Por José Bidea, hace 5 meses y 5 días

Holanda se da un homenaje

Ruud Van NistelrooyImpresionante homenaje al fútbol el que nos permitieron disfrutar en la noche de ayer Holanda y Francia. Un partido que mostró todos los aspectos que engrandecen este deporte, los cuales despertaban ese sentimiento de grandilocuencia en los espectadores enterrados por una temporada mediocre del fútbol español. Las ocasiones de gol se sucedían, las sutilezas, la picardía, la nobleza, el tesón y la lucha encontraron su papel en el escenario. Pero sobre todo, dos estilos propios chocaron sobre el verde césped del rectangular estadio de la ciudad de Berna; El holandés, con su juego de toque y control, y el francés, en donde el orden defensivo inicial dejó paso a una arriesgada apuesta por el ataque basada en la calidad de Ribery que degeneró en la goleada que finalmente encajó la actual subcampeona del Mundo.

La Oranje fue más rápida. Los pupilos de Van Basten se adelantaron a los cinco minutos en la primera oportunidad clara de la que disponían por medio de Kuyt a remate de córner. Francia se hundía  ligeramente y parecía chocar continuamente con la muralla anaranjada que suponían Boulahrouz, Ooijer, Gio y Mathijsen. Holanda dominaba, e impuso su ritmo al partido durante los primeros 30 minutos. Pero Francia se recompuso. Tirada por un gran Ribery, un entregado Henry y un acrobático Malouda, los franceses se sacudían el yugo tulipán y gozaban de las mejores oportunidades del partido marchándose al descanso con las manos vacías.

El ímpetu con el que Domenech había arengado a sus jugadores para saltar al campo nada más comenzar el choque comenzaba a mostrar las primeras mellas en su armadura. Francia había sido incapaz de remontar a una selección holandesa que parecía comprender en todas sus facetas el concepto de colectividad futbolística, combinando en su justa medida esfuerzo, sacrifico, compañerismo y entrega; Todo un lujo para la vista.

La segunda parte se escribía con Francia volcada. Robben saltaba al terreno de juego en sustitución de Engelaar y pronto lo acompañaría Van Persie por Van Der Vaart. Van Basten guiñaba un ojo a Domenech: «Este partido se va a ganar por las bandas y al contraataque».

Con la selección gala volcada en la portería tulipán, el gol parecía que terminaría cayendo del lado francés. El árbitro no pitaba un penalti claro por mano dentro del área holandesa. Poco después el delantero del Barca fallaba sólo frente a Van Der Sar, enviando el balón incomprensiblemente por encima de la portería y dejando constancia de que su estado de forma no es el mismo que el de aquel grandísimo jugador que deslumbró en Londres a las órdenes de Arsene Wegner. Sin embargo, parecía cuestión de tiempo que el empate terminase subiendo al marcador. Pero así es el fútbol. Holanda había sabido esperar, y cuando más apretaba Francia, Van Persie hacía el segundo gracias a una soberbia combinación desde la banda izquierda que habilitaba a Robben para servir en bandeja de plata al delantero de los Gunners.

A partir de ahí el partido se abrió y las ocasiones se sucedieron en las dos áreas. Francia no tardó en recortar distancias y dar vida así al partido por medio de Henry, pero Robben sorprendía a todos con un gol que parecía imposible y dejaba constancia de porqué Coupet no puede compararse con el guardameta titular del Manchester United.

Sneijder ponía la puntilla con el cuarto gol y Francia entera caía derrotada a los pies de un Van Basten que parece haber recuperado la fórmula que un día propicio el bautizó de la selección de su país como «La Naranja Mecánica». Resguardada por una defensa sólida y trabajadora, un portero de garantías, un centro del campo capaz, tanto de marear a Gatusso y Makelelé, como de pegarse con ellos por el balón, unos extremos jóvenes y descarados, y un punta de ensueño (Van Nistelrooy parece poseer el don de la inteligencia futbolística), la selección holandesa atemoriza a Europa y muestra sus credenciales de aspirante al título europeo.

Francia plantó cara durante todo momento pero esta Holanda tiene gol. Su contraataque, basado en la velocidad de sus carrileros y la asombrosa solvencia de su punta, resultó mortal en los momentos decisivos. El grupo de la muerte prepara las lápidas de Francia e Italia, las favoritas al comienzo del campeonato en todas las apuestas. Holanda ha demostrado que los sistemas basados en la veteranía y el orden pueden ser superados con magia, inteligencia y una pequeña dosis de ilusión.

Por Ernesto López, hace 5 meses y 6 días

Nadal, la grandeza de un deportista

Nadal2He querido que pasasen los días para hablar de lo ocurrido el pasado domingo sobre la arena de la Philippe Chatrier. No me voy a centrar en el partido. Todos los comentarios están hechos. Es demasiado fácil realizar la crónica del partido y anticipar los mejores adjetivos al nombre de Nadal. Los periódicos han tenido el titular perfecto: Nadal masacra a Federer, lo destroza, Nadal Garros, El rey de la tierra, etc...

Me voy a centrar en todo lo que ocurrió después del partido.

Domingo, 8 de Junio de 2008, sobre las 5 de la tarde, pista central de Roland Garros. Una bola enviada por el cielo parisino baja a la Philippe Chatrier para que Rafael Nadal realice un smash y gane su cuarto Roland Garros. Inmediatamente se vislumbra una diferencia con los demás triunfos en el torneo francés: la celebración es muy discreta. Levanta los brazos ante el júbilo de los espectadores que abarrotan las gradas, se quita la cinta que le sujeta la melena y se acerca a la red a saludar a su gran contrincante, un abatido Roger Federer.

Acababa de destrozar a su eterno rival. Pero Nadal es grande hasta para saber comportarse en cada momento. Durante todo el partido jugó al 100%, luchó todos y cada uno de los puntos, no regaló ninguno, dibujó su mejor tenis en la arena parisina, pero cuando cruzó el último smash, la deportividad de la que hace gala el tenista mallorquín salió a relucir.

El deporte ganó una gran batalla. Los dos mejores tenistas del momento dieron una lección de deportividad, como cada vez que saltan a una cancha, pero el domingo fue especial. A todos los niños, practiquen el deporte que practiquen, es lo primero que se les debería enseñar. El respeto por el rival es imprescindible en el deporte.

Estamos hartos de ver viciado el mundo del deporte. Doping, trampas, teatro en los estadios, intentos de engaño a los árbitros, falta de compañerismo. Los medios de comunicación, entrenadores, dirigentes y jugadores de deportes varios se pasan la vida cargando contra los árbitros. Es lamentable ver un partido de fútbol, sobre todo, baloncesto o cualquier otro deporte, observando a los jugadores protestar al árbitro continuamente, fingir agresiones que no han existido con el ánimo de que expulsen a su compañero, etc...

Todo el mundo debería aprender una lección del partido del domingo, y no me refiero a la clase de tenis impartida por Nadal. Todo el mundo debería repasarse lo que significa la palabra DEPORTE y lo que ello implica.

Rafael Nadal, desde el pasado domingo, ha dado sentido a esa bella palabra.

Por Ignacio Ampudia, hace 5 meses y 8 días

Uno menos

Banquillo De SuizaCon demasiada rapidez se ha conocido el nombre del primer clasificado para cuartos y del primer eliminado. Portugal y Suiza, respectivamente, han corrido diferentes suertes esta tarde. Los de Scolari han salido del temible empate que cosechaban al final de la primera parte ante la República Checa para acabar imponiéndose por 1-3 con goles de Deco (de rebote, cómo no), Cristiano Ronaldo y Quaresma. La derrota coloca en una comprometida situación a los checos que, a pesar de mantener intactas sus posibilidades, deberán sufrir en la última jornada.

El caso era saber contra quién sufrirá porque tanto suizos como turcos llegaban al segundo encuentro con su casillero de puntos sin estrenar. Parece que se ha sobredimensionado la capacidad de una selección suiza que ha jugado esta competición porque ponía las camas pero que en circunstancias normales no habría llegado ni a la mitad de la tabla de su grupo de clasificación. Los turcos, por otro lado, necesitaban sacudirse la tensión de la gran cita y la presión de tener tras de sí a toda una nación con verdaderas aspiraciones europeas. La Eurocopa es un perfecto escaparate para las comunitarias pretensiones turcas que se había desaprovechado en el duelo ante Portugal.

Los suizos salieron espoleados por su público y aupados a la posibilidad de conseguir algo histórico, pero no pasaron ni diez minutos cuando se volvió a comprobar que Suiza es quizá la selección más floja de todas las concurrentes. Turquía mandaba y buscaba eliminar con eficiencia a su más directo rival en ese momento. Pero un invitado inesperado irrumpió en el juego y todos los roles se giraron completamente. Un tremendo aguacero caía sobre Basilea añadiendo drama y épica al duelo, un duelo a muerte. Con la lluvia y el cesped en malas condiciones los suizos desplegaron su mejor juego lo que no hace más que demostrar el pelaje de este equipo que se adelantaba en el 31' por medio de Yakin, de origen turco, remachando un pase de Derdiyok, también de ascendencia turca.

Los de Nihat no podían creer cómo se les había puesto el partido y por supuesto no podían admitir de ningún modo caer eliminados ante una selección manifiestamente inferior. Por eso la segunda parte consisitó en un monólogo turco contra la defensa suiza que sabía con amarga y sincera certeza que no podría aguantar todo ese tiempo el empuje rival. Tanto fue así que en el 57' Sentürk remataba limpiamente un centro desde la izquierda poniendo el 1-1 que no mataba a ninguno definitivamente pero que los dejaba en una situación muy crítica.

Suiza salió de la cueva con la ayuda de un público al que hubo que pedir en demasiadas ocasiones que animara, lo cual da buena muestra del pelaje de la hinchada helvética. Por medio de contras, cambios de orientación erráticos y más fe que calidad los suizos fueron llegando desordenadamente hasta el área turca e incluso gozaron de un par de buenas ocasiones cuando el partido llegaba a su fin pero finalmente la lógica se impuso y Turquía, no sin algo de fortuna, marcaba el 1-2 definitivo en el 92' tras rebotar el balón en el talón de un defensa en el disparo de Turan. El rostro desencajado del seleccionador suizo era revelador: el organizador estaba eliminado.     

Por Ignacio Ampudia, hace 5 meses y 9 días

Un buen comienzo

Villa Y Cazorla Celebran El TerceroA falta del debut de Grecia y Suecia, todas las selecciones han jugado ya su primer partido en esta Eurocopa 2008, y cómo no entre ellas España. Cuatro lleva más de tres semanas calentando el ambiente haciendo girar su programación en torno a los de Aragonés que han terminado hace unos minutos su encuentro contra Rusia, un partido deseado y esperado, no tanto por el juego sino por comprobar de primera mano cuáles son las posibilidades reales de esta selección. Sin embargo pensar que contra Rusia se podría ver el potencial del equipo suena algo descabellado por diferentes motivos. Si se gana, siempre se puede decir que los rusos no eran los rivales más exigentes. En caso de perder, asco y decepción. Por fortuna se ha ganado.

Formó España de inicio con dos puntas, Torres y Villa, lo que modificaba ligeramente el esquema que venía utilizando Aragonés desde hacía algunos meses aunque el 7 no actuaba como punta puro sino como una suerte de segundo punta que acompañaba a Torres. En la media los pianistas Xavi, Iniesta y Silva y Sena llevando el instrumento. Pronto se vio que Rusia no era para tanto, que ataca con un único punta perdido en la inmensidad de las defensas rivales y que la propuesta de Hiddink es claramente buscar la contra. España comenzó a tocar como era de esperar, demasiado en horizontal, sin búsqueda de la verticalidad. Los rusos se vinieron arriba al cuarto de hora y llegaron a estrellar un par de disparos al palo, uno de ellos después de que el balón se pasease por el área española. Pero en una contra llegaba el primero de España tras una brillante carrera de Torres que habilitaba a Villa para que marcase a puerta vacía en el 20'. Primer grito de euforia.

Rusia notó demasiado el efecto del primer tanto y se desdibujó tanto que desapareció, coyuntura de la que España no supo sacar todo el provecho necesario porque si bien mantuvo la posesión, no tuvo la picardía necesaria para matar definitivamente el encuentro. En un alarde de control total del balón, España marcaba el segundo tras un exquisito pase de Iniesta para Villa que remachaba por debajo de las piernas del meta ruso justo al borde de un descanso que no sentó muy bien a la roja a juzgar por el aturdimiento general de los de Aragonés que perdieron la cara al encuentro. Los rusos comenzaron a creer en sus posibilidades aunque su realidad es dura: no tocan mal, llegan, pero les falta pólvora, un definidor. Por eso seguían atacando sin obtener nada a cambio.

El mazazo casi definitvo llegó en el 74' cuando Villa marcaba el tercero tras demostrar sus trazas de gran delantero. Todo un portento dentro del área. Con el 3-0 la relajación fue creciendo. Quedaba un cuarto de hora y la sensación de que sólo quedaba echar el cierre. Pero esa concepción, supongo que contraria a la idea de Aragonés, les costó algunos disgustos a los españoles que se olvidaron del balón, abusaron de los envíos largos y permitieron un gol estúpido en el 86' tras un desajuste dentro del área a la salida de un corner. No podía faltar la del bombero torero, cómo no. Viejos fantasmas, miedos y prisas que se erradicaron definitivamente cuando Fábregas ponía el 4-1 en el 90' y todo un país volvía a sonreír. Se han sumado los primeros tres puntos, se ha jugado razonablemente bien aunque España ha demostrado que se desenchufa con bastante facilidad. Ante rivales menores, no parece ser algo demasiado determinante, pero cuando esto se ponga más serio, el detalle te elimina. Los partidos no duran 70 minutos.        

Por José Bidea, hace 5 meses y 10 días

La Naranja vuelve a ser «Mecánica»

SneijderPocas ocasiones nos regala el fútbol, a los asiduos a este deporte, a lo largo del año, en las cuales el juego discurra acorde a las expectativas previas al partido. Los protagonistas del extraño suceso de esta noche han sido Holanda e Italia que nos han dejado el que puede ser catalogado ya como «el mejor partido, en cuanto a fútbol se refiere, de lo que va de Eurocopa».

Pero dejemos al margen esta manía persecutoria por escribir titulares y centremos la disertación en el espectáculo. La actual campeona del Mundo recurría a Donadoni para la competición que comenzaba midiéndolos a la Naranja Mecánica dirigida por el mítico Marco Van Basten, ex compañero del italiano en aquel famoso Milán. El resultado favoreció al delantero tulipán y el italiano tendrá que resignarse. Hoy Holanda ha vencido por 3 goles a cero a Italia, lo cual, ya de por sí, es noticia.

Con el reencuentro como anécdota curiosa comenzaba el partido como suelen hacerlo en la Eurocopa: Al despiste. Pasados los diez minutos Holanda parecía estirarse un poco más que su contraria y lograba robar continuamente balones en la media de La Squadra Azzurra que impotente tan sólo encontraba la alternativa de salir corriendo tras los de camiseta anaranjada. Pirlo se encontraba demasiado anulado por el descomunal trabajo de De Jong y Gatusso no parecía la alternativa más idónea para sacar la pelota jugada. Un posible penalti sobre Van Nistelrooy encendía los ánimos de los futbolistas que comenzaban a darse cuenta de que la clave del partido consistía, tan sólo, en tocar más rápido que el contrario, se jugaba como Holanda imponía, e Italia llevaba las de perder.

El gol llegaría en una jugada un tanto absurda. Un despeje defectuoso de Buffon era rematado por Sneijder para que Van Nistelrooy la interceptara en plena trayectoria, y en claro fuera de juego, para batir al meta italiano. Holanda comenzaba a obtener sus frutos y osó encaramarse a la chepa del campeón del Mundo. Un corner votado magistralmente por Andrea Pirlo era despejado por un tal Giovani Van Bronckhorst, quien saldría a la carrera para montar el tiralíneas en forma de contraataque que Wesley Sneijder convertiría en el segundo gol para su país tras una dejada de cabeza de Kuyt.

La primera parte dejaba perplejo a media Europa. Italia estaba siendo pasada por encima sin ninguna consideración y sin apenas oponer resistencia. No obstante la segunda parte deparaba aun más cosas.

Si tocando la pelota no se lograba nada, los italianos optaron por la guerra, el balón dividido y la entrada dura, con la intención de anular el toque y la concentración holandesas. Así Italia dispuso de sus mejores ocasiones, pero la suerte quiso serle esquiva y parte de lo cobrado en el pasado le fue exigido esta noche. Toni controlaba, protegía, a veces regateaba, pero, si chutaba, siempre lo hacía flojo o mal. Pirlo parecía Cruyff en aquella final contra Alemania, bajando hasta la defensa para poder tocar el balón, porque los holandeses no era precisamente cojos, y pese a no disponer de ocasiones claras plantaban cara jugando a los «autos de choque» que Italia parecía querer imponer a la fuerza. Genaro Gatusso, de sobrenombre «el bueno», mereció no terminar el  partido.

Salieron Van Persie, Del Piero, Grosso, incluso nuestro amigo Cassano, pero otra vez era el  lateral izquierdo de la Naranja Mecánica quien cerraba el marcador en otro contraataque de remate de cabeza. Gran Gio el que se dejó ver esta noche. Italia se hundía a falta de diez minutos, el gol se había convertido esta noche en un elemento escurridizo, inexorable y caprichoso. Holanda da así un paso de gigante y muestra sus cartas al resto de selecciones que, hace dos años, no  pudieron derrotar a la mítica y temida (aunque tras hoy un poco menos) escuadra Azzurra.

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