Nunca es suficiente
Si no fuera porque el Madrid se gastó 300 millones el verano pasado en reforzar su devaluada plantilla, nadie podría asegurar que ayer pasó por Mallorca algo diferente al primer Madrid de Florentino, el mismo que se sostenía entre Casillas y Ronaldo, con un santo bajo palos y una manada en el ataque. La Liga sigue sin dueño y ya son demasiadas las especulaciones sobre si el Madrid sufriría en casa de un sorprendente y meritorio Mallorca o si el Barça se atragantaría en casa contra uno de los más firmes candidatos al descenso. Unos y otros solventaron con eficacia y solvencia sus respectivos duelos, con idéntico marcador, para seguir poniendo algo de picante a una Liga que ha entrado en una fase de somnolencia suma, con dos bestias batiendo records históricos de puntuación, tres o cuatro con menos calidad y un ingente pelotón de cola en el que nada está decidido.
El empate momentáneo del Tenerife hizo soñar a más de uno con un patinazo de un Barça que sigue afirmando su orgullo con crueldad después del batacazo europeo. Solo resta la Liga, y la Liga ganarán, Sevilla mediante. El Madrid se ha visto relegado al papel del segundón, del que podría estar en primer lugar pero no lo está porque aún no está preparado para suceder al Barça de las Seis Copas. Es un papel del todo ingrato: probablemente no se consiga el título pero el nivel de exigencia es el máximo. Así lo requiere el guión. Pero el Mallorca no estaba dispuesto a verse vulnerado en su estadio, en el que solo había recibido once goles en toda la temporada y donde contados equipos habían logrado arañar algún punto. Con las arcas vacías y una penosa deuda, Manzano ha logrado sacar mucho jugo de una plantilla que se supondría debería estar hundida. Por las bravas y jugando como un buen conjunto, los insulares se han mantenido como firme aspirante a plaza Champions durante buena parte de la competición. Sin embargo, ayer se topó con un tal Cristiano y poco pudieron hacer.
Y no porque el Mallorca comenzase mal, que no lo hizo, sino porque el Madrid, juegue bien (pocas veces), regular, mal o no juegue (la mayoría) te destroza en un revés inesperado. Tanto fue así que Aduriz adelantó a los suyos al cuarto de hora del comienzo rematando a placer en el área pequeña después de un error defensivo en cadena. Una vez más el Madrid debía remar contra el viento para seguir persiguiendo al líder. No se puede decir que el gol viniera mal a los blancos. Más bien todo lo contrario. Verse por debajo en el marcador levantó el ánimo madridista aunque la realidad era que Granero es un medio inconsistente, con Gago se podría se más cruel y Kaká tiene mala pinta porque ni participa ni encuentra su lugar ni tiene fondo físico después de dos meses inactivo. Higuaín perseguía su sombra. El Madrid estaba absolutamente fuera del partido y de la Liga.
Pero los recursos son abundantes. La situación exigía el tesón de un par de pretorianos de categoría. Ramos era uno de ellos; el otro, Cristiano, el chico del millón de dólares. Un balón diagonal desde las botas del sevillano para la carrera demoledora de Cristiano significó el empate en el 25'. Después del descanso el Madrid fue consciente de cuál era su tarea. Y no podía obviarla. Dio un paso adelante, el Mallorca lo dio atrás y a base de empellones, los de Manzano se descubrieron encerrados en su campo con un Madrid que atacaba por todo el frente, sin concesiones y pausa. Este Madrid no sabe madurar el juego. Nadie quiere tener el balón más de tres segundos en sus pies y mucho menos devolver un pase. Solo hay lugar para llegar al área. En ese fuego, de nuevo los mismos protagonistas del primero: Ramos asistiendo a Cristiano que se interna con fuerza en el área para poner el 1-2 en el 57', a base de fuerza y terquedad. El Mallorca acusó el golpe y ya no pudo sobrellevarlo con dignidad. Cristiano estaba ansioso. No quiere meter tres; quiere meter siete, y si ya lo ha hecho, quiere tres más. En el 72', solo contra el mundo, embistió a tres defensas, el rebote le favoreció y batió por bajo a Aouate. 1-3 y la Liga en el mismo punto. Pero faltaba el broche. Lo puso Higuaín, que convirtió de vaselina la quinta oportunidad que tuvo en el partido. Eso es eficacia y lo demás son... pues eso. Era el 82' y Cristiano se marchaba sustituido, enfadado y satisfecho, todo a la vez, demostrando que para él nunca es suficiente.
1 comentario
#1. José Ramón López, hace 1 año y 9 meses
Las relaciones entre portugueses y españoles se han caracterizado siempre por la mutua ignorancia: a la soberbia española, el portugués respondía con su conciso (refrán) «De Espanha, ni bom vento ni bom casamento».
Cristiano Ronaldo y Mourinho son ahora los iconos del madridismo. La caverna mediática del oso madroñero se ha rendido al dúo lusitano y el 80% de las infidelidades de las women madrileñas se consuman con obreros portugueses de la construcción, que a pesar de la escasez de trabajo no paran de darle a la piocha.
Menos mal que uno es asturiano y por tanto inmune a invasiones sarracenas y a vendedores de gayumbos...
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