Raul y Luis montan su numerito
Al margen de las decisiones del seleccionador español a la hora de formar conjunto nacional para enfrentarse a otros combinados, en donde el siete blanco no ha salido bien parado desde la derrota en Belfast, Luis Aragones es quien más ha apoyado a Raúl González Blanco en la guerra mediática que enciende las iras de los incondicionales del jugador madridista. Sus declaraciones nunca, o casi nunca, han estado a la altura de su cargo, se puede saber mucho de fútbol, aunque algunos no concedan esta cualidad al seleccionador, pero poco sobre cuestiones humanas, mediáticas o de persuasión de masas. Es el caso de Aragones insinuando a Reyes su superioridad sobre «el negro ese», o su repentino acceso de ira al interpelar a un aficionado delante de las cámaras: «¿Qué ha ganado Raúl?»
Ayer seleccionador y jugador ofrecieron una rueda de prensa, pero más bien pareció otra batalla mal aprovechada por el sabio de hortaliza para quedar por debajo del fantasma que lo persigue al coincidir en la misma mesa y reaccionar suspicazmente cuando la otra parte sólo quería «ayudar». Ya no sé qué creer, ¿será otra estrategia o realmente a toda esa gente que cobra millones de euros por temporada, tiene la vida resuelta, es famosa y popular, le importa tanto la selección española como a la afición? No insinuó que por el hecho de ser rico las cosas resbalen más fácilmente, pero creo que guarda cierta relación en el mundo del fútbol por las circunstancias de los futbolistas, que reniegan de todo (excepto de las fiestas por la noche) para llegar a ser alguien en este mundillo, salvando las excepciones.
Parece que Luis y Raúl han olvidado lo que es la selección, al circo que montaron ayer me remito. Negando, que no desmontando, todas las hipótesis montadas por la prensa desde el último mundial, sacrificándose por un bien mayor, que es la selección y su posible gloria de ganar la Eurocopa este verano, ambos han firmado las paces con un apretón de manos ante la prensa.
«Aquí no pasa nada» parecen decirnos con sus sonrisas y sus actitudes, dejando la puerta abierta para los más espabilados a la insinuación de que la culpa es de la prensa, y, ciertamente, mucho han contribuido los sensacionalistas medios deportivos en esta guerra. Sin embargo, nada quedó aclarado ayer, salvo que hay un problema, y ninguno quiere hablar de él.
Otro numerito para la opinión pública, que en realidad sólo es un juego de palabras para dar nombre a algo tan absurdo como los descontentos de la gente que los protagonistas creen tener la obligación de aplacar por el bien de todos, no en vano ellos son los que mandan en este mundillo, ya era hora de que hicieran algo ¿O no?