Y al séptimo año, se clasificó
Hacía tiempo que Mourinho no decía nada sensato y ayer lo hizo en rueda de prensa después de devolver al Lyon a su casa, eliminado y bien eliminado. Desde 2004 el Madrid no sabía nada de los cuartos de final de la Copa de Europa pero para el portugués no había motivo para excesiva pirotecnia. Si el Madrid no puede estar entre los ocho mejores equipos de Europa hay algo que se está haciendo mal. Se hizo mal durante las temporadas pasadas, y no sólo cayendo eliminados con derrotas verdaderamente humillantes (véase Liverpool y el famoso chorreo) sino pisoteando la heráldica blanca en el continente. De semejante desastre se han ocupado presidentes de tasca y dominó, entrenadores divinos y jugadores que aún hoy se preguntan cómo llegaron a jugar en el Madrid, aunque sólo fuese un rato. Trescientos mil millones de euros después, el Madrid llegó a cuartos lo cual supuso un gran alivio para todos los parroquianos y desactivó el peor escenario para Pérez: tener que despedir a Mou si el equipo hubiese patinado ante el Lyon. Por fortuna para él y el portugués nunca se sabrá. Diferente es lo que opinan Marca y As.
El Lyon se ha convertido en la peor pesadilla blanca en la última década y eso demuestra lo perdido que ha andado el Madrid por Europa. Antes se temían las visitas del Bayern o del Juventus; ahora escalar Gerland es una proeza sobrehumana, pero a la octava se consiguió con la participación decisiva de Benzema en la eliminatoria, en Lyon y en Chamartín, marcando, presionando y buscando a los compañeros. La llegada de Adebayor ha sido como la chincheta en la silla y de él depende mantener tan buen rendimiento. En cualquier caso, y supongo que a título personal, sería muy humillante salir del Lyon para ir a un grande y ver como año tras año tu ex-equipo te abofetea sin compasión. El partido de ayer tuvo momentos exacta y extrañamente iguales que el de la pasada temporada, cuando el Madrid era más estético pero menos contundente, y por un momento se intuyó que la flojera podría aparecer viendo a CR7 deambular o a Pepe sacar la pierna a pasear cuando no había motivo.
Pero no apareció y no lo hizo porque, superados los primeros minutos del partido, el Madrid demostró que iría a por la victoria, sin paliativos, sin especulaciones, sin negociaciones, amarrado a su estilo y su ímpetu. El empate de ida era un buen resultado aunque corto, muy corto. Se antojaba demasiado funambulismo para tanta dispersión. Mou planteó el partido como plantea todos los demás y eso quizá ayudó anímicamente a los jugadores despojados de la ansiedad del club concentrada estos días en el isquiotibial de Cristiano. El partido exigía tener la posesión, tenerla por estrategia, por mandar en casa, por calidad, por historia... por tantos motivos, pero para el Madrid ese es un debate obsoleto porque ni quiere el balón ni tiene jugadores para tenerlo. Parece que Mou se ha rendido ante la naturaleza de sus mejores jugadores: ustedes corran y plántense en el área rival con cuatro pases. Cuando el Madrid acelera muy pocos lo pueden parar. Y en una de esas carreras, por las costuras de la zaga francesa, se coló Marcelo en el 37' para sentar a los dos centrales y dar el puñetazo en la mesa que el madridismo llevaba tanto tiempo esperando. Ese gol daba tranquilidad y ofrecía una inquietante certeza: el lateral brasileño es un jugador capital en este Madrid. La banda izquierda del Lyon era lo más parecido al salón de su casa y desde allí se gestaron las mejores acciones blancas sólo repelidas por un excepcional Lloris, lo mejor del Lyon junto al Chelo y Lisandro.
Con el 1-0 las cosas no pintaban mal para el Lyon. Antes de cobrar el tanto pasaban con un gol; ahora con uno forzaban la prórroga. El Madrid estaba obligado a buscar otro para ser dueño de su destino y en esa búsqueda Puel ayudó sentando a Briand para dar entrada a Gomis, que ya marcó en la ida. El cambio retrasó a Lisandro a posiciones de creación y ahí se acabó el poco Lyon que pisó el Bernabéu. El Madrid ejecutó un grandísimo ejercicio de presión y martillo, con Di Maria y Benzema como lebreles y Özil como organista. Cristiano estaba para pocas verbenas, buscando una falta por allí y un disparo por acá. La presión dio frutos en el 66' tras un monumental error de Louvren que pescó Benzema para ponerla entre las piernas de Lloris, tal y como hiciese en la ida. El 2-0 tuvo un efecto balsámico para el Bernabéu: al fin una noche europea tranquila, sin sobresaltos, según lo previsto, con un Madrid solvente y aplicado. Con la eliminatoria prácticamente cerrada, entró Adebayor por CR7, cinco minutos antes de que Di María finalizase una buena contra en el 3-0 definitivo que devolvía al Madrid a cuartos. Es cierto que ahora no parece mucho pero sí lo era hace bien poco. No olvidar.
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