Por José Bidea, hace 1 año

¿Nos aburre la Liga?

Aficionado De FutbolCuando los dos grandes de nuestra Liga no juegan ni a canicas al saltar al terreno de juego algo deberíamos preocuparnos. Sin embargo, la plaga que afecta a nuestro fútbol no esta acomodada tan sólo en Madrid y Barcelona, uno que depende demasiado de quien coga ese día la batuta del partido, y de la alarmante falta de profundidad de sus cracks. El Villareal venció en  un partidazo la pasada jornada al hasta entonces invicto y todopoderoso FC. Barcelona, pero esta nueva jornada, ese mismo equipo, ha sucumbido por 4 a 1 frente al Zaragoza, un equipo que tampoco acaba de despegar.

La destitución de Quique Sánchez Flores también carga de simbolismo el estado del conjunto que entrenaba. El Valencia aburre allá donde va, y su apuesta, tan defensiva, empieza a caerse por su propio peso ya que hasta los jugadores chés parecían aburridos de seguir obedeciendo a su antipático míster.

Tiempos revueltos en Sevilla. La espantada de Juan de Ramos, el verano repleto de jugadores presionando por irse, y el mal comienzo de campaña, pese a tratarse del equipo revelación en Europa la pasada campaña, han sembrado dudas. ¿Seguiré el Sevilla al nivel del año pasado, o le pasará factura jugar la Champions League y la presión de tener justo detrás la mejor campaña de su historia?

El Atlético Madrid, bueno, que decir sobre este equipo. Parece que siempre esta áhí, al acecho, pero nunca termina de adelantar a Barcelona ni Real Madrid. Esta temporada esta siendo efectivo pero no mucho más. Esta jornada el colista de la Liga estuvo a punto de empatarle.

La zona media y baja de la tabla tampoco tiene mucho de lo que presumir. ¿Vieron el Athletic de Bilbao-Betis del sábado? Podríamos nombrar al Espanyol o al Mallorca como ejemplos de trabajo bien hecho. Ambos equipos están jugando medianamente bien a fútbol, dentro de sus posibilidades.

Lo que quiero decir es que llega el fin de semana, con sus partidos de Liga, sus patrocinadores, sus millones de euros invertidos, sus sueldos exorbitantes, el famoseo, el despliege de medios de comunicación, las declaraciones previas y posteriores a los partidos, y tan sólo vemos fútbol mediocre. ¿para qué tanto depliege? Si el resultado casi nunca nos satisface. ¿Cuántos partidos buenos, entretenidos, hay a lo largo de cada jornada? ¿Y a lo largo de la temporada? ¿Cuantas «castañas» nos tragamos? Todos los equipos quieren ganar, pero ¿cuantos desean realmente jugar bien a fútbol?

Por Ignacio Ampudia, hace 1 año

Sánchez Flores se queda en la calle

Quique Sanchez Flores Durante Partido ValenciaHay cosas en el fútbol que parecen inexplicables, o al menos incomprensibles para el público profano. La destitución de Quique Sánchez Flores es una de esas cosas porque nada parece indicar que el equipo se encuentre en una situación crítica. Marcha cuarto en la Liga con 18 puntos, a cuatro del líder, el Real Madrid, y tercero en el grupo B de la Champions League, a un solo punto del Rosenborg, segundo, o lo que es lo mismo, a un único punto del pasaporte directo a los octavos de final de la máxima competición continental. Sin embargo en el aspecto estadístico los números no parecen los habituales en el equipo del Turia: ha encajado 14 goles en Liga, los mismos que ha marcado. El Valencia contruyó su actual reputación sobre un equipo rocoso, muy bien posicionado en el terreno de juego, muy trabajado tácticamente, muy voluntarioso y esquilmado de grandes nombres.

La proyección del actual Valencia comienza en 1998 con la llegada de Claudio Ranieri al banquillo y la conquista de la Copa del Rey y la Supercopa de España un año después. El italiano fue sustituido por Héctor Cúper que condujo al club al escalón más alto de toda su historia al disputar dos finales consecutivas de la Champions League y no ganar ninguna. En ambas fueron derrotados por el Real Madrid y por el Bayern de Munich. Desde entonces todas las temporadas se escucha en boca de alguien vinculado al club que la Copa de Europa debe algo al Valencia. Con la llegada de Jaime Ortí,el nuevo presidente, llegó un nuevo entrenador. Un desconocido Rafa Benítez, curtido en la escuela de Chamartín, se hacía cargo del banquillo y con su siempre discutida política de rotaciones (que en la actualidad mantiene en el Liverpool) llevó al equipo a la conquista de la quinta Liga de la historia del club en 2002. Parece que el esfuerzo de aquella campaña pasó factura al conjunto que facturó una más que discreta temporada 2002/2003. La explosión fue en la siguente temporada, 2003/2004, en la que el Valencia ganó la Liga, la Copa de la UEFA y la Supercopa de Europa. Benítez emigró a Inglaterra y llegó Quique Sánchez Flores con la misión de devolver al equipo a los puestos de Copa de Europa.

Con Quique el Valencia no ha ganado nada. Simplemente el cuarto puesto en la anterior campaña y la eliminación en cuartos de final de la Champions League a manos del Chelsea. Dejando a un lado consideraciones meramente deportivas, el despido de Quique parece responder a motivaciones más profundas que las expuestas por el siempre hilarante presidente de la entidad Juan Soler. Según los medios por todos es sabido que la relación de Quique con su entorno no ha sido del todo buena a lo largo de estos años, pero parecía que la fulminante destitución de Carboni, ese futbolista metido a capo de vestuario, consolidaría la posición del entrenador. Parece que no era más que un espejismo, porque ni Quique se lleva bien con las vacas sagradas del equipo, ni con el presidente, ni con la afición, ni con el director deportivo, ni con el utillero, ni con Villa, ni con Cañizares, ni con sus ayudantes, ni con el de seguridad de Paterna. En definitiva, que Quique es un tipo grisáceo con el carácter avinagrado que se ha encerrado en su despacho esperando que pase el tiempo para que alguien le dé la razón. Esta es la imágen que se vende del entrenador y de las interioridades del club.

La verdad es que ni siquiera resulta interesante conocer los detalles de las supuestas enemistades y luchas de egos del club ché. A mí por lo menos no. No creo que ahí estén las respuestas. A Quique lo ha defenestrado la afición, la prensa y el presidente. Los primeros porque parece que después de casi una década de fútbol musculoso y aburrido en Mestalla reclaman una cierta mejora estética que haga de los domingos por la tarde un rato plácido. La reivindicación parece bastante razonable y justificada, mucho más viendo que el medio campo creador está basado en Marchena y Albelda. La prensa, a pesar de mantener buenas relaciones con el entrenador, tiene que hacerse eco del «Quique vete ya» y como todo apuntaba a que esta temporada sería igual que todas las demás, lo mejor era propiciar un cambio. El guante fue cogido por Soler que, a las cuatro de la madrugada de hoy, comunicaba el despido de Quique. Ahora se barajan grandes nombres para el banquillo: Mourinho o Lippi, dos entrenadores mundialmente conocidos por su querencia por el fútbol vistoso y alegre. Así que parece que todo seguirá igual por Valencia porque si la Champions tiene una deuda con el Valencia, éstos la tienen con el fútbol, y hasta que no decidan pagarla seguirán disfrutando de las siestas de domingo en la grada de Mestalla.   

Por José Bidea, hace 1 año

El Bernabeu ya tiene nuevo ídolo

RobinhoComo ya sucediese con Sneijder al principio de temporada, la afición y la prensa se han encargado de encontrar otro nuevo ídolo que esconda la mala imagen del equipo. A falta de fútbol, tenemos cracks, parece ser la fórmula suscrita por los más conformistas. Sin duda las cosas marchan mejor que la pasada campaña con Capello al frente. Pero sigue pareciéndome extraño que un jugador como Robinho, que parece necesitar de espacios para demostrar su habilidad en carrera no cuajase en el sistema del italiano, tan cerrado abajo y tan tendente a jugar al contraataque.

El Bernabeu es un campo en el que un niño como Robinho se esta haciendo hombre. Puede ser esta un arma de doble filo. Es decir, ¿le conviene subir como la espuma cuando las cosas le salen bien y ser cabeza de turco cuando nadie juega a nada?

Esa normativa establecida de ascender y descender a algunos jugadores a categorías de ídolos en cuanto hacen un buen partido sólo funciona con verdaderas estrellas mundialmente reconocidas y que han demostrado su talento en ligas de primer orden, o en el caso de Iker Casillas, de cuyo pedestal nadie puede bajarle.

Dentro de tres semanas, al igual que le ocurrió a Sneijder, a Raúl (que venía jugando muy bien y se vino abajo de buenas a primeras), o incluso a Cannavaro cuando llegó como flamante fichaje al haber sido el defensa del Mundial de Alemania, a medida que las cosas transcurran, podremos ver si Robinho es el jugador que la afición del Real Madrid estaba esperando o no.

Es exagerado la coba que a muchos jugadores, especialmente de los grandes equipos, se les da tras realizar un buen partido. Un «Gran Jugador», con letras mayúsculas, tarda tiempo en formarse, paciencia, trabajo y una cabeza bien amueblada. No sé si el joven extremo brasileño cumple todas las características necesarias para erigirse en un grande de nuestro fútbol, pero lo que si sé es que «Fortuna que se canta... se la lleva el viento». Mas nos valdría tener los pies cerca del suelo antes que ponernos a lanzar campanas al vuelo, no vaya a ser que esas mismas terminen, al final de temporada, doblando por quién nosotros idolatramos.

Por Ignacio Ampudia, hace 1 año

Robinho pone en pie al Bernabéu

Robinho Celebra Tercer GolDe villano a héroe. Así ha sido la historia de Robinho esta noche en el Bernabéu. Desde que llegó al Real Madrid en agosto de 2005, el brasileño ha intercalado algunas actuaciones de mérito con una constante displicencia que le ha proporcionado una relación compleja con el público madridista. Todavía se sostiene que está aprendiendo, que le queda tiempo para mejorar, que ya explotará... Florentino Pérez lo vendió como el jugador que haría que olvidásemos a Zidane en la próxima década. Seguramente exageró. Por razones evidentes.

El partido empezó revolucionado con el gol de Raúl (y ya van 59 en la Copa de Europa) en el segundo minuto de juego tras un error en el medio campo griego que aprovechó Robinho para dar un pase adelantado a van Nistelrooy. El rebote lo atrapó el gran capitán para, al primer toque, marcar a puerta vacía. Se vaticinaba un partido cómodo, una de esas noches europeas en las que el Madrid demuestra de qué es capaz. Y, efectivamente, lo demostró, pero no como todo el mundo esperaba. Cinco minutos después del primer gol una internada de Djordjevic por la banda de Salgado significaba el empate de Galletti. No se habían cumplido diez minutos y todo estaba como al principio. En el minuto 13 Torosidis agarró a van Nistelrooy cuando éste encaraba puerta y fue expulsado. Con uno menos, el Madrid respiró. A partir de la expulsión, el partido fue un monólogo madridista que mostró de nuevo que la imaginación no siempre se encuentra entre sus registros.

Se esperaba una segunda parte calcada a la primera: asedio del Madrid. Sin embargo, en un nuevo desajuste defensivo en un saque de falta lateral, Julio César adelantaba al Olympiacos. ¿Quién había fallado en la marca?. No se sabe o al menos cuando los equipos encajan goles de este tipo todos los jugadores se miran en busca de un culpable, pero nunca aparece. «Toda la semana entranando lo mismo y nos la hacen». Al menos yo lo pensaría. En este caso parece que Guti fue el despistado. Con el marcador en contra el Madrid debía gestionar un partido incómodo. En primer lugar porque hubiese resultado bastante insultante perder contra el Olympiacos jugando con uno más; en segundo lugar, porque la clasificación para octavos se hubiese complicado más de lo debido y en tercer lugar porque el aluvión de críticas habría sido formidable.

El Bernabéu es un campo peculiar. Cuando se juega no se escucha nada, como si de un teatro se tratase. Pero si no se juega, el juicio es implacable. El Madrid perdía y no parecía conocer el método para remontar. En esa situación la bola pesa y Robinho parecía el menos idóneo para asumir la responsabilidad. Le llovían los pitos y su sustitución se antojaba imprescindible. Pero Schuster fue valiente retirando a Salgado, que había tenido una participación bastante mediocre, y metiendo a Higuaín. En ese momento Robinho entendió que la suerte estaba echada y que era el mejor momento para reivindicarse después de una semana turbulenta por los retrasos de aviones, las fiestas y las multas.

Comenzó a pedirla, a intentar el desborde y a asociarse con los demás. Se intuía el peligro y el público lo reconocía. En un exquisito pase de Guti a Ramos, llegó el empate de cabeza. ¿De quién?. De Robinho. El Bernabéu estalló. Y como el empate no servía absolutamente para nada, el Madrid siguió empotrando al Olympiacos en su área. Robinho lo seguía intentando y tras una serie de bicicletas que normalmente le hubieran conducido a quedarse sin ángulo, arrancó un penalti que van Nistelrooy falló incomprensiblemente. El empate se mantuvo hasta el minuto 82. De nuevo Robinho, tras asistencia del holandés, marcaba el tercero. Definitivamente ya todo el mundo adoraba al brasileño. Pero no hubiese sido un partido completo del Madrid sin la intervención clásica de Casillas a remate de Kovacevic que salvó dos puntos en el descuento. En la contra Balboa remataba el 4-2.

El Madrid se complicó la vida de una manera absurda, principalmente por los errores defensivos. Sin embargo este Madrid, aunque aun no funcione como Schuster y la afición (y seguramente los jugadores) quieren, tiene una propuesta futbolística evidente y, por qué no decirlo, mucho más atractiva que la del año pasado. Hay quien sostiene que el Madrid de Capello no jugaba a nada. No es cierto. Jugaba a Capello, que aunque no se crea, tiene una idea muy clara del fútbol. Pero la oscuridad ya pasó. Ahora toca alegría y brillantez, y esa idea tiene que incorporar necesariamente a Robinho, que empezó como el malo y acabó como el guapo. Cosas del fútbol.

Por José Bidea, hace 1 año

La Premier League cobra atractivo

GerrardNo es que no lo tuviese, es sólo que tras esta última jornada en la cual los siete primeros clasificados han logrado la victoria, dejando las cosas como estaban, los partidos que depara la undécima jornada se presentan verdaderamente aun más atractivos de lo que son en realidad.

El líder, el Arsenal de Cesc Fábregas, visita el teatro de los sueños en el que Fernando Torres interpreta a un joven con estilo a la picaresca española una vez cada dos semanas. Sigue invicto el equipo de Wegner en Liga, Copa o Champions, queda por ver si el temible «You will never walk alone» logrará poner nervioso al joven equipo de los cañoneros. Por si fuera poco todo esto, tenemos en la reserva el pequeño escándalo del arbitraje que favoreció al Liverpool la pasada jornada y el castigo impuesto al árbitro por sus errores. Además, no debemos olvidar la goleada encajada por los diablos rojos el año pasado en Copa (3-6) por el equipo en que militaba entonces Baptista. No llega a ser tan morboso como la carrera de fórmula 1 del otro día, pero se presenta intrigante conocer como será el acontecer de los hechos.

También podremos disfrutar de otro gran partido en Stamford Bridge, en donde el Chelsea, zanjadas las polémicas surgidas tras el cambio de entrenador, recibe al equipo revelación de la Premier, el Manchester City. Viejos conocidos de nuestra Liga, como Petrov o Jabi Garrido, tratarán de demostrar por qué siguen terceros en la tabla frente a un Chelsea demasiado acostumbrado en las últimas temporadas a estar arriba como para dejar de hacerlo ahora. Queda por saber si el orden defensivo y la sobriedad al toque corto y rápido del equipo de Eriksson serán suficientes para doblegar al equipo de Drogba o Lampard.

Los grandes beneficiados de estos encuentros pueden ser el Manchester United, que se enfrenta al Middlesbrough, décimo séptimo clasificado. Una victoria dejaría a los de Ferguson primeros de nuevo en la tabla, si el Liverpool lograse doblegar al Arsenal, si fuese al revés, dejarían al conjunto que dirige Rafa Benítez a siete puntos, complicándole sus aspiraciones al título de Liga. También el Portsmouth y el Blackburn, de lograr una victoria frente a equipos peor posicionados que ellos en la tabla, podrían aprovechar estos enfrentamientos para estrechar la distancia con los equipos de arriba. Aunque, en el fútbol, ya saben que cualquier cosa puede pasar.

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