Para quitarse el sombrero
La batalla entre los dos mundos que gobiernan la Liga logró agotar los adjetivos, los sustantivos y hasta los adverbios, y cuando ya no quedaban palabras en ninguno de los idiomas que hay en el mundo, se recordaron los goles de los pasados clásicos. Sin embargo este Clásico tenía otro aire porque parecía que por fin el Madrid de Mou podría empezar a discutir de verdad la hegemonía del Barça. Pero sólo lo parecía, porque el correctivo fue mayúsculo. Y para calificarlo sí quedan palabras de sobra. Algo de eso debía olerse Mou cuando apenas dijo nada en los días previos, me refiero, nada de lo que acostumbra el portugués. Incluso se vieron ciertos convencionalismos en sus declaraciones, quizá consciente de que noventa minutos después debería comerse sus palabras. Por eso cargó la suerte, poco, en la figura del árbitro, que para eso está y sólo acertó en algo: ningún equipo dirigido por el portugués termina los partidos con los once sobre el césped. Bien Mou: una de quince. No está mal.
Sólo acertó esa y falló todas las demás dejando por los suelos su reputación de mejor estratega de planeta, sin contar a Rommel, claro. Mou erró el planteamiento porque todavía no ha nacido el equipo que pueda discutirle la posesión a este Barça, construido por y para la pelota, para llevarla, traerla, repartirla entre todos y meterla entre las redes cuando los rivales están absolutamente hartos física y emocionalmente de correr de un lado a otro sin olerla. Una pelota que doma Xavi, el mejor medio del mundo, de ahora seguro, y de siempre sería discutible pero bastante probable, y que agitan Iniesta y Messi. En su particular cruzada por hacer de este Madrid un equipo hecho y derecho, comenzó con una medida que sonaba acertada: apostar sin fisuras por el once que había provocado tanto optimismo, no cambiar el guión, no alterar las piezas que habían goleado y conseguido el liderato. Pero claro, salir con ese once para intentar jugar a defender es absurdo porque ni son los jugadores, ni es el estilo y lo más importante, porque al final el Madrid ni defendió ni atacó, desubicado y desbordado por lo que estaba haciendo el Barça. Y la cosa no había hecho más que empezar.
Todas las virtudes del Madrid de Mou, pocas por el momento, quedaron diluidas en tres o cuatro acciones del Barça. Este Madrid no es arte ni orfebrería fina; este Madrid es verticalidad, solidez y velocidad, aparte del extra de mentalización y autoestima que ha incorporado Mou. Sus equipos no lucen pero son efectivos y sobre todo, salen a comerse el césped, tal y como lo venía haciendo el Madrid. Con Pellegrini, el Madrid dominó fases del encuentro y estuvo muy cerca de salir con los tres puntos, principalmente porque la presión sobre las líneas de creación del Barça fue memorable. Aquel Barça era lo mismo, excepto Villa, y sufrió de lo lindo porque le jugaron de la única manera en la que sufre: desactivando a Xavi. Así las cosas, ni Alonso, ni Khedira, ni ningún otro con la camiseta del Madrid bloqueó, ni lo intentó, al medio, ni al otro que lo acompaña por un lado ni al otro que va por el otro costado, ni al lateral que dobla, ni al central que aparece en la medular... ¡son tantos!, debieron pensar los blancos, especialmente Marcelo, el mejor lateral izquierdo del mundo (somos del Madrid pero no somos tontos), que ante jugadores de verdad, de los ambiciosos, de los que quieren ganar, retrata como nadie sus carencias. De Özil nada se supo, ni del Fideo, ni de CR7, mucho más preocupado por ascender al Olimpo de las deidades blancas con sus constantes encontronazos con todo lo que huela a Barça, ni de Benzema para el que ni siquiera gastaré más tinta.
A pesar de tanto defecto, de tanta indolencia, de tanta incompetencia, el Barça no aplastó al Madrid simplemente porque éste ni siquiera se presentase en el partido. El Barça metió el cuarto 5-0 de su historia al Madrid por méritos propios, y decir lo contrario es faltar a la verdad, o no querer verla, o ser tan del Madrid que sólo te quede reír como un macaco las gracias de los matones de saldo y esquina que empujan a los entrenadores rivales o a los que se van expulsados y enajenados. No, hay que decirlo y reconocerlo, porque el partido del Barça fue memorable, elegante, preciso como la mano del cirujano, fiel a un estilo que es muy atractivo, interesante y virtuoso basado en que Xavi tenga tres metros y dos segundos para pensar y en una solidaridad colectiva sublime. Ni un mal balón, ni una rifa, ni un ápice de impaciencia. Así es el Barça, un Barça colosal que se merendó al Madrid por cinco y bien podría haberlo hecho por algunos más, quizá por los ocho que CR7 dijo que nunca les meterían. Simple propaganda. Cuando se apagaron entrenadores y publicistas y empezó el juego, quedó muy claro, cruelmente claro, que cuando el Barça quiere, es sencillamente imparable.
6 comentarios
#1. Jose, hace 1 año y 5 meses
Me descubro ante usted. No imagino lo dolorosa que habrá sido escribir esta entrada pero aún con todo ha encontrado lo que muchos aún andan rumiando y tratando de no ver 24 horas después del partido: El balón.
Gracias en nombre del fútbol por esta entrada despojada de tanta chabacaneria como he tenido ocasión de leer en tantísimos otros sitios.
Un saludo
Bidea
#2. José Ramón López, hace 1 año y 5 meses
No sabía cómo hacérselo llegar, pero el señor Bidea ha plasmado negro sobre blanco (va sin doble sentido) mi pensamiento y parecer. Lo suyo, señor Ampudia, es de sombrerazo y reverencia .
Desde «la muerte» periodística ( ingreso en el cártel de los pesebreros MARCA) de Santiago Segurola, y el destierro, exilio o encarcelamiento del susodicho y mítico José Bidea, no había vuelto a leer una crónica que honrara de ésta manera la verdadera profesión de periodista.
Llegará un día, señor Ampudia, en el que la historia deportiva exija ser escrita por los verdaderos periodistas. Hasta entonces permanezca usted fiel al dictado de su clarividencia.
Gracias
#3. Fernando, hace 1 año y 5 meses
Ya te lo dije por teléfono. La crónica es una maravilla en el análisis, en la forma... y en la honestidad. Al fútbol no les ganamos, a otras cosas, puede....
#4. Ignacio Ampudia, hace 1 año y 5 meses
Dolió, no lo puedo negar, pero no dolió tanto como esperaba porque la superioridad fue tal que sólo nos quedó disfrutar de semejante exhibición, dejándonos llevar. Veo hoy un gran titular en el MARCA: «MARCA confirma que Valdés cometió penalti sobre CR7 y que Villa arranca en fuera de juego en el tercero». En lingüística muchachada nui, «es de traca».
#5. Jose, hace 1 año y 5 meses
Confesaré que, indagando, me topé con un blog de un tal no sé qué Serrano en el Marca, y normalmente no suelo involucrarme en temas pseudocientíficos con inquietantes tintes filosóficos, pero no me pude resisitir y termine logándome en Marca sólo para poder contestar a semejante mamotreto. Cuanto daño hace el Marca al Madrid aunque parezca ilógico.
José Ramón; Siempre me sorprende como es usted capaz de hacerme sonrojar devolviéndome a mi tierna infancia por unos segundos.
Desde Camboya con nostalgia.
Bidea
#6. ainhoa111, hace 1 año y 5 meses
lo más importante: en Marca les quedó claro quien es hoy por hoy el mejor equipo de la liga española. Su director, Eduardo Inda, echaba espuma por la boca.... al día siguiente sacó una editorial 3 horas más tarde de lo que suele sacarla, donde decía creo recordar que aquello habían sido sólo tres puntos más, quitándole hierro a que «su» madrid hubiera caído estrepitósamente ante el máximo rival.
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