Mourinho o el Posmadridismo
De la misma manera que en la famosa fábula de Esopo el escorpión no pudo evitar picar a la rana, el Madrid acudió solícito a la llamada de su nueva naturaleza, la que ha impuesto un tal Mourinho, borrando de un plumazo en poco más de doce meses los 109 años de historia del mejor club de fútbol del siglo XX. Así son las cosas en Chamartín desde que el portugués, acompañado de sus más fieles pretorianos en el banco y en el césped, llegó de la mano de Pérez con el único objetivo de parar al mejor Barça de la historia, de pararlo de cualquier manera, por lo civil o por lo criminal, jugando bien o mal, haciendo algo memorable o engrosando la lista de los equipos de los que nadie se acuerda. The Special One habla de su extenso palmarés, de su dilatada experiencia, de sus virtudes. Se loa y sospecho que a lo largo de esta temporada comenzará a hablar de sí mismo en tercera persona. Él es un ser revelado. Su ascendente sobre este juego es tal que ya nadie puede imaginar cómo era el fútbol antes de que Él naciera. Él se ha inventado todo lo que vemos sobre la tierra, Él tiene las respuestas, Él tiene la razón, Él es el sacerdote de este nuevo madridismo de gimnasio de todo a 100 que, por mucho que pese a algunos, sólo representa a aquellos que, irónicamente, después de declarar su fiel adhesión al matonismo, critican el fútbol italiano. Él es el dueño de las conciencias y las voluntades. Él dicta quién es madridista y quién no lo es. Prietas las filas; el que se mueva queda excomulgado y todos sabemos que Pepe y Marcelo son dos chicos amantísimos y devotísimos de una nueva religión: el POSMADRIDISMO.