Mourinho o el Posmadridismo
De la misma manera que en la famosa fábula de Esopo el escorpión no pudo evitar picar a la rana, el Madrid acudió solícito a la llamada de su nueva naturaleza, la que ha impuesto un tal Mourinho, borrando de un plumazo en poco más de doce meses los 109 años de historia del mejor club de fútbol del siglo XX. Así son las cosas en Chamartín desde que el portugués, acompañado de sus más fieles pretorianos en el banco y en el césped, llegó de la mano de Pérez con el único objetivo de parar al mejor Barça de la historia, de pararlo de cualquier manera, por lo civil o por lo criminal, jugando bien o mal, haciendo algo memorable o engrosando la lista de los equipos de los que nadie se acuerda. The Special One habla de su extenso palmarés, de su dilatada experiencia, de sus virtudes. Se loa y sospecho que a lo largo de esta temporada comenzará a hablar de sí mismo en tercera persona. Él es un ser revelado. Su ascendente sobre este juego es tal que ya nadie puede imaginar cómo era el fútbol antes de que Él naciera. Él se ha inventado todo lo que vemos sobre la tierra, Él tiene las respuestas, Él tiene la razón, Él es el sacerdote de este nuevo madridismo de gimnasio de todo a 100 que, por mucho que pese a algunos, sólo representa a aquellos que, irónicamente, después de declarar su fiel adhesión al matonismo, critican el fútbol italiano. Él es el dueño de las conciencias y las voluntades. Él dicta quién es madridista y quién no lo es. Prietas las filas; el que se mueva queda excomulgado y todos sabemos que Pepe y Marcelo son dos chicos amantísimos y devotísimos de una nueva religión: el POSMADRIDISMO.
La pericia táctica de Mou es legendaria, tanto que ha tardado una temporada completa en plantear un partido lógico al Barça. Nota para posmadridistas convencidos: es mucho mejor tirar por la borda la semifinal de la Copa de Europa en el Bernabéu que intentar ganar la Supercopa de España derrochando fuerzas y entrega. Brillante planteamiento. El asunto es que en el propio estilo del Barça se encuentra su debilidad. Querer sacar el balón jugado desde la portería implica una serie de riesgos. Los centrales tienen que actuar como laterales y los laterales como interiores. Si se presiona la salida en las bandas, lo más probable es que la circulación se corte y se recupere el balón en campo contrario. Mou ha completado el 50% del plan, el robo. Falta el otro 50%, una vez que hemos robado, ¿qué hacemos con el balón?. El Madrid no elabora. No le interesa. El Madrid la tiene, la toca y la mueve bajo criterios desconocidos, principalmente porque 500.000 millones de € no hay nadie en la plantilla con la suficiente capacidad intelectual para hacerlo, hasta que hay un balón en profundidad cortado por la defensa rival que da lugar a una segunda jugada. Así jugó el Madrid en el Bernabéu y así anuló en el Camp Nou al peor Barça de los últimos años, sin ritmo, sin ideas, sin circulación y sin chispa.
El Madrid se entrega a la física mientras el Barça juega a la química. Innumerables son las diferencias entre ambos equipos, pero durante toda la eliminatoria se observó la más sangrante de todas, probablemente la que más duela a Pérez. El Barça cuenta con Messi y el Madrid no. El Madrid cuenta con CR7 y el Barça no, pero eso parece no ser un problema porque mientras Cristiano es capaz de marcar doce goles contra el Levante, Messi mete tres de cinco contra el Madrid, y da las asistencias de los otros dos, aquí y allí. Puede que CR7 sea mucho más completo que Messi pero el argentino siempre aparece cuando el equipo lo necesita y el portugués no. Es lógico que por su disparo y su velocidad Cristiano juegue a banda cambiada para aprovechar las diagonales hacia el interior. En el Camp Nou sólo lo intentó una vez y el resultado fue un latigazo al larguero. El resto de sus intervenciones consistió en buscar desesperadamente la línea de cal donde Alves, encantado de que el portugués explotase la diestra, su pierna buena, se comió al «crack» blanco una y otra vez. Para el Madrid sólo existen líneas rectas, caminos cortos, poco elaborados, duro y a la encía. CR7 corre y ya nadie lo sigue porque la jugada siempre acaba igual, con un disparo a palos que no a puerta y los consabidos llantos.
El Barça, muy corto de fuerzas pero sobrado de ánimo, aprovechó las dos que tuvo. El 1-0 llegó cuando el Madrid esperaba que su presión espartana arrojase beneficios. Pero la agarró Messi, y mientras por el camino dejaba tirado a Khedira, Iniesta ganaba la espalda de Ramos y Pepe. Asistencia de lujo, perfecta finalización y Casillas desarbolado. Sin embargo en el 20', después de un saque de esquina, llegaba el empate después de un remate de Benzema que rebotó hasta en el recogepelotas terminase rozando la media de CR7. El primer gol de Ronaldo en el Camp Nou... en fin, y los parroquianos henchidos de gozo. El Barça seguía capeando el temporal como podía hasta que en el 45', un taconazo de Piqué para Messi significaba el 2-1, a un minuto del descanso. Ánimos devastados. La segunda parte contó con los mismos protagonistas pero el Barça definitivamente perdió la cara al partido y el Madrid se lanzó a buscar un empate que llegó en el 80' después de otro barullo en el área magistralmente resuelto por Benzema. El Madrid había empatado la eliminatoria y sabía que llegar a la prórroga era tener el título en el bolsillo. Pero en el 87', en una jugada de cuatro toques, puro billar, Messi, liberado de la marca de un Coentrão fundido por el esfuerzo, sentenció a un Madrid que bien podría haber levantado el título con toda justicia. Ya con el partido finiquitado, Marcelo, fiel escudero del Papa Mou, segó con diligencia y extremada profesionalidad las piernas de Fábregas y se montó el belén, y además bien montado, como las peleas de los mozos en los pueblos, tumultuosa, con millones de frentes abiertos, empujones, agarrones por el cuello, los que van a separar y acaban liándola aun más, algún que otro puñetazo como el de Villa a Özil o el dedo en el ojo, ese bendito dedo en el ojo de Pito Vilanova, ese dedo ungidor y sanador que quita el pecado del mundo, ese dedo que no es más que el perfecto símil de los planes que tiene Mou para el Madrid de los próximos años, los planes para conquistar el mundo. Para redondear su obra maestra de la zafiedad y vileza aseguró en rueda de prensa que no conocía al susodicho culé digitalizado y que él siempre había jugado el fútbol como lo hacen los hombres, es decir, como niñatas y niñatos, con dedos en los ojos, tirones de pelo y escupitajos. El nuevo dios ha nacido. Adoradlo o de lo contrario penaréis en un infierno donde millones de tipejos con cara de pocos amigos os meterán los dedos en los ojos durante toda la eternidad.
No hay comentarios
Sé el primero en escribir un comentario a esta entrada.
Escribir un comentario
Si quieres añadir tu comentario a esta entrada, simplemente rellena el siguiente formulario:
* Campos requeridos
Puedes usar estas etiquetas XHTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <code> <em> <i> <strike> <strong>.
1 trackback
Para notificar de una mención en tu blog a esta entrada, habilita la notificación automática (Opciones > Discusión en WordPress) o especifica esta url de trackback: http://1blogdedeporte.com/2011/08/mou-o-el-posmadridismo.html/trackback