Estoicos contra Hedonistas
Que el Barça tenga que recurrir a un nefasto arbitraje para tratar de justificar su derrota en Milán resulta un tanto sospechoso. No es de equipos elegantes cargar contra el árbitro cuando las cosas no salen bien. Del mismo modo que el Chelsea no fue caballero el año pasado en Stamford Bridge cuando aquel noruego les escamoteó un par de penalties y Drogba acabó perdiendo los papeles antes las cámaras, esta falta quedará en el debe de los de Guardiola. Es cierto que Olegario y asistentes no fueron todo lo correctos que debe ser un trío arbitral a estas alturas del campeonato, pero de los árbitros sólo se acuerdan los equipos cuando pintan bastos, y la realidad es que el Inter ha sido el único plantel capaz de ejecutar a la perfección el plan anti-Barça que durante este año tantos otros equipos han tratado de llevar a buen puerto sin éxito.
Los italianos están hechos de otra pasta, a pesar de que en el Inter cada vez haya menos azzurri. Precisamente de ahí viene su nombre. El club que con tanto desatino dirige Moratti, el silencioso magnate petrolero, ha invertido cientos de millones de euros en los últimos años en fichajes de escaso rendimiento. Mucho nombre y poco resultado. Pero parece que las cosas empiezan a encajar con Mourinho en el banquillo, una suerte de Helenio Herrera del año 3000. El técnico portugués puede ganar un partido desde el banco y, si lo pierde, es capaz de sostener cualquier argumento en sala de prensa para que parezca que nunca perdió sino que el balón se resbaló y misteriosamente acabó entrando en su portería. Mourinho es el más italiano de los portugueses. En su primer año en La Pinettina levantó el Scudetto y con lo que el Barça pagó por Ibrahimovic, armó un equipo decente para luchar por la Champions, el título por el que suspiran los neroazzurri desde hace más de cuatro décadas. Suspira el Inter y, por qué no decirlo, suspira Italia tras años de exilio de la élite europea.
Por su lado, el Barça llegaba a jugar la ida de las semifinales después de una kafkiana travesía por carretera, como antaño, y no sería descabellado pensar que aquella chapuza de la UEFA les haya pasado factura. Pero ni el árbitro ni los mil kilómetros podrán ocultar que el Barça ha sucumbido ante la clásica italianada. La diferencia esencial entre el Inter y el Madrid es que los blancos fueron a buscar la pelota a los pies de los centrales culés. Con esa táctica, las cosas tienen que salir a la perfección para que el asunto acabe funcionando. Los italianos se permiten un margen de error razonable y dejan que los equipos que saben jugar al fútbol saquen el balón limpiamente hasta la medular, donde los blaugranas se encontraban a los primeros perros de presa. Una vez superada esa media presión, se puede llevar el balón hasta la frontal e incluso pueden permitirse el lujo de conceder centros laterales, pero entrar en el área ya es otra cosa. Por eso el primer gol del Barça se entiende como un error garrafal de Maicon, en primer lugar, que deja vía libre a Maxwell y después de Lucio que duda entre cortar la internada del lateral o cubrir la línea de pase. La consecuencia fue un balón al punto de penalti para que Pedro despejara el panorama. Corría el 20' y el Barça ya acumulaba un botín inesperado.
Sin embargo, contra los italianos las cosas nunca son como parecen. El Barça estaba ahogado en la zona de creación, con Xavi solo en el desierto, Messi desenfocado e Ibrahimovic haciendo lo único que ha demostrado este año: nada. Poco a poco, el Inter fue ensuciando el partido, rompiendo el ritmo, robando en la media para lanzar a sus puntas y en un nuevo error defensivo llegó el empate. Alves fue adonde no había sido invitado y Sneijder remató a placer en el 28' . Las cosas se ponían feas para el Barça: sin juego, ante un rival que no quería jugar y con el marcador empatado. La charla de Guardiola debió ser intensa porque mientras el Inter esperaba sediento en el césped, los blaugranas seguían pensando cómo salir ilesos de la emboscada que Mourinho les había planteado. Y, efectivamente, el guión mil veces visto volvió a repetirse. El Inter aprovechó el primer minuto para adelantar la línea de presión, robó un balón en falta sobre Messi, lanzó la contra y Maicon marcó el 2-1 en el 48'. Diez minutos después, en un impecable ejercicio de presión zonal, Motta escamoteaba el balón a Busquets a diez metros del área para que Milito pusiera el 3-1 en posición cuanto menos dudosa. Minuto 61. El Inter recogió las velas y aguantó estoicamente el empuje del Barça que, a pesar de manejar la posesión en las zonas calientes, no logró poner un tanto más a su favor que habría maquillado las posiblidades para la vuelta. No se puede dudar del Barça por lo que ha demostrado durante estos meses, pero si alguien podía cortar las alas del éxito era un equipo italiano. Al final la Historia y el fútbol encuentran puntos en común. Las pugnas seculares son trágicas y se resumen en pocas palabras: el músculo contra el arte, romanos contra griegos, estoicos contra hedonistas.
3 comentarios
#1. deporte, hace 2 años
No podría estar más de acuerdo contigo.
El arbitro erró, pero no más que en otras ocasiones se ha errado a favor del Barcelona.
El Barça ha erigido una leyenda, pero tiene que sostenerla con elegancia. No sé si permanecerá mucho tiempo con este espectacular nivel de juego, pero cuando vengan malas, tiene que aceptarlo sin culpabilizar a terceros.
Mourinho tiene la capacidad de tocar las narices por dóquier, ya le conocemos, pero no podemos negarle que gestiona perfectamente bien lo que tiene y ha sido el único equipo que ha sabido vencer al Barça.
Otra historia será el partido de vuelta, que todos esperamos que sea una historia diferente y el Barça consiga el pase a la final, pero al César (Mou) lo que es del César.
#2. deporte badajoz, hace 2 años
¿Por qué borras mi comentario? ¿Acaso he infringido alguna norma de tu blog?
#3. 1blogdedeporte.com, hace 1 año y 1 mes
Estoicos contra hedonistas.. Not so bad
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