Oficial y caballero
Después de la exhibición del chico de los 100 millones de euros el pasado miércoles en Marsella, el Madrid visitiba Mestalla, una de esas plazas en las que no se ganan ligas pero sí autoestima, y de eso los blancos empiezan a saber algo. Nunca hubo una derrota tan balsámica como la del Camp Nou. Desde aquella noche, el Madrid ha empezado a mostrar síntomas que invitan a la esperanza solventando encuentros complicados, llenos de patadas y tensión, en los que hacía falta algo más que arte. Hacía falta oficio y, a falta de componer la gran sinfonía, el Madrid empieza a parecer una banda de hard-rock, contundente atrás y determinante en punta. En el otro lado, el Valencia de Emeri, un Valencia que no es aquel aburridísimo equipo que construyó Benitez y poco a poco, impulsado por el estilo de sus atacantes, va transformando su identidad de conjunto granítico a conjunto vertiginoso que imprime gran velocidad a sus acciones de cara a la portería rival. Mata, Silva, Pablo Hernéndez y Villa son una magnífica noticia para el fútbol español y para los ché, pero al Valencia le falta lo de siempre: alguien que sepa jugar al fútbol en la media. Banega, sin ser un genio pero tampoco el mismo zote que jugó en el Atlético, apunta maneras pero no puede sostener al Valencia en solitario y entre carencias y errores el Madrid se llevó los tres puntos.
Fue un partido entretenido, de alternativas, disputado y aguerrido, con Marchena haciendo lo que mejor sabe hacer, es decir, nada relacionado con el fútbol. Ahora que juega en el centro del campo acompañando a Albelda en la destrucción, su labor le debe parecer poco artistíca así que, muy de vez en cuando, el sevillano se descuelga con intentos de pases que jamás habría soñado. Parece ser que en Valencia le comparan con Laudrup, pero sólo comparte con el gran danés el pertenecer a la misma especie. A los dos minutos de juego Marchena ya recriminaba a Ramos una supuesta entrada terrorífica; veinte minutos después era Benzema el que contemplaba con pasmo la irritación de ese supuesto futbolista. Superado el cuarto de hora inicial en el que el Valencia fue un ciclón, el Madrid tomó el mando y comenzó a jugar, sin Kaká y sin Cristiano, con Benzema e Higuaín en punta y van der Vaart de enganche. Después de ocho o diez jornadas alterando el esquema, parece que Pellegrini ha dado con la clave: tres medios, un enganche y dos puntas, y en ese dibujo se colocarán las piezas necesarias cuando estén los buenos.
La línea defensiva del Madrid comenzó a adelantar metros, lo cual no es sencillo teniendo delante a Villa. Pepe, que se ha convertido en el mariscal de la zaga, neutralizó uno tras otro los intentos del Valencia de llegar hasta Casillas mientras Benzema e Higuaín se buscaban la vida en el área rival. El empate se confirmaba en el descanso aunque para el Madrid había una malísima noticia: Pepe caía lesionado en un salto con Villa. Sus gestos y la mano en su rodilla derecha hacían pensar lo peor como parece que va a ser, entre tres y seis meses de baja a la espera de las pruebas definitivas.
La segunda parte tuvo en mismo guión que la primera: salida en tromba del Valencia y pinchazo a los diez minutos con el gol de Higuaín que remató una internada perfecta de Benzema. El Valencia no se vino abajo y Villa empató en el 59' tras monumental cantada de Casillas. A partir de ese momento el Valencia perdió el partido. Empujados por su público y por la ansiedad de demostrar que son un equipo capacitado para pelear el título, los de Emeri se revolucionaron en exceso y perdieron la posición. Cuando se quisieron dar cuenta su entrenador se desgañitaba en la banda pidiendo cordura mientras los laterales atacaban junto a los centrales y los medios cerraban. Una locura táctica en la que el Madrid se manejó con gran soltura, entendiendo qué necesitaba el partido en cada momento. En el 65', Marcelo aprovechaba el guirigai valencianista, cruzaba el frente de ataque de lado a lado y ponía un balón interior para que Higuaín firmase el 1-2 y el Valencia demostrase que aún le falta un escalón para ser lo que quiere ser. Con media hora por delante y un empate a un gol un equipo no puede volverse loco. Sin embargo el Madrid no contaba con una nueva cantada de Casillas que flojeaba ante un disparo de Joaquín en el 80'. Mucho premio para el Valencia, que en un nuevo error de concentración encajaba el 2-3 en el 83' por obra y gracia de Garay en un remate imposible, de espaldas y de cabeza. El Madrid, con el viento a favor, cerró el encuentro con una victoria de esas que suman autoestima y demuestra que ha encontrado el camino, aunque habrá que ver si la lesión de Pepe no supone un contratiempo en su franca mejoría.
2 comentarios
#1. José Ramón López, hace 2 años y 1 mes
«Oficial y caballero». Lo suyo ya es de óscar honorífico, Sr. Ampudia ¿No habíamos quedado que en lo sucesivo se dedicaría usted a las crónicas obituarias? ¿No ofician ya en el blog de cine redactores sobradamente cualificados?
Por esta vez y dado que la «presunta resurrección» del fiambre merengue bien pudiera ser considerada como «material necrológico», aceptaremos «oficial y caballero» como crónica adscrita a la sección de «sucesos».
Saludos
#2. Tienda Fitness, hace 2 años
lo cierto es que al valencia, le falta álguien que sepa jugar al futbol en la media, y no como el madrid que sabe jugar muy bien sin sus estrellas kaka y cristiano.
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