Por Ignacio Ampudia, hace 1 año y 2 meses

Sólo Alonso

Benzema Se Dispone A Marcar GolUna vez más el Madrid salió de Lyon con la extraña sensación de que algo o alguien o alguna suerte maléfica  le impiden sacar un resultado limpio, claro y conciso. El proverbial enredo de cada temporada de los blancos en Gerland va camino de legendario, y no tiene pinta de cambiar. Por seguro que en Chamartín prefieren verse las caras con el United o con el Inter antes que con los chicos de Puel, el Lyon, un equipo de maratonianos levantadores de pesas. No tienen mucho más los franceses, acostumbrados a un campeonato sin nombre ni proyección, un campeonato que sobrevive a base de exportar el poco talento que atesora. Que el Lyon haya sido el caudillo de Francia durante tantos años ofrece una idea exacta de la naturaleza de la Ligue 1. Cuando alguien quiere un delantero habilidoso, viaja a Brasil; cuando se quiere un gambeteador puro, de calle y porterías hechas con jerséis, va a Argentina; ¿un medio de calidad?, sin duda en España. Pero si  lo que se busca es un quitanieves en medio campo, un tipo de metro noventa y ochenta y cinco kilos, un portento físico y escultural, un destructor, Francia es el sitio y las ex-colonias su cantera. Para el Lyon el fútbol consiste básicamente en correr y seguir corriendo, en apretar las clavijas de todo aquel que pretende jugar y da pases. Es el equipo de las coberturas y de los contragolpes endemoniados y, si bien el Madrid sostuvo con cierto ingenio las arremetidas galas, el resultado final no deja satisfecho a nadie porque los blancos pudieron ganar y los franceses también y cuando se da una situación así es por dos motivos: o el partido ha sido apasionante, jugado de tú a tú entre dos equipos que no especulan o el partido ha sido un soberano aburrimiento. Pueden apostar que con semejante cartel, la segunda opción siempre será la correcta.

Los últimos días la prensa deportiva jugó a conocer a Mou. No habría cosa más placentera para algunos plumillas que entrar directamente en la cabeza del portugués y determinar sin error lo que pasa por esa mente. El caso es que cuando todo el mundo daba por seguro un trivote para contrarrestar la superioridad del Lyon en la zona de creación, el portugués se descolgó con el equipo habitual excepto Marcelo, sacrificado por demasiado ofensivo. De chiste. Mou dio entrada a Arbeloa, un primor táctico, un ejemplo de entrega y sacrificio, que tiene prohibido por contrato superar la línea de medio campo. Ramos debía ejercer como carrilero, pero con contención. Para Mou, la eliminatorias europeas son partidos muy largos, con un par de semanas entre partes, y el objetivo siempre es no recibir esperando que los cazadores de arriba agarren una bola buena en algún momento. Así ha hecho fortuna el portugués trotando por todo el continente pero no la han hecho sus equipos, mil veces campeones, mil veces olvidados.

El Madrid atesora mucha más calidad que el Lyon, línea a línea, dorsal a dorsal, incluso más si Lisandro, lo único diferente, no juega y sale un tal Gomis con unas botas que ya podrían ser unas chanclas. Mou apostó por lo de siempre, por Alonso y Khedira y los cuatro de arriba, pero siempre hubo una enorme diferencia entre la pizarra y la realidad. Los sistemas quedan bonitos en las charlas y en las tertulias, son la epistemología del fútbol. Cuando el balón comienza a rodar, los presupuestos científicos saltan por los aires. Nadie podrá acusar a Mou de conservador: salió en Lyon con cuatro delanteros, nominales, por supuesto, porque el equipo se partió a las primeras de cambio. Alonso solo no puede mover semejante mole. Khedira no es más de lo que es y pretenderlo es querer ver más de lo que en realidad hay, es decir, un alemán grande que supuestamente es un primor en la destrucción. Sin embargo, no está capacitado para entregar un balón sin riesgo. Özil, un socio de lujo para Alonso, estuvo desaparecido prácticamente hasta la jugada del gol cuando su concurso era esencial para dinamitar entre líneas el entramado francés. De CR7 pocas noticias hasta el balón al palo y de Adebayor más de lo mismo. Fue alineado para bajar balones y esperar la llegada de la segunda línea y, cuando tenía la posesión, los refuerzos no aparecían por ningún lado y cuando finalmente aparecían, ya no había balón.

El planteamiento del Madrid (muy pobre, no nos podemos engañar) podía ser un tiro al aire, máxime cuando confías en los centrales que no tienen la noche. Ni Pepe ni Carvalho estuvieron a la altura de las circunstancias, especialmente el segundo, con una natural querencia a retroceder cuando el rival empuja. Y por si fuera poco, Ramos haciendo de las suyas por la banda, pasado de vueltas como acostumbra, sin capacidad para leer lo que necesita su equipo en cada momento. En la reanudación, los blancos salieron con jerarquía, dispuestos a dar un golpe definitivo, lo cual es un tanto desesperante porque demuestra que pueden gobernar los partidos pero sólo a ratos. Fueron los mejores minutos blancos, con un balón al palo de CR7 y otro de Ramos y, viendo que el Lyon comenzaba a deshacerse, Mou movió el banco metiendo al revulsivo espiritual, al monje-delantero Benzema, que tampoco conoce el término medio. O necesita trescientos minutos para marcar o marca a los cuarenta segundos de salir. Y así fue: peleó un balón, lo robó, se asoció, regateó y cuando estaba en trance de besar el césped, sacó un remate que se coló entre las piernas de Lloris. El tanto fue orgiástico, la rendención blanca en el infierno. Tanto fue así que el estoico Pérez se levantó de la poltrona para aclamar a su chico, a su protegido. Debió pensar que sólo por eso pagó 36 millones por él, para verle marcar de blanco un gol en el infierno.

El 0-1 era un resultado de lujo para el Madrid y, antes de que Pérez se sentase de nuevo, Lass ya corría en el campo para amarrar con fuerza el resultado. Irremediablemente el Lyon tuvo que buscar el empate dejando espacios a la espalda, el escenario soñado por Mou para que CR7 y Di Maria pusiesen un hipotético 0-2. En el empuje del Lyon se vieron todas sus costuras y su evidente incapacidad para generar nada parecido al fútbol. Mou lo vio claro y mató al talento: Marcelo entró por Özil esperando que en una arrancada del brasileño la cosa se cerrase pero más bien fue lo contrario porque cuando se especula lo normal es que se dejen cosas por el camino. Corría el 83' y los blancos, que sólo debían mantener el control y enfriar los ánimos, concedieron en un exceso de fogosidad una falta lateral pésimamente defendida que significó un balón muerto a los pies de Gomis en el área pequeña, un balón tan fácil que incluso él lo llevó al fondo de la red mientras toda la zaga reclamaba un fuera de juego que rompía Ramos. El 1-1 era igual de justo que el 0-0 aunque es cierto que supone una cierta ventaja para el Madrid, dispuesto a pasar a cuartos por lo civil o lo criminal, jugando o sin jugar, o como sea o como pueda, tanto da porque las grandes inversiones sólo se justifican con grandes resultados. El cómo no importa a nadie. Es puro romanticismo.

No hay comentarios

Sé el primero en escribir un comentario a esta entrada.

Escribir un comentario

Si quieres añadir tu comentario a esta entrada, simplemente rellena el siguiente formulario:





* Campos requeridos

Puedes usar estas etiquetas XHTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <code> <em> <i> <strike> <strong>.

1 trackback

Para notificar de una mención en tu blog a esta entrada, habilita la notificación automática (Opciones > Discusión en WordPress) o especifica esta url de trackback: http://​1blogdedeporte.com/​2011/​02/​solo-alonso.html/​trackback