Contra casi todo pronóstico el piloto finlandés Kimi Räikkönen se ha proclamado campeón del mundial de pilotos en el Gran Premio de Brasil, último de la temporada. La «carrera del siglo», como se había bautizado aquí en España, se presentaba a priori como un duelo entre Hamilton y Alonso, pero ha terminado decidiendo el título a favor del que hasta hoy era el tercer piloto en la clasificación. Tal como se había desarrollado el mundial, especialmente en las últimas carreras, uno podía esperar cualquier cosa de este Gran Premio. Y cualquier cosa sucedió.
He de decir que para mí el mundial se iba a decidir en Brasil entre Räikkönen y Hamilton. En condiciones de seco el doblete de Ferrari parecía casi asegurado, lo que dejaba sin opciones a Alonso; así que sólo quedaba por ver si Hamilton quedaría por encima del sexto puesto, lo que le valdría para convertirse en el único piloto en proclamarse campeón en su primer año en la Fórmula 1, además del más joven. Y teniendo en cuenta la regularidad del corredor británico el quinto puesto se antojaba más que accesible. El 1-2 de Ferrari se hizo realidad, con una carrera dominada de principio a fin por los bólidos rojos; sin embargo Hamilton sólo pudo terminar séptimo, diciendo adiós a un título que parecía tener en la mano apenas unas semanas atrás.
A pesar del protagonismo de Alonso y Hamilton este año, tanto dentro como fuera de los circuitos, Kimi Räikkönen se merece sin duda el mundial. Que nadie olvide que el finlandés ha conseguido el mayor número de victorias de la temporada, seis, mientras que el español y el inglés se han subido a lo más alto del podio sólo en cuatro ocasiones. Räikkönen es un piloto frío, calculador, implacable ante el crono y, por qué no decirlo, tremendamente aburrido para el espectador: arriesga lo necesario, a lo largo del año nos deja en la retina pocos adelantamientos de mérito y para colmo apenas transmite nada en sus declaraciones y celebraciones. Pero es un gran piloto al que sus interminables problemas mecánicos le han privado del título en años anteriores. Nada que objetar.
Lewis Hamilton se presentaba en Interlagos como líder del mundial, con puntos de ventaja suficientes como para sólo preocuparse de no tener salidas de pista o problemas mecánicos. Y tuvo ambos. Aún a riesgo de simplificar, Hamilton ha dicho adiós al mundial en las dos últimas carreras, China y Brasil, exactamente por el mismo problema: el exceso de ambición. En China acabó destrozando los neumáticos en una lucha sin sentido con Räikkönen, que en aquel momento no era rival para el título. En Brasil sus intentos de evitar un adelantamiento de Alonso, que aún colocándose tercero carecía de opciones, le hicieron perder el control del coche y salirse del trazado del circuito. Muy probablemente esa salida de pista provocó los problemas hidráulicos que más tarde le harían casi detener el coche y colocarse temporalmente en la posición 18. Posteriormente, en una meritoria remontada, acabaría en la séptima posición, muy buena dadas las circunstancias pero insuficiente para sus aspiraciones.
Por mucho que nos pese a los españoles Fernando Alonso ha sido poco más que un convidado de piedra en esta última carrera del año. Una vez que los dos Ferrari se colocaron en las primeras posiciones, sus posibilidades de alcanzar el título prácticamente desaparecieron. Con Massa primero y Räikkönen segundo su tercer puesto era aún suficiente para hacerle campéon, lo que le valió para liderar la clasificación final virtual durante gran parte de la carrera. Pero era evidente que el intercambio de posiciones entre los pilotos del equipo de Il Cavallino Rampante se iba producir tarde o temprano.
La estrategia de Ferrari solventó la papeleta como sólo ellos saben hacerlo. Prohibidas desde hace años las órdenes de equipo, el adelantamiento debía producirse en boxes para no levantar sospechas. En la primera parada en el pit stop una diferencia en el tiempo de repostaje de los pilotos rojos hubiera sido demasiado evidente. En la segunda esa diferencia hubiera sido imposible, ya que los dos coches necesitarían el mismo carburante para acabar la carrera. Así que la segunda parada de Massa se produjo unas pocas vueltas antes que las de Räikkönen, haciendo que el brasileño se encontrara tráfico en su reentrada a carrera. Con Massa frenado, unas rapidas vueltas de Kimi le permitieron salir de su segundo repostaje como lider de la carrera. Por supuesto esto significa que Massa repostó al menos en una de las dos ocasiones con combustible de sobra; que alguien lo demuestre. Y es que Ferrari tiene algo de experiencia en estas situaciones, que se lo pregunten a Barrichello y Schumacher.
Mucho se hablará sobre esta temporada, la más disputada, la más abierta y la más polémica de las últimas décadas. Por supuesto la prensa española y la inglesa seguirán con su cruzada de demonizar pilotos, dirigentes, escuderías y hasta países si es necesario. Los medios patrios acusan a Ron Dennis de no apostar por Alonso como número uno de McLaren, cuando esos mismos medios abogarían por la igualdad de trato si el español fuera el piloto inexperto, escudándose sin duda en la deportividad. Que dentro de la escudería británica se haya producido en realidad esa igualdad entre pilotos es otro tema, y desde fuera es casi imposible juzgarlo. Lo único evidente es que Alonso se ha visto perjudicado en ocasiones por el entorno dentro del equipo, el mismo entorno que la prensa se ha encargado de enturbiar.
Los medios españoles también se han encargado de declarar a Hamilton persona non grata, generando un clima de odio hacia un deportista como pocas veces se había visto antes. Un deportista cuyos únicos pecados son la inexperiencia y el exceso de ambición, dos errores que sin duda el tiempo se encargará de corregir. Y cuando eso ocurra veremos al verdadero Hamilton: un gran piloto que junto al polaco Robert Kubika está llamado a ser el gran rival a batir por el que aún hoy es el corredor con más talento de la Fórmula 1: Fernando Alonso.