Por Ignacio Ampudia, hace 10 meses y 23 días

Y al séptimo año, se clasificó

Bnezema Marcelo Y RamosHacía tiempo que Mourinho no decía nada sensato y ayer lo hizo en rueda de prensa después de devolver al Lyon a su casa, eliminado y bien eliminado. Desde 2004 el Madrid no sabía nada de los cuartos de final de la Copa de Europa pero para el portugués no había motivo para excesiva pirotecnia. Si el Madrid no puede estar entre los ocho mejores equipos de Europa hay algo que se está haciendo mal. Se hizo mal durante las temporadas pasadas, y no sólo cayendo eliminados con derrotas verdaderamente humillantes (véase Liverpool y el famoso chorreo) sino pisoteando la heráldica blanca en el continente. De semejante desastre se han ocupado presidentes de tasca y dominó, entrenadores divinos y jugadores que aún hoy se preguntan cómo llegaron a jugar en el Madrid, aunque sólo fuese un rato. Trescientos mil millones de euros después, el Madrid llegó a cuartos lo cual supuso un gran alivio para todos los parroquianos y desactivó el peor escenario para Pérez: tener que despedir a Mou si el equipo hubiese patinado ante el Lyon. Por fortuna para él y el portugués nunca se sabrá. Diferente es lo que opinan Marca y As.

El Lyon se ha convertido en la peor pesadilla blanca en la última década y eso demuestra lo perdido que ha andado el Madrid por Europa. Antes se temían las visitas del Bayern o del Juventus; ahora escalar Gerland es una proeza sobrehumana, pero a la octava se consiguió con la participación decisiva de Benzema en la eliminatoria, en Lyon y en Chamartín, marcando, presionando y buscando a los compañeros. La llegada de Adebayor ha sido como la chincheta en la silla y de él depende mantener tan buen rendimiento. En cualquier caso, y supongo que a título personal, sería muy humillante salir del Lyon para ir a un grande y ver como año tras año tu ex-equipo te abofetea sin compasión. El partido de ayer tuvo momentos exacta y extrañamente iguales que el de la pasada temporada, cuando el Madrid era más estético pero menos contundente, y por un momento se intuyó que la flojera podría aparecer viendo a CR7 deambular o a Pepe sacar la pierna a pasear cuando no había motivo.

Pero no apareció y no lo hizo porque, superados los primeros minutos del partido, el Madrid demostró que iría a por la victoria, sin paliativos, sin especulaciones, sin negociaciones, amarrado a su estilo y su ímpetu. El empate de ida era un buen resultado aunque corto, muy corto. Se antojaba demasiado funambulismo para tanta dispersión. Mou planteó el partido como plantea todos los demás y eso quizá ayudó anímicamente a los jugadores despojados de la ansiedad del club concentrada estos días en el isquiotibial de Cristiano. El partido exigía tener la posesión, tenerla por estrategia, por mandar en casa, por calidad, por historia... por tantos motivos, pero para el Madrid ese es un debate obsoleto porque ni quiere el balón ni tiene jugadores para tenerlo. Parece que Mou se ha rendido ante la naturaleza de sus mejores jugadores: ustedes corran y plántense en el área rival con cuatro pases. Cuando el Madrid acelera muy pocos lo pueden parar. Y en una de esas carreras, por las costuras de la zaga francesa, se coló Marcelo en el 37' para sentar a los dos centrales y dar el puñetazo en la mesa que el madridismo llevaba tanto tiempo esperando. Ese gol daba tranquilidad y ofrecía una inquietante certeza: el lateral brasileño es un jugador capital en este Madrid. La banda izquierda del Lyon era lo más parecido al salón de su casa y desde allí se gestaron las mejores acciones blancas sólo repelidas por un excepcional Lloris, lo mejor del Lyon junto al Chelo y Lisandro.

Con el 1-0 las cosas no pintaban mal para el Lyon. Antes de cobrar el tanto pasaban con un gol; ahora con uno forzaban la prórroga. El Madrid estaba obligado a buscar otro para ser dueño de su destino y en esa búsqueda Puel ayudó sentando a Briand para dar entrada a Gomis, que ya marcó en la ida. El cambio retrasó a Lisandro a posiciones de creación y ahí se acabó el poco Lyon que pisó el Bernabéu. El Madrid ejecutó un grandísimo ejercicio de presión y martillo, con Di Maria y Benzema como lebreles y Özil como organista. Cristiano estaba para pocas verbenas, buscando una falta por allí y un disparo por acá. La presión dio frutos en el 66' tras un monumental error de Louvren que pescó Benzema para ponerla entre las piernas de Lloris, tal y como hiciese en la ida. El 2-0 tuvo un efecto balsámico para el Bernabéu: al fin una noche europea tranquila, sin sobresaltos, según lo previsto, con un Madrid solvente y aplicado. Con la eliminatoria prácticamente cerrada, entró Adebayor por CR7, cinco minutos antes de que Di María finalizase una buena contra en el 3-0 definitivo que devolvía al Madrid a cuartos. Es cierto que ahora no parece mucho pero sí lo era hace bien poco. No olvidar.

Por Ignacio Ampudia, hace 1 año

Corriendo se puede empatar

Cristiano EnfadadoSe suele decir que cuando un equipo se vacía y hace todo lo posible y hasta lo imposible por marcar un gol y llevarse los tres puntos no hay lugar a la crítica. No ha habido suerte, las cosas se han torcido, el árbitro, los postes, el césped, un balón sin presión, unas botas con los tacos mal puestos, unos gayumbos que apretaban demasiado o haber olvidado pisar el terreno con el pie adecuado, derecho o izquierdo, la flexibilidad del rito. El Madrid se dejó, y ahora parece que de un modo casi definitivo, media Liga en Riazor ante un equipo que se limitó a hacer lo único que sabe hacer: defender, sostenido por un portero mayúsculo y una pareja de centrales sobresaliente, al menos cuando juegan contra el Madrid. Habrá que ver qué pasa cuando reciban al Levante o al Racing, lo mismo da, porque todos juegan contra el Madrid como si no hubiese mañana. Es el precio de la fama. Lotina renunció a su habitual quinteto defensivo que instauró cuando el equipo se desangraba camino del descenso, aunque cuando el balón comenzó a rodar Rubén Pérez se encargaba de incrustarse entre los centrales convirtiendo la pareja en un trío y ahogando toda la línea de creación de los blancos. Diremos creación porque es una convención pero el Madrid no crea stricto sensu desde hace casi una década.

No tiene mucho sentido seguir profundizando en los errores estructurales que presenta este Madrid. El equipo está concebido para emular a las balas: el Madrid te mata en dos segundos, sin sentirlo, sin percibirlo. Es un equipo de vértigo, diseñado para correr sin preocuparse más que de una efectividad que en ocasiones no se traduce en réditos, como ayer. Un equipo veloz no se preocupa por la reflexión y por eso Alonso se encuentra tan solo al mando de una tropa de chicos de gimnasio. La apuesta es clara, podrá gustar o no (a servidor es evidente que no le gusta lo más mínimo) pero es arriesgada. Hace tiempo que el fútbol gana y al fútbol se gana teniendo el balón. El Inter de Mou invirtió la norma la pasada temporada, eliminando al Barça y alzando la Champions en un Bernabéu que ya aquel mayo empezó a temer lo que se venía encima: tipos corriendo sin descanso, muchos disparos desde fuera del área y nada de estética. Aún menos de ética.

Mou desperdició sesenta minutos dando entrada a Kaká, el hombre con el mejor videobook del mundo. Tres o cuatro goles y a retirarse en el Madrid. Ha llegado al punto en que no se sabe si en realidad está bajo de forma o es que es así de malo, tal y como parece. Insiste y abusa de la conducción cuando no es capaz de regatear ni una piedra intentando demostrarse a sí mismo que sigue siendo lo que los demás dijeron que era ahora que no parece más que un viejo general que ve su palacio en llamas. Cuando el partido exigía abrir el campo para penetrar la línea, Mou se disfrazó de politicastro para complacer el paladar presidencial: Kaká, Ramos y Benzema.

Dejando a un lado la evidente parálisis creativa, el Madrid fue a la brava, a empujones, con un CR7 inquieto porque su estrella se ha apagado en las últimas jornadas y un Özil que siempre baila con la más fea, entre líneas, donde nadie le ofrece ayuda, donde nadie quiere jugar porque supone estar cualificado para ello. Por eso el Madrid dominaba pero se limitaba a llevar el balón hasta la frontal deportivista para acabar perdiendo la posesión, recuperar a treinta metros de Casillas y volver a empezar. Así se consumió una primera parte entretenida sin ocasiones de gol, ni por un lado ni por otro. La segunda mitad se inició con un disparo de Ronaldo que sacó Aranzubía cuando iba dentro, la parada que dio comienzo a la exhibición del portero goleador. El Depor sabía que tenía por delante un ejercicio de contrición y aguante ante las constantes acometidas blancas. Desde el banquillo Mou insufló un poco más de ansiedad a los suyos cuando en el 60' dio entrada a Di Maria y Adebayor por Kaká y Lass. El cambio hizo que CR7 cayese en la banda derecha, emparejado con el que quizá sea el peor lateral de la Liga, un tal Morel, que vio como una y otra vez el portugués lo superaba en todos los envites. Lotina siguió apostando por tener un delantero sin velocidad ni calidad, un tal Sand, no fuera a marcar algún gol o hacer algo prohibido, quizá un regate, incluso una pared. Con el Madrid volcado a tumba abierta sobre el área rival, el Depor precisaba un punta veloz y ágil. Riki salió en el 83' cuando el Madrid atacaba por activa y por pasiva sin conseguir más que un mísero empate en casa del decimotercero. Defendiendo se puede empatar; corriendo se puede empatar pero jugando se puede ganar.

Por Ignacio Ampudia, hace 1 año

Sólo Alonso

Benzema Se Dispone A Marcar GolUna vez más el Madrid salió de Lyon con la extraña sensación de que algo o alguien o alguna suerte maléfica  le impiden sacar un resultado limpio, claro y conciso. El proverbial enredo de cada temporada de los blancos en Gerland va camino de legendario, y no tiene pinta de cambiar. Por seguro que en Chamartín prefieren verse las caras con el United o con el Inter antes que con los chicos de Puel, el Lyon, un equipo de maratonianos levantadores de pesas. No tienen mucho más los franceses, acostumbrados a un campeonato sin nombre ni proyección, un campeonato que sobrevive a base de exportar el poco talento que atesora. Que el Lyon haya sido el caudillo de Francia durante tantos años ofrece una idea exacta de la naturaleza de la Ligue 1. Cuando alguien quiere un delantero habilidoso, viaja a Brasil; cuando se quiere un gambeteador puro, de calle y porterías hechas con jerséis, va a Argentina; ¿un medio de calidad?, sin duda en España. Pero si  lo que se busca es un quitanieves en medio campo, un tipo de metro noventa y ochenta y cinco kilos, un portento físico y escultural, un destructor, Francia es el sitio y las ex-colonias su cantera. Para el Lyon el fútbol consiste básicamente en correr y seguir corriendo, en apretar las clavijas de todo aquel que pretende jugar y da pases. Es el equipo de las coberturas y de los contragolpes endemoniados y, si bien el Madrid sostuvo con cierto ingenio las arremetidas galas, el resultado final no deja satisfecho a nadie porque los blancos pudieron ganar y los franceses también y cuando se da una situación así es por dos motivos: o el partido ha sido apasionante, jugado de tú a tú entre dos equipos que no especulan o el partido ha sido un soberano aburrimiento. Pueden apostar que con semejante cartel, la segunda opción siempre será la correcta.

Los últimos días la prensa deportiva jugó a conocer a Mou. No habría cosa más placentera para algunos plumillas que entrar directamente en la cabeza del portugués y determinar sin error lo que pasa por esa mente. El caso es que cuando todo el mundo daba por seguro un trivote para contrarrestar la superioridad del Lyon en la zona de creación, el portugués se descolgó con el equipo habitual excepto Marcelo, sacrificado por demasiado ofensivo. De chiste. Mou dio entrada a Arbeloa, un primor táctico, un ejemplo de entrega y sacrificio, que tiene prohibido por contrato superar la línea de medio campo. Ramos debía ejercer como carrilero, pero con contención. Para Mou, la eliminatorias europeas son partidos muy largos, con un par de semanas entre partes, y el objetivo siempre es no recibir esperando que los cazadores de arriba agarren una bola buena en algún momento. Así ha hecho fortuna el portugués trotando por todo el continente pero no la han hecho sus equipos, mil veces campeones, mil veces olvidados.

El Madrid atesora mucha más calidad que el Lyon, línea a línea, dorsal a dorsal, incluso más si Lisandro, lo único diferente, no juega y sale un tal Gomis con unas botas que ya podrían ser unas chanclas. Mou apostó por lo de siempre, por Alonso y Khedira y los cuatro de arriba, pero siempre hubo una enorme diferencia entre la pizarra y la realidad. Los sistemas quedan bonitos en las charlas y en las tertulias, son la epistemología del fútbol. Cuando el balón comienza a rodar, los presupuestos científicos saltan por los aires. Nadie podrá acusar a Mou de conservador: salió en Lyon con cuatro delanteros, nominales, por supuesto, porque el equipo se partió a las primeras de cambio. Alonso solo no puede mover semejante mole. Khedira no es más de lo que es y pretenderlo es querer ver más de lo que en realidad hay, es decir, un alemán grande que supuestamente es un primor en la destrucción. Sin embargo, no está capacitado para entregar un balón sin riesgo. Özil, un socio de lujo para Alonso, estuvo desaparecido prácticamente hasta la jugada del gol cuando su concurso era esencial para dinamitar entre líneas el entramado francés. De CR7 pocas noticias hasta el balón al palo y de Adebayor más de lo mismo. Fue alineado para bajar balones y esperar la llegada de la segunda línea y, cuando tenía la posesión, los refuerzos no aparecían por ningún lado y cuando finalmente aparecían, ya no había balón.

El planteamiento del Madrid (muy pobre, no nos podemos engañar) podía ser un tiro al aire, máxime cuando confías en los centrales que no tienen la noche. Ni Pepe ni Carvalho estuvieron a la altura de las circunstancias, especialmente el segundo, con una natural querencia a retroceder cuando el rival empuja. Y por si fuera poco, Ramos haciendo de las suyas por la banda, pasado de vueltas como acostumbra, sin capacidad para leer lo que necesita su equipo en cada momento. En la reanudación, los blancos salieron con jerarquía, dispuestos a dar un golpe definitivo, lo cual es un tanto desesperante porque demuestra que pueden gobernar los partidos pero sólo a ratos. Fueron los mejores minutos blancos, con un balón al palo de CR7 y otro de Ramos y, viendo que el Lyon comenzaba a deshacerse, Mou movió el banco metiendo al revulsivo espiritual, al monje-delantero Benzema, que tampoco conoce el término medio. O necesita trescientos minutos para marcar o marca a los cuarenta segundos de salir. Y así fue: peleó un balón, lo robó, se asoció, regateó y cuando estaba en trance de besar el césped, sacó un remate que se coló entre las piernas de Lloris. El tanto fue orgiástico, la rendención blanca en el infierno. Tanto fue así que el estoico Pérez se levantó de la poltrona para aclamar a su chico, a su protegido. Debió pensar que sólo por eso pagó 36 millones por él, para verle marcar de blanco un gol en el infierno.

El 0-1 era un resultado de lujo para el Madrid y, antes de que Pérez se sentase de nuevo, Lass ya corría en el campo para amarrar con fuerza el resultado. Irremediablemente el Lyon tuvo que buscar el empate dejando espacios a la espalda, el escenario soñado por Mou para que CR7 y Di Maria pusiesen un hipotético 0-2. En el empuje del Lyon se vieron todas sus costuras y su evidente incapacidad para generar nada parecido al fútbol. Mou lo vio claro y mató al talento: Marcelo entró por Özil esperando que en una arrancada del brasileño la cosa se cerrase pero más bien fue lo contrario porque cuando se especula lo normal es que se dejen cosas por el camino. Corría el 83' y los blancos, que sólo debían mantener el control y enfriar los ánimos, concedieron en un exceso de fogosidad una falta lateral pésimamente defendida que significó un balón muerto a los pies de Gomis en el área pequeña, un balón tan fácil que incluso él lo llevó al fondo de la red mientras toda la zaga reclamaba un fuera de juego que rompía Ramos. El 1-1 era igual de justo que el 0-0 aunque es cierto que supone una cierta ventaja para el Madrid, dispuesto a pasar a cuartos por lo civil o lo criminal, jugando o sin jugar, o como sea o como pueda, tanto da porque las grandes inversiones sólo se justifican con grandes resultados. El cómo no importa a nadie. Es puro romanticismo.

Por Ignacio Ampudia, hace 1 año

Sobreviviré

Marcelo Celebra Un GolLa naturaleza no se puede alterar, al menos en el fútbol, porque cuando todo el mundo (servidor incluido) suspira sin sonrojo por los recitales que ofrecen los de Guardiola, el Madrid se empeña en aferrarse a lo único que sabe hacer: pelear y ganar, sin condiciones, sin especulaciones, con el escudo y la historia en la mano. Y en el fondo es lógico y razonable no cambiar de caballo cuando las cosas no pasan por su mejor momento y ayer, con diez sobre el campo, el Madrid puso en juego sus valores innegociables y con ellos arrancó los tres puntos para poner algo de incertidumbre a la Liga o eso dicen los medios adictos. En mi humilde opinión no queda mucho más por hacer que no bajar los brazos. Si el Barça gana la Liga que sea extenuado por un perseguidor implacable.

La tempranísima expulsión de Casillas, muy discutible pero que Mateu ejecutó sin dudar, dio lugar a un nuevo partido, un nuevo planteamiento, una nueva oportunidad para que Mou demostrase que estos son los encuentros por los que realmente se hizo entrenador. Cuando el Madrid juega con diez todo es más fácil porque ya no está moralmente obligado a llevar la batuta y si los puntos se quedan en el camino siempre se le puede echar toda la culpa al árbitro. En el 2' Casillas enfilaba el camino de la grada con su habitual meneo de cabeza cuando algo le parece descabellado. Lo hace si es expulsado y lo hace si Ramos se marca una de sus habituales excursiones por los terrenos ignotos del área rival. Mou movió ficha y retiró a Di Maria para dar entrada a Adán que, para empezar, tuvo que enfrentarse a una falta peligrosa al borde del área que o bien resolvió con solvencia o bien se la quitó de encima, quién sabe, porque el chaval estaba nervioso pero con el paso de los minutos demostró que la cantera de porteros del Madrid es prodigiosa, por qué será...

El chico tuvo una primera parte plácida porque el Madrid se valió de su tradición para empotrar a un Espanyol intratable en Cornellá hasta la fecha. Mou dibujó dos líneas de cuatro y dejó a Adebayor en punta para explotar todas sus cualidades: bajar el balón y aguantar hasta que lleguen los refuerzos, un juego lleno de elaboración y estilo, para qué nos vamos a engañar. El Madrid llevó a los blanquiazules a su terreno, a sus intereses, a un partido desbocado, sin control, con transiciones vertiginosas que Kameni repelía cuando la defensa juvenil que puso Pochettino se estaba descargando las fotos que se habían hecho con CR7 en el calentamiento. Eso por dejar a Forlín en el banco. Y entre todo el marasmo de los blancos corriendo de un lado a otro y avasallando al rival, emergió la figura de Marcelo. El AS dice que está a un minuto de Roberto Carlos. Es más probable que le falten algunos años pero es cierto que en el desorden su aportación suele ser crucial porque lo desaliñado le favorece. Ayer ejerció de extremo e interior y a veces como lateral, las suficientes para esposar con seguridad a Luis García y amargarle la noche.

En una de sus incursiones que siempre gravitan entre la genialidad o el desastre, sin término medio, burló el cerrojo españolista tras asistencia de un mayúsculo CR7 y llegó hasta la línea de gol para poner el 0-1. Era el 24' y el Madrid sólo ejercía como un poderoso rodillo, que no es poco; tampoco suficiente. En el cambio de guión salió perdiendo Özil desenfocado cuando sus colegas empiezan a trotar y todas las costuras quedan bajo la jurisdicción de Pepe y Alonso que protagonizó otro recital de cómo jugar en un equipo que odia profundamente el balón. Alonso armoniza las fieras pero suelta la pierna cuando es necesario, sin contemplaciones, sin compasión. El gol era un premio más que justo, y alguno más pudo subir al marcador si Adebayor no se hubiera encontrado en el larguero de Kameni. Para la segunda mitad el Madrid aflojó el pistón y se dedicó a esperar al Espanyol en su campo, cazar la contra y ponerse a cinco del Barça. Y pudo conseguirlo si Adebayor, aquejado ayer de una extraña dolencia conocida como benzematitis, no hubiese marrado dos duelos al sol con el meta camerunés que habrían significado un perfecto reflejo de la superioridad de los blancos sobre los españolistas, y con uno menos, lo que certifica que la furia y la cólera madridista se sigue transmitiendo con éxito dentro del club, como un elemento identitario fundamental aunque por todos es sabido que no siempre la furia y la raza implican el éxito, y si no pregunten en la selección española.

Por Ignacio Ampudia, hace 1 año

Fundidos

Cr7Así está el Madrid, fundido, exhausto, desgastado, cansado y gripado, exactamente igual que Xabi Alonso que vio la primera mitad en el banco por una gripe que ha rebajado las prestaciones del único que da sentido al maltrecho juego blanco. Hay cosas que se ven venir de lejos, muy de lejos. El faraón Pérez, al que seguramente no le importaría ser sepultado junto a CR7, Kaká y Benzema, prometió dar caza al mejor Barça de la historia que bien podría ser el mejor equipo de la historia, y para ello sacó a pasear la chequera y trajo todo lo que parecía que relucía. Y cuando tenía todo lo bueno que no está en Barcelona, desembolsó una verdadera fortuna para traer al mejor entrenador del mundo según la opinión de todos los ingenieros que votan lo de los balones de oro. «Ya lo tenemos todo presidente, ¿ahora qué hay que hacer?.» «Ahora hay que amortizar esta inversión.» «Está bien, ¿y cómo deberíamos jugar?.» «Ni idea, yo sólo soy el presidente. Preguntad a Mourinho. A Valdano no, que es muy pesado y no le entiende nadie.» Y entre los mejores técnicos y los mejores jugadores e incluso el mejor jardinero de la galaxia, el Madrid no juega absolutamente a nada. Cuando está Alonso, la cosa se aproxima a la corrección; sin él, el Madrid es sonrojante. La idea es anular al Barça pero el método no existe y entre unos y otros, los de Mou tienen la Liga muy cruda. Es cierto, quedan más de cincuenta puntos en juego y la diferencia es de siete. ¿Dónde podría el Barça perder dos partidos y empatar uno?. Pues eso.

El Madrid de principio de temporada era un equipo tenso, hercúleo, sostenido en la fortaleza y velocidad de Di Maria y CR7, un equipo eléctrico que tumbaba las defensas desplegando una pegada impresionante. Pero si toda la idea del juego descansa en una forma física óptima, cuando la forma baja, el juego no existe, y el Madrid sufre calambres en todas sus líneas. Ni CR7 ni Di Maria son los de hace un mes, y es más que probable que el debate del 9 haya desgastado en exceso a la institución y a un vestuario en el que parece que Casillas no ejerce toda la autoridad que debería. Si Kaká se descuelga diciendo que Benzema podría hacer más es que las aguas bajan turbias. ¿Benzema no hace nada?, ¿y qué has hecho tú en dos temporadas aparte de reírte de todo el mundo?. Por otra vía discurre la pelea en el barro de Mou y Valdano y mientras tanto llega a Madrid un tal Adebayor que lleva dos meses sin jugar porque sacó la mano a pasear en un entrenamiento con el City. Sí señores, saluden al Madrid, al aspirante.

Es cierto que Navarra es tierra hostil para el Madrid. El Sadar aprieta y llega a ahogar y muy poco hace falta para motivar a todo Pamplona cuando los del capital les hacen la visita de todos los años. El termómetro de Alonso devolvió la titularidad a Lass que junto a Khedira forman una sólida pareja candidata al Nobel de arquitectura. Viendo el panorama, Mou dijo a los suyos que evitasen en la medida de lo posible echársela a la pareja de armadores para llevar todo el juego por los costados pero en el momento que el Fideo y Cristiano evidenciaron síntomas de hipoactividad, el juego blanco se limitó a balones largos y frontales, justo los que las defensas resuelven sin despeinarse. Mientras, Benzema buscaba el sentido de todas aquellas que le rodean y que él escruta con mirada confusa. Recuerdo que hizo un caño a un defensa dentro del área. Fuimos enormemente felices. El Madrid daba patadas sin sentido pero Osasuna tampoco apretaba; sencillamente aguantaba a la espera de agarrar una buena oportunidad para apuntillar a los blancos. Y esa llegó en el 62' con lío de los centrales incluido, para que Camuñas, dentro del área y a placer, adelantase a los rojillos.

El 1-0 hizo a entender a Mou que su equipo llevaba tonteando una hora, y él también (¿es que Granero no existe?) y procedió a un triple cambio, ambicioso y arriesgado. Así es el portugués, un hombre de acción. Retiró a Lass, Albiol y Di Maria y metió a Alonso, Kaká y Adebayor, o lo que es lo mismo, dos por uno. En el nuevo dibujo Khedira pasó a ser central, mostrando sus brillantes recursos defensivos perdiendo una carrera con Aranda, un conocido y reputado portento de la velocidad. Para el Madrid sólo quedaba apretar y buscar por empuje algún gol que significase un punto para que no todo el mundo diese la Liga por perdida en la jornada 21. Pero los ataques de la ortopédica vanguardia blanca chocaban una y otra vez contra la muralla osasunista y lo que es peor, contra la evidente y sangrante falta de imaginación y picardía que ha llevado a este Madrid a la vulgaridad y la aridez. Los de Mou están en reserva y el debate sobre si se ha perdido la Liga o no es lo mejor que les puede pasar, todo para no hablar de algo mucho peor: para hacer algo, lo que sea, siempre hay que tener un plan.

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