Por Ignacio Ampudia, hace 9 meses y 18 días

4/4: Morte na praia

Xabi Y XaviAhora que EEUU ha prescindido de los servicios del último supervillano que quedaba en el planeta, el mundo necesita focalizar su ira en otro personaje. Nadie ha inventado nada mejor que el otro para construir su identidad, y si no miren al Madrid y al Barça tan necesitados el uno del otro para dar sentido a su historia. Candidatos para reemplazar a Osama hay de sobra: Ovrebo, De Bleeckere, Busacca, Frisk, Stark, entre otros, o el mismo Mourinho si la cosa se dirime desde Can Barça. Hay un problema cuando uno trata de justificarse por medio del agravio y el Madrid lo está encontrando porque encomendarse a la mediocridad del arbitro es un argumento tan democrático como poco efectivo. La falta señalada a CR7 previa al gol de Higuaín es inexistente del mismo modo que Carvalho no fue expulsado cuando hizo méritos más que suficientes para ello o Pedrito siguió en el campo después de obstaculizar el saque de una falta que significaba su segunda amarilla. Cuando el fracaso se achaca al mensajero, no queda más que la confusión, ese estado de ánimo que experimenta el Madrid desde que Mou decidió prescindir de la pizarra para preparar la madre de todas las batallas. Los árbitros son malos, en España y en Europa, y no recuerdo a Mou decir que los árbitros han favorecido al Madrid (afirmación irrefutable, de igual modo que han favorecido al Barça) cuando en realidad lo han hecho en incontables ocasiones. La temporada pasada, en el Meazza, «su» Inter hizo un gol en fuera de juego al tiempo que le fue perdonado un penalti claro sobre Alves mientras en el Camp Nou el Barça vio cómo le anulaban un gol a Bojan perfectamente legal. Tampoco escuché a Mou quejarse del arbitraje cuando el Chelsea se paseaba por los campos ingleses con la impunidad de los petrodólares... ¿sigo?. No tiene sentido alguno señalar al arbitraje. Son malos, muy malos, aquí y allá y querer ver en ellos la explicación a la eliminación es cogérsela con papel de fumar.

Aparcados los argumentos conspirativos, el Madrid por fin fue el Madrid (o algo relativamente parecido) en el Camp Nou. La eliminación es un fracaso pero más allá hay datos que invitan al optimismo. Sin Pepe como mediocentro, Mou alineó a Lass junto a Alonso, un doble pivote que sin ser una delicia estética por lo que resta el francés, dio un aire más lógico al equipo. Por delante de ellos formó una línea de tres con Di Maria, CR7 y Kaká como enganche e Higuaín en punta. El dibujo era apropiado, el mismo con el que el Madrid ha llegado lejos esta temporada en las competiciones cortas pero las piezas no eran las apropiadas. Quizá Mou pensó que a Özil y Benzema les falta carácter para salir al Camp Nou a tratar de hacer justicia a la camiseta que visten; quizá pensó que la experiencia de Kaká e Higuaín sería un valor como lo fue en Valencia o quizá mandó a sus chicos a una muerte segura con dos piezas claramente defectuosas. Lo del brasileño no merece muchos más comentarios y los del argentino es lógico cuando se ha estado tanto tiempo en el dique seco. Por primera vez en la serie el Madrid necesitaba arriesgar, necesitaba buscar al Barça, necesitaba ser fiel a su historia y así salió y así anuló al Barça durante los primeros quince minutos colocando la línea de presión en la salida de balón culé, uno de los puntos débiles del Barça donde quedaron retratadas las costuras de un Mascherano que no deja de ser un jugador menor en un equipo mayúsculo. Si Puyol y Piqué no se entienden, el Barça lo acusa.

El Madrid revolvió cerca del área de Valdés y, sin contar con ninguna ocasión clara, dio la sensación de que, en contra de las palabras de Mou, iba a por la remontada. Pero la falta de resultados empujó a los blancos a replegarse en su campo. El Madrid sólo apretaba a los centrales. Cuando el balón llegaba a Xavi o Iniesta, mediocentros y línea de cuatro quedaban replegados por detrás esperando la contra. El guión para el Barça era sencillo: posesión, circulación y buscar la banda de Marcelo que apenas recibió la ayuda de CR7 en tareas defensivas. Para apagar ese fuego estaba Alonso. El Barça comenzó a crecer poco a poco a base de lo único que sabe hacer y para la media hora de juego la superioridad era manifiesta. Hasta cuatro manos de oro sacó Casillas a Messi e Iniesta, cuatro manos providenciales que sólo contribuyeron al incremento de la ansiedad madridista. El descanso fue la mejor noticia para el Madrid después de una primera parte sin jugadas polémicas, sin enganchones, ni patadas a destiempo ni demasiadas funciones teatrales, una primera parte de equilibrio.

En la reanudación el Madrid atacaba la portería que el Barça suele atacar en las segundas partes. Desde el sorteo Casillas había intentado exhumar los miedos culés rompiendo las tradiciones del anfitrión, intentando buscar algún tipo de ayuda fuera del césped. Y no se sabe si por eso o por lo otro o por lo de más allá, en el 47' llegó la madre de todas las jugadas, la que hoy todo el mundo invoca como determinante sin señalar que hubo 180 minutos más para tratar de ganar la eliminatoria. CR7 se internaba por el carril central, recibía un modesto empujón de Piqué, suficiente para desequilibrar al madridista que en su caída cedía a Higuaín antes de derribar con lo justo a Mascherano. Después de pitar, Higuaín batía a Valdés. No se puede habar de gol anulado porque el juego ya estaba parado pero si el árbitro no pita la cosa habría sido bastante más justa porque no hay nada en esa jugada. ¿Que el Madrid ha sido eliminado por eso?, ¿ya nadie recuerda la ida en el Bernabéu?. En fin... El revuelo fue monumental y no porque los blancos arrollasen al colegiado sino porque la jugada activó ese gen castatrofista que tan sabiamente Mou ha inoculado al madridismo. Cinco minutos después, en un desajuste que retrató a Albiol y Carvalho, tan coordinados como una película de los Hermanos Marx, llegaba el 1-0 en las botas de Pedrito. Quedaba media hora y el Madrid debía marcar tres goles para estar en Wembley. Y lo intentó, de veras que lo intentó, con Adebayor por Higuaín, empujando por las alas, arrebatando el balón al Barça en algunas fases, con la heroica y con el escudo y el premio llegó después de una internada de Di Maria que la estrelló en el poste y se la dio a Marcelo para que pusiese en 1-1 y mantuviese la ilusión. El Camp Nou enmudeció un minuto; el siguiente cantó alto, muy alto, para librarse del miedo que también sintió Guardiola cuando en el 74' retiró a Villa para dar entrada a Keita buscando un medio campo más fuerte, más agarrado, más compacto que anulase las transiciones blancas en busca de un milagro que no llegó, haciendo el esfuerzo para caer en la orilla, para morir en la playa. El Barça no quiso agitar mucho más el avispero, conforme con un empate que le daba el pasaporte para la sexta final de su historia y que supone la vuelta al escenario donde comenzó a forjar su curriculum europeo. 

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