Por Ignacio Ampudia, hace 1 mes y 5 días

Matar al padre

CoentraoEs oír Múnich y empezar a temblar. Ya van diez encuentros en los que el Madrid no saca nada en claro de sus visitas a casa del Bayern, ni cuando jugaban Effenberg y Khan contra Guti y Zidane ni con el Madrid 2.0, este Madrid que dice ganar las cosas antes de haberlo hecho amparado en el discurso de un entrenador que ocupa el segundo puesto en la línea de sucesión divina, de un hombre que sobrevuela con magistral temple por aquellos enredos que sí afectan al resto de los mortales. Demuestra sabiduría, o cree hacerlo, cuando dice que conoce tan sumamente bien las virtudes y los defectos del Bayern que nada le turba. Pero demuestra aún más negándose a hablar. Manda a Karanka y como el chico es tan insulso como el juego de su equipo, al final nadie está capacitado para decir ni hacer nada y en la indefinición es donde mejor se mueve el posmadridismo. De aquel Madrid que volaba nada queda, ni su velocidad, ni su toque ni su determinación para abrir y cerrar los partidos a placer. Cierto es que la mayor parte de la cosecha se hizo contra equipos que cobran lo mismo que Cristiano en un mes y esos réditos han permitido llegar a abril con el viento a favor pero no parece que los blancos posean argumentos suficientes para imponer con claridad su supuesta primacía. Mou manejaba las fases medias de las temporadas sin necesidad de sacrificar un par de pretorianos cada vez que las cosas se ponen feas pero para la primavera todo se revoluciona y llegan los escozores inoportunos tales como dilapidar una ventaja de diez puntos, sufrir accesos de entrenador mediocre colocando un triángulo de presión alta (probable planteamiento para visitar al Barça) o insistir en la participación del último timo al más puro estilo Mendes: Fabio Coentrão, un lateral sospechoso de no conocer los fundamentos elementales de este juego, jugador que atesora tres virtudes, a saber, una, es un formidable fumador, dos, comparte nombre con otros dos ilustres madridistas y tres, es muy amigo de Kaká. ¿Dónde está la pelotita?.

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Por Ignacio Ampudia, hace 1 año

Monumental

WembleyDecía Ferguson que la de Wembley sería la mejor final que había visto Europa en la última década. Una lástima porque bien podría haberlo sido si su equipo se hubiera presentado en el césped. Se dice que fue al estadio e incluso marcó un gol pero no se puede afirmar con seguridad, mucho menos con rotundidad. Lo único rotundo que pasó por Londres fue el Barça que alcanzó cotas de juego muy parecidas a las que ya exhibió hace dos temporadas cuando ganaba sin correr. Después de sudar contra el Madrid en semifinales, los científicos del fútbol que habitan cadenas de toros como logotipos y escriben en los periódicos más vendidos de España aseguraban categóricamente que este Manchester era un equipo mucho más hecho, mucho más maduro, mucho más competitivo, mucho más ordenado y mucho más de todo lo que se pueda imaginar que el que cayó en Roma en 2009. Incluso algún genio dijo que este Manchester era mejor sin Cristiano Ronaldo. Si la esperanza es lo último que se pierde, qué se puede decir de la ilusión. Hay que consolarse porque los tiempos no están para muchos más sinsabores pero tampoco es necesario engañarse porque, hoy por hoy, nadie puede hacer sombra al Barça, ni por lo civil ni por lo criminal.

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Por Ignacio Ampudia, hace 1 año

4/4: Morte na praia

Xabi Y XaviAhora que EEUU ha prescindido de los servicios del último supervillano que quedaba en el planeta, el mundo necesita focalizar su ira en otro personaje. Nadie ha inventado nada mejor que el otro para construir su identidad, y si no miren al Madrid y al Barça tan necesitados el uno del otro para dar sentido a su historia. Candidatos para reemplazar a Osama hay de sobra: Ovrebo, De Bleeckere, Busacca, Frisk, Stark, entre otros, o el mismo Mourinho si la cosa se dirime desde Can Barça. Hay un problema cuando uno trata de justificarse por medio del agravio y el Madrid lo está encontrando porque encomendarse a la mediocridad del arbitro es un argumento tan democrático como poco efectivo. La falta señalada a CR7 previa al gol de Higuaín es inexistente del mismo modo que Carvalho no fue expulsado cuando hizo méritos más que suficientes para ello o Pedrito siguió en el campo después de obstaculizar el saque de una falta que significaba su segunda amarilla. Cuando el fracaso se achaca al mensajero, no queda más que la confusión, ese estado de ánimo que experimenta el Madrid desde que Mou decidió prescindir de la pizarra para preparar la madre de todas las batallas. Los árbitros son malos, en España y en Europa, y no recuerdo a Mou decir que los árbitros han favorecido al Madrid (afirmación irrefutable, de igual modo que han favorecido al Barça) cuando en realidad lo han hecho en incontables ocasiones. La temporada pasada, en el Meazza, «su» Inter hizo un gol en fuera de juego al tiempo que le fue perdonado un penalti claro sobre Alves mientras en el Camp Nou el Barça vio cómo le anulaban un gol a Bojan perfectamente legal. Tampoco escuché a Mou quejarse del arbitraje cuando el Chelsea se paseaba por los campos ingleses con la impunidad de los petrodólares... ¿sigo?. No tiene sentido alguno señalar al arbitraje. Son malos, muy malos, aquí y allá y querer ver en ellos la explicación a la eliminación es cogérsela con papel de fumar.

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Por Ignacio Ampudia, hace 1 año

3/4: El síndrome de Estocolmo

Jose MourinhoLa nueva de Mou es que le van las películas de espías, de conspiradores que dominan el mundo sin que los ciudadanos lo sepan, de las perfidias ocultas que designan el destino de miles de millones de seres humanos que sin saberlo madrugan cada mañana, gastan doce horas de su vida en producir algo y vuelven a casa con los bolsillos vacíos y un sospechoso olor dentro de la camisa. Los jugadores del Madrid no iban a ser menos, también ellos son humanos; los del Barça son otra cosa, son los hijos de Mahatma, los embajadores de Unicef, las bellas esculturas de un fútbol geométrico diseñado bajo los dictados de la proporción áurea. No son humanos. Son ángeles. Quizá lo más sorprendente de todo este asunto es que Mou se pregunta por qué y muchos más también lo hacemos: ¿por qué aguantar más tontadas de este tipo?. Se confirma la penosa noticia: Mou ha secuestrado el Madrid, eso sí, con el arte del trilero, a veces con discreción otras con pirotecnia, convenciendo a veteranos y noveles de que, después de 500 millones (a saber: 100 por Cristiano, 75 por el evangelista, 35 por Mudito...), lo único que se puede hacer en las semifinales de Copa de Europa en el Bernabéu es arroparse para no pasar frío. «No, si a mi me da igual lo que pase, llego a casa, tengo una familia maravillosa, mañana será otro día, yo ya tengo mi vida resuelta...» El diagnóstico es sencillo, la solución no lo es tanto porque si ha convencido al director de la Central Lechera, tenemos mourinhadas para rato.

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Por Ignacio Ampudia, hace 1 año y 1 mes

Una noche en el Bernabéu

Manolito AdebayorHace algunos días Mou reunió a sus chicos en una sala de la inhóspita ciudad deportiva de Valdebebas y les dio un mensaje. Había tenido un sueño, un sueño revelador en el que se veía levantando la copa de la Liga. La levantaba él, no sus jugadores, pero bueno, si lo hace él es porque el Madrid ha ganado algo. «Entonces está bien», pensó Ramos. Avisó con contundencia: cuando él ve algo tan claramente es porque se cumple. De Mou poco más se puede decir. Lo que nadie esperaba es que también sea un profeta, un maestro de las mancias, un oráculo. Se supone que ninguno de sus musculados atletas se rió abiertamente en su cara. Habría sido desacato. Probablemente todos se rieron en casa y algo más cuando el sábado no pudieron meterle mano a un Gijón que jugó el único partido que quería jugar. Preciado debe tener palco gratis en can Barça para la próxima temporada. Y encima Mou fue a darle la mano. Definitivamente las cosas ya no son lo que eran.

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