CR22
Inmersos en ese extraño y bizantino debate sobre si el Madrid necesita o no necesita fichar algún delantero centro cuando la pregunta en realidad es si el Madrid debió alguna vez fichar a Benzema, Mou asumió que ni los Reyes Magos, ni Pérez, ni el AS, ni Valdano, el perfecto comercial capaz de vender agua hirviendo en el desierto, van a traerle a alguien que sepa qué es meter un gol. La crueldad del Madrid es infinita debe pensar Mou, obligado por contrato y por imperativo moral a ganar algo esta temporada, y ya puede ser algo decente, y ya lo puede ir ganando con un 9, con uno solo, porque lo más probable es que Higuaín no esté para jugar antes de abril; o bien mirado ya puede ir ganando algo con ningún 9 porque no siempre se es lo que pone en la camiseta. Igual que se agotaron los superlativos para Messi o para Xavi, se agotaron los calificativos para Benzema. Su caso no tiene arreglo. Sufre en el Madrid, no se lo pasa bien siendo futbolista blanco y lo más probable es que en cualquier equipito le fuese bien. No todo el mundo puede ser una estrella. Si no algunas cosas nunca tendrían mérito. Ni siquiera se puede decir de él que se entregue como nadie, que luche, que pelee cada balón, que busque el desmarque, que estorbe a los centrales, que sea voluntarioso. Benzema es un perfecto aficionado y sólo se puede desear que disfrute de un dorado retiro en el PSG.
Con semejante panorama, no es casualidad que Mou quiera que venga alguien, pero se le pone feo, muy feo, máxime cuando CR7 sale a dos o tres goles por partido. ¿Para qué quiere otro?, debe pensar Pérez y Mou responde en su diálogo mudo para cuando el bueno no esté. No le falta razón al Profesional: con lo puesto no llegamos a la Décima aunque a lo mejor sí nos alcanza para la Liga. Todo depende de lo que pase en abril contra el Barça en Madrid. Sí, en abril, porque esta Liga española no da para mucho más. Hay dos y el Villarreal, que ganará la otra Liga porque son muy buenos, juegan muy bien y saben lo que tienen que hacer. Los amarillos son una suerte de Barça en miniatura, como si cortas a los de Guardiola por la mitad y sólo por eso no se han llevado la victoria de Chamartín.
Las bajas de Senna y Nilmar condicionan en cierta manera el juego del Villarreal. Uno pone sentido y oficio, mucho oficio, y el otro aporta la típica picardía del jugador brasileño que aún no ha empezado a salir por las noches. Aún con todo, Garrido ha conformado un grupo que practica un fútbol de toque extremadamente elegante, armónico, estético y punzante, y con esa propuesta saltó al Bernabéu con la intención de acercarse al Madrid en la clasificación y, por qué no, demostrarse que puede codearse con los colosos. El Madrid, por su parte, aquejado de una cierta falta de ritmo e indolencia en algunas de sus piezas, se limitó a dejarse llevar por el césped, encomendado a los arreones de sus centellas y al martillo de CR7. Recordó a aquel guiñapo que fue de turismo al Camp Nou. El Villarreal, sorprendido ante tanta hospitalidad, aprovechó la vía de agua del Madrid, la banda de Marcelo, para construir incesantemente la misma jugada ofensiva. Avisó Cazorla en el 3' y Cani resolvió magistralmente en el 6' ganando la espalda a los centrales. El 0-1 espoleó a los blancos, que lograron el empate a los pocos minutos en otra bonita jugada que cobró un mayor tinte épico cuando Benzema colocó un bonito pase para Özil a la espalda del lateral. Brillante Karim.
El Madrid pensó que aquello bajaría los humos de los de Garrido, pero tan solo era un pensamiento que pasó por la cabeza de un Lass que vio en primera fila la brutal asistencia de Bruno para Rubén que ponía el 1-2 después de picarla ante Casillas. Parecía que lo del Villarreal iba en serio. El Madrid se partía por el eje, justo donde los amarillos se encontraban más cómodos, justo donde este tipo de equipos no pueden sentirse cómodos. Con más fe que otra cosa, el Madrid se lanzaba contra la meta castellonense y en una de esas, a escasos segundos del final, Alonso botaba una falta desde el lateral del área para que Cristiano pusiera el empate en el marcador, su segundo gol, el segundo del Madrid. ¿Quién decía que hacía falta un 9?. Los chicos se fueron contentos a la caseta pero Mou, como buen Profesional que es, decidió que allí había algunas cosas que no funcionaban correctamente. La evidente la dejó; la otra evidente también y sentó a Lass por Khedira, ese portento del fútbol y de la ciencia. Aparentemente parecía cromo por cromo, pero lo que realmente implicó era la liberación de Marcelo de labores defensivas y la incursión del Fideo en el lateral derecho a modo de carrilero.
Con tres defensas y Alonso arropado por Marcelo, Özil y Khedira, el Madrid exhibió su cara más habitual: contundencia y tenacidad. El Villarreal desapareció del mapa y se pudieron contar con los dedos de una mano sus estancias en campo rival. El Madrid, montado en las botas de Cristiano, se desplegó por las bandas con profundidad en busca de los tres puntos. El protagonismo se trasladó desde Cazorla hasta Diego López, mal asunto, que salvó hasta tres ocasiones claras de los blancos. Garrido sospechó que aquello no sería algo circunstancial y comenzó a dar por bueno un empate. Retiró a Rubén y Cani para dar entrada a Oriol y Musacchio, y en ese momento Rossi se quedó solo en la brega. El gol del Madrid era más que evidente aunque llegó en una jugada polémica. Kaká, el resucitado, había entrado en el 70' por Albiol. Con el Madrid desparramado en ataque, colgó un balón al área que Di Maria, en fuera de juego, intentó jugar, balón que fue rechazado por Diego López, rechace que agarró Cristiano en el suelo y que volvió a ser repelido por el meta y que fue agarrado ahora por Benzema que, evidentemente, falló y que salió despedido a los pies de CR7 que en un movimiento logró el espacio necesario para chutar y en otro chutó para poner el 3-2, su tercer gol, el tercero del Madrid y dejar los tres puntos en casa. Era el 79' y el Villarreal no tenía nada para contraargumentar y el Madrid sí: otra cabalgada de Cristiano que dio la asistencia del 4-2 a Kaká. Era el 82' y para entonces Mou ya estaba provocando al banquillo del Villarreal dando comienzo a su propio partido, el partido semanal del Profesional.
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