Por José Bidea, hace 28 días

Koeman Pide «respeto y honradez»

RonaldkoemanComo el sabueso que, sin saber que es parte de su cuerpo, persigue su propia cola para mordérsela, Ronald Koeman pedía ayer respeto a los dirigentes del club que ahora mismo entrena. Todo responde a las sospechas de que, una derrota en la Catedral podría costar la cabeza del holandés. El mister del campeón de Copa se remite al comunicado del pasado jueves emitido por el club recordando la duración de su contrato, dos años aun, y que venía a ratificarlo en el puesto que actualmente ostenta.

No son difíciles de explicar las reclamaciones básicas del entrenador tulipán en circunstancias normales, sin embargo, si repasamos la campaña del equipo ché, podemos llegar a la percepción de cierto matiz hipócrita subyacente. Es decir, si reconocemos el derecho de cualquier profesional de este deporte a lo que Koeman solicita, también estamos en la obligación de reconocer la falta de ética profesional y personal que el entorno del Valencia, con Ronald como ejecutor, ha tenido para con los jugadores apartados desde su llegada.

La labor de un entrenador es elegir entre la plantilla, nunca descartarlos o apartarlos de la forma en que se ha venido haciendo: A saber pública y marginalmente. Un caso curioso de mobbing en el fútbol que ha nadie entristece a sabiendas de los sueldos que los «funcionarios» de este deporte perciben. Pero Koeman entró en el vestuario «a saco», dicho popularmente. En rueda de prensa declaró que no iba a contar con ciertos personajes, dando origen a una polémica que mucho a dado de que hablar. Estaba en su derecho a no contar con ellos, pero las formas empleadas por quien hoy pide «respeto y honradez» saltan por encima de estas humanas exigencias y las explicaciones emitidas no logran satisfacer a los curiosos.

Al margen de las decisiones anteriores, también habría de tenerse en cuenta la horrible campaña del equipo, que a más de uno le habría costado el puesto hace ya muchos partidos. No obstante, es más fácil exigir que reconocer.

Nadie logra descolgar la espada de Damocles que pende sobre la cabeza de este curioso y poco inteligente personaje, ni siquiera la Copa del Rey, y todo hace pensar que, antes o después, la lógica terminará imponiéndose y se irá a la calle dejándonos para la posteridad un valioso ejemplo de cómo no deben hacerse las cosas. Esperemos que la lección no le cueste la categoría a uno de los grandes clubes de nuestra Liga, aunque, no sé, quizás se lo estén mereciendo a pulso...ya se sabe, lo más fascinante de la estupidez humana es su carencia de límites.

Por Ignacio Ampudia, hace 1 mes

El Getafe paga sus complejos

Granero Celebra Su GolLo del Getafe empieza a ser algo preocupante. Por segundo año consecutivo ha perdido la Copa del Rey en la final después de haber sido defenestrado de la UEFA por los despiadados alemanes. Un doloroso cúmulo de desgracias que con toda seguridad va a influir en el ánimo de todos porque normalmente los equipos pequeños no llegan casi nunca a conseguir nada importante, si acaso un ascenso cada cinco o seis años, una victoria ante un gran equipo, una plaza para Europa. Sin embargo los azulones van camino de confirmar una trayectoria atípica en la historia del fútbol español aunque a la hora de la verdad tan solo se los recuerde como los que siempre perdieron en el último partido.

Desde la derrota ante el Bayern el Getafe se había convertido en el equipo de moda, en la confirmación de que no sólo de estrellas vive este deporte. Simboliza la revancha de los humildes, el capricho momentáneo de los ricos, un club que no cae mal a nadie. El rival era el Valencia. La historia del Valencia durante esta temporada también ha sido rocambolesca, con destituciones, jugadores apestados, una afición que lincharía a más de uno, un entrenador que lleva veinte jornadas destituido y al borde de los puestos de descenso. Sin embargo los chés se transformaban en la Copa, esa competición que nadie quiere, eliminando al Atlético de Madrid y al Barcelona para plantarse en la final sin mostrar ni un solo minuto de buen fútbol.

Tan anodino es el asunto que el favorito era el equipo de Laudrup. Incluso el Rey iba con el Getafe, pero cuando el balón que trajo un paracaidista (gran numerito de Villar) comenzó a rodar, se pudo comprobar que los de Koeman defienden un escudo con mucho más peso que el del Getafe. A los quince minutos los chés ganaban 2-0 después de desactivar el notable medio campo del Getafe con el doble pivote más creativo del fútbol español, Baraja y Marchena, y una buena ristra de faltas que cortaba el ritmo constantemente. Pero no se había llegado al minuto veinte cuando se vio cómo es la realidad actual de los dos equipos. El Getafe comenzó a tocar, hilvanar, construir, circular, todas aquellas cosas que el Valencia ignora por contrato. Se fue imponiendo la lógica: el Getafe rondaba el gol mientras los de Koeman se refugiaban en su área a la espera de una contra con Villa. Con el tiempo cumplido el línea señaló un claro penalti a favor del Getafe que metió Granero. 2-1 al descanso.

La segunda parte consisió en las constantes arremetidas de los de Laudrup por ambos costados. Quizá el danés se haya equivocado con los cambios, en especial al retirar a Casquero, que posee un terrible disparo exterior. Apostó por algo más de toque en una media que a esas alturas ya lideraba Granero, exquisito en las formas pero algo disperso en las transiciones. De la Red simplemente no ha aparecido. Las ocasiones se sucedían pero el Getafe tiene un problema sencillo y claro: no tiene gol, no tiene a nadie para rematar, para culminar las oportunidades que se generan. Y probablemente ése haya sido, una vez más, el problema que ha tenido esta noche. En una falta frontal y tras un rechace de Ustari (que sustituía a Pato) Morientes ponía el 3-1 sentenciando la final.

No parece probable que la temporada del Valencia se salve por haber conquistado este torneo, una Copa del Rey que, seguramente, no estuviese a principio de temporada entre sus objetivos prioritarios. Sin embargo en época de guerra ya se sabe aquello de las buenas trincheras, pero la reflexión en Valencia debe ser profunda porque ese equipo está muy perdido. ¿El Getafe?. Qué decir del Getafe más que es una muy buena noticia para el fútbol español, para una de las grandes ciudades de Madrid y para todos los humildes. Sólo me gustaría saber dónde se encuentra su umbral de frustración, aunque creo que deben estar cerca de alcanzarlo.       

Por Ernesto López, hace 1 mes y 2 días

Immelman gana en Augusta

ImmelmanEl sudafricano Trevor Immelman ha ganado la edición número 72 de «The Masters». A sus 28 años, Immelman, se ha enfundado su primera chaqueta verde. Zach Johnson, ganador el pasado año, ha sido el encargado, como manda la tradición, de colocar la prestigiosa chaqueta sobre los hombros de un emocionado Immelman. El de Cape Town ha logrado liderar el torneo de principio a fin, algo que no sucedía desde que en 1976 lo consiguiera Raymond Floyd.

El sudafricano ha basado su éxito en una increíble regularidad. Si observamos sus estadísticas, nos damos cuenta que ha estado en la semana de su vida. Bajar en la primeras tres jornadas de 70 en el Augusta National está al alcance de muy pocos. Ha estado fantástico en los greens en regulación y en la media de putts por hoyo. Pero su resultado más espectacular ha sido las calles que ha cogido desde el tee de salida. Nada menos que un 86 por ciento en el cómputo de las cuatro jornadas del torneo. Para hacerse una idea de la importancia del dato, el promedio de calles conseguidas por los jugadores ha rondado el 70 por ciento, es decir, Immelman ha destrozado esa estadística.

Las tres primeras jornadas Immelman, con su sólido juego, se colocó en cabeza sin mayores problemas. Fue teniendo diversos compañeros de viaje que iban desapareciendo a medida que pasaban los hoyos. Justin Rose, una de las mayores esperanza inglesas, le acompañó en el liderato la primera jornada. Ian Poulter, Stephen Ames y su compatriota, Retief Goosen, intentaron seguir el ritmo marcado por la cabeza pero se quedaron en el intento.

La última jornada del Masters ha empezado con Immelman aventajando en dos golpes a Snedeker, en tres a Steve Flesch, en cuatro a Paul Casey y en seis a Tiger. Todo el mundo esperaba el zarpazo del californiano tras haber estado agazapado las primeras jornadas.

Pero el Tigre ha estado más manso de lo que es habitual en él. Sólo el kilométrico birdie del 11 ha hecho pensar al público, que Tiger era capaz de la remontada. Pero un bogey en el 14, unido a sendos pares en los factibles hoyos 13 y 15 han acabado con las esperanzas del número uno del mundo. Aún así Tiger ha conseguido acabar en segunda posición, lo que demuestra que, aún practicando un golf mediocre, es capaz de luchar por la victoria de cualquier torneo.

El resto de rivales de Immelman se han ido diluyendo poco a poco. Snedeker ha firmado nueve bogeys, así es imposible ganar cualquier torneo y menos un grande. Flesch se ha hundido en los segundos 9 hoyos, allí dónde Augusta dicta sentencia, y Casey, la esperanza europea, ha realizado una jornada nefasta bajando hasta el puesto 11 en la clasificación.

Con todo esto, Immelman se ha dedicado a conservar su ventaja. Ha comenzado con un bogey en el 1, idéntico comienzo que el de Zach Johnson en el Masters del año pasado. Ha estado muy regular durante toda la vuelta, cosa harto difícil debido al fuerte viento reinante. Sólo en el precioso hoyo 16, han aflorado los nervios del sudafricano y su bola ha acabado en el agua firmando un doble bogey. Los dos últimos hoyos se han saldado con sendos pares y Trevor se ha colocado la prenda más preciada del golf mundial.

La actuación española habría que calificarla como discreta. Olazábal, con evidentes problemas físicos, y García, con un desastroso juego en los greens, no pasaban el corte. Resultaban desesperantes las imágenes de Sergio fallando putt tras putt. Capítulo aparte merece Miguel Ángel Jiménez. El «pisha» iba de menos a más en el torneo y ha logrado firmar la mejor tarjeta de la cuarta vuelta con 68 golpes. Para el recuerdo quedará el eagle en el par 4 del hoyo 7, y el approach en el 18 embocando directamente desde fuera del green.

Por Ignacio Ampudia, hace 1 mes y 4 días

Formidable aburrimiento en el Bernabéu

Raul Se LamentaOtro gris episodio en la Liga 2007/2008 que no pasará a la Historia por nada, si acaso por torturar a los aficionados con una tarde más de tedio, bostezos e impotencia. Después del enésimo fallo del Barça, que parece más concentrado en la Champions que en el torneo doméstico (inclinación perfectamente razonable), el Madrid salía al terreno de juego para tratar de dar un golpe casi definitivo a esta Liga que nació bizca y desdentada. El rival invitaba a pensar en un trámite fácil en el que perder tres puntos hubiera sido comparable a un cataclismo de consecuencias impredecibles. La apuesta de Schuster, una vez más, parecía una oda al fútbol de ataque. Ya había avisado Clemente de su planteamiento (¡vaya sopresa!). «Pondremos hasta el AVE». Dicho y hecho. El Murcia, penúltimo en la clasificación, se plantó en Chamartín con tres centrales y las líneas pegaditas, a lo que el Madrid respondió con extremos, o al menos eso son sobre el papel Robben y Robinho.

Guti, Gago y Sneijder en la media y Raúl en punta, a la espera del regreso de van Nistelrooy aunque ya nadie lo espere esta temporada. Toda la supuesta grandeza del Madrid quedó retratada como farsa a medida que transcurrían los minutos. Allí nadie jugaba, nadie se desmarcaba y todos la pedían al pie mientras el balón circulaba en horizontal en una sucesión automática de pases sin sentido, sin peligro, sin profundidad, sin chispa. Entre tanta mediocridad, Iturralde amenazó con tomar las riendas del espectáculo. Y vaya si lo hizo. Amonestó a Pepe, a Guti y expulsó a Torres en una de esas entradas que merecen roja pero que nunca se castigan como tal. Minutos después se comía un penalti sobre Guti y la grada pitaba sin mucha intensidad, normal, ni para quejarse daba el partido.

Ni estando el Madrid con diez Clemente varió el esquema de modo que los blancos seguían traslando el balón de un lugar a otro sin notar la ausencia del lateral derecho. No lo había. Robinho, Robben y Raúl sí estaban sobre el césped pero parecían expulsados. El descanso llegó sin ruido, sin notarse. En la reanudación el Madrid no presentaba ningún cambio, ni en la alineación ni en el juego. Si acaso un buen pase de Sneijder que Raúl no pudo rematar tras sortear al meta murciano. A pesar de que nadie quería ganar el público no se impaciento y parecía estar más atento al infarto que sufría un aficionado en la grada que al juego. Por cierto, infarto por aburrimiento.

En un saque de banda al centro del área llegaba el gol del Madrid. Tras un deficiente despeje de la zaga, Sneijder aparecía en el punto de penalti para robar el balón y, con un sutil toque de diestra, colocarlo en la escuadra. 1-0 y la sensación de que el partido estaba finiquitado. ¿El resto de los minutos?. Intrascendentes por completo. Algunos cambios y poco más, a excepción de una jugada digna del bombero-torero entre Robben y Drenthe, sí, ese chico espítico con rastas que trata de revolucionar los encuentros. Una nueva victoria del Madrid que lo acerca un poco más al objetivo final. El Barça a nueve puntos parece sentenciado y la prensa en Madrid sólo habla del pasillo que harán los blaugranas a los madridistas en el Bernabéu el próximo 7 de mayo. Imagínense cómo está el asunto que ni siquiera se puede hablar del árbitro.      

Por José Bidea, hace 1 mes y 6 días

Muerte en la Orilla

Getafe Bayer MunichMotivados por la historia de David contra Goliat, esta noche, muchos aficionados nos sentábamos para ver el duelo histórico que enfrentaba al modesto Getafe y al omnipotente Bayer de Munich. El Coliseum vestía sus mejores galas para apoyar a su equipo en lo que podía ser una noche épica.

Así las cosas y con la sorpresa de De La Red jugando de central, a los cinco minutos el mismo jugador veía la roja directa por una falta al borde del área siendo el último defensor, o así lo interpretó el árbitro que, fue riguroso pero no injusto. El sueño parecía entonces roto, la magia se desvanecía en el aire haciéndonos volver a todos a la realidad: Los grandes tienden, incluso por la inercia de su propio peso, a ganar. El Getafe estaba con 10, y Cosmin Contra había bajado al lateral derecho para que Cortes pudiera jugar de central; Laudrup no quería desperdiciar cambios tan pronto, preveía que el partido iba a ser duro.

El guión establecido por la decepción general tras la expulsión no parecía querer cumplirse. El Bayern dominaba sí, pero no lograba rematar a gusto y se empeñaba en pases a la frontal y desde el centro que no parecían ser el camino más lógico para el gol. Por su parte los azulones no dejaban de tocar el balón entre ellos cada vez que la tenían y daba la sensación de que, incluso con un jugador menos sobre el césped, el equipo de Laudrup aun tenía opciones.

Vino a corroborar las sospechas de todos la lesión de Uche que no podía seguir y obligaba al entrenador local a realizar el primer cambio del partido. Esta fue, quizás, y de rebote, el único destello de suerte que tuvieron los locales en la noche de hoy, ya que la salida de Belenger propicio la subida de Contra, viejo zorro, quien a falta de cinco minutos para el descanso y con el equipo alemán anulado por completo se zafaba de dos defensas, amagaba con el pase de la muerte y batía a un malogrado Oliver Khan, sombra de un pasado que recordamos borrosamente brillante.

La locura se desataba en el estadio con el gol. 1-0, con un jugador menos y al descanso. Sólo quedaba la mitad, y la emoción atenazaba por dentro a todos los que mirábamos el cronómetro pasar minuto a minuto pareciéndonos una eternidad cada tic-tac.

Salió el equipo alemán con ganas pero sin acierto en la segunda parte. El Getafe por su parte dispuso de las dos mejores ocasiones hasta el momento, una de Braulio que regateaba al portero visitante y se resbalaba cuando sólo tenía que empujarla dejando anonadado al bueno de Michael Laudrup cuya tranquilidad parecía presagiar una locura interior y oculta que llevaría al danés a pedir de un momento a otro una camiseta azul para salir a jugar con sus hombres. La otra también fue con el portero alemán batido y esta vez fue el defensa quien alcanzó el esférico antes que el desafortunado Braulio.

Pero lo veía el Rey, lo veía el Príncipe, lo veían Raúl y Casillas, lo veíamos todos, el despliegue del equipo español aguantando con solidez al combinado bávaro y solventando con eficacia las ocasiones de las que disponía de la posesión del balón, gracias a una demostración de físico impresionante en defensa y en ataque no dejaba indiferente ni a los fríos alemanes de las gradas. El criterio futbolístico parecía poseer a David que miraba como los minutos se iban terminando.

Pero la mala suerte perseguía a los de azul esta noche y en el 89, uno de esos muchos balones a la frontal rebotaba en dos ocasiones y caía a los pies de Ribery que empataba el partido y forzaba una prórroga que parecía no aguantarían los locales, ya aquejados desde hacía rato del mal de jugar con uno menos y correr como lo estaban haciendo.

Prórroga loca

El comienzo de la prórroga nos pillaba a todos descolocados. En tres minutos dos goles del Getafe. Primero Casquero, desde fuera del área golpeaba al balón seco para que, tras rebotar en el palo, se colase dentro de la portería. Y la segunda, Braulio, por fin, lograba el gol que se le había negado hasta el momento. Con el 3-1 apoteósico terminaba la primera parte del añadido y las cosas parecían diametralmente opuestas a cómo eran hacía escasos quince minutos. El Bayer parecía estar a punto de tirar la toalla frente a un equipo mejor, más listo, más sacrificado, más trabajador y que había sabido leer mejor el partido pese al mal fario que parecía lo había dejado ya de perseguir.

Sin embargo el Getafe estaba destinado a morir en la orilla. A cinco minutos del final, el Pato dejaba escapar un balón entre las piernas para que Luca Toni, simplemente, la empujase. Y a falta de un minuto para que el colegiado pitase, puede que previa falta de Oliver Kahn, Toni, de nuevo, remataba un balón de cabeza al fondo de la red con el Bayer jugando a la desesperada y dejando a su rival a las puertas de la gloria de emular al joven David tumbando a su antítesis Goliat.

El Getafe queda apeado de la UEFA tras haber realizado una demostración de buen hacer, sacrificio, entrega y pundonor. No nos queda desde aquí más que felicitarlos por el buen partido que han disputado, si bien, el único reproche que puede hacerse a los jugadores locales en la noche de hoy es no haber usado la picaresca española para arañar algún segundo más al cronómetro o parar el juego en algunos momentos mediante faltas en el medio campo, táctica muy criticada por todos los que gustamos del fútbol pero que bien hubiesen servido para hacer justicia.

El grande vuelve a comerse al pequeño cuando este parece tenerlo doblegado, no es la primera vez, este capítulo lo repiten mucho en la tele, pero hoy, por la forma en la que todo se ha materializado, ha sido demasiado cruel, demasiado poco premio para un esfuerzo como el que hoy todos y cada uno de los jugadores azulones han llevado a cabo. Pueden irse con la cabeza alta señores.

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