El triunfo de las cavernas
Seguro que cuando comenzaron las excavaciones de Pompeya los primeros arqueólogos ya encontraron el escudo del Juventus de Turín en el pecho de algún pobre incauto incinerado, el llamado equipo de Italia, la Vecchia Signora, el equipo que tiene tomada la medida del Madrid desde hace más de cuatro décadas. Del mismo modo, puede que en Atapuerca también se hallasen evidencias del escudo del Madrid, aún sin dignidad real claro. Los dos equipos representan la historia fosilizada de este deporte. En el duelo paleolítico se impuso, como no podía ser de otra manera, el fútbol más antiguo, es decir, el de los italianos, entrenados ahora por Ranieri, el mismo que ofreció tardes sublimes de fútbol de las cavernas, el mismo que llegaba al choque contra el Madrid con medio pie fuera de Turín, con medio equipo titular lesionado y el otro medio superando la treintena, pero señores, los italianos lo son hasta en las peores circunstancias. Mucho más los turineses que hace dos años penaban en la Serie B, jugando en campos de provincias con poco más de trescientos espectadores. Son veteranos y entregados. Y saben a lo que juegan.
Que un abandono de Fernando Alonso en la primera vuelta al circuito, un atropello de un mecánico de Ferrari en el segundo repostaje de Kimi Räikkönen y el posterior abandono del finlandés a causa de una rotura de motor sean los acontecimientos más relevantes por los que se recordará