Monumental
Decía Ferguson que la de Wembley sería la mejor final que había visto Europa en la última década. Una lástima porque bien podría haberlo sido si su equipo se hubiera presentado en el césped. Se dice que fue al estadio e incluso marcó un gol pero no se puede afirmar con seguridad, mucho menos con rotundidad. Lo único rotundo que pasó por Londres fue el Barça que alcanzó cotas de juego muy parecidas a las que ya exhibió hace dos temporadas cuando ganaba sin correr. Después de sudar contra el Madrid en semifinales, los científicos del fútbol que habitan cadenas de toros como logotipos y escriben en los periódicos más vendidos de España aseguraban categóricamente que este Manchester era un equipo mucho más hecho, mucho más maduro, mucho más competitivo, mucho más ordenado y mucho más de todo lo que se pueda imaginar que el que cayó en Roma en 2009. Incluso algún genio dijo que este Manchester era mejor sin Cristiano Ronaldo. Si la esperanza es lo último que se pierde, qué se puede decir de la ilusión. Hay que consolarse porque los tiempos no están para muchos más sinsabores pero tampoco es necesario engañarse porque, hoy por hoy, nadie puede hacer sombra al Barça, ni por lo civil ni por lo criminal.