaleas y magnolias estamos en los hoyos dónde se empieza a decantar el torneo.

El hoyo 11, White Dogwood, es un par 4 dónde el viento entra en juego de manera determinante. El hoyo 12, Golden Bell, es el más famoso del campo. Es un corto par 3 dónde la precisión es vital si no se quiere acabar con la bola en el agua, en los bunkers o pérdida entre las miles de plantas que lo rodean. El hoyo 14, Azalea, es un par 5 con posibilidad de llegar de 2 a un green rodeado de agua y bunkers.

En cuánto a los favoritos de esta edición todo se resume en un nombre, Tiger Woods. El genio californiano es el indiscutible y único favorito allá dónde juegue. Ha logrado ser el gran jefe de la última década en un deporte tan difícil de dominar cómo es el golf. Acumula victoria tras victoria y sigue muy de cerca los pasos del legendario Jack Nicklaus. Si Tiger consigue la victoria, sumará su quinta chaqueta verde y se quedará a una del Oso Dorado. Dos momentos me vienen a la memoria de las grandezas de Tiger en Augusta: La victoria en 1997 con dos marcas para la historia, ser el ganador más joven y acabar con el resultado más bajo, y el maravilloso chip en el hoyo 16 en el 2005, cuando más le apretaba Chris diMarco.

Tras Tiger se sitúan en la lista de favoritos un buen número de grandes golfistas. Los nombres de Phil Mickelson, Vijay Singh, Ernie Els, Geoff Ogilvy o el ganador del año pasado, Zach Johnson, sonarán con fuerza durante la disputa del torneo.

Las opciones españolas pasan por nuestros tres mejores golfistas de la actualidad. El vasco José María Olazábal es un clásico de este torneo. Ganador en las ediciones de 1994 y 1999 tiene mucha experiencia y conoce a la perfección los entresijos del Augusta National Golf Club. Sería un lujo poder verle enfundarse la chaqueta verde por tercera vez.

El castellonense Sergio García va en busca de su primer grande. Muchas son las bocas que callaría en caso de victoria, muchos expertos no le ven como ganador de un torneo del Grand Slam. Para ello deberá recuperarse del durísimo golpe sufrido al perder el British del año pasado disputado en Carnoustie. Por milímetros la bola no quiso entrar en el hoyo 18 y en el play-off tuvo que dar su brazo a torcer ante el irlandés Padraig Harrington.

El tercero en discordia es el andaluz Miguel Ángel Jiménez. El «Pisha», ha estado cerca de la cabeza en alguna ocasión y sería un buen momento para demostrar lo gran jugador que es y dar la sorpresa en el primer grande de la temporada. Muchos somos los que,  el domingo 13, sobre las 12 de la noche,  esperamos ver en nuestros televisores al malagueño fumándose el puro de la victoria.

En definitiva un Masters, donde Tiger, una vez más, tendrá que luchar contra el resto del mundo.

Por José Bidea, hace 1 mes y 11 días

«Ánimo Beckenbahuer»

Joseba GarmendiaCon cierta ironía y mordacidad, sonriendo ligeramente, y sin levantar demasiado el tono de voz, despedía el hombre que fumaba el puro interminable, sentado detrás de mí hoy en la Catedral, al autor del único tanto de la tarde en San Mames: «Ánimo Beckenbahuer» le decía. Tres puntos condensados en un remate de cabeza que Kameni no llegaba a atajar y se colaba dentro, obra del heredero del mítico «8» a la espalda que portó en su día Julen Guerrero: Joseba Garmendia, y todo ello adornado de un buen rato de sufrimiento.

La primera parte fue aburrida. La primera ocasión vendría a suponer el gol que dejaría los ansiados tres puntos en Bilbao. Luego Javi Martínez y Susaeta fallarían dos claras ocasiones que podrían haber sentenciado el partido viendo el pobre espectáculo que ofrecía el Espanyol, un disparo al poste en la primera parte y poco más.

Sin embargo, en la segunda, el equipo de Valverde pareció espabilar un poco y empezó a tener más el balón dejando a los locales la única opción de salir a la contra y confiar la obtención del segundo gol a unos futbolistas que hoy no parecían muy inspirados en cuestiones de desborde. Por momentos se zafaban el control del Espanyol de encima con ayuda de algunas faltas en el medio campo que los permitía dominar y dormir un poco el partido, ganando tiempo hasta el pitido final.

Mientras el Espanyol se afanaba y arriesgaba cada vez más pero no dejo mucho sobre el césped. Parecía que de una forma u otra ese equipo en concreto no estaba bendecido con la dicha de marcar en la fría tarde de hoy.  Susaeta, consciente de la maldición que pesaba sobre el equipo del «Txingurri», se permitía la imprudencia de cometer un penalti bobo, sin mucho sentido, que el pobre árbitro de la contienda no dudaba en pitar. Tamudo lo enviaba por encima de la portería provocando una gran alegría entre un graderío que veía cada vez más cerca la salvación y el cambio de rumbo del equipo.

Hoy el Athletic ha ganado, y probablemente ha merecido ganar, pero sin hacer mucho más que su rival. Es cierto que jóvenes jugadores empiezan a tirar del equipo con cierto éxito, destacar entre ellos el caso de Javi Martínez, espectacular en todo lo que hace, o de Llorente, cuyo cambio de actitud es significativo y es ya un referente arriba como en su día lo fue Urzaiz. Pero es igualmente cierto que al Athletic le falta aun para poder medirse a los equipos que luchan por la UEFA. Sería injusto para Europa dejar fuera de ella al Sevilla y mandar al Athletic en estos momentos.  Por mucha ilusión que nos haga poder ir a ver jugar a nuestro equipo los jueves por la noche la temporada que viene debemos ser sinceros y reconocer que al equipo aun le falta por hacer.

Por José Ramón López, hace 1 mes y 11 días

Bahrein: Desierto rojo

Doblete RojoFinal del primer Acto. Con la carrera del GP de Bahrein, en el circuito de Shakir, termina el periplo asiático de la F1 que junto a la carrera inaugural en Australia, constituyen el primer acto y declaración de intenciones de los equipos para el resto de temporada. A partir de ahora, el GP de España en Barcelona, nos traerá las primeras evoluciones importantes en la práctica totalidad de escuderías, salvo para Toro Rosso que estrenaba monoplaza aquí en Shakir. Ésta carrera, la de Bahrein, comenzaba su jornada dominical, con el grato y deseado acontecimiento de ver salir desde la pole position a un monoplaza de diferente color a los habituales rojo y plata de Ferrari o McLaren. La carrera de hoy demostró a la postre que el primer puesto logrado ayer por el polaco de BMW Robert Kubica, no fue fruto de un depósito descargado de combustible y sí la absoluta confirmación de su talento como excepcional piloto. BMW Sauber, comienza a cosechar los frutos de una excelente planificación a medio y largo plazo que unida a la congénita tenacidad germana, han situado al equipo a un solo paso de su primer triunfo.

La carrera en sí fue una exhibición de Ferrari de principio a fin, con Felipe Massa como redimido ganador y Kimi Räikkönen que con su segundo puesto se encarama al frente de la clasificación de pilotos, desbancando de ese lugar a un desquiciado Lewis Hamilton. Dejando a un lado el sensacional pero aburrido (con perdón de los tifosi) doblete ferrarista, la emoción estuvo a cargo de Lewis Hamilton y Fernando Alonso, una vez más. El prematuramente coronado campeón sin corona, merece un capítulo aparte. Creo honradamente y sin atisbo alguno de sarcástica retranca, que al margen de la propia escudería McLaren, el más perjudicado con la marcha de Fernando Alonso del equipo, ha sido el propio Lewis Hamilton. Abandonado a su suerte y sin el malvado spaniard como obstáculo exculpatorio, cuando ha tenido que mostrar sus credenciales de futuro campeón, un rosario de despropósitos ponen en entredicho su pretendido reinado.

Todo comenzó a torcerse para él en la sesión libre de entrenamientos. Una espectacular salida de pista en la que destrozó su monoplaza contra las protecciones, fue premonitoria de postreras desgracias. Todo lo que no sea salir en cabeza, es un suplicio para el rapidísimo Lewis Hamilton. En esta ocasión, tras regular clasificación y desastrosa salida, los caprichos del destino lo situaron detrás de su desterrado rival. Desconocemos si el bueno de Lewis, siendo conocedor de la desesperante lentitud del R-28, intentó ayudar a Fernando propinándole un enérgico empujón «arreatorio», o el desquicie del que ya ha hecho gala en situaciones comprometidas, ha tomado forma de maléfica penitencia. Estoy seguro que la extraordinaria experiencia del asturiano, algo ha tenido que aportar al desarrollo del incidente. Pero de todos es sabido que quien viene pegado por detrás, se arriesga a comerse la frenada del coche predecesor. Fernando perdona, pero no olvida. Por muy batracio que sea el R28-ACME, a nadie le va a poner fácil el adelantamiento.

Hamilton En Desgracia

Las consecuencias, desastrosas para Lewis Hamilton que teniendo que entrar prematuramente en boxes a cambiar morro y alerón delantero, echaron al traste cualquier planteamiento estratégico de carrera. En el caso de Fernando Alonso, con ligeros daños en el alerón trasero, añadieron un poco más de dificultad a las ya habituales penurias de carrera, relegando al español al décimo lugar. Lugar, que dadas las aptitudes del batracio reptador (R-28), no hubiera diferido mucho del logrado sin accidente de por medio. La decimotercera posición de Lewis Hamilton, le sitúa en tercer lugar de la clasificación de pilotos, empatando a puntos con su compañero Heikki Kovalainen y con el polaco de BMW Robert Kubica. Un tercer lugar quizá más acorde con sus actuales prestaciones. Se atisba un emocionante duelo a tres bandas entre estos jóvenes talentos. Desgraciadamente para el espectáculo, Ferrari interactúa un peldaño más arriba y Renault pulula tres más abajo.

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