Por José Bidea, hace 8 meses y 18 días

Thierry Henry pide «paciencia»

TitiHa sido Thierry Henry el primer jugador del Barcelona en dar la cara tras el aburrido empate del domingo frente al Racing de Santander. El delantero francés ha sido tajante: «Quien quiera ver a los 'Cuatro Fantásticos' que vaya al cine», haciendo referencia al apodo con el que les ha bautizado la prensa española este verano.

Pide paciencia el genial ex del Arsenal, sin embargo no se hace a la idea de la que se avecina. No sabe que en este país un técnico no es capaz de durar al frente de un club mucho tiempo, cuando lo hace, seamos francos, resulta algo excepcional. Qué vamos a decir de la cantidad de años que llevan al frente de sus respectivos equipos Sir Alex Ferguson , llegó al Manchester en 1986, o el propio Arsene Wegner, quien lleva once años al frente del club de Londres.

En la Liga española no dejamos trabajar. En primer lugar falta confianza. En cuanto algo va mal empezamos a buscar culpables con el fin de presionar lo suficiente como para que rueden cabezas. Los técnicos no tienen tanto poder aquí como en el país anglosajón, pregúntenle a Benítez, ni siquiera se les respeta de la misma manera.

La diferencia radica en el concepto futbolístico de cada país. No hablo de la forma de jugar, aspecto en el cual también suelen superarnos, no en vano el fútbol inglés es el mejor valorado a nivel mundial; si no en la idea que surge como propósito inicial al comenzar a funcionar un equipo. Presidentes, dueños millonarios de nacionalidades exóticas o frías, da lo mismo, el que manda sobre la organización del equipo es el manager, aquí preferimos llamarlo entrenador, como si se limitase a mandarles correr, chutar y pasar para estar en forma el domingo. Esta soberanía del míster implica una confianza plena en el proyecto personal de una persona, sin inmiscuirse en su trabajo y dando tiempo a que este fructifique.

Otra diferencia sustancial puede apreciarse durante el partido, en la actitud de los managers. Tal vez sean imaginaciones mías, llega un punto en el cual uno no sabe cuando ve y cuando sueña despierto, pero ¿no dan menos instrucciones a sus jugadores durante los partidos? El otro día, tanto Wegner como Eriksson (La 2 de TVE: Arsenal-Manchester City) permanecían sentados y se levantaban de vez en cuando a correguir cosas pero no los veías como se les suele ver aquí: pisando el terreno de juego, chillando por encima de la afición, gesticulando como poseídos por fuerzas extrañas. ¿Recuerdan la camisa de Camacho?

Pero ¿a qué se deberá esta actitud eminentemenete más pasiva durante el desarrollo de los partidos?. Yo creo que el motivo por el cual los entrenadores no tratan a sus futbolistas como si fueran tontos, diciéndoles qué hacer, qué no hacer y cómo hacerlo, es una cuestión de respeto, en primer lugar, y de confianza en el segundo. Es decir, se invierten millones de euros en un proyecto, se entrena toda la semana, se preparan partidos durante horas con vídeos, y es durante los 90 minutos en los cuales se pone en práctica lo entrenado el momento de decirles a los jugadores que hay que hacer. Quizás un futbolista no sea muy listo, pero puedo asegurarles que tampoco son tontos. Ese trato futbolista-entrenador es, con un estrecho margen de error, una de las diferencias más sustanciales entre dos de las ligas más importantes del mundo. Nos falta lo que Henry pide a la afición culé: confianza. Ya veremos si se la dan.

Por José Bidea, hace 8 meses y 20 días

La temporada de Raúl González Blanco

Raul Gonzalez BlancoHace más de diez años que Raúl González Blanco debutó en liga con el Real Madrid. Fue, curiosamente, en un enfrentamiento contra el Atlético de Madrid, equipo al que ha vuelto a endosar un gol este fin de semana en lo que fué el partido más interesante que nos dejó la primera jornada de la temporada 2007-2008. Como he dicho, han pasado muchos años desde aquel prometedor debút del que es hoy un símbolo para todo el madridismo y, al leer las palabras de Saviola, se me ha ocurrido escribir algo acerca de este ídolo.

Se ha discutido acerca de si nuestro protagonista merecía o no el Balón de Oro, nunca se lo dieron, por lo tanto, debemos suponer que no se lo ganó. Personalmente me parece que Raúl no reúne las características necesarias para convertirse en Balón de Oro. Le falta ese empujón técnico, si bien no es torpe con el balón en los pies, ese disparo potente o bien colocado que caracteriza a otros galardonados, o tal vez todo sea cuestión del porte a la hora de conducir el esférico por la cancha. Sea como fuere, desde mi punto de vista no lo merecía.

Ahora bien, un jugador de fútbol que desde los 18 añitos compite en la máxima categoría del fútbol internacional, Liga de Campeones, Liga Española, Copa del Rey, Supercopa o Copa Intercontinental. Ha jugado junto a algunos de los mejores jugadores de los últimos años: Roberto Carlos, Zinedine Zidane, Luis Figo, Fernando Redondo... y me dejo muchos, la lista es interminable. Y por si fuera poco ha ganado títulos como pocos jugadores han conquistado.

Ahora tiene treinta años y se notan las, como solía decir un antiguo jefe mío, «horas de vuelo». Si algo ha caracterizado siempre a Raúl ha sido su inteligencia, su aportación al equipo y su ofrecimiento, algo que, no entiendo aún porque, no suele verse demasiado en un campo de fútbol. Estas cualidades, combinadas con todo lo vivido pueden convertir a Raúl en uno de los jugadores más importantes de este campeonato que arranca. Es sin lugar a dudas el capitán más experimentado de la liga, y este año, con un entrenador cuya idea de partido favorece el tipo de juego del 7 blanco, rodeado de una plantilla joven y desterrados los problemas del vestuario blanco, podría, no consolidarse, ya que esta plenamente consolidado, pero sí aportar al Madrid un aire más inteligente en su trato de balón y trasmitir un entusiasmo a sus compañeros que convierten al Madrid en el aspirante con más opciones de ganar este campeonato. Siempre y cuando, el Barca de los Fantásticos se lo permita.

Por José Bidea, hace 8 meses y 21 días

Arsenal 1-0 Manchester City

Cesc FabregasBonita tarde de fútbol la que se vivió ayer en Emirates Stadium. Gracias a dios las televisiones públicas (La 2) de vez en cuando se portan con los aficionados al fútbol y nos deleitan con un buen partido.

Ayer visitaba a los Gunners el equipo dirigido por el ex seleccionador de Inglaterra Sven-Goran Ericsson. El Manchester City había resultado, hasta ayer, un equipo duro de roer. Había cosechado tres victorias en tres partidos y no había encajado ni un solo gol en lo que iba de campeonato. Anecdótica la representación española de Jabi Garrido en el equipo inglés.

Enfrente, el Arsenal de Arsene Wegner. La pérdida de Henry parecía representar la caída de un proyecto joven, dinámico, cuidadoso y ordenado, que giraba alrededor del francés. La incertidumbre sobre este nuevo Arsenal ha quedado, no obstante, despejada.

Desde el principio el Manchester City demostró el porque la clasificación hacia justicia a su juego. Un equipo ordenado, consciente de la superioridad del rival pero sabedor del orden defensivo y la capacidad de contraataque de sus filas. Así el Arsenal tardó en crear peligro mientras el City arrancó algún «uy» de una afición un tanto inquieta. Van Persie, Hleb y Rosicky encontraban problemas para hacer llegar el balón a Cesc Fábregas, nuevo valuarte del equipo. El Manchester aprovechaba la falta de jugadores en campo de los Gunners para arrancar en la salida y enviar balones a Petrov, quién en dos ocasiones se equivocó enviando el balón fuera, aunque cerca de la portería defendida por Almunia.

Fue en la segunda parte cuando el Arsenal comenzó a tocar el balón con más velocidad. El Manchester ya no tenía tanto el balón, le costaba más robarlo y cada vez sus líneas se retrasaban más. La mejor ocasión llegaría a merced de un penalti que el vástago de Schmeichel detuvo a un Van Persie que, puso voluntad, pero la suerte no le respondió en la tarde de ayer. La sombra del empate sobrevolaba en la mente de los espectadores. Este City parecía estar en buena forma y no terminaba de perder la compostura por más que se le tratase de intimidar. Sería en el minuto 80 cuando Fábregas, ayudado de su pierna derecha, colocase el balón en el único punto de la portería en el que, por fin, el hijo de quien fue uno de los mejores del mundo en sus años, no llegase a pararlo.

Finalizó el partido con un corner que a punto estuvo el portero rival de convertir en gol, sin embargo Almunia, muy seguro durante todo el partido, detuvo con la seguridad que tanto echaban de menos en la portería de los Gunners tras los errores de principio de temporada del ayer suplente Jens Lehmann.

El partido deja a ambos equipos en la parte alta de la tabla. Dando a entender que ambos aspiran a algo, si les dejan los otros grandes del fútbol inglés. Se extrae también de este choque la figura del joven Fábregas. Cada vez que el balón pasa por sus pies le da un toque diferente al juego del equipo. Si a los 20 añitos este jugador demuestra esa madurez, espero vivir unos cuantos años más, por lo menos hasta que se retire.

Tenemos enfrente a uno de los mejores futbolistas que ha dado España en los últimos años.

Por José Bidea, hace 8 meses y 22 días

Comienza la Liga

David VillaComienza la Liga. Una Liga curiosa, en la que los papeles asignados en la etapa de Florentino Pérez han sido intercambiados entre los dos grandes de nuestro fútbol. Hoy es el F.C. Barcelona el equipo de estrellas mundialmente reconocidas, mientras el Real Madrid ha dejado atrás la época de «Zidanes y Pavones» para comenzar una nueva filosofía que aún no está del todo definida en sus objetivos, pero sí en sus formas: «fichar todo lo que se deje fichar».

El Sevilla es el equipo de la ilusión. El que puede realmente dar la campanada ganando la Liga y aspirando a todo en Europa, no en vano su banquillo, como bien demostró la campaña pasada, es el más eficiente de la Primera División, y nada hace pensar que este año no vaya a repetir.

En Valencia no saben a que atenerse aún. Sin duda, el equipo apuesta por la continuidad, con matices, que le ayuden a escalar posiciones con respecto a la pasada campaña. La marcha de Carboni quizás sirva para que Quique Sánchez Flores se centre en el equipo y no en sus épicas batallas personales.

En el otro equipo de Madrid, el Atlético, tienen dos elementos importantísimos que marcarán la campaña de Liga. Por un lado la marcha del niño y la venida de Forlán, por otro la continuidad de Aguirre como técnico colchonero. De la capacidad del delantero uruguayo para hacer olvidar al inolvidable, y del arte del «vasco» para seguir haciendo progresar al equipo, dependen en gran medida las opciones de un equipo que lleva demasiado tiempo ilusionando sobre el papel sin deslumbrar luego sobre el campo.

El Deportivo, tras dos campañas de transición, debe decidir cual es su papel en esta liga. Lo aprendido en estas dos campañas anteriores por sus jóvenes promesas y lo que puedan aportar los nuevos fichajes determinarán en gran parte la trayectoria de un equipo que nadie sabe aún a que aspira.

Zaragoza y Villareal parecen querer mantener la trayectoria de la temporada anterior. Salvo algunas novedades y algunas ausencias, ambos conjuntos mantienen bloque y entrenador. Sin embargo, las bajas de Milito y Forlán podría pasarles factura, aunque nada hace pensar un retroceso en el bonito juego con el que acabaron la pasada campaña.

Ahora bien, el resto de equipos resultan, a mis ojos una incógnita. Quizás la culpa sea por leer la prensa deportiva de nuestro país, la cual guarda demasiados parecidos con el sistema político del país: bipartidista. ¿A qué jugará el Racing que lucha «por la permanencia»? ¿Se ha reforzado efectivamente el Betis tanto como la gente cree? ¿Le servirá de algo la limpieza al decano de nuestro fútbol o debería haber apostado por la continuidad de los que tantas alegrías ofrecieron el pasado ejercicio? ¿Ayudará a Osasuna no jugar en Europa esta temporada para hacer las cosas mejor en la liga? Y finalmente, ¿descenderá de una vez por todas el Athletic de Bilbao esta temporada?

Demasiadas preguntas sin respuesta. Sólo el tiempo, los resultados, los árbitros y la falta de imparcialidad de nuestra prensa y afición lo dirán. ¡Que empiece el espectáculo señores!.

Por José Bidea, hace 8 meses y 22 días

Robben, primera promesa electoral de Ramón Calderón

Ramon Calderon1Uno se pregunta que ocurriría si trasladásemos la situación de Ramón Calderón en el terreno de promesas deportivas, a lo que es política en palabras mayúsculas. ¿Se imaginan un político que necesitase dos años para cumplir, por fin, una de sus promesas tras múltiples y fallidos intentos?

Sin embargo, y pese al relativismo que reina en estos tiempos, el fútbol es una materia mucho menos trascendente que la política. Uno puede prometer, jurar, conjurar e incluso asegurar, sin ninguna base sólida, lo que le venga en la real gana. Ventajas de trabajar en algo que, en el fondo, sólo es entretenimiento para casi todos y negocio redondo para unos pocos. Ahora bien, no olvidemos que el Real Madrid es un señor club. Por consiguiente debiera estar presidido por un señor, que se rodee de otros señores, dispuesto a cumplir el papel de presidente, y no de mono de feria, hablando lo justo (todos recordamos las declaraciones del año pasado en las que acusaba a los jugadores incluso de no tener estudios), limitando su parcela de trabajo a lo puramente administrativo y representativo y ayudando a que el equipo tenga todas las facilidades del mundo para limitarse a jugar a fútbol.

El fichaje de Mijatovic (quien me recuerda enormemente a uno de los mafiosos de los Simpson), a modo de ídolo y valuarte del comienzo glorioso del final del siglo pasado, no fue más que la recuperación de una vieja y querida gloria que aun no ha cosechado ningún triunfo digno de mención en su terreno de trabajo.

El tiempo lo dirá, pero hasta el momento, Ramón Calderón, ha resultado ser un hombre prisionero de si mismo e incapaz de liberarse de su propia estulticia. La realidad parece escaparse, como una amante esquiva, a su inocente y confiada percepción. El despido de Capello puede haber sido la mejor decisión adoptada hasta el momento. ¿Esperanzas? Bueno, las justas.

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