Por Ignacio Ampudia, hace 2 años y 1 mes

Demoliciones S.A.

Higuain Y Van Der VaartDiez años depués del mítico Hasselbaink, el Atlético de Madrid sigue sin ganar en casa del vecino guapo y rico. Se veía venir: si no ganó la temporada pasada no lo hará en la siguiente década, al menos mientras siga siendo un equipo abonado a la catástrofe. La cuestión es saber si ésta es circunstancial o si ya forma parte de la filosofía rojiblanca, de su genética, la misma que lo empuja a firmar grandes tardes (como contra el Barça en casa) y al mismo tiempo derrumbarse ante rivales menores, de esos que están olvidados y perdidos en el fondo del armario. La resurrección de los colchoneros desde la llegada de Quique es incuestionable, ya sea por virtud de unos o porque las cosas no se podían hacer mucho peor. Indistintamente, el Atleti, colgado de los brazos de Tiago, ha recuperado algunos conceptos básicos en el fútbol. Uno de ellos es la colocación. Ahora solo resta mantenerlos durante los noventa minutos.

Acostumbrados a recibir un gol madridista en los tres primeros minutos, los de Quique salieron a Chamartín con la seriedad que exige un partido de esa altura. La racha que atraviesan los dos arietes blancos invitaban a pensar en un paseo para gozo y disfrute del líder, pero la realidad es que el Madrid no toma el pulso a los partidos hasta que han transcurrido al menos veinte minutos. El Alético, sin ser un vendaval, controló con Tiago y Assunçao la zona de creación y Ronaldo e Higuaín se quedaron secos. El guión era predecible: ¿cómo será un partido en que ninguno de los equipos tienen medio del campo?. Un partido loco, descerebrado, sin un dominador claro. Para el Madrid el asunto de controlar los tiempos no es importante, ni siquiera negociable. Cuando el encuentro necesitaba pausa y orden, madurar las jugadas y buscar los espacios, roba y sale como una bala hacia la portería rival con conducciones largas, rápidas y vertiginosas. Quizá ésa sea la identidad del Madrid: un equipo de demolición.

Pero Ronaldo no tenía el día, constantemente vigilado hasta por tres marcadores, excesivamente individualista cuando los compañeros estaban mejor colocados, obsesionado con ser el protagonista. De todos los jugadores blancos es, de lejos, el que más claras tiene las cosas. Él es el mejor, el más hambriento, el más ambicioso, el más rápido y el más soberbio, pero en ocasiones, su obsesión por demostrarlo es la ruina del equipo. En uno de esos balones divididos, Albiol salió de su zona, midió mal y Tiago robó. Con la línea desajustada, llegó el 0-1 en las botas de Reyes, uno de los mejores hoy por hoy en el Atleti. Cómo están las cosas. Con el partido trabado y el Madrid de vacaciones, el Atleti dio un paso atrás y los blancos no tuvieron más remedio que empezar a jugar. Sin brillantez ni claridad, Ronaldo fallaba el empate a pocos segundos del final de la primera parte después de que Tiago hubiera sacado un remate de Higuaín que todo el mundo vio dentro.

En la reanudación el Madrid abrió ese viejo manual de remontadas en casa y fue el ciclón que se esperaba. El Atleti no podía hacer frente a la caballería desplegada en los flancos. Con Reyes en la caseta y Perea en el eje de la zaga, se preveía el desenlace. Alonso puso el empate en el 49' calcando el gol que marcó contra el Sporting la semana pasada. Como no podía ser de otra manera, Antonio López ni lo vio llegar. Diez minutos después, con los colchoneros resistiendo a duras penas la carga, Alonso colocó un pase perfecto a la espalda de Perea para que Arbeloa, con una maniobra sorprendente en él, pusiera el 2-1. Cinco minutos después el regalo fue de Tiago e Higuaín no perdonó. 3-1, otra vez la misma historia para unos y otros. El Atleti condenado por una defensa de chiste; el Madrid, tirando de pegada para sostener el liderato. Con dos goles de ventaja, el Madrid volvió a tumbarse en espera del pitido final cuando Alonso cometía un penalti absurdo por mano en el área. Forlán ponía el 3-2 y una cierta incertidumbre porque el Atleti es tan capaz de recibir cinco goles como de levantarte un partido en un minuto. Sin embargo el marcador ya no se movió y volvió a certificar la derrota de los colchoneros en un derbi soso, feo y aburrido.

2 comentarios

#1. José Ramón López, hace 2 años y 1 mes

«Alonso puso el empate...»
«Alonso colocó un pase perfecto...»
Se le sigue viendo a Ud. el plumero, Sr. Lobato.
¿Y el «recadito» que Alonso le deja a Schumacher en la primera curva? ¿Eso no lo vio Ud.? Fue de roja directa.
¡¿Y qué hay de la entrada «por detrás» que Webber le hace a Hamilton? Alonso se tira descaradamente a la entrada de una curva provocando el «tocamiento interracial» de sus perseguidores.
Si Charlie Waiting hubiera entrado de oficio, a Alonso le habrían caído 4 carreras de suspensión por proxenetismo involuntario.
¿Y el Madrid qué? ¿Ganará este año la copa de Europa?
Saludos

#2. Ignacio Ampudia, hace 2 años y 1 mes

Nada, nada, Mr. Driver, todo limpio y correcto. He de reconocer que no vi la carrera en directo. El asunto del cambio de hora me despistó, la noche se complicó... en fin, que lo vi en diferido mientras degustaba una buenas gambas y esperaba al partido de la noche. Al menos no nos dormimos en la carrera y decir eso de la F1 ya es decir mucho.

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