La diferencia está en el balón
El 2-6 dolió, y mucho, y el madridismo pedía una venganza, una reparación del agravio, la cabellera del Barça o algo que poder llevarse a la boca después de la expectación, las presentaciones made in Hollywood del verano y la cantidad infame de dinero que se ha invertido para que el Madrid vuelva a ser un equipo temible. Pero todo eso se pide porque hay que hacerlo, porque es lo que toca, simplemente, y sostener que se iba a ganar al Barça era mucho sostener. No hay que ser Ockham para saber que los axiomas más sencillos suelen funcionar, y si al fútbol se juega con un balón lo apropiado sería organizar las cosas a su alrededor. El Barça se acogió a esta idea hace dos décadas y, después de pasar años de hambre y penurias, ha alcanzado un grado de excelencia indiscutible dando el control a los que saben mover el balón. La idea que maneja el Madrid es bien diferente. El Madrid es un equipo posmoderno, un equipo de identidad voluble, transitoria, caduca, que ha tratado de anclarse a ese oscuro asunto de la garra y la fe para darse sentido en el discurso que no en el campo, y entre presidentes-constructores-jugadores de dominó-fumadores de puros tardofranquistas que algún día desearon instalar el panteón familiar en la planta noble del Bernabéu y jugadores mediocres sin nivel ni para jugar en la Play, el Madrid aún paga por la delirante secuencia de errores que lo ha llevado a observar al Barça con distancia y ansiedad.
Después de demostrar ante el Inter que de este Barça no se debería dudar, Guardiola intentó durante la semana resolver el puzzle sin descubrir la estrategia, y cuando todo el mundo pensaba que el que se quedaría en el banco sería Messi, el argentino fue titular e Ibrahimovic fue quien se sentó con los suplentes. En el Madrid era pecado mortal no alinear a Cristiano y sí a Raúl, por eso Higuaín salió junto a Kaká y Cristiano; de Messi se encargaron Marcelo y Arbeloa hasta que el argentino se cansó y se cambió de banda donde le fue algo mejor. Henry ya no da miedo y con Messi al 70%, el escenario no parecía demasiado malo. Pellegrini dijo que el Madrid jugaría al ataque y no se arrugaría. Sólo se cumplió la segunda promesa porque la primera, además de no ser creíble, es una quimera. El Barça tardó menos de un minuto en hacerse con el control del juego mientras el Madrid esperaba detrás de la línea de medios. De vez en cuando los tres de arriba hacían un tímido intento de presión que el Barça resolvía con precisión cartesiana. Sin embargo los de Guardiola se bloqueaban a diez metros del área, perdían la posesión y el Madrid lanzaba el contrataque subido en la moto de Cristiano. De repente el Barça había descubierto que este Madrid es mucho más equipo que el que vapuleó en la primavera pasada, y sólo en cuatro meses. Inolvidables Calderón, Mijatovic, Nanín, Boluda, Faubert... ¡qué tiempos!.
El Madrid comenzó a sentirse cómodo en su papel de equipo que espera y te mata en tres pases, o al menos lo intenta, y a punto estuvo de salirle bien (lo cual no implica que la propuesta siga siendo miserable) cuando Cristiano falló la mas clara. Valdés sacó con su pie derecho un gol que parecía inevitable y con ella la sensación de que el Madrid había perdido la mitad del encuentro. Hay algo evidente: si al Barça le cedes el balón, la concentración debe ser absoluta, hasta el pitido final y como eso sólo lo pueden conseguir los italianos, lo normal es que el Madrid fallase al menos una vez. Si a esto se suma que no marcas las dos que tienes, el partido se pone feo, mucho más cuando a los diez de la segunda parte Ibra salía por Henry. Alguna iba a enganchar y así fue. La primera que tocó en el 56' fue dentro tras centro de Alvés y estatua de Ramos que lo dejó libre de marca. Un fallo, un gol. Con el marcador en contra el Madrid no se revolucionó. Siguió fiel a su idea inicial de colgarse de Cristiano cuando el partido tomó un rumbo inesperado. En una jugada de colegial, Busquets cortó con la mano una contra blanca. La correspondiente tarjeta amarilla implicaba expulsión. Y así fue como el Barça se quedó con diez y Pellegrini demostró que en ocasiones no lee con claridad los partidos. El chileno se equivocó en los cambios. Que Cristiano no iba a jugar todo el partido estaba cantado, así que dejó su lugar a Benzema. Era un cambio obligado, pero el partido pedía un mediocampista y Pellegrini metió a Raúl por Arbeloa. Marcelo pasó al lateral para seguir demostrando que ni de speaker puede estar en el Madrid y el ataque se vio sensiblemente devaluado porque Raúl ni siquiera salió para ocupar la segunda punta.
Con diez, los de Guardiola perdieron el balón, es decir, dejaron de controlarlo un minuto menos de habitual y el Madrid empezó un intento de asedio que no fue tal y que terminó con todas las ocasiones peligrosas en los cortes providenciales de Pujol, un titán en la defensa. Los comentaristas empezaron a hablar de la épica, la heroica y la garra del Madrid pero aquello parecía lo que era: que el Barça iba a ganar, llevarse los tres puntos y acostarse líder. El el bando perdedor no todo fueron malas noticias. La diferencia entre el Madrid y el Barça ya no es sideral y sería mentir si se dijera que el Barça ganó sin hacer un esfuerzo mayúsculo porque la solidez defensiva que mostraron los blancos fue ejemplar. El Madrid dio muestras de precoz madurez en ese aspecto pero sigue sin mostrar un plan claro y definitivo para su juego. Podría haber perdido mucho más que los tres puntos y sin embargo se marchó con la sensación que podría haber ganado si hubiese entrado aquella de Cristiano de la misma manera que el Barça ha comprendido que el Madrid, su némesis, sin jugar a nada reconocible, tiene los mimbres necesarios para competir por los resultados pero no por la excelencia en el juego.
5 comentarios
#1. José Ramón López, hace 2 años y 2 meses
Pues no estoy muy de acuerdo con ese análisis un tanto «oficialista» al que usted también parece sumarse (en parte) para justificar lo injustificable.
Injustificable es que un pavo real de a 1. 380.000€ el kilo, y que cacarea de forma chulesca los goles que le va a marcar al Barça, falle lo que ha fallado. ¿Dinamita «pa los pollos»?
Injustificable que con un equipo (?) e inversión de 300 millones no se pueda ganar a otro que juega con 9 jugadores y 1/2 todo el partido (Henry «ido» en el primer tiempo, Messi al 60% y Busquets expulsado en la segunda parte).
Injustificable que ninguno de los cronistas palaciegos, y tampoco usted, no hayan ni mencionado el hecho de que con el uno a cero y sin la expulsión de Busquets, el Barça habría tenido el partido donde más le favorecía.
Injustificable que con esos jugadores y para jugar al contraataque se haya fichado un entrenador. Con el utillero habría sido suficiente.
Con la retórica floreada de los Valdano (que al parecer regresó muy satisfecho), de Pellegrini (que según «si mismo» superó a Guardiola en todas las facetas) y el «fala fala» de Pepe, Marcelo, Kaká y Cristiano, además del norte futbolístico van a perder ustedes hasta la denominación de origen castizo. En la colonia merengue ya no se habla: se «falafilosofea».
Pues nada, a seguir así de satisfechos. En Barcelona deben de estar jodidos y llorando por la mierda que supone haber ganado otro clásico, que para más INRI, les obliga a cargar con tres puntos más. Pues eso, ¡Que se jodan!
#2. Ignacio Ampudia, hace 2 años y 2 meses
La cuestión es que aquí cada uno lee lo que le interesa leer. Y dale con el asunto de que cuesta 800.000.000.000 millones de euros: en el campo no siempre es determinante y el jugador más caro del mundo también las falla, es normal. Los precios responden a otra lógica. Totalmente de acuerdo: para jugar a la contra podría ser yo (y ud. sería mi segundo, por supuesto) el entrenador del Madrid, y ninguno diríamos que hemos superado al Barça en todo cuando es evidente que no ha pasado. Ahora bien, el Madrid jugó el partido más serio de la temporada, simplemente. Para todo lo demás, ya está el Marca.
Adoro su beligerancia, Mr. Driver, y adoro a Alonso en Ferrari. Será más grande que Senna.
#3. José Ramón López, hace 2 años y 2 meses
Me he informado sobre el significado de la palabreja «beligerancia». Con eruditos de su nivel hay que andarse con cuidado, pues suelen utilizar enrevesadas jergas para, aparentando que halagan, ponerle a uno de gilipollas para arriba.
Tampoco he pasado por alto la forma despectiva con la que usted me relega al papel de segundón a sus órdenes, en el caso de un hipotético relevo en el banquillo merengue.
Sus dos últimas frases ya son la provocación hecha blasfemia.
Por todo ello me he visto en la obligación de reportar su espacio como ofensivo y peligroso para la salud pública . No obstante, prometo ser el primero en asistir a la puesta de largo de su nueva sección: necrológicas y obituarios.
#4. Ignacio Ampudia, hace 2 años y 2 meses
Nunca se me ocurriría faltar al respeto de tan insigne comentarista deportivo, por Dios, ¿por quién me ha tomado?. Lo de segundón, no es por mí, es por el Ser Superior que no permitiría tener un elemento subversivo al frente de la nave aunque creemos en las conversiones, de hecho he propuesto a la Cúpula crear una División de Conversiones para paganos como ud.
#5. Tienda Fitness, hace 2 años
Yo estoy totalmente deacuerdo con la descripción del madrid que hay en este articulo; pues creo que el madrid ha perdido la fe, mientras que el barca siempre demuestra estar a por todas.
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