I'm a loser baby...
Siempre se ha dicho que los clásicos acaban definiéndose en los pequeños detalles, en un fallo, en un mano a mano errado, en un remate que se va por encima del larguero, en una marca mal ajustada, en el acierto de la estrella del equipo. Sin embargo, lo que marca la diferencia hoy por hoy entre el Madrid y el Barça es algo bastante más importante que un detalle o un error de concentración. El Barcelona es un equipo maduro, sólido y resolutivo, un equipo de área a área, que sabe jugar ante cualquier rival y que encuentra soluciones ante cualquier contratiempo. Un equipo está hecho cuando nadie duda de su victoria aunque las cosas se pongan cuesta arriba, y en la actualidad nadie puede dudar del Barça. Por contra, el Madrid está haciéndose. Presenta buenos síntomas en defensa y en haber recuperado una actitud que se creía desterrada de Chamartín, pero el camino aún es largo, y será duro porque en el medio campo, a excepción de Alonso, todo es árido y plano. En el ataque, excepto Ronaldo, las lagunas siguen siendo considerables. A fin de cuentas el fútbol es un deporte de centrocampistas y el Barça tiene a los mejores.
Guardiola perpetró una guardiolada de manual en el once inicial. Colocó a Alves como extremo para blindar la banda derecha y dejó a Iniesta en el banco. El cambio en el guión no sorprendió al Madrid que había tenido una semana completa para preparar el encuentro. El plan inicial de Pellegrini fue claro: ahogar a los centrales culés que empiezan todas las jugadas en su área. Cortando esa vía, el Barça tuvo que recurrir a los balones largos para intentar sacudirse la presión y llegar hasta Casillas. El Madrid ejecutó a la perfección el plan anti-Barça durante la primera media hora. Xavi estaba desaparecido y Messi no paraba de encontrar nuevos escollos blancos en cada regate exitoso. Pero la debilidad puede aparecer en cualquier momento y, en un saque de falta, mientras algunos madridistas protestaban la decisión, Messi encontró a Xavi y después Xavi encontró a Messi en el corazón del área y para cuando el Madrid empezaba a entender lo que había pasado, los blaugranas se abrazaban celebrando el primer gol. Era el minuto 33' y en el único error defensivo en que central y lateral salen a intentar tapar el pase de Xavi sin éxito había llegado el primero. Demasiado castigo para tan leve infracción.
A pesar del gol, el Barça seguía sin encontrar la fluidez lógica de su juego por la presión bien ejecutada de los blancos, pero al menos ya no había tanta preocupación. Para entonces llegó el descanso con dos ocasiones contadas para cada equipo. Por supuesto, el Madrid tuvo la suya en las botas de Higuaín. Aquella fue la primera, y no hay que olvidar que el argentino acostumbra a fallar tres antes de meter su gol. En la reanudación, Guardiola ajustó el dibujo y devolvió a Alves al lateral derecho. El Madrid entró en un nuevo estado de conciencia: necesitaba igualar el marcador tan pronto como pudiera para que el asunto no se torciera aún más. Salió con la predisposición de tener el balón. Sin embargo existe una ley sencilla en el fútbol: el balón lo tiene quien sabe tenerlo, y Gago ni sabe ni lo sabrá nunca y Marcelo sólo piensa que el límite de sus carreras (y probablemente de su carrera) es la publicidad estática. La realidad es que el único que sabe algo de ese asunto es Gutiérrez, que calentaba en banda esperando jugar su último clásico. El Barça se limitaba a desactivar todos los ataques blancos, que por aquel entonces estaban siendo capitalizados por un Ronaldo frustrado y desesperado por las limitaciones del equipo y su ansiedad cuando no se va ni de su abuela, en espera de destrozar al Madrid en una contra demoledora.
Y cuando Guti ya iba a entrar por Marcelo, alguien dejó que Xavi pensara dos segundos para meter un balón perfecto a la espalda de Arbeloa que Pedro no desaprovechó. Corría el 56', el Barça se ponía 0-2 y, siendo sinceros, nadie pensaba que el Madrid pudiera levantar semejante losa ante el mejor equipo del mundo. La realidad era más insultante aún cuando Raúl sustituía a van der Vaart, que falló la más clara del Madrid en un mano a mano con Valdés. Después de las estivales inversiones pantagruélicas y las superproducciones made in Hollywood, el Madrid recurría a las dos vacas sagradas que están a las puertas del retiro para levantar el último partido importante del año. Para rematar la faena, Benzema «el Inédito» entraba por Higuaín. Por contra, Guardiola sacaba a Iniesta para terminar de matar el partido. Los últimos veinte minutos fueron del todo irrelevantes, con un Barça muy superior que repelía los estériles ataques blancos normalmente conducidos por el centro y culminados con infantiles disparos a las manos de Valdés. Para los obsesos de la estadística decir que el portero del Barça contaba 8 paradas en el 70'; Casillas ninguna. El fútbol no son números. El fútbol es algo bastante diferente, un deporte colectivo para el que este Madrid aún no está preparado.
1 comentario
#1. José Ramón López, hace 4 meses y 29 días
Bye, bye, loser baby...
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