Por Ignacio Ampudia, hace 21 días

¡32!

Real Madrid 32La trigésimo segunda Liga o la primera Liga del año 2 d. M, según se mire, se cerró en uno de los templos del fútbol, en San Mamés, la Catedral, ante uno de los equipos que mejor fútbol ha desplegado durante esta temporada. La apuesta de los vascos, comandados por ese extraño argentino con aspecto de profesor de Lengua Española, les ha llevado a disputar dos finales organizándose en torno al balón que es justo la idea contraria que Él maneja pero que también ha tenido su recompensa con lo cual algunos podrán decir que el fútbol es ecuánime mientras otros podremos decir que el fútbol es habitualmente aburrido y ocasionalmente sorprendente. Aburrido cuando Mourinho entrena y sorprendente cuando el Barça se estrella contra eficaces ejercicios defensivos. Milagroso cuando Khedira celebra algún título. Para que luego digan que este juego no es democrático.

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Por Ignacio Ampudia, hace 28 días

«El estilo es ganar»

Cristiano Ronaldo«El estilo es ganar», dijo el Constructor y se hizo Mou y después todos bebieron de la fuente de la eterna sabiduría para transformarse en la némesis de aquellos que ganaban todo. Pero no sólo lo ganaban todo sino que además la gente, aquí y allá, desde Almendralejo hasta Taipéi, parecía rendirse incondicionalmente a sus encantos y la envidia empezó a carcomer un club que penaba por el desierto después de haber sacrificado a uno de sus máximos sacerdotes porque sus enseñanzas no eran lo suficientemente globalizadas ni modernas ni 2.0 para dirigir al mejor club del XX. Una maldición cayó sobre Chamartín: más de una década estaréis sin ganar la Décima y hasta el momento por aquí no han desfilado más que trileros que van haciendo fortuna una, dos e incluso tres temporadas para ser expulsados poco después por no alcanzar los objetivos. Está muy de moda eso de no alcanzar los objetivos. Del desierto a los despachos de la Castellana, fírmame un crédito que voy a fichar a Coentrão, hemos encontrado a un alemán que juega como los ángeles, quién, ¿el feo?, no, los dos son feos, el malo, coño, el malo, el que sólo sabe jugar para atrás y no da un pase bueno a más de tres metros, no parece buen negocio, no creas, mejor que Silva, que es muy pequeño y mejor que Mata que es muy... pequeño también y además no lo vamos a traer porque Él no quiere que venga, no quiere nadie que contradiga sobre el césped el partido que tiene en Su cabeza, el partido perfecto para ganar todo lo que se le ponga a tiro, porque el estilo es ganar, no lo olviden. ¿Y si no se gana?, pues entonces decimos que la culpa es de la suerte o de los árbitros o de los aficionados que vienen al campo a comerse el bocata y a fumarse un puro y ni gritan ni animan ni nada y si la cosa no cuela pues les decimos a los de Marca que hagan una encuesta con una muestra de trescientos aficionados con la siguiente pregunta: Usted, estúpido madridista, qué prefiere, ¿a Ramón Calderón robando a manos llenas la caja fuerte del club mientras desolla a Cristiano Ronaldo para después raptar a sus hijas y ponerlas a trabajar en el Bershka o a un entrenador que ha ganado todo allá donde ha entrenado?. Y no crean que exagero porque hoy a la izquierda del Constructor estaba José María Aznar y cierra España para ungir con su proverbial locuacidad al eterno aspirante.

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Por Ignacio Ampudia, hace 1 mes y 2 días

Estoicos y espartanos

Real MadridDecía Karanka en rueda de prensa que el mejor mensaje para el madridismo era el que habían lanzado los jugadores blancos con el balón en el Camp Nou. Lo del balón es un decir, una forma de hablar, una frase hecha porque el Madrid ha rascado poca bola en Barcelona. Más bien el mensaje lo han lanzado desde el césped, desde la trinchera, impecablemente plantados en sus puestos, dispuestos a concluir con éxito uno de los más efectivos ejercicios defensivos que se recuerdan desde que Eto'o jugara de lateral a Sus órdenes una tórrida noche de abril. Por aquel entonces, Mou era un hombre feliz. En Milán le reían las gracias y cada mañana tenía un coro de veinte tifosi dispuestos a llevarle el café mientras dirigía a un grupo de gladiadores absolutamente entregados a los dictados de su única e irrepetible cosmovisión que les llevó a ganar el triplete en la siempre competitiva competición italiana. Pero Él es un soldado de fortuna, un vagabundo, un alma errante en busca de nuevos desafíos y se apareció en Madrid ante el antiguo Gran Jefe que le entregó las llaves del estadio, poco después la cabellera de un argentino que hablaba demasiado para el gusto de sus chicos de la ESO y ahora el control absoluto de todo lo que se nos ocurra a los mortales a cambio de contar con su clarividencia dos temporadas más, o lo que es lo mismo, dos temporadas más de jugar en Barcelona como si el Madrid fuese un equipillo de mitad de tabla, o como el Chelsea. O con el Inter. Madre de Dios. Y así, con esas armas, tan rudas como ocasionalmente victoriosas, el Madrid ha sacado de Barcelona mucho más que los tres puntos que sentencian la Liga. Aparte de la autoestima y todas esas cosas de las que hablan los psicólogos deportivos, Mou confirma que su plan, a veces, resulta acertado. A veces porque la de esta noche no es la primera vez que los blancos salen a defender sin ningún tipo de complejo ni será la última, porque Él ha encontrado la clave para secar al Barça. Te alabamos, óyenos.

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Por Ignacio Ampudia, hace 1 mes y 12 días

El chico de los 100 millones

Cr7

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Por Ignacio Ampudia, hace 2 meses y 2 días

«The circus is in town»

Ramos Y ParadasCuando Florentino ya había encargado las vallas para proteger la Cibeles y ofrecerle en público sacrificio la cabellera de algún madridista sensato, de esos que no se fían de la deriva poligonera del mejor club de la historia de este deporte, resulta que el sacerdote máximo, el inventor del posmadridismo, no ha podido evitar acudir a la llamada de su naturaleza. Ha llovido desde lo del dedo en el ojo e incluso durante las últimas semanas una ingenua corriente de opinión surgida desde dentro del club ha tratado de convencer al personal de que Mou había cambiado. Según esta nueva hagiografía, Mou en realidad era un pobrecillo incomprendido, un alma pura vapuleada sin compasión por los pérfidos colegiados españoles aleccionados por su maligno jefe, un tal Sánchez Arminio, de mal aspecto y peor reputación. No se encuentra la razón pero todo en el fútbol empieza a parecer turbio. Ya era cutre. Ahora es sospechoso. Mou no sólo no ha dejado de ser Mou, faltaría más, por algo lo fichó ese gran estratega que hay por presidente sino que además ha tratado de perfeccionar su propia esencia siendo tenazmente correcto. ¿Cómo es eso?. No se sabe pero mientras se trataba de explicar, alguien publicaba una foto en un parking esperando a un árbitro y entonces se hablaba de los récords y los goles y los partidos sin recibir y al final nadie entendía nada y la realidad era que el Barça estaba a diez puntos y que en el Madrid ya se estaba buscando restaurante para celebrarlo. «Y ojo», decían, «no ganemos la Décima también, que este equipo tiene muy buena pinta».

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