Por Ignacio Ampudia, hace 1 año

You can't always get what you want

Benzema Y OzilTarde o temprano tenía que pasar después de ver cuál ha sido la propuesta futbolística del Madrid durante esta primera vuelta que ha proclamado a un estratosférico Barça como campeón de invierno. Y para colmo del esperpento, el Marca se descuelga hace un par de día con el supuesto interés del Madrid en van Nistelrooy. Al leerlo sólo se podía pensar que aquello era una broma curiosa, graciosa incluso, pero la realidad siempre supera todo lo que un periodista deportivo pueda inventar. Era y es cierto: alguien en Chamartín se había preocupado por filtrar a la prensa que se quería repescar al holandés. Por supuesto, no hay nada en contra de él. Fue un grandísimo delantero, de los mejores de los últimos tiempos, tuvo su etapa en el Madrid en la que ganó dos Ligas y una Supercopa aunque se quedó sin Champions y se fue porque se quería rejuvenecer la plantilla y porque Benzema necesitaba vía libre para demostrar su mediocridad. El hombre, con 34 años, se exilia en Alemania, en el Hamburgo, y le dice a Raúl que si la cosa se pone fea, allí hay trabajo para todos. Y cuando disfruta de su última experiencia como profesional, se le presenta una oportunidad aparentemente dorada, se le altera la sangre como a un colegial e intenta forzar su salida sin que desde la planta noble del Bernabéu se haya cursado oferta formal. Sólo hay dos opciones: o la política deportiva del Madrid está dirigida por el primate Aurelio o los directivos se ríen abiertamente de Mourinho, aunque siempre puede que las dos sean correctas.

Por si era la segunda opción, Mou llega a Almeria a cerrar la primera vuelta y deja en el banquillo al único 9 de la plantilla para dar entrada a un insustancial Kaká todavía escudado en que no ha alcanzado la forma idónea. Parece que en forma o sin forma o con algo de forma, lo de Kaká va camino de caso Kaká, que ha jugado en temporada y media los mismos minutos que millones costó. La guerra soterrada entre Mou y la directiva tuvo como consecuencia un esquema inédito, 4-2-4, sin una referencia fija que anclase a los centrales andaluces y con una tendencia inevitable a la fractura por el eje. Para Xabi y Khedira el trabajo se acumulaba en la media donde fueron normalmente superados por un colista muy bien colocado sobre el césped, un colista que aún no ha ganado en su casa y a punto estuvo de conseguirlo ante el segundo clasificado. El Madrid no genera juego estático, no sabe qué hacer con el balón, no existe guión ni arquitecto que ejecute el plan simplemente porque lo más probable es que el plan se lo haya comido el perro de Lass, o el de Benzema, quién sabe. Y menos mal que está Alonso. El Almeria, que esperaba un asedio, se encontró con un solar en la media y desde allí dinamitó todas las vías de comunicación.

Además de la carencia evidente de producción de juego, el Madrid está fundido físicamente. Puede que Mou gane todo en una temporada como hizo con el Inter, pero parece que el peaje a pagar es muy alto. Di Maria, habituado a ser el chico para todo, a jugar de extremo, de interior y ocasionalmente de lateral, está al límite, del mismo modo que Özil tiene peor cara, si es que eso es posible, y Kaká lleva sin jugar a esto más de dos años. El único que mantiene la fogosidad intacta es CR7 pero no siempre tiene el viento de cara. Tras diecinueve partidos, el Madrid de Mou ha demostrado eficacia, una pegada descomunal, un juego vertiginoso cuando disfruta de espacios y una dependencia casi patológica de las genialidades de Cristiano. Por lo demás, sigue siendo un plantel descompensado y carente de imaginación comandado por un entrenador fichado para ganar y llenar portadas. Lo que nunca pensó Pérez es que el portugués saliese respondón.

Las ocasiones que generaba el Madrid contra la meta de Diego Alves se reducían a disparos lejanos de Cristiano. Nada más, ni por un lado ni por otro, mientras los minutos se consumían entre la desidia madridista y la inoperancia local. En la reanudación el enfermo seguía pálido y Mou retiró a Kaká para que Benzema se echase unas carreras, es decir, nada a cambio de nada. La entrada del francés reorganizó el dibujo blanco, retrasando la posición de Cristiano y de Di Maria. Pero el problema es que tanta pereza desembocó en el gol del Almería en el 56' después de que Ramos cometiese penalti sobre Piatti y Ulloa, con un disparo seco, encontrase la base del poste y la red visitante. El Almería nadaba en la abundancia ante un Madrid herido y sin respuestas. La reacción desde el banco no se hizo esperar y Mou retiró a Marcelo y Albiol para dar entrada a Carvalho y Granero. El Madrid pasó a defender con tres, con Alonso y Khedira por delante, Granero y Di Maria en bandas, Özil por el centro y CR7 y Benzema en punta. El Madrid, consciente de que la Liga se ponía complicada, se lanzó sin reservas en busca de la victoria. El empate llegó en el 78' con un disparo impecable de Granero. A falta de diez minutos el Madrid lo siguió buscando incluso mandando un balón al larguero a veinte segundos del final. El Madrid salvó un punto cuando bien podría haber perdido tres  después de mostrar, diecinueve partidos después, que no siempre con tan poco se puede conseguir todo.   

Por Ignacio Ampudia, hace 1 año

Ardor blanco

Cr7 Y KakaAhora que el Madrid ha inaugurado de forma oficial el proceso de selección del 9 del que todo el mundo habla, la parroquia no dudó en despedir a Benzema con una buena bronca, severa y dura, para que aprenda que para ser el 9 del Madrid hay que comerse el césped, o algo parecido. Más de uno invocó ayer la figura del Gran Capitán cuando Cristiano disparó y De Gea no atrapó. Ahí habría estado Raúl, pero no, no estaba porque está en Alemania. En fin... cosas del fútbol moderno. El caso es que el Atlético llegaba al Bernabéu en una cita atractiva y ya casi mítica: los cuartos de Copa del Rey que desde hace algunos años enfrentan a los equipos punteros de la Liga y alguna sorpresa de Segunda. La Federación comprendió que el antiguo modelo de partido único favorecía a los pobres y claro, ¿cómo van a jugarse los pobres el pan de los ricos?. Este año, el Madrid se ha tomado muy en serio esta competición, quizá consciente de que ganar las otras dos va a ser realmente difícil y en esta no se vería las caras con el Barça hasta la final. No se vería porque aún queda eliminar al Atleti y superar a Sevilla o Villarreal; el Barça podría no presentarse en el campo del Betis y pasar a unas semifinales contra Deportivo o Almería. La Federación dispone. Amén.

Los duelos del Atleti contra el Madrid ha dejado de ser contra el Madrid. El Atleti ha pasado a luchar contra sí mismo, envuelto en una niebla turbia cuando tiene que jugarse las lentejas contra su vecino. Quique habló del miedo en el rostro de algunos de sus jugadores antes, durante y después del partido, como intentando no molestar en Chamartín, esperando que los noventa minutos se ahoguen entre idas y venidas para volver a casa y pensar en otra cosa. Ser del Atleti es algo muy serio pero incomprensible para los que no lo somos. No es cuestión de hacer la disección del sentimiento, allá ellos, pero lo que es innegable es que el Atleti es un equipo pobre. Es pobre en lo económico, mucho más pobre que el Madrid por culpa de aquellos dirigentes que hicieron de su sentir atlético una religión y de paso una tapadera para limpiar lo que robaban en otras instituciones. Una década después, el Atleti todavía paga las consecuencias. Es un equipo pobre en la planificación, con fichajes medianos y poco atractivos que en nada mejoran un juego desmejorado por la salida de los pocos que ofrecían algo de calidad (véase Simao y Jurado). Es un equipo pobre de espíritu, desenchufado, poco aguerrido, muy justo para las grandes citas y, por encima de todo, es un equipo sin juego, sin nadie que sepa dar un balón en condiciones. De poco sirve tener a dos delanteros enormes si por detrás no hay nadie intelectualmente capacitado para repartir caramelos. La ausencia de Tiago ha dinamitado lo poco que podía ofrecer el Atleti.

Después del llanto semanal de Mou por su delantero que no llega, el portugués dispuso sobre el césped a toda la artillería. En este Madrid sin recreos (excepto el del Camp Nou, por supuesto), todos los minutos han de jugarse como una final. Por eso la primera media hora blanca fue arrolladora, con las líneas compactas, Alonso al mando y Özil inventando para Cristiano y Di Maria. Benzema simplemente pasaba por allí. Antes del tercer minuto el Madrid ya había testado los guantes de De Gea que se convertiría en el pilar atlético. Hoy por hoy, el chaval es el único activo rojiblanco. Sin embargo, en una pérdida blanca, Reyes encontró a Agüero entre Carvalho y Marcelo y el argentino enfiló, sufrió penalti pero el rechace lo agarró Forlán, liberado de la marca de Arbeloa, un desastre táctico durante toda la velada, para poner el 0-1. La alegría duró un minuto. Era el 6' y quedaba una eternidad. El Madrid no se arrumbó y prosiguió con el guión establecido: asedio y alguna entrará. Y el empate llegó en el 13' en un remate de Ramos a la salida de un corner. 1-1 y vuelta a empezar, aunque el marcador era propicio para el Atleti que desapareció del mapa, desvanecido y avasallado por el ardor del Madrid.

La segunda parte se convirtió en un monólogo madridista. Quique, cansado de tanta mediocridad y consciente de que pocos pueden sobrevivir ilesos al bombardeo blanco, retiró a Raúl García, sobrepasado toda la noche en cada arreón de los medios madridistas e incapaz de sacar un balón con claridad, por Mario Suárez. Cromo por cromo a la espera de que el chico aportase pulmón y desparpajo, pero ni con esas. Las incursiones atléticas en campo rival adquirieron categoría de escaramuza, aunque en una de ellas, entre el Kun y Forlán, casi ponen el 1-2. El susto no ocultó que el Atleti había entregado la cuchara dando por bueno el empate, arrinconado contra las cuerdas, cubriéndose el rostro, repeliendo ganchos, esperando el final del round. De Gea, un coloso toda la noche, sacó hasta seis balones claros de gol, pero se quedó tiritando bajo el larguero cuando Özil atrajo a todos los defensores para poner un balón medido a la botas de CR7 o del que entrase por allí. Era el 2-1, marcador más ajustado a los méritos de unos y otros. Quedaba media hora y el Madrid lo siguió intentando más por defecto atlético que por ímpetu porque el equipo blanco estaba en reserva. Y cuando todo apuntaba a un injusto 2-1 y la eliminatoria abierta para la vuelta, los defensores atléticos acudieron una vez más a su cita con la mediocridad dejando un balón franco a Özil dentro del área para poner el 3-1 definitivo y la sensación de que el Atleti tardará algunos años más en conseguir un buen botín contra el Madrid. 

Por Ignacio Ampudia, hace 1 año y 1 mes

CR22

Cr71Inmersos en ese extraño y bizantino debate sobre si el Madrid necesita o no necesita fichar algún delantero centro cuando la pregunta en realidad es si el Madrid debió alguna vez fichar a Benzema, Mou asumió que ni los Reyes Magos, ni Pérez, ni el AS, ni Valdano, el perfecto comercial capaz de vender agua hirviendo en el desierto, van a traerle a alguien que sepa qué es meter un gol. La crueldad del Madrid es infinita debe pensar Mou, obligado por contrato y por imperativo moral a ganar algo esta temporada, y ya puede ser algo decente, y ya lo puede ir ganando con un 9, con uno solo, porque lo más probable es que Higuaín no esté para jugar antes de abril; o bien mirado ya puede ir ganando algo con ningún 9 porque no siempre se es lo que pone en la camiseta. Igual que se agotaron los superlativos para Messi o para Xavi, se agotaron los calificativos para Benzema. Su caso no tiene arreglo. Sufre en el Madrid, no se lo pasa bien siendo futbolista blanco y lo más probable es que en cualquier equipito le fuese bien. No todo el mundo puede ser una estrella. Si no algunas cosas nunca tendrían mérito. Ni siquiera se puede decir de él que se entregue como nadie, que luche, que pelee cada balón, que busque el desmarque, que estorbe a los centrales, que sea voluntarioso. Benzema es un perfecto aficionado y sólo se puede desear que disfrute de un dorado retiro en el PSG.

Con semejante panorama, no es casualidad que Mou quiera que venga alguien, pero se le pone feo, muy feo, máxime cuando CR7 sale a dos o tres goles por partido. ¿Para qué quiere otro?, debe pensar Pérez y Mou responde en su diálogo mudo para cuando el bueno no esté. No le falta razón al Profesional: con lo puesto no llegamos a la Décima aunque a lo mejor sí nos alcanza para la Liga. Todo depende de lo que pase en abril contra el Barça en Madrid. Sí, en abril, porque esta Liga española no da para mucho más. Hay dos y el Villarreal, que ganará la otra Liga porque son muy buenos, juegan muy bien y saben lo que tienen que hacer. Los amarillos son una suerte de Barça en miniatura, como si cortas a los de Guardiola por la mitad y sólo por eso no se han llevado la victoria de Chamartín.

Las bajas de Senna y Nilmar condicionan en cierta manera el juego del Villarreal. Uno pone sentido y oficio, mucho oficio, y el otro aporta la típica picardía del jugador brasileño que aún no ha empezado a salir por las noches. Aún con todo, Garrido ha conformado un grupo que practica un fútbol de toque extremadamente elegante, armónico, estético y punzante, y con esa propuesta saltó al Bernabéu con la intención de acercarse al Madrid en la clasificación y, por qué no, demostrarse que puede codearse con los colosos. El Madrid, por su parte, aquejado de una cierta falta de ritmo e indolencia en algunas de sus piezas, se limitó a dejarse llevar por el césped, encomendado a los arreones de sus centellas y al martillo de CR7. Recordó a aquel guiñapo que fue de turismo al Camp Nou. El Villarreal, sorprendido ante tanta hospitalidad, aprovechó la vía de agua del Madrid, la banda de Marcelo, para construir incesantemente la misma jugada ofensiva. Avisó Cazorla en el 3' y Cani resolvió magistralmente en el 6' ganando la espalda a los centrales. El 0-1 espoleó a los blancos, que lograron el empate a los pocos minutos en otra bonita jugada que cobró un mayor tinte épico cuando Benzema colocó un bonito pase para Özil a la espalda del lateral. Brillante Karim.

El Madrid pensó que aquello bajaría los humos de los de Garrido, pero tan solo era un pensamiento que pasó por la cabeza de un Lass que vio en primera fila la brutal asistencia de Bruno para Rubén que ponía el 1-2 después de picarla ante Casillas. Parecía que lo del Villarreal iba en serio. El Madrid se partía por el eje, justo donde los amarillos se encontraban más cómodos, justo donde este tipo de equipos no pueden sentirse cómodos. Con más fe que otra cosa, el Madrid se lanzaba contra la meta castellonense y en una de esas, a escasos segundos del final, Alonso botaba una falta desde el lateral del área para que Cristiano pusiera el empate en el marcador, su segundo gol, el segundo del Madrid. ¿Quién decía que hacía falta un 9?. Los chicos se fueron contentos a la caseta pero Mou, como buen Profesional que es, decidió que allí había algunas cosas que no funcionaban correctamente. La evidente la dejó; la otra evidente también y sentó a Lass por Khedira, ese portento del fútbol y de la ciencia. Aparentemente parecía cromo por cromo, pero lo que realmente implicó era la liberación de Marcelo de labores defensivas y la incursión del Fideo en el lateral derecho a modo de carrilero.

Con tres defensas y Alonso arropado por Marcelo, Özil y Khedira, el Madrid exhibió su cara más habitual: contundencia y tenacidad. El Villarreal desapareció del mapa y se pudieron contar con los dedos de una mano sus estancias en campo rival. El Madrid, montado en las botas de Cristiano, se desplegó por las bandas con profundidad en busca de los tres puntos. El protagonismo se trasladó desde Cazorla hasta Diego López, mal asunto, que salvó hasta tres ocasiones claras de los blancos. Garrido sospechó que aquello no sería algo circunstancial y comenzó a dar por bueno un empate. Retiró a Rubén y Cani para dar entrada a Oriol y Musacchio, y en ese momento Rossi se quedó solo en la brega. El gol del Madrid era más que evidente aunque llegó en una jugada polémica. Kaká, el resucitado, había entrado en el 70' por Albiol. Con el Madrid desparramado en ataque, colgó un balón al área que Di Maria, en fuera de juego, intentó jugar, balón que fue rechazado por Diego López, rechace que agarró Cristiano en el suelo y que volvió a ser repelido por el meta y que fue agarrado ahora por Benzema que, evidentemente, falló y que salió despedido a los pies de CR7 que en un movimiento logró el espacio necesario para chutar y en otro chutó para poner el 3-2, su tercer gol, el tercero del Madrid y dejar los tres puntos en casa. Era el 79' y el Villarreal no tenía nada para contraargumentar y el Madrid sí: otra cabalgada de Cristiano que dio la asistencia del 4-2 a Kaká. Era el 82' y para entonces Mou ya estaba provocando al banquillo del Villarreal dando comienzo a su propio partido, el partido semanal del Profesional. 

Por Ignacio Ampudia, hace 1 año y 1 mes

¡Viva el polígono!

LouroEl Madrid comienza a desprender un aroma sospechoso, como de equipo de polígono, porteros de discoteca y matones de ocasión, un aire de gente que se gana la vida jugando al fútbol pero que nunca habla de fútbol. Hay demasiadas percepciones que empiezan a entrar en conflicto. Por un lado puede que Mou acabe siendo la única víctima de su estilo áspero y malencarado cuando comience a creer de verdad que él es mucho más grande e importante que el Madrid sin atender a que en todo el mundo sólo el Madrid puede arruinarle la carrera. De hecho es probable que alcanzase los objetivos con mayor facilidad en el Conquense que en Chamartín. Puede que Florentino lo devore como Cronos hizo con los suyos cuando sus excentricidades sean realmente incómodas para la imagen y rendimiento financiero de la marca. Pérez se equivocó con Ronaldo, Figo y los demás y parece que también se equivoca con Mou. El presidente no conoce los términos medios. De un modelo puramente intervencionista, con Beckham jugando por decreto-ley y Camacho agarrando la puerta a los veinte días de empezar porque aquello debía ser inaguantable, se ha pasado a un modelo de apariencia liberal basado en la premisa de que Mou disponga, pero Mou sabe que su disposición termina cuando empieza a pedir un 9 que nadie quiere traer. Y nadie lo quiere traer porque Pérez trajo a Benzema (57 partidos en el Madrid y nunca ha visto una tarjeta amarilla) después de que fuese personalmente a su casa para ficharlo. Benzema lo acomodó en su sofá de escay y le puso una Coca-Cola. Pérez se frotó las manos ante tal despliegue de medios y el francés vino al Madrid para meterle tres al Auxerre cuando ni siquiera hacía falta ganar. El Madrid se envenena con las artes que debían reflotar su prestigio, y sólo vamos por el primer capítulo.

Después de que en una tangana de pub de pueblo un tal Louro mandase al suelo a Herrerín, el delegado de campo que debe llevar trabajando en el Madrid desde que Gento corría la banda, y Mou arreglase la ausencia por sanción de Alonso con un doble pivote formado por Lass y Khedira, inconmensurables futbolistas llamados a grandes gestas, el portugués salió en rueda de prensa utilizando como escudo una hoja con membrete del club con los 13 errores de Clos Gómez y diciendo que allí nadie da la cara por los jugadores. El sainete que alimentará las portadas de la semana comenzaba ocultando que en mitad de partido Morata fue a hablar con Casillas reeditando la charlotada de Amsterdam. Yo pensaba que el chico iba a salir a demostrar que puede jugar en el Madrid, pero Mou le reservaba una tarea aún más importante. El caso es que entre unas cosas y otras allí nadie se centraba en lo más importante: que el Sevilla toca fondo y que el Madrid no juega nada.

El Sevilla que levantaron Monchi y Caparrós toca a su fin. El proyecto tuvo buenas trazas y ha cosechado grandes gestas, con un par de copas de la UEFA, un par de Copas del Rey, Supercopa de España y de Europa y participaciones en Champions. El Sevilla apostó por su cantera y jugadores africanos y brasileños comprados por cinco y vendidos por veinte, jugadores jóvenes y desconocidos que crecían en el Pizjuán y después eran rentabilizados al máximo. Es una buena estrategia para subir y hay que tener mucho tino. El problema es que no es un buen planteamiento para estabilizar la posición del club porque no hay mucha ciencia en la intuición y el año que los fichajes no han salido buenos, el equipo se ha venido abajo. Los de esta campaña no han funcionado además de la dimisión de Navas, Perotti, Kanouté y Fabiano. Si a eso le sumamos la eliminación en la previa de Champions contra el Braga, o lo que es lo mismo, 20 millones de euros que nunca llegaron y una cierta inestabilidad institucional con Del Nido peleando los derechos televisivos que suscribió hace años sin abrir la boca, el resultado es un Sevilla en mitad de tabla a veintitrés puntos del líder.

Manzano no ha dado con la tecla y ante el Madrid formó con Zokora y Romaric en la media. Parecía una competición para evaluar la incompetencia de los mediocampistas. Cuando juegan los malos, los que no saben, el balón ni va ni viene, simplemente transita sin alma, golpeado por la mediocridad. El cuero sufre y la grada también, sufre el frío y sufre el bolsillo cuando se comprueba que Benzema es un enigma y que aún goza de cierta credibilidad porque se pagaron 36 millones, que Özil se pierde cuando a su alrededor no encuentra a alguien que sepa asociarse, que CR7 lo intenta sin contar con los demás, que el Fideo sostiene al equipo con una voluntad inquebrantable y que ni Lass ni el otro están intelectualmente capacitados para jugar a esto. Mediocre y aburrida fue la primera parte en la que el Madrid no olió el área sevillista y el Sevilla no se acercó a Casillas, sopor amenizado por aquello de los banquillos. Suele ser una norma universal: la mediocridad sólo genera más mediocridad, la que aportó un colegiado sobradamente conocido por sus brillantes actuaciones. Hasta doce tarjetas amarillas y un par de rojas se vieron en Chamartín, algunas de ellas sin conciencia, sin mirar al destinatario, sin sentir, a quemarropa. Pero hablar del árbitro es en sí mismo otro comportamiento mediocre. Ni mil árbitros malos podrán esconder que el Madrid juega menos que Chelsea y un poco más que el Inter. Cuando Mou vio que el partido se le escapaba, metió a Granero y León y si bien no se puede decir que el Madrid experimentase una mejora exponencial, sí es cierto que el balón se movió con más criterio. El beneficiado de tanta abundancia fue Özil que se fue de tres sevillistas, sirvió y el rechace fue recogido por un Di María libre de marca para poner el 1-0. Era el 77' y consumaba su venganza sobre Palop, el otro sobreexcitado del partido, que ya se había burlado del argentino minutos antes. Los tres puntos sirven para mantener el pulso con el Barça y alimentar el modelo resultadista al que se he encomendado el Madrid. Nada más. Si quieren ver fútbol, y del bueno, ya saben dónde hay que ir.  

Por Ignacio Ampudia, hace 1 año y 2 meses

Para quitarse el sombrero

XaviLa batalla entre los dos mundos que gobiernan la Liga logró agotar los adjetivos, los sustantivos y hasta los adverbios, y cuando ya no quedaban palabras en ninguno de los idiomas que hay en el mundo, se recordaron los goles de los pasados clásicos. Sin embargo este Clásico tenía otro aire porque parecía que por fin el Madrid de Mou podría empezar a discutir de verdad la hegemonía del Barça. Pero sólo lo parecía, porque el correctivo fue mayúsculo. Y para calificarlo sí quedan palabras de sobra. Algo de eso debía olerse Mou cuando apenas dijo nada en los días previos, me refiero, nada de lo que acostumbra el portugués. Incluso se vieron ciertos convencionalismos en sus declaraciones, quizá consciente de que noventa minutos después debería comerse sus palabras. Por eso cargó la suerte, poco, en la figura del árbitro, que para eso está y sólo acertó en algo: ningún equipo dirigido por el portugués termina los partidos con los once sobre el césped. Bien Mou: una de quince. No está mal.

Sólo acertó esa y falló todas las demás dejando por los suelos su reputación de mejor estratega de planeta, sin contar a Rommel, claro. Mou erró el planteamiento porque todavía no ha nacido el equipo que pueda discutirle la posesión a este Barça, construido por y para la pelota, para llevarla, traerla, repartirla entre todos y meterla entre las redes cuando los rivales están absolutamente hartos física y emocionalmente de correr de un lado a otro sin olerla. Una pelota que doma Xavi, el mejor medio del mundo, de ahora seguro, y de siempre sería discutible pero bastante probable, y que agitan Iniesta y Messi. En su particular cruzada por hacer de este Madrid un equipo hecho y derecho, comenzó con una medida que sonaba acertada: apostar sin fisuras por el once que había provocado tanto optimismo, no cambiar el guión, no alterar las piezas que habían goleado y conseguido el liderato. Pero claro, salir con ese once para intentar jugar a defender es absurdo porque ni son los jugadores, ni es el estilo y lo más importante, porque al final el Madrid ni defendió ni atacó, desubicado y desbordado por lo que estaba haciendo el Barça. Y la cosa no había hecho más que empezar.

Todas las virtudes del Madrid de Mou, pocas por el momento, quedaron diluidas en tres o cuatro acciones del Barça. Este Madrid no es arte ni orfebrería fina; este Madrid es verticalidad, solidez y velocidad, aparte del extra de mentalización y autoestima que ha incorporado Mou. Sus equipos no lucen pero son efectivos y sobre todo, salen a comerse el césped, tal y como lo venía haciendo el Madrid. Con Pellegrini, el Madrid dominó fases del encuentro y estuvo muy cerca de salir con los tres puntos, principalmente porque la presión sobre las líneas de creación del Barça fue memorable. Aquel Barça era lo mismo, excepto Villa, y sufrió de lo lindo porque le jugaron de la única manera en la que sufre: desactivando a Xavi. Así las cosas, ni Alonso, ni Khedira, ni ningún otro con la camiseta del Madrid bloqueó, ni lo intentó, al medio, ni al otro que lo acompaña por un lado ni al otro que va por el otro costado, ni al lateral que dobla, ni al central que aparece en la medular... ¡son tantos!, debieron pensar los blancos, especialmente Marcelo, el mejor lateral izquierdo del mundo (somos del Madrid pero no somos tontos),  que ante jugadores de verdad, de los ambiciosos, de los que quieren ganar, retrata como nadie sus carencias. De Özil nada se supo, ni del Fideo, ni de CR7, mucho más preocupado por ascender al Olimpo de las deidades blancas con sus constantes encontronazos con todo lo que huela a Barça, ni de Benzema para el que ni siquiera gastaré más tinta.

A pesar de tanto defecto, de tanta indolencia, de tanta incompetencia, el Barça no aplastó al Madrid simplemente porque éste ni siquiera se presentase en el partido. El Barça metió el cuarto 5-0 de su historia al Madrid por méritos propios, y decir lo contrario es faltar a la verdad, o no querer verla, o ser tan del Madrid que sólo te quede reír como un macaco las gracias de los matones de saldo y esquina que empujan a los entrenadores rivales o a los que se van expulsados y enajenados. No, hay que decirlo y reconocerlo, porque el partido del Barça fue memorable, elegante, preciso como la mano del cirujano, fiel a un estilo que es muy atractivo, interesante y virtuoso basado en que Xavi tenga tres metros y dos segundos para pensar y en una solidaridad colectiva sublime. Ni un mal balón, ni una rifa, ni un ápice de impaciencia. Así es el Barça, un Barça colosal que se merendó al Madrid por cinco y bien podría haberlo hecho por algunos más, quizá por los ocho que CR7 dijo que nunca les meterían. Simple propaganda. Cuando se apagaron entrenadores y publicistas y empezó el juego, quedó muy claro, cruelmente claro, que cuando el Barça quiere, es sencillamente imparable.

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