Corriendo se puede empatar
Se suele decir que cuando un equipo se vacía y hace todo lo posible y hasta lo imposible por marcar un gol y llevarse los tres puntos no hay lugar a la crítica. No ha habido suerte, las cosas se han torcido, el árbitro, los postes, el césped, un balón sin presión, unas botas con los tacos mal puestos, unos gayumbos que apretaban demasiado o haber olvidado pisar el terreno con el pie adecuado, derecho o izquierdo, la flexibilidad del rito. El Madrid se dejó, y ahora parece que de un modo casi definitivo, media Liga en Riazor ante un equipo que se limitó a hacer lo único que sabe hacer: defender, sostenido por un portero mayúsculo y una pareja de centrales sobresaliente, al menos cuando juegan contra el Madrid. Habrá que ver qué pasa cuando reciban al Levante o al Racing, lo mismo da, porque todos juegan contra el Madrid como si no hubiese mañana. Es el precio de la fama. Lotina renunció a su habitual quinteto defensivo que instauró cuando el equipo se desangraba camino del descenso, aunque cuando el balón comenzó a rodar Rubén Pérez se encargaba de incrustarse entre los centrales convirtiendo la pareja en un trío y ahogando toda la línea de creación de los blancos. Diremos creación porque es una convención pero el Madrid no crea stricto sensu desde hace casi una década.