Por Ignacio Ampudia, hace 1 año y 1 mes

Una noche en el Bernabéu

Manolito AdebayorHace algunos días Mou reunió a sus chicos en una sala de la inhóspita ciudad deportiva de Valdebebas y les dio un mensaje. Había tenido un sueño, un sueño revelador en el que se veía levantando la copa de la Liga. La levantaba él, no sus jugadores, pero bueno, si lo hace él es porque el Madrid ha ganado algo. «Entonces está bien», pensó Ramos. Avisó con contundencia: cuando él ve algo tan claramente es porque se cumple. De Mou poco más se puede decir. Lo que nadie esperaba es que también sea un profeta, un maestro de las mancias, un oráculo. Se supone que ninguno de sus musculados atletas se rió abiertamente en su cara. Habría sido desacato. Probablemente todos se rieron en casa y algo más cuando el sábado no pudieron meterle mano a un Gijón que jugó el único partido que quería jugar. Preciado debe tener palco gratis en can Barça para la próxima temporada. Y encima Mou fue a darle la mano. Definitivamente las cosas ya no son lo que eran.

Y afortunadamente, porque hacía ya siete años que el Madrid no se dejaba ver en los cuartos de la Copa de Europa, en la reunión anual de la aristocracia europea que si bien siempre es anhelada esta temporada se presenta un tanto devaluada. Sin el Bayern, ni el Milán, ni el Juventus... nada parece lo de siempre con unos ucranianos y unos alemanes capitaneados por un tal Raúl González Blanco, un chaval que está empezando y que esta misma noche han enterrado al Inter en el Meazza. La cuota inglesa está bien representada aunque nadie contaba con los Spurs que tanto vuelo han recibido por parte de la prensa española. Que si Bale, que si Lennon, que si ojo a Modric, el Maradona de los Balcanes, que si Sandro es un mediocentro de escándalo, que si van der Vaart quiere venganza, que si el Madrid está para los leones atravesando una crisis de confianza y aquejado por una plaga de lesiones que conducirá irremediablemente a la escasez, la misma que asoló Egipto y que fue advertida al faraón por José, José Mourinho.

El mundo del fútbol es excesivamente excesivo y barroco, un terreno abonado para el martirio. A partir de marzo los partidos se presentan como batallas y las victorias como gestas, y a esa dialéctica se entregó el Madrid el domingo después de perder la Liga. Mou, Carvalho, Alonso y Arbeloa se conjuraron en un vídeo para que la afición respondiese y brindase a la historia una nueva noche mágica en el Bernabéu. Cacareo. La gente iba a ir igual porque es lo único que queda y probablemente sea lo único que el madridismo quiera ganar. Por eso Mou, además de brujo, también transmutó en galeno y dio el alta a CR7, Marcelo y Kaká, los dos primeros titulares; el tercero subvencionado. Bien pensado, al Madrid no le quedan ya muchos partidos importantes esta temporada así que lo mejor es poner en el campo todo lo que se tiene y esperar que se alineen los astros para ver una buena noche de fútbol.

El público respondió y los astros también y cuando los Spurs bajaron al césped el primer balón, el Madrid ya había marcado el 1-0 por obra y gracia del nuevo ídolo blanco. Manolito ganó la espalda de todos sus marcadores en la salida de un corner. El golpe fue duro y se amplificó cuando Brych, la muestra viva de que en Europa los árbitros pueden ser peores que en España, expulsó a Crouch por doble amarilla. Era el 14' y el Madrid estaba ante el mejor partido de esta temporada. Mou no aflojó y los suyos tampoco y aunque los ingleses apenas la tocaban, el Madrid demostró una vez más su inoperancia para atacar con ciertas garantías una defensa cerrada y estática. La posesión sólo se traducía en desplazamientos horizontales que en nada beneficiaban a Özil, y si él no aparece ya se pueden ir olvidando de ver algo divertido. Los Spurs sólo amenazaban con las carreras imposibles de Bale que sin socios es un jugador más bien vulgar.

De la temida maquinaria londinense nada se supo, ni en la primera ni en la segunda que comenzó igual pero se desarrolló de manera diferente. El Madrid borró del mapa al Tottenham con un empuje digno de la Copa de Europa, buscando los goles que mataran la eliminatoria. De tanto percutir, Adebayor hizo el segundo, también de cabeza, en el 57' y Di Maria el tercero en el 72', este sí, un gol de primera clase en la escuadra de Gomes. Para entonces Khedira, el arquitecto, había dejado su lugar a Lass, su socio en el estudio de arquitectura. El mensaje no era muy alentador porque parecía que Mou se daba por satisfecho pero lo más probable es que el Bernabéu nunca lo hubiese perdonado y Cristiano tampoco que, después de pedir el cambio, ponía el 4-0 definitivo en el 87'. La insistencia blanca terminó por retratar a unos y a otros, a un Madrid ambicioso y hambriento y a unos Spurs reventados y acobardados, ampliamente superados por la púrpura de una noche en el Bernabéu, una noche de las de antes, una noche de Europa.

1 comentario

#1. pepe corrales 3 ESO a, hace 1 año y 1 mes

yo creo que el madrid ya no tiene casi posibilidades de ganar la copa de la liga... pero si que tiene opciones para ganar la champions si le llega un golpe de confianza como podria ser ganar al barça este mes de abril en el partido de la liga o la final de la copa del rey.
Sobre el partido de ayer, to creo que elmadrid estuvo muy superior pero tampoco creó mucho juego. La expulsion a Peter Crouch fue muy clara ya que estuvo dejando recaditos a la defensa del madrid.

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