Para quitarse el sombrero
La batalla entre los dos mundos que gobiernan la Liga logró agotar los adjetivos, los sustantivos y hasta los adverbios, y cuando ya no quedaban palabras en ninguno de los idiomas que hay en el mundo, se recordaron los goles de los pasados clásicos. Sin embargo este Clásico tenía otro aire porque parecía que por fin el Madrid de Mou podría empezar a discutir de verdad la hegemonía del Barça. Pero sólo lo parecía, porque el correctivo fue mayúsculo. Y para calificarlo sí quedan palabras de sobra. Algo de eso debía olerse Mou cuando apenas dijo nada en los días previos, me refiero, nada de lo que acostumbra el portugués. Incluso se vieron ciertos convencionalismos en sus declaraciones, quizá consciente de que noventa minutos después debería comerse sus palabras. Por eso cargó la suerte, poco, en la figura del árbitro, que para eso está y sólo acertó en algo: ningún equipo dirigido por el portugués termina los partidos con los once sobre el césped. Bien Mou: una de quince. No está mal.