Por Ignacio Ampudia, hace 3 meses y 27 días

Orgullo Vikingo

Casillas Grita A Sus CompanerosDentro del posmadridismo hay diferentes sectas. Tenemos mourinhistas, los más numerosos y los más ruidosos. También los más obtusos; los pepístas, alumbrados la temporada pasada durante la ida de Champions, una rama de los primeros, marrulleros en la cancha y frailes en la zona mixta, de esos que reparten sin miramientos, descontrolados, y luego ponen cara de no saber de qué va el asunto cuando se les piden explicaciones. Violentos y tontorrones. Aléjenlos de su vida; los arbitristas, aquellos que miccionan (metafóricamente, claro) sobre todos los familiares de esos tipos que visten de amarillo fosforito sin atender a las otras diecisiete mil variables que influyen en un partido de fútbol. Presentan tendencias conspiranoides. Por favor, no confundir con Moncada ni con Fernández de Navarrete; florentinos o perecistas, adoradores incondicionales de la púrpura del dinero, la mística del que palma 75 millones de euros fichando a Kaká y dice que la final de Copa contra el Barça fue la mejor final de la historia. Aléjenlos aún más. Dios nos libre de un tonto con dinero. Todas estas sectas han vendido hornos en el desierto invirtiendo los términos de la más elemental dialéctica: nunca se reconoce que, en fútbol, lo que se ve es lo que es. La navaja de Ockham palidece ante estos alquimistas de las palabras. «¿Dónde juega Ockham?», preguntó Pepe. «En los Lakers», dijo Ramos. Y cuando los posmadridistas y sus diferentes adoradores ya no pudieron sostener más su mentira, las cosas se hicieron como se han hecho toda la santa vida en este club. El Real Madrid abrió el arcón, rebuscó y sacó el escudo. Alguien preguntó a Di Stéfano que si hacía falta quitarle el polvo. El argentino dijo que mejor le quitasen la pátina de miseria que ha traído Mou y que saliesen al Camp Nou ha recuperar aquello que estos técnicos han querido enterrar. Es probable que el plan de Mou fuese sacar a los buenos, a los artistas, para llevarse un buen carro de goles y así tener un nuevo argumento para seguir estafando al personal. Pero miren por donde el madridismo le selló los labios y el Madrid jugó como lo que es, un equipo que no negocia, un equipo demoledor.

La historia no se construye sobre el aire. Hay que ganar algunas guerras, conquistar algunos países y esclavizar a algunas gentes para que los libros hablen. En el fútbol pasa exactamente lo mismo. El Chelsea no está en la historia del fútbol porque no es más que un club advenedizo. El Milán, el Ajax, el Barça, el Manchester, todos son grandes porque sus palmareses lo son y en ese terreno nadie lo tiene más grande y florido que el Madrid. Ese prestigio, ganado a golpe de Intercontinentales, Copas de Europa, Ligas, UEFAS, Copas del Rey, ganado a base de tener que remontar, a base de lucha y de coraje, de asfixiar a los rivales, a base de goles, de cuartos de hora memorables, es el mismo que el Madrid desplegó en el Camp Nou jugando el mejor partido que se le recuerda en años, el mejor contra el Barça claro. ¿A quién le importan los demás?. Como Mou ya no tenía nada que perder y mucho que ganar, formó con los que siempre deberían salir a discutirle la hegemonía mundial a los de Guardiola. Faltó Marcelo para que la cosa estuviera completa pero en fin, Special One siempre tiene que dejar su huella. En el lateral colocó a Coentrão, un guiño a los florentinos. Treinta millones costó el chaval. Silva fue al City por 32. Qué se le va a hacer, cosas de posmadridistas. Pepe volvió al eje de la zaga junto a Ramos y Lass acompañó a Alonso en la media. Por delante Kaká, CR7, Higuaín y un maravilloso y delicioso alemán que es igual de feo que buen jugador. Con los buenos siempre hay más posibilidades.

Y las hubo porque el Madrid salió a por el Barça, así, en crudo, sin contemplaciones, sin especular ni amarrar ni contemporizar. Así fue desde el principio, tocando y creando. El fútbol no es un deporte demasiado complejo. Si hablásemos de curling la cosa sería diferente pero fútbol... contra el Barça se han probado un millón de estrategias y ninguna ha resultado porque sólo hay una que nadie se ha atrevido a hacer: quitarle el balón. El Barça sin el balón es un equipo mediocre, ramplón, un equipo desnortado. Es lógico cuando tu identidad es la posesión. «Papá, ¿cómo se llama cuando el balón es secundario?. Hijo, se llama Inter de Milán.» Si te juntas y si muerdes arriba, el Barça tiene problemas. Y contra el Madrid los ha tenido. Mientras el Madrid llegaba con peligro a las inmediaciones de Pinto, los blaugranas trataban de sacudirse el fango sin éxito. El Madrid los había conducido a una situación que ya tenían olvidada. Hasta cinco ocasiones contaron los blancos, con disparo de Özil al travesaño incluido. El Madrid aprobaba con nota en todas las facetas del juego excepto en la que siempre saca la mejor puntuación. Estaba sin pólvora, circunstancia que el Barça aprovechó en una contra en el 43'. Gol de Pedro en el primer tiro a puerta de los culés. Demasiado castigo para los blancos. Y por si fuera poco, en el 48' de la primera parte (el tipo de fosforito sólo había señalado un minuto de prolongación) llegaba el 2-0 en las botas de Alvés con un disparo irrefutable a la escuadra derecha de Casillas. Uno de cien sale bien y salió contra el Madrid.

En circunstancias normales, es decir, con Mou ejerciendo de capitán general, lo más inteligente habría sido largarse a casa, que ya no eran horas de andar con los parroquianos en los bares, pero el Madrid desprendía un aroma especial, el aroma de las grandes noches. Aguantar fue todo un acierto porque el Madrid de la segunda mitad fue todo deleite. Encerrando al Barça en su campo, en su casa, con su balón, los blancos escalaron el ocho mil con pundonor. El final se acercaba y necesitaban tres goles para eliminar al Barça. El intercambio de golpes no se hizo esperar, pero no golpes de esos que predican los mourinhistas sino golpes con el balón, duelo de pesos pesados, el terreno en el que el Madrid se desenvuelve con maestría. En el 68' Özil servía en profundidad a CR7 para poner el 2-1. Minutos antes el de fosforito había anulado un gol legal a Ramos y Mou sacado a Granero y Callejón y Benzema y el partido era un primor. Y cinco minutos después Benzema cazaba un rechace, se deshacía de Puyol y ponía el empate a dos. Qué hermoso fue el silencio del Camp Nou. Y qué miedo se respiraba. Por primera vez desde hacía mucho tiempo los culés tuvieron que apretarse las tuercas para no desfallecer. Quedaban veinte minutos y el Madrid iba a por todas sabedores de que la manta se quedaba corta por detrás, justo por donde le gusta entrar a Messi. Pero no entró y el Madrid se quedó a pocos centímetros de su objetivo en un partido que se echaba de menos, un partido de igual a igual contra el mejor equipo del mundo. Nunca una eliminación fue tan bella por mucho que a un posmadridista, milite en la secta que milite, no le alcance para entenderlo y prefiera enredarse en pisotones, disculpas ridículas, alineaciones kafkianas y declaraciones crípticas El día que los secuestradores liberen al club, nadie volverá a sentir vergüenza porque cuando el Madrid se siente orgulloso de ser lo que es, es simplemente eso, el Real Madrid. 

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