El Madrid en estereofónico
Pellegrini volvió a experimentar las turbulencias del cargo después del ridídulo de Lyon. Hacía muchas semanas que nadie le movía la silla y casi parecía una actitud olvidada, desterrada, pero la derrota en Champions reabrió el debate, tanto que el maravilloso AS ya vendía la candidatura de Mourinho; y si no llegaba el portugués, Wenger de nuevo; y si el francés decidía seguir disfrutando de su síndrome de Stendhal en el Arsenal, pues vendría el bombero torero a entrenar al Madrid. Qué importa. La política de descuartizar entrenadores en los últimos años ha conducido a la mediocridad y la devaluación madridista. Pellegrini debería quedarse un tiempo y debería disfrutar de una cierta tranquilidad, aunque eso nunca sea del todo posible en Chamartín. La afición pedía una reparación, una satisfacción y los blancos se la dieron con una goleada y recuperando las buenas sensaciones anteriores a Lyon.
El chileno renunció a los experimentos, colocó a los jugadores en su sitio y las cosas volvieron a funcionar. Xabi Alonso campó a sus anchas en la media, escoltado por Granero y Lass, Kaká tras los puntas y Ronaldo e Higuaín en la definición. Sencillo y efectivo. Demoledor. Porque el Madrid tardó muy poco en encerrar al Villarreal en su campo. La presión adelantada mata a los rivales en el Bernabéu, incapaces de tejer una jugada ni sacar el balón controlado. Acaban por recurrir al pase largo y en ese terreno la defensa blanca es infalible. El Madrid tocaba rápido, haciendo circular el balón de lado a lado sin que los amarillos rechistasen demasiado. Esperaban a superar el chaparrón de los primeros veinte minutos con tan mala suerte que cuando llegó el minuto veinte ya perdían por dos goles a cero. Ronaldo metió el 1-0 en el 18' tras una nueva lección de cómo se debe patear un libre directo. Disparo seco y abierto. Diego López se estiró para justificar el sueldo porque era imparable. Poco después, en el 20', Higuaín sufría una falta en el área cuando se disponía a rematar un pase de la muerte. Kaká fue el encargado de materializar el penalti.
Con el 2-0 el Madrid, como no podía ser de otra manera, empezó a sestear y dejarse llevar. Y el Villarreal lo aprovechó en un excelente disparo de Senna de falta directa en el 30'. Run run en el Bernabéu, con el Madrid algo desenchufado y el Villarreal dispuesto a aprovechar sus diez minutos de mejor juego. En la reanudación el partido terminó por romperse. Los que esperaban un Madrid conservador se equivocaron; los que temían una segunda parte de contención y aburrimiento perdieron su dinero porque no hay mejor terreno para el Madrid que el intercambio de golpes. Los blancos fracturaron su eje y dejaron que los solistas interpretaran sus piezas. El 3-1 llegó en jugada de tres toques: pase perfecto de Arbeloa al desmarque de Ronaldo y servicio del portugués al punto de penalti para Higuaín. Era el 55' y dos minutos después Ronaldo fallaba el 4-1 en un mano a mano con López, el Villarreal acortaba distancias. Del posible 4-1 se pasó al 3-2 tras una contra monumental del Villarreal, que llegó a realizar hasta tres paredes impecables en el área del Madrid. Nilmar puso la incertidumbre en Chamartín.
Pero ya dijo Cristiano esta semana que debía hacer más cosas por el Madrid. Y las hizo. Vaya si las hizo. Puso el balón del 4-2 en el 70' en los pies de Higuaín y ocho minutos después la asistencia del 5-2 en los pies de Kaká. El Villarreal, hundido y sin argumentos, se limitó a no recibir un baño de escándalo aunque acabó encajando el sexto en el 87' de penalti. ¿Sobre quién?. Sobre Ronaldo, cómo no. Con el 6-2 de anoche, lo de Lyon está olvidado. Así es el fútbol: amnésico y oportunista, como el aficionado madridista. Si el Villarreal se ha llevado seis, el Lyon se llevará tres, y porque no queremos más, que si no... Necesitaban los blancos un baño de autoestima ante los suyos para demostrarse a sí mismos que no son tan malos y que, con tanto talento junto en el campo, siempre existe la posibilidad de que salga algo coherente, con buen juego, espectáculo y goles, jugando por las bandas y por el centro, el buen Madrid, el Madrid que emite en estéreo.
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