Por Ignacio Ampudia, hace 1 año

3/4: El síndrome de Estocolmo

Jose MourinhoLa nueva de Mou es que le van las películas de espías, de conspiradores que dominan el mundo sin que los ciudadanos lo sepan, de las perfidias ocultas que designan el destino de miles de millones de seres humanos que sin saberlo madrugan cada mañana, gastan doce horas de su vida en producir algo y vuelven a casa con los bolsillos vacíos y un sospechoso olor dentro de la camisa. Los jugadores del Madrid no iban a ser menos, también ellos son humanos; los del Barça son otra cosa, son los hijos de Mahatma, los embajadores de Unicef, las bellas esculturas de un fútbol geométrico diseñado bajo los dictados de la proporción áurea. No son humanos. Son ángeles. Quizá lo más sorprendente de todo este asunto es que Mou se pregunta por qué y muchos más también lo hacemos: ¿por qué aguantar más tontadas de este tipo?. Se confirma la penosa noticia: Mou ha secuestrado el Madrid, eso sí, con el arte del trilero, a veces con discreción otras con pirotecnia, convenciendo a veteranos y noveles de que, después de 500 millones (a saber: 100 por Cristiano, 75 por el evangelista, 35 por Mudito...), lo único que se puede hacer en las semifinales de Copa de Europa en el Bernabéu es arroparse para no pasar frío. «No, si a mi me da igual lo que pase, llego a casa, tengo una familia maravillosa, mañana será otro día, yo ya tengo mi vida resuelta...» El diagnóstico es sencillo, la solución no lo es tanto porque si ha convencido al director de la Central Lechera, tenemos mourinhadas para rato.

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Por Ignacio Ampudia, hace 1 año

2/4: ¡CAMPEONES!

Casillas Copa Del ReyLa Copa vapuleada bajo los cascos del caballo ganador es la mejor síntesis de lo que significó la final de Mestalla que ganó el Madrid, un nuevo Madrid dirigido por el entrenador de los títulos que ha inculcado la doctrina de la vorágine. Mou dio la orden clave: «destruid todo lo que veáis, arrasad el poblado y nunca hagáis prisioneros» y sus pretorianos obedecieron hasta el punto de engullir el trofeo, no se sabe si por un exceso de celo republicano o por todo lo contrario. En el caso de Ramos todo o nada es posible porque en realidad nadie sabe (sospecho que ni siquiera él mismo) qué es lo que le pasa por la cabeza cuando no está en el campo. Cuando ejerce como futbolista es uno más del pelotón, y de los más aplicados.

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Por Ignacio Ampudia, hace 1 año y 1 mes

1/4: Sopor

Messi Y PepeLa primera batalla de la tetralogía llamada a marca una época en la historia del fútbol terminó en tablas y el Madrid con uno menos tal y como acostumbran todos los equipos de Mou que se miden con el mayúsculo Barcelona. Del fútbol como tal, del toque, de las ocasiones, de la estética, no se acordó nadie, ni unos ni otros. Normal en el Madrid, extraño en el Barça. El primer duelo dejó muy poco material de campo y mucha tinta para glosar los muchos errores arbitrales que se repartieron equitativamente entre merengues y culés. Por el penalti escamoteado a Villa se puede contar el perdón de Alvés al derribar a Marcelo aunque lo cierto es que, en ese lance que significó el empate, no había más que corner. La expulsión de Albiol fue totalmente justa pero que Pepe y Messi saliesen del campo sin sanción es alguna demuestra lo único evidente que se desprende del partido de ayer: que Muñíz & Co. es una empresa de segunda. 

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Por Ignacio Ampudia, hace 1 año y 1 mes

Una noche en el Bernabéu

Manolito AdebayorHace algunos días Mou reunió a sus chicos en una sala de la inhóspita ciudad deportiva de Valdebebas y les dio un mensaje. Había tenido un sueño, un sueño revelador en el que se veía levantando la copa de la Liga. La levantaba él, no sus jugadores, pero bueno, si lo hace él es porque el Madrid ha ganado algo. «Entonces está bien», pensó Ramos. Avisó con contundencia: cuando él ve algo tan claramente es porque se cumple. De Mou poco más se puede decir. Lo que nadie esperaba es que también sea un profeta, un maestro de las mancias, un oráculo. Se supone que ninguno de sus musculados atletas se rió abiertamente en su cara. Habría sido desacato. Probablemente todos se rieron en casa y algo más cuando el sábado no pudieron meterle mano a un Gijón que jugó el único partido que quería jugar. Preciado debe tener palco gratis en can Barça para la próxima temporada. Y encima Mou fue a darle la mano. Definitivamente las cosas ya no son lo que eran.

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