Por Ignacio Ampudia, hace 1 año y 8 meses

Özil, la gran noticia

OzilPeor que un mal futbolista es un presidente envalentonado, y si éste, entre otras lindezas, promete que la Décima llegará en mayo de 2011, la cosa se pone dramática. Pérez tiene muchos oscuros objetos de deseo, pero por encima de cualquier otra cosa en el mundo, él cree que en la Copa de Europa descansa el ADN madridista y esa es la idea sobre la que ha pivotado su gestión, la de ahora y la anterior, cuando Zidane hizo lo que hizo en Glasgow y el Madrid era algo parecido a un equipo de fútbol. Ha cambiado piezas, han llegado jugadores y entrenadores con la misma frecuencia con la que han salido, ha cambiado directivos, las gradas y el césped pero la Copa de Europa sigue sin llegar. Se pueden enumerar muchas virtudes de Pérez, pero sus defectos son aún más pertinaces y como última salida ha contratado a Mou. Ya no hay plan B. 

La Liga es importante. Es el torneo de la regularidad, lo local, lo doméstico, el terruño, la posibilidad de ver a las estrellas en ciudades levantinas jugando con el aliento de los chavales en el cuello cuando se saca un corner. Es el torneo de las sorpresas y de la teórica igualdad y, por supuesto, es el torneo para que el entramado futbolístico-televisivo siga adelante. Con el Barça sólo se juga dos veces al año. Por eso la Copa de Europa es el torneo que todos quieren jugar, por los beneficios, por la imagen y porque es donde juegan los mejores de Europa. Y si ganas a los mejores de Europa, te conviertes en el mejor de Europa. Es el sencillo argumento que maneja Pérez. Lo que no parece entender es que el fútbol se rige por mecanismos más sutiles, los mismo que indican que, probablemente, el Madrid de Mou no gane la Champions en 2011.

Y no es que el estreno en la máxima competición fuese malo. Todo lo contrario. El Madrid hizo un partido bueno, rápido, inteligente por momentos y animado en otros tantos. Mou dejó a Benzema en el banco, al que parece que le espera un buen via crucis con el portugués, para dar vuelo a las alas. Partió con el doble pivote innegociable, con Alonso y Khedira en paralelo; Cristiano y Di Maria por bandas, Özil de enganche e Higuaín en punta. Quizá sea precipitado aventurarlo pero el fichaje del chico con cara de notario es lo mejor que le ha pasado al Madrid en los últimos cinco años. Ni Sneijder ni Robben ni Robinho (si acaso Faubert) han desprendido las sensaciones que ha dejado Özil en un par de partidos. Es uno de esos jugadores diferentes. Con 22 años muestra un desparpajo insultante; entra por banda y por el centro; por allí con habilidad, por aquí con clarividencia; toca de primeras, devuelve paredes con solvencia y se interna con instinto matador. Sus piernas son diferentes y su cabeza también. Es una magnífica noticia después de la marcha de Guti.

El Ajax es el Ajax porque lo dice su nombre. Exclusivamente. Su propuesta en el Bernabéu fue de un equipo que ha perdido sus señas de identidad, de un equipo que depende excesivamente de Luis Suárez, de un equipo que realizó su primer tiro a puerta en el 55'. El Madrid impuso su juego con una solidez incontestable. Con Pepe y Carvalho como cierres y Arbeloa sujetando la media, Marcelo se prodigó con asiduidad por el ataque buscando a Ronaldo que se encuentra en un fase de desquiciamiento interesante por su resolución. El año pasado era el único gallo del corral, pero en este nuevo Madrid las cosas son diferentes porque la calidad se ha democratizado y él ya no es la única opción, la alternativa necesaria. Mou empezó a comprobar como muchas de sus características se empiezan a ver en este equipo. El Madrid robó con eficiencia y atacó con toda la artillería. 35 fueron los disparos y dos los goles, ambos obra de Higuaín que, por supuesto, falló unas cuantas antes de adelantar a los suyos. Los goles del argentino se celebran de forma diferente, similar a cuando se termina de montar un mueble de IKEA: después de horas intentando descifrar las instrucciones, después de cientos de prueba-error, aquello adopta la forma deseada. Por ahora puede resultar gracioso lo de fallar seis ocasiones claras por partido, pero en Europa, en la competición de la esencia blanca, fallar seis es lo mismo que irse a casa.

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