Por José Bidea, hace 1 año y 1 mes

Robinho y Ronaldinho se van de fiesta

Robinho Y RonaldinhoMuchas son las historias y versiones que han salido y quedan por salir de la fiesta de Robinho y Ronaldinho tras el partido con Brasil frente a Ecuador. Además de la famosa fiesta de los dos jugadores brasileños, quienes juegan en equipos que son rivales directos en la Liga, esta la polémica con las selecciones. Ninguno de los dos, ni Baptista, llegaron a tiempo al entrenamiento del equipo para preparar el partido de esta jornada de Liga. El que si lo hizo fue Dani Alves que, pese a la cara de malo de película que le ponen siempre en la televisión y en los periódicos, ha resultado ser más formal que sus compatriotas.

Dejando de lado el pequeño detalle, insignificante, de la fiesta, otra polémica más compleja nos va a salpicar en los próximos días casi de seguro. Ya venía avisando Joan Laporta, presidente del FC. Barcelona, las selecciones deben pagar algo a los clubes por sus jugadores. Por si fuera poco, y para dejar constancia de hasta donde piensa llevar el asunto, aconsejó a sus internacionales que «se dosificasen» en los partidos con sus selecciones. No hay que decir que la no inclusión de los tres internacionales en sus respectivos equipos para el partido de Liga de este fin de semana, el cabreo de Schuster y lo calentito de la polémica antes de todo esto va a traer de cabeza a los aficionados durante una buena temporada.

Entre la polémica entre selecciones y equipos, las fiestas de los jugadores hasta altas horas de la madrugada en las que solicitan 40 condones (vaya usted a saber para qué), la tensión con Luis Aragones y el homenaje a Raúl, les recomiendo que saquen los paraguas. Van a llover pedradas en las altas esferas. Y mientras tanto, recemos para que siga la Liga de una puñetera vez que el fútbol cada vez tiene menos que ver con el balón y el cesped.

Por Ignacio Ampudia, hace 1 año y 1 mes

Nadal vence a Murray en el Masters Series de Madrid

Rafa Nadal Golpea PelotaDejando a un lado las últimas especulaciones sobre dopaje y amaños de partidos, el tenis parece gozar de buena salud. El Masters Series de Madrid, penúltima cita del circuito, reúne a los mejores tenistas del mundo en el Madrid Arena, pabellón que parece más una convención empresarial que un lugar que alberga un evento deportivo. Stands de todas las marcas imaginables, azafatas solícitas y un público claramente definido: ellos se parecen a Colate y ellas a Ana Aznar, pero se combinan a la perfección con familias extensas que cargan bocadillos en papel de plata, hablan gritando, creen que un ace es una bebida y una de sus mayores ambiciones es ver quién ocupa los cubículos rojos reservados a los VIP. Todo un espectáculo.

En lo estrictamente deportivo, Nadal se enfrentaba en octavos de final al escocés Murray, tenista de gran proyección pero escaso de físico. El manacorí no había mostrado su tenis poderoso el día de su estreno en el torneo ante Baghdatis y esas dudas fueron las mismas que se vieron en el inicio del partido. El primer punto ganador lo metió en el tercer juego. Ni su revés era profundo ni su izquierda determinante. Murray parecía sentirse mucho más cómodo ante un rival que ni siquiera lograba rematar los puntos en la red. La gente trataba de animar con el odioso «vamos Rafa» que se repetía hasta la saciedad y que llegaba a provocar vergüenza ajena. Pero ganó el set en el tie break.

El segundo comenzaba con la esperanza de ver a Nadal recuperar su mejor juego, pero no hubo noticias de él. Con 4-2 abajo y sirviendo Murray parecía más lógico darlo por perdido y centrar las fuerzas en ganar el tercero y último. Sin embargo, más por empuje que por mérito, rompió el servicio del escocés y éste comenzó a desplomarse, tanto, que Nadal ganó el partido en diez minutos. Así de sencillo. Quizá ésa sea la diferencia entre el número dos y el diecisiete: la solvencia. Y Nadal demostró que, a pesar de no estar en su mejor momento de juego (llevaba algunas semanas sin competir), puede sentenciar un partido por la vía rápida. En cuartos le espera el argentino Nalbandian que presume de conocer el secreto para derrotar al español en pista rápida y que seguramente acabe siendo víctima de la misma solvencia que acabo con el prometedor jugador escocés.

A las 23.00 entró en la pista Feliciano López cuando la mayoría del pabellón estaba vacío. No era la mejor hora para jugar, y mucho menos ante el sesenta y ocho del mundo, el austriaco Stefan Koubek. Aún así, el toledano ofreció un buen espectáculo con saques que alcanzaron más de 200km/h y un revés hipnótico. Se complicó el primer set el español al no cerrarlo a tiempo y se llegó al tie break que ganó el español con puntos verdaderamente estéticos. El segundo set fue un paseo para el de Toledo que ahora espera al ya casi mítico Federer en cuartos de final con muy pocas (por no decir ninguna) posibilidades de ganar. Y es que el tenis presenta una jerarquía muy clara: Federer, Nadal y todos los demás.

Por José Bidea, hace 1 año y 1 mes

¿Qué le ocurre a la selección española?

Fernando TorresCualquiera que sepa un poco de fútbol reconocerá el peso que muchos de los jugadores del combinado español tienen es sus respectivos equipos. Sin embargo, ¿por qué entonces tienen tantos problemas a la hora de jugar el balón? Si uno por uno son buenísimos, ¿por qué razón en conjunto están perdidos? Algo ocurre por supuesto. Al igual que el Real Madrid cuando no juega bien a fútbol y gana, la selección se acostumbra demasiado a confiar en su superioridad individual y olvida el colectivo debido a la presión a la que están expuestos. El objetivo de cada partido parece consistir en «salir del paso» por el medio que sea. Esa necesidad de ganar a cualquier precio, la cual supone el sacrificio del buen hacer, no suele ser un buen síntoma. Pese a que el Real Madrid ganase la última Liga como lo hizo, una Eurocopa, o un Mundial, no son competiciones tan misericordiosas con los parcos en fútbol.

Soy consciente de lo fácil que supone teorizar, no obstante, para ganar una de esas competiciones es necesario algo ¿Quién imaginaba a Grecia ganando la Eurocopa de Portugal? Con el tiempo, comprendemos por qué el combinado heleno se alzó con el título. En el fondo, la fórmula fue bien sencilla. Una defensa férrea, herencia del estoicismo, un centro del campo consciente y concentrado en el trabajo que debía hacer y ajeno incluso a las condiciones climatológicas durante el partido, técnica aprendida en la escuela socrática, y unos delanteros sabedores de que les llegarían pocos balones, y debían aprovecharlos, esto lo aprendieron del dios Apolo.

Italia, y su defensa, Alemania y ese conocido dicho futbolístico y definitorio de este deporte: «El fútbol es un deporte de 11 contra 11 que siempre gana Alemania» Algo habrán hecho para ganarse la propagación de esta frase a todo el mundo. Brasil y su jogo bonito, de ensueño, en donde hasta su portero tiene más regate y magia en los pies que nuestro delantero. La gran Francia de los últimos años con sus estrellas, Zidane, Petit, Henry, Barthez, y retrocediendo más, Platini y su época.

Se trata de equipos con carisma. Con algo que los distingue del resto. En cambio, piensen, España...pues... no nos dice mucho. España de la sensación de ser un combinado demasiado acuciado por sus propias ansias de convertirse en alguien en el panorama mundial del balompie. Sin estilo propio, sin carisma real, salvo el que nos vende la prensa, la selección debe labrar su propia identidad, escribir su historia propia, si quiere algún día ser verdaderamente reconocida por el resto de selecciones. Jugadores no nos faltan.

Por Ignacio Ampudia, hace 1 año y 1 mes

La escuela del Barça aterriza en Dinamarca

Espana DinamarcaLlegaba la selección española a Dinamarca envuelta en el habitual clima de incertidumbre y ansiedad que la rodea en los últimos tiempos. La obligación de ganar, el manido debate sobre Raúl, el sistema de juego, «bajitos» contra «picapedreros» y demás parafernalia dialéctica que en nada ayuda a la roja. Dijo Luis que con Raúl nunca se había ganado nada. Sin él, tampoco.

Con Villa y Torres lesionados, España parecía un equipo sin puñales, pero Luis apostó por la fórmula moderna de un único punta. Y no le salió mal. Tamudo se convertía en la única referencia en el área rival a pesar de que éste no sea un «9» al uso. Ni tiene la potencia y verticalidad del delantero del Liverpool ni la capacidad del asturiano para generar sus propias ocasiones, pero su habilidad ante las defensas rivales le ha convertido en una buena noticia para la selección. Por detrás, la escuela del Barça: Xavi, Iniesta y Fábregas. Todo un lujo para el fútbol mundial.

Se temía una salida apabullante de los daneses que, finalmente, no fue tal. Demasiado respeto y muy poco fútbol en la media. Poulsen era el encargado de construir. Así les fue. En una deliciosa maniobra de Iniesta llegó el primero: centro templado y magnífico remate cruzado de Tamudo. Tras el gol, España dormitó, dio un paso atrás y perdió el balón. Se repetía el guión clásico. Hasta que llegó el segundo gol. 28 toques repartidos a lo largo de 1 minuto y algunos segundos, con pared final de Tamudo para Ramos. Una verdadera obra de arte. Participaron todos los jugadores menos Casillas y Albelda. En el caso del primero resulta razonable. En el caso del segundo, aún más.

La segunda parte reprodujo las carencias de España. Con Dinamarca volcada en busca de algún gol, los de Luis no supieron cerrar el partido. Un tímido remate al muñeco de Tamudo fue la única noticia en ataque. España perdió el balón, y hasta Fábregas parecía vulgar en medio de tanta inconsistencia. Dinamarca consiguió el gol a dos minutos del final y cuando todos pensábamos que el empate quizá no fuese tan mal resultado el debutante Riera, en un verdadero acto de fe, colocó un zurdazo atómico en la escuadra de Dinamarca. Asunto zanjado. Tres puntos y a esperar a Suecia en el Bernabéu.

Por José Bidea, hace 1 año y 1 mes

Luis Aragones echa leña al fuego

Luis AragonesDesafortunadas las palabras de Luis Aragonés en plena vorágine pre Europeo. Digo desafortunadas por no decir que sus argumentos son los de una persona no muy inteligente, cosa imprescindible para tener un cargo importante, aunque sólo en la teoría. La práctica nos demuestra a diario que, todos esos tacos de folios que les piden a algunos que estudien en la universidad no servirán en el día de mañana para nada. Si queremos aprender nada mejor que salir ahí fuera a ver que se cuece.

La presión hacia el seleccionador está siendo abusiva. Medios, aficionados, jugadores, entrenadores, seleccionadores, ex-seleccionadores, a los que se les pregunta y que, claro, no van a hablar mal de Raúl en la prensa. Es por tanto que el antaño conocido como «sabio de Hortaleza» ha explotado en mal momento. No se debe seguir el juego que te marcan los medios, debes desvincularte de la guerra, cosa que Aragonés tampoco acertó al negarse a hablar con la prensa tras el último partido de la selección.

«¿Cuántos Mundiales ha ganado Raúl?» fueron las palabras con las que espetó a un aficionado que le recriminó sobre el desgastado tema en cuestión. Luis hace mal, la prensa se equivoca, Raúl trabaja en Madrid y no dice nada, y el resto de jugadores, los debutantes, los más asiduos, los que dan sus primeros pasos en la selección, se preguntarán si en algún momento se va a jugar al fútbol, ya que sino no entienden que hacen allí.

Estamos metiendo la pata entre todos, cada uno con sus medios y en base a sus intereses o creencias de lo que es correcto o no, pero la estamos metiendo de todos modos. Si luego salen las cosas mal no quiero ni saber la que se va a armar. Sea como fuere, Aragonés tiene las horas contadas. Los medios, la presión o los propios jugadores acabarán destronándole. Nos aguarda un trágico final, dependerá de todos aunar fuerzas para amortiguar el golpe o concentrarlas en que el nuestro sea más fuerte que el que recibamos del contrario. Sea como fuere va a ser triste y patético, después de tanta parafernalia...

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